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| Por: |
Eduardo Bueno
Catedrático de Economía de la Empresa de la UAM Director del Área de Gestión del Conocimiento del Parque Científico de Madrid Consejero del Banco de España
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1. Introducción
El siglo XX ha dejado una importante herencia científica y
tecnológica a la sociedad del milenio actual. Fue una centuria que pasará a la
historia de la humanidad por muchas razones, positivas y negativas, pero de gran
trascendencia para la ciencia, para la técnica y para la sociedad. En dicha
época se han sucedido acontecimientos que han ido dando luces y sombras a su
discurrir, pero que sin ninguna duda han colaborado al gran avance que el siglo
protagonizó en los tres ámbitos antes apuntados (ciencia, técnica y
sociedad). El siglo XXI toma el testigo de esta evolución, aceptando el reto
sin par del siglo precedente, bautizado como "el de la ciencia"
(Sánchez Ron, 2000).
Durante las diez décadas precedentes la ciencia, técnica y
sociedad han caminado en ciertos momentos en armonía, pero las más de las
veces lo han hecho de forma disjunta, con secuencias diferentes y con ausencia
de sintonía en sus procesos evolutivos, cuestiones que provocaron determinados
conflictos, generando inquietudes e incertidumbres sociales y haciendo aflorar
crisis en las sociedades que han configurado nuestro universo. De cualquier
forma, ha sido una época en que el conocimiento científico ha sido la
estrella, se ha convertido en la clave del arco que ha construido la bóveda de
los avances científicos y técnicos del siglo.
Un tiempo que, entre las muchas aportaciones habidas, brilla
con luz intensa la física, sin que se pueda olvidar lo alcanzado también por
la química y la biología. Pero, ha sido aquélla la gran protagonista y la que
con su evolución ha creado las bases que han edificado la época denominada
como "era de la información" o caracterizando la llamada
"sociedad de la información". En este sentido Castells (2000) indica
que el impacto en las sociedades de las tecnologías de la información y de las
comunicaciones han definido la "era digital" o la "sociedad
red".
También en la centuria pasada han tenido especial relevancia
los aspectos sociales. Estos han vivido una evolución positiva, con tintes
revolucionarios en muchos de sus hitos. Logros para la humanidad, para la
persona y para la sociedad que le diferencia claramente de épocas pasadas. Los
derechos humanos, los de los trabajadores, de la mujer, del niño, etc... han
sido grandes avances sociales. En suma, se ha ido construyendo una sociedad más
democrática y justa con claro reconocimiento de las libertades y del papel
estelar de la persona, como ciudadano y como actor principal en su espacio
vital. Progreso que todavía tiene que acentuarse de forma importante, al seguir
existiendo muchas tareas pendientes en diversos pueblos y etnias del mundo
actual. Pero la senda está trazada y el siglo XXI conoce por dónde hay que
seguir caminando.
En estos procesos sincrónicos y diacrónicos que subyacen en
las relaciones entre la sociedad, la ciencia y la técnica hay que observar las
capacidades sociales necesarias para abordar la demanda tecnológica del
presente y del futuro. Dice Castells (2000): "En efecto, la capacidad o
falta de capacidad de las sociedades para dominar la tecnología, y en
particular las que son estratégicamente decisivas en cada período histórico,
define en buena medida su destino, hasta el punto de que podamos decir que
aunque por sí misma no determina la evolución histórica y el cambio social,
la tecnología (o su carencia) plasma la capacidad de las sociedades para
transformarse, así como los usos a lo que esas sociedades, siempre en un
proceso conflictivo, deciden dedicar su potencial tecnológico".
Esta capacidad y este compromiso parecen aspectos importantes
para ir caracterizando la sociedad del conocimiento, como forma de entender la
herencia recibida por el siglo actual. Un siglo en que las ciencias de la vida
parecen ser que serán las que ocupen el lugar de las que Albert Einstein fue su
adalid, como personaje del siglo según la encuesta llevada a cabo por la
revista TIME; una nueva época en que la ciencia, la técnica y la sociedad
deben buscar un espacio que relacione las diferentes dimensiones del avance
tecnológico y en donde la investigación encuentre su ámbito natural de
desarrollo. Cuestiones que son caracteres definidores de los llamados centros
científicos de excelencia, formas descriptoras de los Parques Científicos y
Tecnológicos que deben servir para integrar en su seno las capacidades
científicas, técnicas y sociales que faciliten la creación, transmisión,
difusión, medición y gestión del conocimiento, según la estrategia que la
sociedad elija en el reto que representa la nueva singladura a seguir por el
siglo XXI.
2. De la sociedad de la información a la del conocimiento
En el último tercio del siglo pasado se ha ido creando y
desarrollando Internet, como "combinación única de estrategia
empresarial, cooperación de grandes proyectos científicos, espíritu
empresarial tecnológico e innovación contracultural" (Castells, 2000).
Fue la Agencia de Proyectos de Investigación Avanzada (ARPA: Advanced Research
Projects Agency) del Departamento de Defensa de Estados Unidos, la que lanzó un
sistema de comunicaciones y, posteriormente, gracias a la tecnología digital y
la pura lógica reticular se desarrollaron las condiciones técnicas para una
comunicación horizontal y global en una primera red de ordenadores: Arpanet.
Esto ocurrió un primero de septiembre de 1969, con cuatro nodos establecidos en
la Universidad de California en los Ángeles, el Stanford Research Institute, la
Universidad de California en Santa Bárbara y la Universidad de Utah. Red
abierta a los centros de investigación que colaboraban con el Departamento de
Defensa. Los científicos comenzaron a utilizarla para sus fines, separando
aspectos de investigación oficial, con comunicación científica y charlas
personales. Ello llevó a la creación de una red de redes durante los años
ochenta hasta que el 28 de febrero de 1990 se clausuró Arpanet y comenzó la
era Internet.
Durante este tiempo las sociedades comenzaron a vivir la
"era de la información" y se acuñó la expresión "sociedad de
la información", como forma de entender los cambios sociales y económicos
que conforman la sociedad digital o la sociedad red. Esta nueva sociedad ha
alterado las formas de producción e intercambio de bienes y servicios y
"el tipo de relaciones humanas cuantitativa y cualitativamente. Nuevas
relaciones que están siendo reforzadas, además, por el nacimiento de
infraestructuras y superestructuras más adecuadas a ellas. Ambas son cada vez
más globales, gracias a diversas convergencias económicas y sociales:
tecnológica, sectorial, empresarial y financiera, cultural, política,
institucional, etcétera.." (Terceiro y Matías, 2001). Una sociedad que ha
lanzado el término de "nueva economía" en la que la información y
las tecnologías que la tratan y transportan son las protagonistas. Nueva
economía que actúa con un pensamiento también nuevo, de carácter integrador
de muchas corrientes pasadas y actuales, que crea la plataforma adecuada para
que las convergencias citadas encuentren la estructura cognitivo-activa efectiva
para la evolución social del siglo XX al siglo XXI (Bueno, 2001a).
Como ya ha sido expuesto, en el final de la centuria pasada
han cobrado relevancia pública los temas relacionados con las ciencias de la
vida y el comportamiento humano. Conocer el genoma humano, los códigos
genéticos de los seres vivos, los progresos de la neurociencia y el poner en el
centro de la investigación científica cuáles son los mecanismos y las
percepciones categóricas que explican la evolución de la inteligencia y como
"piensan los cerebros humanos" (Calvin, 2001) son rasgos definitorios
de las preocupaciones sociales y de parte de la focalización científica en
este siglo y milenio nuevos. Este escenario justifica ontológicamente, sin duda
alguna, la transformación definitoria de la sociedad de la información a la
del conocimiento. Esta es exponente de unos momentos en los que la inteligencia,
el conocimiento, el talento y la conciencia humana son centros de máximo
interés para las ciencias naturales y las sociales. La ciencia y la técnica
han ido proveyendo soluciones y aportando desarrollos en torno a la creación de
inteligencia artificial y virtual en máquinas y organizaciones. Proceso que
persiste en la búsqueda de "máquinas y sistemas inteligentes", de
"organizaciones inteligentes", capaces de aprender, de auto
organizarse y de co-evolucionar en formas similares, aunque artificiales, a como
lo saben hacer los seres vivos.
La sociedad del conocimiento puede caracterizarse por una
determinada línea argumental, heredera de un conjunto de aportaciones que han
construido esta expresión en el último devenir de la sociedad de la
información y en las postrimerías del siglo pasado. (Bueno, 1997). En concreto
estos argumentos son:
- «Una sociedad en la que primero adquirió primacía el
conocimiento teórico sobre el empírico» (Bell, 1973);
- «Una sociedad que trabaja en red y procesa gran cantidad
de información, gracias a las tecnologías de la información y las
comunicaciones»;
- «Una sociedad cuya convergencia tecnológica se extiende
cada vez más hacia una interdependencia creciente de las revoluciones de la
biología y la microelectrónica, tanto desde la perspectiva material como
metodológica» (Castells, 2000);
- «Una sociedad que viene protagonizando un espiral
creciente de nuevos conocimientos» (Nonaka y Takeuchi, 1995);
- «Una sociedad que ha pasado a la creación y gestión
del conocimiento, especialmente del tácito sobre el explícito» (Nonaka,
1991);
- «Una sociedad en que el valor en la economía se crea
básicamente con recursos intangibles, basados en conocimiento en acción»
(Bueno, 1998), en suma,
- «Una sociedad en la que los ejes que construyen su
estructura y comportamiento se basan en el conocimiento, en todas sus
dimensiones, en el talento y en la imaginación» (Bueno, 2001b).
De otra parte, la sociedad del conocimiento se compone de un
conjunto de agentes y de espacios que van construyendo la citada estructura y
van delineando un determinado sistema con sus funciones y resultados para crear
y desarrollar conocimiento, para que con su difusión, generar innovación para
el citado sistema en su conjunto y también para sus agentes a título
individual. En concreto, se puede definir el sistema de conocimiento como el
sistema que integra la investigación (I), el desarrollo tecnológico (D) y la
innovación (i) o, en otras palabras, que se apoya en la estructura que genera
las interacciones entre el sistema científico, representado por la universidad
y sus centros de investigación; el sistema tecnológico, representado por
centros de desarrollo y transferencia tecnológica entre la universidad y la
industria; el sistema productivo, representado por la industria en sentido
amplio y el sistema público institucional, representado por las instituciones
públicas y privadas existentes en un territorio concreto (Kodama, 1992).
Sistema de conocimiento que se recoge en la figura 1.
EL SISTEMA DE CONOCIMIENTO (I + D + i)
Figura 1.
OPI´s = Organismos Públicos de Investigación
OTRIs = Oficinas de Transferencia de Resultados de la Investigación de
Centros Públicos
© Copyright E. Bueno (2001)
En cuanto a los agentes sociales del conocimiento se pueden
destacar estas clases:
- Organizaciones del Sistema
Ciencia-Tecnología-Industria (Nelson, 1993 ej CICYT, 1996):
- Propias del sistema científico: Universidades,
OPI´s y OTRIs de centros públicos
- Propias del sistema tecnológico: Parques
Científicos y Tecnológicos, Centros-Institutos Tecnológicos (CITs) y
Centros de Empresas e Innovación (CEIs)
- Propias del sistema productivo: Empresas
- Organizaciones del Sistema Público-Institucional de
Innovación:
- Administraciones y organizaciones públicas
relacionadas con el sistema
- Instituciones y organizaciones no gubernamentales
relacionadas con el sistema
- Personas y Grupos:
- Perspectiva interna: Directivos y empleados de las
organizaciones
- Perspectiva externa: Ciudadanos y colectivos
sociales relacionados con las organizaciones
En lo referente a los espacios que componen la sociedad del
conocimiento se presenta esta propuesta:
- Ámbitos de creación e intercambio de conocimiento;
- "Bas" organizativos (espacios
interpersonales y colectivos para compartir y crear conocimiento:
(Nonaka y Cono, 1998.)
- Parques Científicos y Tecnológicos (espacios con
centros de investigación e infraestructuras para acercar la actividad
científico-tecnológica y la actividad empresarial (Ondategui, 2001).
- Mercados de conocimiento (espacios económicos para
intercambiar recursos o activos intangibles: Davenport y Prusak, 1998 y
Bueno, 2001c).
- Ámbitos de difusión y aplicación de conocimiento:
- Regiones y clusters (comunidades)
- Ciudades y barrios
- Empresas y organizaciones
- Unidades organizativas y grupos sociales
Como se ha podido observar en los agentes y espacios de
conocimiento aparecen como elementos destacados del sistema los Parques
Científicos y Tecnológicos, cuestión que dado su interés y relación
temática será sujeto de los comentarios siguientes.
3. Función de los PCYT en la Sociedad del
Conocimiento
En los tiempos que vivimos, el bienestar de las sociedades y
la capacidad de competir de sus economías, tanto en el mundo globalizado que se
está construyendo (en sus espacios globales), como en los ámbitos regionales y
locales y en cada una de las esferas en que el sistema económico actual se
estructura (real, financiera y de la información), no depende como antaño
fundamentalmente de los factores tangibles y materiales, sino que en estos
momentos la creación de valor se logra a partir de la puesta en acción de
recursos intangibles, es decir, de las actividades intangibles (Bueno, 2001b)
puestas en acción y gestionadas eficientemente, actividades basadas en
conocimiento y que permiten entender la función y alcance de la llamada nueva
economía.
Para lograr que la sociedad del conocimiento evolucione
satisfactoriamente, como ya ha sido indicado, es preciso definir espacios
adecuados para crear y transmitir conocimiento, para que los agentes de
conocimiento dispongan del "ba" y el territorio apropiado que facilite
que científicos, investigadores, técnicos y expertos intercambien sus
conocimientos y puedan prosperar proyectos de investigación que promuevan la
innovación, necesaria para el avance o la evolución positiva de la sociedad.
En este sentido, es ya conocido que una forma de conseguir la
integración de organizaciones y de las personas que la componen en un eficiente
sistema de conocimiento, es la creación de espacios o territorios relacionados
con el sistema de I+D+i, por iniciativa de los agentes de conocimiento y con el
ánimo de dotarles de más infraestructuras y superestructuras que faciliten el
desarrollo de economías de escala y de alcance. Espacios integrados que
permitirán dar servicio a sus partícipes y crear la sinergia
científico-técnica que, de forma individual, sería más difícil de obtener.
También existen suficientes experiencias y aproximaciones para acercar el
sistema científico y el productivo, las cuales han venido argumentando
positivamente la conveniencia de la cooperación entre ambos mundos y la bondad
de los resultados observados en el desarrollo y transferencia tecnológica. Las
ventajas para todos son claras: la investigación pública contribuye a
estimular y mejorar la de las empresas y éstas contribuyen con recursos, ideas
y experiencias a la orientación práctica de la primera.
Uno de los procedimientos ensayados en los últimos cincuenta
años para conseguir la integración y acercamiento de agentes, la dotación de
infraestructuras y el logro de una eficiencia y unos mejores resultados para la
investigación, el desarrollo tecnológico y la innovación, ha sido la
constitución y organización de polos, tecnopolis y parques científicos y
tecnológicos. La experiencia comenzó en Estados Unidos en la década de los
cincuenta del siglo pasado, más en concreto, como es suficientemente conocido
en California, en el Condado de Santa Clara, a 48 kms al sur de San Francisco,
entre Stanford y San José. Lugar que recibió el nombre de Silicon Valley. Todo
empezó gracias al visionario de cano de Ingeniería Eléctrica de la
Universidad de Stanford, Frederick Terman, quien inició el Parque Industrial de
Stanford en 1951 y en el que los primeros inquilinos fueron sus dos estudiantes
de doctorado a quienes ayudó Terman para crear su empresa de electrónica en
1938, William Hewlett y David Packard. Aquella idea prosperó y el parque
enseguida se llenó con nuevas compañías electrónicas, quienes comenzaron a
localizarse a lo largo de la autopista 101 hacia San José (Castells y Hall,
1994 y Castells, 2000). Como se sabe, y cuenta Saxenian (1994 y 1999), gracias
al inventor del transistor William Shockley y a una serie de acontecimientos
fortuitos, de escisiones empresariales y al apoyo de Beckman Instrument, lo que
se produjo fue que en 1956 se creara Schockley Transistors y se iniciaran las
actividades en el Silicon Valley, cerca de Palo Alto. El camino del éxito del
parque científico y tecnológico había arrancado, su crecimiento ha sido
espectacular, igual que sus aportaciones científicas y tecnológicas,
creándose empresas innovadoras, con gran valor añadido y que han ido
construyendo la nueva economía en Estados Unidos.

Esta experiencia es un claro ejemplo de cuál es el papel de
una Parque Científico y Tecnológico como función tractora en la sociedad del
conocimiento.
En suma, los Parques Científicos y Tecnológicos presentan
estos caracteres funcionales en la sociedad actual, basada en el conocimiento en
acción y explicativa de la era de los intangibles:
- Como espacio de conocimiento:
- Los PCyT presentan un ámbito de creación e
intercambio de conocimiento entre los agentes del sistema de
ciencia-tecnología-industria.
- Los PCyT son un espacio relacionado con el ámbito
de difusión y aplicación de conocimiento, en concreto con el sistema
público e institucional y la sociedad en general.
- Los PCYT son un espacio para crear, medir y
gestionar conocimiento, talento e imaginación.
- Como agente de conocimiento:
- Los PCyT son un agente principal en la sociedad
del conocimiento para crear, intercambiar y difundir el conocimiento.
- Los PCyT son un centro científico de excelencia
para desarrollar la investigación, la tecnología y crear innovación.
- En suma, los PCyT son un agente tractor y atractor
para colaborar singularmente en el logro del bienestar de la sociedad y
en crear las capacidades para competir su economía en el mundo global
de nuestro tiempo.
4. A modo de conclusiones: El Parque Científico de Madrid
En España hay algunas experiencias sobre polos, technopolis,
parques industriales empresariales e, inclusive, proyectos de PCyT (Ondategui,
2001) ligados a algunas universidades, aunque queda por resolver el que se
produzcan de una forma eficaz y duradera, ya que existen diversos grados de
concreción y de objetivos, amén de diferentes niveles de aportación al
sistema de conocimiento y, por ende, a cumplir efectivamente con su función en
la sociedad del conocimiento.

Crear y difundir el conocimiento, así como desarrollar
programas para una dirección eficiente del mismo en las organizaciones (Bueno y
Salmador, 2000), se ha convertido en el objeto científico y técnico en la
sociedad red de nuestro tiempo, por ello los movimientos institucionales en el
seno del sistema del conocimiento o sistema de I+D+i en España comienzan a
aflorar para posicionarse y dar respuesta al reto del siglo XXI, en donde los
procesos de convergencia y de globalización también afectan al mundo de la
ciencia y de la tecnología. Este es el sentido del proyecto de creación del
Parque Científico de Madrid, que ha dado sus primeros pasos en el primer
trimestre de 2001. El proyecto parte de la observación de las mejores
prácticas iniciadas en Estados Unidos y luego seguidas en Europa y el sudeste
asiático. El modelo elegido parte del papel impulsor y propulsor de la
universidad, cual fue la experiencia de Stanford. En este sentido Cayetano
López (2001), director del PCM, al referirse a las experiencias conocidas
indica que "en el que proponemos, es la Universidad el principal agente
promotor, mientras que en otros, la Universidad es un socio más entre otros,
generalmente ayuntamientos, diputaciones, comunidades autónomas y entidades
financieras, estando en estos casos más orientado el parque a atraer empresas a
un espacio urbanizado que a desarrollar el proceso completo que va desde la
investigación científica básica hasta la creación de nuevas empresas de base
tecnológica".
En consecuencia, el PCM es una iniciativa de la Universidad
Autónoma de Madrid (UAM) y la Universidad Complutense de Madrid, que cuenta con
el apoyo de otros organismos de investigación tales como los integrados en el
Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC). El parque surge como un
compromiso de servicio a la sociedad del conocimiento, en general, y en
particular para mejorar la capacidad investigadora, la innovación de calidad,
los resultados obtenidos del sistema de I+D+i de la región de Madrid y ayudar a
las empresas españolas de base tecnológica a ser más competitivas
internacionalmente.
Para ello, el PCM se va a especializar en una primera etapa,
dada su importancia científica, tecnológica y social, en las siguientes
áreas:
- Biología molecular, Biotecnología y Biomedicina
- Ciencia y Tecnología de Alimentos
- Ciencias Moleculares y Nanotecnología
- Ciencias de Materiales
- Datación Arqueología y Patrimonio Artístico
- Gestión del Conocimiento
En resumen, el PCM propone generar y dotar un conjunto de recursos y
capacidades, a la vez que unos instrumentos y caracteres que garanticen el
éxito del proyecto:
- "Un lugar de intercambio de ideas y de
conocimiento, generador de nuevas concepciones, tendencias e innovación.
Dicho intercambio será facilitado por la creación de un ambiente
adecuado a partir de la organización de congresos, encuentros, reuniones
y conferencias que difundan, por un lado, la actividad del parque y
sirvan, por el otro, para atraer e incorporar a empresas, emprendedores,
investigadores y estudiantes".
- "Un entorno que facilite el aprovechamiento de
los resultados de la investigación en el ámbito empresarial, como
consecuencia de la confluencia de investigadores y emprendedores
potenciales que pongan en valor las ideas y las técnicas surgidas. En
este sentido el parque va más allá de una mera concentración de
investigadores y de instalaciones científicas, sino que debe concebirse
como el ámbito y el medio para la creación de empresas de base
tecnológica y de naturaleza innovadora, con el fin de atraer
financiación externa que sirva, a su vez, para realimentar el proceso de
investigación y de creación de conocimiento e innovación".
- "Un centro de innovación empresarial y de
creación de nuevas empresas de base tecnológica que puedan surgir en
relación con la actividad científica desarrollada. Para ello deberá
disponer de los recursos financieros, técnicos, administrativos, de
formación y de asesoría necesarios para facilitar el proceso de
conversión de la investigación a la innovación de carácter
tecnológico y de gestión empresarial. En este sentido, el parque
pretende ir más allá de la idea de un mero parque tecnológico, como
espacio urbanístico y de servicios logísticos común a un cierto número
de empresas o de centros tecnológicos de otras ya creadas".
- "Una comunidad que facilite la gestión del
conocimiento, su transmisión y protección, con el fin de facilitar la
asimilación de conocimientos y técnicas nuevos y la transferencia de los
mismos, tanto internamente, o entre los miembros del parque y de sus
diferentes centros de investigación, como con el exterior, dada la
lógica operativa de la sociedad del conocimiento actual".
- "Una red de acuerdos con otros parques
científicos y empresariales, universidades, regiones innovadoras,
ayuntamientos e instituciones que aseguren la maduración y el crecimiento
de la actividad del parque y, en especial, de las empresas creadas".
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