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Una aproximación a la evolución y carasterísticas
demográficas de la población de Madrid durante el siglo XVI

El artículo representa el resultado de diversas investigaciones que el autor ha realizado sobre la evolución, fundamentalmente cuantitativa, de la población de Madrid del siglo XVI. Como fruto de estas investigaciones se propone finalmente, con carácter original, una serie cronológica expresiva del número habitantes que Madrid fué teniendo durante todo el siglo XVI, que presenta ciertas diferencias, en algunos casos bastantes notables, con los escasos estudios que a lo largo de varios siglos se han realizado sobre esta evolución demográfica en el citado siglo. Esta propuesta se basa en investigaciones llevadas a cabo con fuentes de información tales como, pliegos, pergaminos, libros, etc., de diversas épocas, a través de 1os que se han podido ir entresacando e integrando con una mínima coherencia diversos datos y noticias sobre la población del Madrid de aquel siglo XVI.







Por:
D. Jesús Lizcaino Álvarez
Director de la revista “Encuentros Multidisciplinares” Catedrático de Economía Financiera y Contabilidad de la Universidad Autónoma de Madrid

De cara a una adecuada contextualización histórica de este trabajo, nos hemos de situar temporalmente en el umbral que separa los siglos XV y XVI, momentos en los que aparece ante el observador una España que está sufriendo un profundo proceso de reforma bajo la batuta de Isabel y Fernando, ante una España que ve culminar la época medieval al tiempo que nacer la época moderna, una España que se resiente en sus estructuras antiguas ante el peso de las que van a ver nacer una nueva Edad. Esta España católica está viendo realizarse en su ánimo la unión política, ‑brocha de esa interminable Reconquista‑, que arribará a las tierras de ese ser que ha dado a la luz del mundo, tan increíble y trascendental, como es América. Al mismo tiempo, al amparo de una autoridad tan "concentrada" en las manos de sus dos "regidores", va acelerando sus tendencias culturales, políticas y sociales, y arrastrándose por ello a desembocar en ese ente, abstracto pero concreto, joven y viejo a la vez, que constituye el Estado Moderno.

Económicamente, imperan las acciones y medidas propias de ese premercantilismo que va a danzar al ritmo del oro y de la plata. En lo religioso, se establece lo que podríamos denominar "autonomía" de la Iglesia hispana, reforzada por esa unión clerical que sucede al antigüo pluralismo y que "respeta" tan poco a las minorías resultantes, instrumentando ese "afecto" en la Inquisición. Políticamente, la nueva Monarquía autoritaria ha reforzado la autoridad del Consejo de Castilla, viéndose complementada en su actuación por las Ordenes Militares y la antedicha Inquisición. Culturalmente, impera esa mezcla de continuidad y novedad, que da pie al Humanismo, y, particularmente en las artes plásticas, se construye la base del fabuloso mundo artístico que va a existir en este siglo XVI y en la siguiente centuria.

Dentro de este marco, la villa de Madrid ocupa un puesto que no llega siquiera a secundario entre las poblaciones de la época. Muestra un crecimiento lento, propio de una ciudad "gris". Los judíos, forzosamente ausentes desde 1492, han dejado importantes huecos en barrios como el de Puerta Cerrada que la población va ocupando lentamente, al mismo tiempo que se va extendiendo hacia el Sur y se van poblando los barrios de San Millán y edificándose los parajes próximos a la calle de la Cruz y carrera de San Jerónimo ([1]). Aciertan sin duda Isabel y Fernando en la elección de sus corregidores ([2]) que contribuyen en buen grado al ornato y la belleza de la Villa, llevando a cabo una política intervencionista que confiere una delimitación estable en los distintos barrios, regula el establecimiento de aguas, mediante la "ocupación administrativa" de todas las fuentes de propiedad particular con que contaba la población, comienza el empedrado en algunas calles y regula los precios de muchos artículos de primera necesidad.

La evolución cuantitativa de la población de la Villa en estos años, a caballo entre el siglo XV y XVI, se presta a inseguridades en cuanto a su exactitud, pero podemos ajustarla ‑dentro de unos límites razonables de derivación, a la cantidad de 14.000 habitantes, bien sabemos que en contra de la opinión mantenida hasta ahora por la práctica totalidad de los autores. Justifiquemos nuestra postura, al tiempo que analizamos las diversas noticias históricas existentes que hemos usado.

Tomás González, archivero real en 1818, en una carta dirigida al soberano en ese año, le expone unos cálculos de la cifra de población en 1530 ([3]), en base a los libros de las Rentas y Derechos Reales, que se apoyaron en las indagaciones ordenadas por Carlos I para averiguar los vecinos pecheros que había en cada población sujetos a la paga del servicio ordinario; Madrid tiene en el citado año ‑según este documento- 1.500 vecinos. Mas según numerosos autores, que hasta ahora habían obtenido noticias de una fuente ([4]) ‑si bien del mismo autor‑, distinta a la que nosotros utilizamos, la población de Madrid era en el año en cuestión, de 748 vecinos pecheros, que corresponderían a 1.000 vecinos de todas clases y 5.000 habitantes. En este "Censo", no viene la explicitación que se establece en la misiva, en la que González, aparte de hacer una especial referencia al extenso grupo de las "Viudas, Menores, Pobres y Exentos o privilegiados de otro servicio", refiere ya expresamente la cantidad total de vecinos ‑de todas clases‑ que según él habitan la ciudad, y que ascienden, como queda dicho, a 1.500, que equivalen a 7.500 almas; ello, usando el coeficiente multiplicador de cinco personas por cada vecino, que es perfectamente lógico, al menos en la época anterior al establecimiento de la capitalidad en nuestra Villa, ya que como veremos posteriormente este coeficiente se queda corto en algunos momentos de la época de Madrid como Villa y Corte.

La confusión existente hasta ahora en la evolución del colectivo madrileño en esta época, no se debe sólo a esta posible errónea "interpretación" de los datos reflejados por González, a primera vista, casi únicos documentos reveladores de información existentes, sino fundamentalmente a la propia utilización de los mismos por los distintos autores ([5]), ya que estas fuentes, aún con el aumento debido al "ajuste" en cuanto a vecinos totales que les hemos conferido, nos llevan a unas cifras realmente "exigüas" si las enfrentamos con las que nos proporcionan otras noticias, que aunque a primera vista deberían de ser menos fiables por su menor especificación o adscripción a la finalidad de análisis, configuran una fuente más "contemplable", en tanto en cuanto forman un colectivo ‑que aunque pequeño‑ desequilibra en su favor la balanza de la fiabilidad.

Gonzalo Fernández de Oviedo, ilustre madrileño, que vino a este mundo en 1478 para dejarlo -en una muestra asombrosa de longevidad para aquel tiempo- 79 años después, nos proporciona para el año de 1513 la cifra de 3.000 vecinos ([6]), lo que nos lleva a calcular en ese año como 15.000 la cifra de sus coetáneos madrileños. Vemos, pues, la sensible amplitud de esta cifra respecto a las anteriores, ya que calculada sobre un colectivo diecisiete años anterior, arroja una cantidad que es justamente el doble de la anteriormente citada.

Un nuevo testimonio es el que proporciona Fernando Colón en su "Descripción y Cosmografía de España" ([7]); cifra, el autor, en 2.500 los vecinos existentes en Madrid en 1.517, que consecuentemente "ampliados" al número de habitantes nos aumentan éstos a 12.500.

Estas noticias pueden hacernos perfilar una hipotética población de Madrid hacia 1515 de 14.000 personas aproximadamente, haciendo una extrapolación ponderada de las dos noticias básicas de que nos servimos, dando un mayor peso en la ponderación a la opinión de Fernández de Oviedo, por ser madrileño y habitante de la Villa antes de partir, conociéndola sin duda mejor que Fernando ‑el hijo del descubridor de las Américas‑ que la describe desde el punto de vista esporádico en función de sus viajes. Nos puede apoyar además en esta postura "a la alta", la opinión de Luis de Sosa ([8]) quien afirma que la futura capital de España, en los días de la famosa batalla de Pavía y prisión de Francisco I (resuelta ‑como sabemos‑ mediante el Tratado de Madrid), es decir, hacia 1512, no alcanzaba a tener dieciseis mil habitantes.

Es por todo ello que llegamos a proponer una población ‑14.000 habitantes‑, de igual número a la que sostenemos como existente al comenzar el siglo, y ésto, tres lustros después de esa fecha, habiendo ‑sin embargo‑ mostrado Madrid una tendencia creciente, a la vez que un cierto "rango" internacional motivado por el Tratado de Madrid, y asimismo, un trato "cuasi‑privilegiado" de Carlos I que -a pesar de serle desleales en general los madrileños en la guerra de las Comunidades- se siente bien en la Villa y viene frecuentemente a su ciudad y al Palacio‑cazadero de El Pardo. ¿Qué justificación cabe ante esta afirmación de que la población asciende "sólo" a 14.000 habitantes, cifra igual a la del año 1500?.

La respuesta ‑pesarosa‑ la encontramos en un desastre: en la peste que en los años 1506 y 1507 padeció toda España, y que según D. Pedro de Torres, en su tiempo Rector de la Universidad de Salamanca, disminuyó el número de madrileños en las 3.000 víctimas que se cobró en la ciudad ([9]).

Este acontecimiento nos conduce, por una parte, a justificar el hecho citado de que en quince años la población no aumentara, en una época teóricamente creciente, sino sólo desarrollara una recuperación de su antigua "magnitud", y por otra, a solidificar nuestra tesis respecto a esa cuantificación superior a las generalmente realizadas, ya que en otro caso, de ser la población de nuestra ciudad en esa época tan reducida como se ha asegurado hasta ahora, ese gran percance en la misma hubiera constituido un enorme porcentaje sobre el total demográfico, afectando decisivamente a una población que en ningún caso ‑de otro modo‑ hubiera podido tener ese "poder de recuperación', tan necesariamente grande para reponerse a un "quebranto" en su estructura, aún en muchos años, y que mucho menos, en el plazo de ocho años, hubiera podido cuadruplicar o quintuplicar su número de habitantes, que sería la proporción resultante haciendo unos elementales cálculos.

Algunas noticias ‑continuando el análisis‑ nos perfilan el "montante" demográfico madrileño en la quinta década de esta decimosexta centucia. Gaspar de Barreiros, humanista portugués del siglo XVI, nos manifiesta en su "Chorographia", ‑con una posterior autojustificación de criterio‑, su opinión sobre el número de madrileños en 1546: "Madrid ...ê lugar á meu juicio de iiij mil y D vezinhos (4.500 vecinos) pouco mais ou menos" ([10]). Este número de vecinos se relaciona biunívocamente con el número de familias, o más justamente, con el número de hogares o "fuegos", como nos aclara el autor inmediatamente después: "E porque n'efta conta de fogos que faço...", lo que corrobora ese uso generalizado de la cifra de vecinos, para describir la población de las ciudades, imperante en esas centurias. Así pues, resulta ‑según este testimonio‑ una cifra de 22.500 habitantes en la villa hacia el citado año de 1546.

Por otra parte, en el antes citado texto de Gonzalo Fernández de Oviedo, contemplamos para 1546 la cantidad de 6.000 vecinos ([11]), aunque en esta ocasión no podemos adjudicarle el crédito incondicional de perfecto conocedor de la villa, después de esos 33 años de ausencia, creyéndonos obligados a conferir un "tirón a la baja" a la consecuente cantidad de 30.000 habitantes, debido, además, a que ese posible sobrante numérico, bien pudiera provenir de un considerable asombro, queriendo acentuar, consecuentemente, el contraste, mediante una "duplicación" de la cifra que proporciona para 1513, y que además llega a ser cifra bien "redonda", lógica, por otra parte, para un comentario en una obra general.

Si además, tenemos en cuenta la opinión de Francos Rodríguez ([12]), que fija en 24.000 los habitantes de ese Madrid ‑que según el libro de caminos de Juan de Villuga‑ es ya, en este año de 1546, un nudo importante en el sistema de comunicaciones del centro de la Península, podemos ya aproximar una cifra para el citado año ‑atribuyendo un buen peso específico a la opinión de Gaspar de Barreiros‑ de 23.000 habitantes.

Los lustros que siguen a estas fechas constituyen ya una antesala, un preludio del acontecimiento más decisivo en la Historia de la Villa, el traslado a su seno de la Corte. No existe, hoy día, información lo suficientemente completa para fijar exactamente el día y el mes de 1561, en el que el pueblo madrileño "recibió" la Corte. Existen aproximaciones como la que nos proporciona Antonio de León Pinelo en sus Anales de Madrid: "E1 Rey D. Felipe Segundo habiendo elegido esta Villa para la residencia de su Corte, la truxo a ella desde Toledo este año. Del día en que entró el Sello Real que es la insignia formal de la Corte no consta. Sólo se halla que a 22 de febrero estaba el Consejo en Toledo y que a 19 de julio despachaba en Madrid según parece de dos Autos acordados de estas datas" ([13]). Una mayor precisión nos ofrece P. Constancio Gutiérrez ([14]), quien sostiene que, limitando ya la cuestión a la Corte en sentido restringido, esto es, al Consejo de Castilla, exponente de las instituciones cortesanas, la fecha de traslado se puede concretar a los dos o tres primeros días, nunca más acá, del 3 de junio de dicho año.

Tenemos noticias distintas acerca de la población en estos años primeros de la Nueva Corte. León Pinelo nos habla en sus Anales de la opinión del Licenciado Gerónimo de Quintana ([15]) quien dice equivocadamente que la Corte se trasladó a Madrid en el año 1563, calculando después el número de casas existentes en ese momento en dos mil y quinientas y veinte casas y en ellas de once a catorce mil personas. La fiabilidad de estos datos ha de ser forzosamente escasa, ya que su protagonista no disponía de datos aceptables ni siquiera sobre el año de estreno de la capitalidad. Unicamente podría ser contemplable el cálculo del número de casas, porque, además de que lo da muy concreto, sin la amplia derivación que concede para la población, estimamos que este número, extraído posiblemente de algún antiguo plano, enumeración de calles o manzanas antiguas, etc., es menos dificultoso de obtener; pero el cálculo que realiza de la población, no lo podemos aceptar, ya que hacia 1571, había un término medio de tres vecinos por casa ([16]) ‑y suponiendo que antes del momento del traslado no estaban ocupadas al máximo las casas, reducimos a 2'5 el coeficiente de vecinos por casa, para esta fecha diez años antes‑, mientras que su cálculo significa una proporción (siempre utilizando el lógico coeficiente de cinco habitantes por vecino) de un número de vecinos por casa, comprendido entre 0'873 y 1'11, que creemos irreal, si bien comprendemos que por la poca disposición a los cálculos en esa época y por el carácter tan general, y en absoluto técnico, de las obras, resulta lógico y comprensible. Si tomamos, para nuestra cuantificación hipotético‑demográfica en este año ésta base que nos ofrece De Quintana respecto al número de casas, tenemos que a 2'5 vecinos por casa nos resulta una cifra de 6.300 vecinos, y al multiplicar por el consabido índice de 5, se obtiene un total de 31.500 habitantes, que aunque un poco abultada, según veremos ahora, resulta mucho más lógica.

Dos nuevos testimonios sobre los que vamos a apoyar nuestros cálculos, nos son ofrecidos, uno, por un gentil hombre del séquito del embajador veneciano Tiépolo ([17]), según el cual, Madrid consta de una población de unos 35.000 habitantes en 1572, y el otro, por el conocido historiador Gonzalo Fernández de Oviedo, que afirma que había, en 1570, 40.000 almas ubicadas en la ciudad ([18]). La mayor fiabilidad hemos de concederla, en este caso, al historiador, por ser hombre especialmente dedicado a estos temas, sin la "reserva" consecuente de esa larga ausencia de España, que le hicimos en otra ocasión; restaremos un poco de la misma al extranjero que acompañaba a su embajador, teniéndola, sin embargo, muy en cuenta y estimándola razonable y posible. De resultas, podemos proponer una cifra para ese año intermedio entre los dos citados, es decir, para 1571, de 38.500 almas, sin caer, en este punto, en la tentación ‑generalizada‑ de redondeo a nivel de decenas de millar.

Si realizamos una extrapolación entre esta cifra, que parece muy probable, y la que ofreciéramos para 1546, la cual ascendía a 23.000, nos resultaría para 1561 una cifra totalmente irreal de 32.300 almas; la razón, obviamente, salta a la vista, no podemos hacer la extrapolación, teniendo en cuenta una serie temporal invariablemente ponderada, ya que la ciudad, posteriormente a esta fecha de 1561 creció a un porcentaje anual aproximadamente triple del anterior a la misma, al menos en los primeros años; teniendo en cuenta ésto, habremos de realizar la extrapolación, concediendo ‑en esos 25 años que comprende el período entre 1546 y 1571‑ un peso triple a estos diez últimos años, o lo que es lo mismo, en vez de hallar el incremento demográfico de esos 15 primeros años sobre un total de 25, al ponderar triplemente estos 10 últimos años, se convierte en una extrapolación con una ponderación constante, pero sobre un total de 45 años. Concluyendo, una vez realizados los cálculos anteriores, podemos suponer para el año de 1561 un colectivo ubicado en Madrid, de unos 28.000 habitantes, redondeando a la baja la cifra resultante ([19]).

Avanzando cronológicamente nos encontramos con noticias y opiniones históricas que nos arrojan nuevas luces sobre estos ya últimos años del reinado de Felipe II.

Tomás González, esta vez con datos que hemos de calificar como más fiables, nos refleja en su famoso "Censo" la cifra de 7.500 vecinos pecheros en el Madrid de 1594 ([20]). Además, nos "ahorra" el traslado multiplicativo de esa cifra de pecheros a vecinos de todas clases, al especificarnos en la "Advertencia Preliminar" lo siguiente: "en este Censo se reputaron por pecheros, todos los vecinos de cada pueblo, ya que está copiado de un libro titulado "Libro del repartimento que se hizo de los ocho millones (de Donativo) en virtud de las averiguaciones que se hicieron de las vecindades del Reino el año de 1591, para desde el año de 1594 en adelante" y siendo Donativo el que se repartía, no había exenciones, pero no consta que se incluyesen en él los individuos del Clero tanto Secular como Regular".

Teniendo en cuenta ya, que la Corte ‑más de 30 años ubicada en Madrid‑ ha aumentado tanto en su extensión, como en la densidad y aprovechamiento de las casas, además del más amplio número de servidores existente, quienes atraen a sus parientes y cercanos que también quieren serlo, y añadiendo a ésto, la existencia de esa nube de personas (vagabundos, mujeres de la calle, etc.) que viven donde les anochece cada día, podemos, sin temor a error de consideración, utilizar la cifra de seis habitantes para cada vecino madrileño, en estos años, coeficiente también propuesto por Ustáriz, economista español del reinado de Felipe V en su obra "Teoría y práctica del Comercio y la Navegación".

De esta manera, los 7.500 vecinos que establece Tomás González anteriormente se nos convierten en 45.000 habitantes para este año de 1594.

Ignacio Ballester Ros ([21]), al proponer una cifra para el año de 1594, no hace otra cosa que reflejar la ofrecida en la obra de Martorell Téllez‑Girón para dicho año.

En esta obra, Martorell además del estudio particular que a continuación mencionamos, convierte los 7.500 vecinos pecheros de González en 47.705 ([22]) (frente a nuestros 45.000) que resultan así similares a sus cálculos propios, pero lo hace bajo un criterio a nuestro juicio equivocado en dos puntos: el primero, que para este año de 1594, sigue utilizando el coeficiente multiplicador de 5 para cada vecino; y convierte esos 7.500 vecinos pecheros ‑no conociendo, sin duda, la advertencia preliminar del autor de que se computan ya esos 7.500 como vecinos totales‑ en 9.541 vecinos totales, utilizando el también equivocado coeficiente que según opinión general errónea, se refleja al convertir los 748 vecinos pecheros en 1.000 vecinos de todas clases, siendo estos cálculos, así como la fuente utilizada, por completo irreales, como ya demostramos en otro lugar.

Realiza Martorell, ‑y ésto constituye su aportación más relevante y laboriosa‑ un concienzudo trabajo a base de investigación de los bautizos llevados a cabo en las distintas parroquias a lo largo del quinquenio 1594‑98 (también lo realiza del comprendido entre 1622‑1626), construyendo así la posible cifra de población existente en esos años. Nos ofrece, en conclusión, para el año de 1594, la cifra de 48.084 habitantes y para el de 1598 la de 54.058 habitantes ([23]).

Si tenemos en cuenta que la cifra de González puede, lógicamente, aumentarse en razón de la gente que vive en asilos, hospitales y el clero tanto regular como secular, y contando con el trabajo más técnico y estricto de Martorell, podemos obtener la cifra de 48.000 como la del número de habitantes más probable en 1594, cuatro años antes del final del reinado de Felipe II.

Sobre los dos últimos años del reinado de este monarca, tenemos noticias que perfilan así, de una manera aproximada, la cifra demográfica existente al término de este período regio.

Además de esas 54.000, que nos proporciona Martorell para 1598, Tomás González refleja en su Censo la cantidad de 45.422 personas de confesión y comunión en 1597 ([24]), (es decir, en edad de comulgar), y añadiendo entonces, los niños de corta edad no censados, además de la población flotante, ascendería a una cifra entre 60.000 y 65.000 personas.

No creemos necesario comentar la disparatada cifra que nos ofrece, por otra parte, Gerónimo de Quintana, que recoge en sus Anales, De León Pinelo ([25]): "La gente que este año (1598) había en Madrid según Gerónimo de Quintana era en doce mil casas más de trescientas mil personas. Pero juzgo que en lo uno y en lo otro padeció engaño". Nosotros estamos totalmente de acuerdo en esto último. José Ayuso Orejana, en fin, afirma que en 1597 pasaba el colectivo de 60.000 madrileños ([26]).

Vemos pues, que aunque no hay acuerdo en las cifras existentes, está claro, sin embargo, el enorme incremento de población que fue experimentando la Villa en estos años, coincidente con una inmigración masiva de extranjeros, y con el alcance, en esta última década del siglo XVI, del maximo de las llegadas de plata desde América; todo ésto, junto a los datos ya mencionados, justifica la cifra de 60.000 habitantes como la más probable de la Villa de Madrid en la finalización del siglo XVI.

Por último, y en forma de conclusiones, podemos afirmar que el análisis y las referencias considerados nos conducen a proponer la siguiente evolución cuantitativa de la población de la Villa de Madrid en el siglo XVI:

EVOLUCIÓN CUANTITATIVA DE LA
VILLA DE MADRID EN EL S. XVI

Año

Habitantes

1500
1507 (Peste)
1515
1546
1561
1571
1594
1600

14.000
12.000
14.000
23.000
28.000
38.500
48.000
60.000



[1] A. Gomez Iglesias: "E1 Madrid Medieval". Instituto de Estudios Madrileños. Madrid 1966. pág. 16.

[2] Dos notables corregidores: Rodrigo de Mercado y Juan de Torres. José Alba Abad: "Historia sintética de Madrid". Madrid 1949. pág. 34.

[3] Tomás González: "Estado del vecindario de Madrid" (Carta a su Majestad). Folio primero. Biblioteca Nacional. Manuscrito: 20.063‑16.

[4] Tomás González: "Censo de la población de las provincias y partidos de Castilla en el siglo XVI". Madrid. Imprenta Real 1829. págs. 69‑70.

[5] Ha sido hasta ahora tan general como masiva la utilización del Censo de Tomás González, a la hora de formular"poblaciones" hipotéticas de la Villa y Corte. Entre otros:

Antonio Bullón Ramírez: "Evolución y estado de la población de Madrid", "Madrid 1964" (editada en el lugar y fecha citados), pág. 137. Menciona en el "Censo", el cálculo de 5.000 habitantes, aunque bien es cierto que reconoce la "estrechez" de la cifra, pero sólo por contraste con otro cálculo respecto a 1.570 del mismo autor.

Carmelo Viñas y Rey en su muy notable obra:"Forasteros y extranjeros en el Madrid de los Austrias", Madrid 1963, pág. 3, menciona la cifra de 5.000 habitantes en Madrid a comienzos del siglo XVI, (no menciona la fuente o el criterio utilizados) que consideramos asimismo "corta".

Martorell Tellez‑Girón, en cuya obra "Aportaciones al estudio de la población de Madrid en el S. XVII” (Madrid 1930) se basan un buen número de autores, no hace sino reflejar para los cálculos del S. XVI la de la ya repetida obra de Tomás González; aunque si bien la reconoce escasa, (pág. 31); después, en un cuadro que ofrece (pág. 49) no se ha ocupado de aumentarla, sino transformarla, por un coeficiente y criterio particulares, a la cifra de 4.775 habitantes, para ese año de 1530.

José Mª Sanz García, ‑por citar un autor algo más reciente‑ en su muy meritoria obra: "Madrid. Capital del capital" (Madrid 1975), en la pág. 69, refleja la evolución de la población madrileña expuesta por Martorell, calculando así para el año de 1530 la cifra de 4.775 habitantes, siguiendo la línea pues, de Tomás González.

[6] "Es verdad que en el tiempo que yo salí de aquella villa para venir a las Indias, que fue en el año de 1513 por mandado del Rey Católico Don Fernando de tal nombre en Castilla y como su veedor de las fundiciones de oro en Tierra Firme, era la vecindad de Madrid, 3.000 vecinos y otros tantos los de su jurisdicción y tierra, y cuando el año que pasó de 1546 años, volví a aquella villa por Procurador de esta ciudad de Santo Domingo y de esta Isla Española, donde hallé al Serenísimo Príncipe Don Felipe, nuestro señor, en sola aquella villa y sus arrabales había doblado o cuasi la mitad más de vecinos, y serían 6.000 pocos más o menos, a causa de las libertades y franquezas y favores imperiales que el Emperador Rey D. Carlos, nuestro señor, le ha hecho" .

Gonzalo Fernández de Oviedo: "Noticias de Madrid y de las familias madrileñas de su tiempo" por Julián Paz. Madrid 1947. págs. 324‑325.

[7] Fernando Colón: "Descripción y cosmografía de España". Marid 1910, Tomo 1, pág. 5.

[8] Luis de Sosa: "Breve historia de Madrid" Madrid 1964". Instituto de Estudios de la Administración Local. Madrid 1964. pág. 14.

[9] Juan Antonio Pellicer: "Disertación histórico‑geográfica sobre el origen, nombre y población de Madrid". Madrid 1803. págs. 62‑63.

[10] Gaspar de Barreiros: "Chorographia de algunos lugares que ftam em hum caminho, que fez Gafpar de Barreiros o anno de MDXXXX vj come gâdo na cidade de Badajoz em Camftella, teáde Milam em Italia...". Coimbra 1561. Folio 53.

[11] Gonzalo Fernández de Oviedo: op. cit. pág. 325.

[12] Francos Rodríguez. "Por la Villa y Corte. Números y Comparaciones". Mundo Gráfico, n° 22, (27‑III‑1912), pág. 3.

[13] Antonio de León Pinelo: "Anales de Madrid". Transcripción, notas y ordenación cronológica de Pedro Fernández Martín. Instituto de Estudios Madrileños. Madrid 1970, pág. 85.

[14] P. Constancio Gutierrez, S.J.: "Madrid de Villa a Corte" de "Madrid en el S. XVI" TOMO I. Instituto de Esfudios Madrileños. Madrid 1962, pág. 273.

[15] Antonio de León Pinelo: op. cit. pág. 85.

[16] Fermín Caballero: "Noticias topográfico‑estadísticas sobre la Administración de Madrid". Madrid 1840, pág. 119.

[17] Manuel Espadas Burgos y Mª Ascensión Burgoa: op. cit. pág. 104.

[18] C. Larqué: "Barrios y parroquias urbanas: El ejemplo de Madrid en el siglo XVII". Anales del Instituto de Estudios Madrileños. TOMO XII. 1976, pág. 35.

[19] Sería improcedente plasmar la cifra exacta resultante de la extrapolación: 28.166'66

[20] Tomás Gonzálaz: "Censo", op. cit. págs. 69‑70.

[21] Ignacio Ballester Ros: op. cit. págs. 520‑532.

[22] Martorell Téllez‑Girón: "Aportaciones al estudio de la población de Madrid en el siglo XVII". Madrid 1930, pág. 33.

[23] Ibídem, pág. 35.

[24] Tomás González: "Censo", op. cit. pág. 96.

[25] Antonio de León Pinelo: op. cit. pág. 170.

[26] José Ayuso Orejana: "El movimiento comercial" de "Madrid 1964". Madrid 1965, pág. 262



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