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Número 49, octubre 2008 PATENTES Y TRANSFERENCIA DE TECNOLOGÍA>> Con otro aire |
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Ellos innovaron primero Los murciélagos y el sonar Aunque la innovación del sonar obedece a un largo proceso de desarrollo durante el cual las conquistas científicas tardaron siglos en dar sus frutos y en hacer operativa la necesaria síntesis de los datos recopilados, no podemos, cuanto menos, ignorar que más de uno de esos inventores en ciernes tuvo que hacer acopio de todas las informaciones facilitadas por los murciélagos. |
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Como nos indica cualquier enciclopedia al uso, el sonar (SOund Navigation And Ranking – Navegación y Exploración Sónica) está basado en el mismo principio que el radar. La diferencia es que el sonar utiliza ultrasonidos mientras que el radar ondas electromagnéticas. La reflexión de las ondas ultrasonoras de un sonar al chocar contra un obstáculo accede a conocer la dirección de éste y su distancia, que es proporcional al intervalo de tiempo que media entre la emisión de los ultrasonidos y la recepción del eco. Sólo el sonar puede ser utilizado en el agua porque las ondas electromagnéticas del radar, debido a la alta conductividad del medio acuático, se pierden sin dar con su objetivo. Uno de los principios básicos del sonar ya fue enunciado, en 1490, por Leonardo da Vinci que, refiriéndose a la propagación del sonido en el mar, escribía: “Si paras tu barco e introduces el extremo de un tubo en el agua, y aplicas el oído al otro extremo, oirás barcos que se encuentran a gran distancia de ti”. No obstante, ahora que se alude a las características tecnológicas y prestaciones tan importantes del sonar, como no acordarse del murciélago y del delfín. Jacques Cousteau decía: “Por cada invención humana, existe un sistema equivalente en la naturaleza, que supera ampliamente al del hombre en eficacia y posibilidades. Uno de ellos es el sonar.” Se ha comprobado que los murciélagos emiten unos sonidos inaudibles -ultrasonidos- (entre 40.000 y 80.000 Hz), y reciben unos ecos que les dan informaciones acerca de su entorno. Igualmente, se ha descubierto que los delfines poseen su propio sonar para orientarse en aguas turbias y cazar con seguridad. Sólo aludiré aquí a los murciélagos. Estos mamíferos voladores, a pesar de ser ciegos, ven en la oscuridad por medio de las ondas sonoras. Emiten chillidos muy agudos que golpean y rebotan en cualquier objeto que este en su camino, vuelven a sus oídos en forma de eco y viajan hasta los pelos sensoriales de las cócleas, creando una “imagen sonora” del objeto lo cual les permite dirigirse directamente hacia el insecto. La mayor dificultad a la que tienen que hacer frente los murciélagos es detectar la presencia de una presa cuando el eco de ésta se confunde con el de otros objetos próximos a ella. Este sistema de emisión sonora o ecodetección se llama “ecolocalización”, y no es más que un lenguaje que escruta y urde la naturaleza para convertir el sonido en instrumento de orientación y conocimiento del espacio. Aunque la innovación del sonar obedece a un largo proceso de desarrollo durante el cual las conquistas científicas tardaron siglos en dar sus frutos y en hacer operativa la necesaria síntesis de los datos recopilados, no podemos, cuanto menos, ignorar que más de uno de esos inventores en ciernes tuvo que hacer acopio de todas las informaciones facilitadas por los murciélagos. |
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