La innovación en el sector eléctrico




Por:
Jesús Rodríguez Pomeda
jesús.pomeda@uam.es
Profesor de Organización de Empresas.
Universidad Autónoma de Madrid

Para todas las sociedades, la energía eléctrica representa -desde la Revolución Industrial- uno de los determinantes del crecimiento. Para los países más desarrollados, supone un input productivo esencial cuya ausencia provocaría el colapso económico. Para los menos desarrollados, es un requisito ineludible tanto para poner en marcha la industria nacional naciente como para aliviar unas condiciones sanitarias lamentables facilitando, por ejemplo, el acceso de la población al agua potable. Es decir, estamos hablando de un sector estratégico tanto en términos económicos como sociales.

Por tanto, todas las mejoras en la generación, distribución y consumo de electricidad que facilite el progreso tecnológico tendrán un efecto directo sobre el bienestar de las naciones. Si observamos hoy en día las líneas principales de I+D en el sector eléctrico, veremos que presentan una doble orientación. En primer lugar, la búsqueda de una mayor eficiencia en las actividades que actualmente llevan a cabo las empresas del sector. Esa eficiencia incrementada redundará en un aumento de la productividad de la economía en su conjunto.

En segundo término, alcanzar la rentabilidad (teniendo en cuenta el sistema de precios vigente) en nuevas actividades tales como la explotación de energías renovables. Este tipo de energías permiten además incrementar el bienestar social mediante una reducción del impacto ambiental de la actividad humana.

En suma, el sector eléctrico ilustra perfectamente el modelo de comportamiento empresarial de March, de acuerdo con el cual la firma combina actividades de explotación del pasado –es decir, aquello que conoce y sabe hacer bien-, con las de exploración del futuro -esto es, la incierta aventura innovadora encaminada hacia nuevas fuentes de ventaja competitiva-.

Debe destacarse la mejora ambiental que se deriva de una modificación de la composición de las fuentes energéticas empleadas en las economías avanzadas. La reducción del empleo de combustibles fósiles, y su sustitución por fuentes renovables, no es sólo una obligación derivada del compromiso de Kyoto, sino que, de acuerdo con un elemental principio precautorio, facilitará la solución a los graves problemas relacionados con el calentamiento global del planeta. En este sentido, cabe reseñar el apreciable incremento del uso de energía eólica para generar electricidad registrado en España en los últimos años.

La transformación estructural del mercado eléctrico orientada hacia niveles crecientes de liberalización fuerza a la empresa a buscar nuevas fuentes de ventaja competitiva, y debería entenderse como un acicate para la I+D en el sector. En concreto, la innovación permite -entre otros efectos- incrementar los ingresos y mejorar la estructura de costes. Por tanto, es conveniente tener en cuenta a la innovación cuando se elaboran los marcos regulatorios, de modo que un mayor grado de competencia no expulse las actividades de I+D de la agenda empresarial. Esta es una de las críticas que se oyen cuando se liberaliza el mercado eléctrico. Concretamente, en el caso español, algunos directivos han subrayado el efecto negativo que sobre la innovación ha tenido una transformación de la estructura tarifaria en la cual se han eliminado determinados conceptos que permitían recaudar de los clientes importantes cantidades destinadas a la I+D.

Ahora bien, siendo correcto pensar que las empresas pueden buscar una mejor posición competitiva mediante los resultados de su esfuerzo innovador, también es cierto que esa no es la única vía para conseguirlo. O, dicho de otro modo, las empresas, en un entorno crecientemente competitivo, pueden incrementar su competitividad haciendo un mejor uso de ciertos recursos (aquí el ejemplo claro son los recursos financieros) o haciendo valer ciertos aspectos de la estructura sectorial que les favorecen. Por tanto, en un sector tan complejo como el eléctrico, deben considerarse cuidadosamente todas las interacciones entre los diferentes elementos que lo constituyen si se desea fomentar la innovación que realiza.

En Este sentido, el presente número de la revista aborda y abre a debate el desarrollo de la gestión de la innovación en el sector de la energía eléctrica.



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Las mejoras en la generación, distribución y consumo de electricidad que facilite el progreso tecnológico tendrán un efecto directo sobre el bienestar de las naciones
 
Es conveniente tener en cuenta a la innovación cuando se elaboran los marcos regulatorios, de modo que un mayor grado de competencia no expulse las actividades de I+D de la agenda empresarial