| Por: |
Javier Fernández Aguado
Profesor de Política y Dirección de RR.HH
Universidad San Pablo-CEU
|
1. Introducción.
Nihil novum sub sole (nada hay nuevo bajo el sol), se
escribió hace ya miles de años. Si entonces era así, ¿seremos ahora tan
audaces (¡tan osados!) de proponer que hemos descubierto mediterráneos en la
última década?
Huyendo de maniqueísmos reduccionistas, quizá pueda
responderse que, si en el fondo pocas cosas han sido modificadas por lo que a
las coordenadas antropológicas se refiere, quizá sí en la forma se hayan
producido transformaciones que reclaman reflexiones originales sobre los
mejores medios para gobernar personas. Y, en el caso que nos ocupa,
específicamente dentro del ámbito de lo que han venido a denominarse
empresas tecnológicas.
2. Los cambios.
Hace tres décadas, un conocido transmitía su asombro a la
vuelta de un viaje a Suiza: había visto, en una exposición internacional de
novedades técnicas, un aparato ‘misterioso’, en el que se introducía
papel con datos, que eran reproducidos a distancia por un instrumento
semejante. Casi nos produjo hilaridad aquella idea, si no llega a ser por la
seriedad de la persona y por la convicción con que transmitía su
experiencia.
Poco tiempo después, el fax era un medio de uso frecuente.
Hoy en día, es un artilugio en cierta medida obsoleto gracias a las nuevas autopistas
por las que corre la información, en segundos, por el mundo entero. Disponer
de toda la prensa en casa en pocos instantes, poder comunicarse con personas a
miles de kilómetros de distancia, realizar operaciones financieras desde el
propio cuarto, son algunas de las múltiples posibilidades que se abren ante
el ciudadano de una buena parte del planeta Tierra.
Quienes ahora tienen a disposición esos reactores
informativos, seguirán entusiasmándose con las alegrías y desalentándose
con las desgracias, reirán y llorarán, se pondrán enfermos y sanarán, se
enriquecerán y permanecerán solitarios en un campo santo al final de sus
días, tendrán hijos y jugarán con ellos, y los verán crecer... En el
fondo, como todas las generaciones precedentes. En la forma, sin embargo, hay
cosas que han cambiado y que sin duda afectan a nuestro modo de enfrentarnos
al entorno.
Importa que la velocidad de crucero a la que se ha
de gobernar no haga olvidar que hay realidades inmodificables. Esa reflexión
debe contribuir al descubrimiento de trochas sólidas en la formación de las
personas que han de tomar decisiones sobre un futuro que cada vez llega al
presente más deprisa.
3. La formación técnica.
Las nuevas realidades tecnológicas implican, entre otras
cosas, el aprendizaje de un nuevo lenguaje -o de varios- gracias a los cuales
entrar en comunicación con sistemas, y en último término con personas que
manejen esa misma herramienta de transmisión de pensamiento. Esto es nuevo,
pero también antiguo: en las Escuelas de Comercio, el idioma que durante
muchos años se consideraba esencial era el árabe, precisamente por nuestras
implicaciones comerciales con Marruecos. Más tarde fue el francés. Ahora, el
inglés. Desde otro punto de vista, fue el morse; ahora será Java o...
Es importante que las Universidades y las Escuelas de
Negocios formen personas con preparación para hacer frente a las necesidades
que van a encontrarse en el mercado laboral. No resultaría indiferente, en
este sentido, la mejora de los cuadros de profesorado en ciertos ámbitos. La
endogamia, y, junto a ella, el no salir a ‘tomar el aire’ de determinados
profesores (en muchas facultades es fundamental que quienes ocupan tarima
sepan hacer lo que explican), provoca que la enseñanza impartida corresponda
en ocasiones a necesidades caducadas. Eso implica un fraude para los
estudiantes.
La Universidad ha de aprender a recorrer el sutil sendero
que delimita dos tendencias innecesariamente enfrentadas. De una lado, el
empeño por convertirse en ámbito de saber. Para ello, debe potenciarse la
investigación. Cuando esto se valora, la división no ha de ser nunca entre
profesores y estudiantes, sino, como mucho, entre profesores y alumnos, porque
es el cuerpo docente quien debe ir por delante en el estudio.
Además de fomentar un ambiente donde la reflexión
encuentre grato acomodo, los centros de formación han de responder a las
urgencias del momento. Sin olvidar que tan arriesgado es quedarse en meras
teorías como fomentar una formación meramente practicona: tan
importantes como los cómos son los porqués (quizá éstos lo
sean un poco más).
Una persona con la cabeza bien amueblada en lo
técnico, pero también en lo existencial, es imprescindible para dar
respuesta no sólo a cuestiones meramente tácticas, sino también a las
estratégicas, comenzando por la definición de la propia carrera profesional
personal. Así se evitará un grave riesgo: dirigirse muy deprisa hacia un
lugar al que no interesa acudir...
4. La formación humanística.
La aceleración del mundo empresarial va in crescendo.
A esas urgencias procuran responder los centros de formación con mayor o
menor fortuna: es el propio mercado quien poco a poco va poniendo a cada uno
en su sitio.
Como niños grandes (inmaduros llegan algunos incluso a la
jubilación), el empeño de muchos es tenerlo todo y enseguida (¡cuán actual
sigue siendo el libro de Bruckner, La tentación de la inocencia).
Precisamente en la mala gestión de los tiempos se encuentra una de las
raíces de la falta de ética en los negocios.
Aprender a manejar el cronos no es sencillo. No
únicamente porque la presión externa pueda ser agobiante, sino sobre todo
por la falta de definición del propio proyecto. Aprender a perder
sanamente el tiempo no es caer en la triste dicotomía de tantos
ejecutivos que durante la semana agotan sus fuerzas físicas, para luego el
sábado y el domingo (o en vacaciones) dar rienda suelta a pulsiones
reprimidas durante las horas de labor.
El ocio en su sentido más profundo (neg-ocio,
denominaban los griegos al periodo que no podía ser dedicado a lo realmente
importante) hace referencia a la plenitud de la persona, a su consideración
global. No por mucho correr se llega necesariamente antes. Quizá el viaje
esencial -como ya se proponía en el siglo IV d.C.- no sea el que nos aleja de
las circunstancias inmediatas, sino el que se dirige hacia dentro de uno
mismo.
La formación humanística no es una discusión sobre el
‘sexo de los ángeles’, sino que profundiza -sin pragmatismos estériles-
sobre las mejores aportaciones que cada uno puede realizar a las
organizaciones con las que se relaciona. Lo mejor de uno mismo sólo es
entregado cuando existe un proyecto claro al que llegar, y cada uno asume
aquella meta como apreciable para su propia existencia.
Cuando esos dos elementos no se dan -proyecto y
autoimplicación en él-, las exigencias se transforman en el juego de una
mera subsistencia, cuyo objetivo último es no ser expulsado de la
organización hasta que a uno mismo no le interese tomar las de villadiego.
La retribución no es el único elemento motivador. Menos
aún a medio plazo. Encontrar el ambiente adecuado en el que desarrollarse
como personas, y alcanzar metas técnica y existencialmente valiosas, son, de
nuevo, elementos de esa permanente complejidad en la que nos movemos.
Leer, ver buen cine, conversar con gente preparada, ‘poner
un filósofo en la propia vida’ (Fernández Aguado, 2000), no son opciones,
son medios fundamentales para, al final de la jornada, sentirse satisfechos de
lo alcanzado, tanto profesional como personalmente.
5. Algunas consideraciones ‘operativas’.
Teniendo en cuenta las referencias esbozadas, sugiero
algunas ‘líneas de trabajo’:
- Dedicar tiempo a la gente. Ahora más que
antes es preciso el esfuerzo por mantener el trato personal. El lenguaje
no verbal no es transmisible a través de unas líneas de un correo
electrónico, ni siquiera con una vídeo-conferencia. Robinson Crusoe,
aunque sea plenamente tecnificado, suele volverse un ser extraño.
- Hablar ‘en positivo’ de la gente y de las organizaciones.
Cualquier realidad puede ser contemplada desde muy diversos puntos de
vista: hay que procurar adaptar siempre el más ventajoso, no sacando
conclusiones negativas de lo realizado por otros, evitando suspicacias
que entorpezcan las relaciones humanas.
- El Will Management de las
organizaciones no es sencillo, menos aún con personas que tienen una
profunda formación especializada, y un tono humano muchas veces
mejorable. Esto exige crear un ambiente propicio para que sean aceptadas
las sugerencias que indefectiblemente irán formulándose.
- Es preciso ayudar a todos -empezando por uno
mismo- a mantener el razonable equilibrio entre trabajo, familia y
amigos. No por acumular más y más horas en la sede de la empresa se
rinde más. Resulta aleccionador, en este punto, que una de las
principales entidades financieras de nuestro país haya optado por
seleccionar a los directores de sus sucursales en las localidades donde
éstas se implantan. De ese modo, esa proporción armónica se torna
viable. La tendencia a arrancar a las personas de su ambiente para que
rindan más, tiene eficacia durante una temporada, pero quien no cuenta
con refugio afectivo, pronto acaba desmotivándose.

6. Conclusión.
La antropología precisa para las empresas tecnológicas es
en muchas aspectos más exigente que en la economía de bricks-and-mortar.
El desafío es apasionante. Lo logrado por muchos especialistas en Recursos
Humanos es relevante, pero quizá llega el momento de ir transformando esos
departamentos bajo el atractivo rótulo de Desarrollo de Personas.
Bibliografía.
AGUILAR LÓPEZ, J. (2001) La ética de los negocios en
la Nueva Economía, en AA.VV.: Ética de los Negocios, Ariel, Barcelona.
ALCALÁ, M. A. y FERNÁNDEZ, J. (2000) Proverbios para
la empresa. Sabiduría de siempre para los directivos de hoy, Cie Dossat
2000, Madrid.
ARMSTRONG, M. (1997 (6ª) Personnel Management Practice,
Kogan Page, Londres.
FERNÁNDEZ AGUADO, J. (1999) Dirigir personas en la
empresa. Enfoque conceptual y aplicaciones prácticas, Pirámide, Madrid.
FERNÁNDEZ AGUADO, J. (2000) Mil Consejos para un Directivo, Cie
Dossat 2000, Madrid.
FERNÁNDEZ AGUADO, J. (2001) Mil Consejos para un Emprendedor, 3ª
edi., Cie Dossat 2000, Madrid.
HAMMEL, G. (2001) Liderando la revolución, Gestión
2000, Barcelona.
HAMMER, M. y CHAMPY, J. (1994) Re-Engineering the
Corporation, Nicholas Brealey.
HANDY, C. (1995) "Trust and the Virtual
Organization", in Harvard Business Review, mayo-junio, pp. 40-50.
RYLATT, A. (1994) Learning Unlimited: practical
strategies and techniques for transforming learning in the workplace,
Business and Professional.
WHETTEN, D., CAMERON, K. y WOODS, M. (2000) Developing
Management Skills for Europe,
2ª edi., Prentice Hall, Londres.
Volver arriba
|