Número 47, junio 2008
TRANSFERENCIA DE TECNOLOGÍA>> Editorial
 
  Transferencia de Tecnología      


Jesús Rodríguez Pomeda
Universidad Autónoma de Madrid
jesus.pomeda@uam.es
 

En su edición del pasado día 12 de junio, The Economist publicaba un análisis comprensivo de la actual situación económica mundial bajo el significativo título de Global Markets. Too hot or too cold? Allí se exponen algunos de los rasgos esenciales que definen la coyuntura económica global: contracción del crédito, incremento de la desconfianza, amenaza inflacionista, calentamiento especulativo de los mercados de materias primas, alimentos y energías.

Teniendo en cuenta este contexto, la correcta gestión de la innovación parece ser -una vez más- una herramienta crucial para volver a la senda del crecimiento armónico. En esta línea encontramos propuestas recientes de sumo interés que, sin duda, pueden contribuir a incrementar la eficiencia de los esfuerzos innovadores llevados a cabo por empresas y otras organizaciones en todo el mundo.

Entre ellas merece especial atención la efectuada por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) a través de su proyecto MONIT (Monitoring and Implementing National Innovation Policies) encaminado al análisis (y a la sugerencia de mejoras) de los sistemas nacionales de innovación teniendo particulamente en cuenta los asuntos relativos a su gobernanza (coherencia e integración de políticas de innovación, ciencia y tecnología a diferentes niveles, participación en ellas de diferentes grupos de interés, aprendizaje de mejores prácticas, etc.).

La conclusión fundamental del citado proyecto subraya la necesidad que los gobiernos tienen para adaptar sus instituciones e instrumentos de política de innovación a las presiones y circunstancias emergentes en unos entornos sociales y económicos crecientemente dinámicos y complejos.

Profundizando algo más, parece evidente la necesidad de superar planteamientos antiguos según los cuales la política de innovación no era sino una mera extensión de la política de investigación y desarrollo. No obstante, la innovación es mucho más que eso, y su relevancia crece por momentos en un contexto económico mundial turbulento e incierto.

Si se quiere utilizar plenamente la política de innovación como palanca de cambio encaminada al incremento del bienestar y a la eliminación de las actuales tensiones en la economía globalizada, los políticos y gestores deberían, en primer lugar, reconocer los sesgos y las pautas heredadas del pasado a la hora de establecer prioridades en las agendas. A continuación deben afrontarse con valentía los nuevos retos desde unas diferentes ordenaciones de las cuestiones a abordar. Por último, hay que sacar a la luz las prioridades implícitas que surgen de los aspectos básicos de la política económica o los modelos de crecimiento adoptados.

El desarrollo de este programa para la política de innovación puede verse entorpecido por la presencia de una serie de tensiones que limitan fatalmente su alcance y resultados. Entre las trabas más destacadas cabe citar el diálogo limitado entre los diferentes sistemas intelectuales y argumentales presentes en las comunidades que impulsan la actividad de investigación y desarrollo, de un lado, y la política industrial de otro. También es preciso combatir el exagerado cortoplacismo en la asignación de recursos públicos y privados. El cuadro se completa con las imperfecciones en la aplicación de los instrumentos de la llamada Nueva gestión pública, las encontradas visiones sobre los que es y debe ser la política de innovación, los imperativos contrapuestos en diferentes áreas políticas y la fragmentación de las facetas que integran la política de innovación.

En conclusión, políticos y gestores tienen por delante un fascinante y crítico trabajo para conseguir que la política de innovación despliegue todo su potencial con respecto al crecimiento y el bienestar de naciones y continentes en una complicada coyuntura económica mundial.