| Por: |
Arturo Rojas
Analista Financiero Internacional
|
María Jesús Lago
Analista Financiero Internacional
|
Desde la perspectiva del usuario, el servicio del suministro
eléctrico no ha experimentado apenas modificaciones en las últimas décadas,
más allá de una apreciable mejora en la calidad en términos de reducción de
interrupciones y estabilidad de la tensión. Las propias compañías eléctricas
han dirigido sus esfuerzos de crecimiento hacia otras áreas, básicamente
telecomunicaciones, dando la sensación de percibir su negocio tradicional como
una actividad que, posiblemente por sus perspectivas de crecimiento limitadas,
conviene complementar con otros negocios afines. Este diagnóstico no refleja la
transformación experimentada de puertas para adentro por las empresas
eléctricas en los últimos diez años. Dos han sido los factores exógenos que
han forzado cambios en las empresas eléctricas. En primer lugar, la presión a
la baja en los ingresos. Las tarifas eléctricas han evolucionado por debajo de
la inflación en la primera mitad de los años noventa, y la reducción se ha
intensificado en la segunda mitad, con una rebaja del precio medio del kWh de un
21% en los últimos cinco años, frente a una inflación acumulada del 14%.
El segundo factor de cambio ha sido la regulación
eléctrica. La búsqueda de mayor competencia ha justificado la puesta en marcha
de reformas estructurales profundas en el sector eléctrico como instrumento
clave para el aumento de eficiencia y el control de los precios. En numerosos
países (Estados Unidos, Reino Unido, Australia, España, Argentina entre otros)
se han llevado a cabo procesos de liberalización de distinta intensidad y
alcance. En el seno de la Unión Europea, la Directiva 96/92/CE sobre Normas
Comunes para el Mercado Interior de la Electricidad tiene como objetivo último
de creación de un mercado eléctrico único en la Unión Europea. Esta
Directiva sienta las bases para la apertura a la competencia de los sectores
eléctricos, y aunque deja un amplio margen de maniobra a los Estados miembros
en el diseño del modelo de liberalización específico, exige el avance en
paralelo de todos los países, sobre la base del cumplimiento de unos mínimos
comunes de apertura del mercado.
El contexto competitivo que irrumpe en España el 1 de enero
de 1998 con la creación del pool eléctrico y la liberalización de la
actividad de comercialización, ha introducido importantes novedades en el
negocio eléctrico que han exigido a las compañías tradicionales un esfuerzo
de innovación para adaptarse al nuevo entorno a través de aumentos en la
productividad. La segunda gran área de innovación en la actividad eléctrica
ha sido la impulsada por las energías renovables.
1. Nuevas actividades en el ámbito eléctrico
La apertura a la competencia del sector eléctrico ha seguido
diferentes esquemas en cada país, en la mayoría de los casos, intentando
adaptar los modelos de liberalización puestos en marcha en los estados pioneros
en la reforma, -Reino Unido y Gales, Argentina, California-, a las
características específicas de cada sistema eléctrico.
De la consideración del sector eléctrico en empresas
fuertemente integradas, con características de monopolio natural que
aconsejaban la existencia de un marco regulatorio rígido cuyo eje era la
planificación estatal de la actividad, se ha pasado a una regulación
específica para las distintas fases del negocio eléctrico: generación,
transporte, distribución y comercialización.
En general, se ha optado por exigir un nivel de apertura y de
competencia distinto a cada una de las actividades: transporte y distribución
se consideran monopolio natural y por tanto se cierran a la competencia,
mientras que no parecen existir obstáculos para que generación y
comercialización de energía al cliente final sean actividades realizadas de
forma eficiente en un régimen competitivo. Para ello, se ponen en marcha en
diversos países, entre ellos España, mercados mayoristas competitivos o pools
de electricidad, en los cuales, los productores ofertan su energía y los
demandantes hacen sus ofertas de compra. El equilibrio entre la oferta y la
demanda, determina los precios de casación a los que son retribuidos los
agentes productores.
La aparición de este tipo de mercados ha supuesto un cambio
radical en la gestión del negocio de los agentes eléctricos, al emerger el
riesgo de mercado (tanto de precio como de cantidad) en la operativa diaria de
los agentes. La percepción de este entorno de riesgo ha obligado a las
compañías a diseñar nuevas estrategias de negocio y a buscar las mejores
herramientas para la gestión de los nuevos riesgos del negocio eléctrico.
En nuestro país, la gestión de estos riesgos es todavía
incipiente. No obstante, desde los primeros meses del año 2000, y más
intensamente a finales de ese año, se ha puesto en marcha un mercado OTC en el
que los principales agentes negocian instrumentos financieros derivados
-principalmente swaps, caps, floors y opciones--, con los que gestionan
su posición abierta en riesgo en el mercado eléctrico al contado (spot).
La gestión de riesgos de tipo de interés y tipo de cambio en los mercados
financieros está siendo una valiosa experiencia para la gestión del riesgo
eléctrico, en la que la complejidad del activo subyacente -la electricidad no
es almacenable y se produce a partir de energías primarias y tecnologías de
muy diferente coste y disponibilidad- supone un desafío en el diseño de
modelos de valoración de derivados y estimación del precio de la electricidad
a plazo.
El progresivo acceso de los nuevos clientes a la condición
de cualificados que les permite elegir suministrador, -desde julio de 2000 todos
los consumidores conectados en alta tensión son elegibles- ha supuesto un
significativo aumento de la negociación en este mercado financiero. En este
contexto de mayor liquidez relativa, -las transacciones en el mercado eléctrico
OTC siguen sin resistir la comparación con mercados financieros tradicionales
de derivados, como el de divisas o el de deuda ha tomado cuerpo el proyecto de
creación de un mercado organizado de futuros eléctricos, promovido por
FC&M, el organismo que gestiona el mercado de Futuros de Cítricos y
Mercaderías de la Bolsa de Valencia.
Desde la perspectiva de la potencia instalada, el muy bajo
perfil inversor en la capacidad eléctrica convencional peninsular (centrales
térmicas de carbón) en los años noventa, ha sido compensado con un esfuerzo
investigador en el ámbito de la cogeneración y las energías renovables, entre
las que ha destacado por sus éxitos la energía eólica. La convergencia de un
marco regulador favorable y de un elevado potencial eólico en buena parte del
territorio peninsular, ha dado como resultado el desarrollo de una industria
autóctona de diseño y explotación de aerogeneradores que en cinco años ha
sido capaz de multiplicar por cinco la potencia unitaria de los equipos. En
1992, la potencia unitaria de los aerogeneradores se situaba en torno a 250 kW,
mientras que los últimos modelos superan los 1.300 kW. Los avances no se
limitan a la potencia de los equipos, ya que éstos se complementan con
herramientas de predicción, de control de potencia y de transmisión de la
información, que intentan paliar el carácter no gestionable e imprevisible de
los recursos eólicos.
2. Nuevas oportunidades de negocio
En los últimos años, debido a los descensos en las tarifas
reguladas las compañías eléctricas han visto decrecer los márgenes de su
negocio tradicional. Ello, junto a la teórica madurez del mercado, explica su
expansión internacional, en busca de áreas con mayor potencial de crecimiento,
y su estrategia de diversificación.
En esta última tendencia se inscriben los esfuerzos
realizados por las principales eléctricas europeas y americanas, para
desarrollar un nuevo ámbito de negocio: la utilización de la red eléctrica
para transportar voz y datos.
Las pruebas de este tipo de tecnología, denominada Power
Line Communication (PLC), han sido realizadas por numerosas compañías
eléctricas europeas, como las alemanas RWE y EnBW, la francesa EdF, la italiana
ENEL. En nuestro país, Endesa e Iberdrola, se han sumado a tales
investigaciones, y han realizado aplicaciones experimentales con usuarios en
Sevilla y Barcelona y en Madrid, respectivamente. En las pruebas se han
alcanzado velocidades de transmisión de hasta 10 Mbit/s, que supone un ancho de
banda sólo comparable con el que se alcanza con fibra óptica hasta el abonado,
y cinco veces más de la velocidad mínima necesaria para transmitir imágenes
con calidad de televisión.
Esta nueva aplicación de la infraestructura eléctrica se
beneficiaría de la gran capilaridad de las redes de distribución eléctrica,
que alcanza prácticamente a la totalidad de los hogares, y podría consolidarse
como una alternativa de bajo coste -no es preciso realizar inversión en
canalizaciones porque la línea ya existe-, para acercar las redes de
telecomunicaciones al usuario, eludiendo el problema de acceso a la última
milla que conecta al usuario final con el que se encuentran los nuevos
entrantes. Para utilizar la red de distribución eléctrica en baja tensión
para este tipo de transmisiones, los enchufes deben estar conectados a un
terminal. Los cables eléctricos sólo podrán transmitir voz y datos entre los
domicilios y los transformadores, quedando éstos últimos conectados a la red
de telecomunicaciones de fibra óptica convencional.
En el ámbito comercial, la principal preocupación de las
empresas eléctricas en el inicio de la liberalización ha sido la escasa
relación con sus abonados, que se limitaba al cobro de las facturas y a las
actuaciones ante interrupciones o incidencias en el suministro. El cambio
cultural para percibir a los consumidores como clientes se ha afrontado a
través de la creación de empresas de servicios. La explosión de Internet como
fenómeno sociológico coincidió con esta transformación del entorno
eléctrico. La apuesta del sector por Internet y por las nuevas tecnologías ha
sido desigual. Endesa creó en abril de 2000 la sociedad Endesa Net Factory como
cabecera para el desarrollo de proyectos de comercio electrónico entre empresas
(Endesa Marketplace) y entre clientes finales (Endesa Web Hogar), y la
transmisión de voz y datos a través de las redes eléctricas. Unión Fenosa ha
desarrollado iniciativas en Internet para reforzar la cultura comercial del
grupo (Oficina Virtual, Oficina Directa, Tienda Virtual) y su imagen de empresa
multiservicios.
La gestión del conocimiento ha sido otro de los objetivos de
las empresas eléctricas, especialmente en un contexto en el que las políticas
de ahorro de costes que incluyen prejubilaciones pueden ocasionar una
descapitalización de experiencia en el capital humano. La respuesta de las
empresas eléctricas ante este riesgo ha sido organizativa, a través de la
creación de divisiones de consultoría que aprovechen y pongan en valor la
experiencia del grupo con su aplicación en otros ámbitos. En este sentido, la
estrategia de Unión Fenosa ha sido la más visible, con la creación de
Soluziona como grupo de servicios profesionales en el ámbito de la ingeniería,
medio ambiente, telecomunicaciones, tecnología de la información y servicios
de Internet. En el Grupo Endesa, el proyecto Endesa Servicios tiene como
objetivo integrar las experiencias y las capacidades desarrolladas en el proceso
de expansión e integración de las distintas filiales del grupo Endesa.
Como conclusión, cabe destacar el cambio cultural ocurrido
en las empresas eléctricas al evolucionar desde un sector fuertemente
intervenido y con escasos grados de libertad en la gestión empresarial
(planificación centralizada de la infraestructura de generación, explotación
unificada de las centrales, clientes cautivos, ingresos vinculados a costes
estándar), hasta un sector abierto a la competencia y expuesto a nuevos
riesgos. En esta evolución, el acento estratégico ha pasado de situarse en los
activos productivos (centrales) y en la franquicia en el mercado de
distribución, a los componentes de gestión, experiencia y recursos humanos.
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UNESA-Red Eléctrica de España. La Calidad de Servicio
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3 julio-agosto 2000.
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