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| Por: |
Isidro de Pablo López
Catedrático de Economía de la Empresa Director del Instituto Universitario de Administración de Empresas (IADE) Universidad Autónoma de Madrid
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Begoña Santos Urda
Profesora Asociada de Organización de Empresas Departamento de Contabilidad y Organización de Empresas Universidad Autónoma de Madrid
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1. Introducción.
En líneas generales, el papel tradicional de la Universidad
ha sido la investigación básica y la formación orientada a la emisión de
títulos de las diversas especialidades. La investigación aplicada ha sido
históricamente una actividad marginal hasta tiempos recientes, en que es cada
vez mas frecuente la realización de proyectos de investigación por encargo de
empresas e instituciones diversas financiados con recursos privados o públicos.
Este modelo, que presenta un fuerte contraste con los predominantes en el medio
anglosajón, caracterizados por una intensa relación entre la Universidad y el
tejido económico, es el habitual en el medio latino y no se ha cuestionado
hasta hace apenas dos lustros.
Por lo demás, este papel de la Universidad estaba plenamente
integrado en el modelo socio-laboral español, en el que la mayoría de los
recién licenciados esperan obtener un empleo por cuenta ajena al concluir sus
estudios, o bien conseguir un puesto en la Administración Pública, a pesar de
las persistentes condiciones restrictivas del mercado de trabajo. Muy pocos
están dispuestos a emprender un negocio, o a trabajar de forma independiente,
pues los valores de nuestra sociedad, y el propio sistema educativo, a todos los
niveles, no lo fomentan ni lo valoran de forma especial. El resultado es una
situación de desempleo o de subempleo crónico en nuestros recién licenciados,
y una cierta sensación de frustración entre el profesorado por la falta de
medios para trabajar y la dificultad de aplicar sus conocimientos a proyectos de
utilidad social.
2. Las nuevas reglas del juego.
Sin embargo, en el medio universitario se dan unas
circunstancias que, igual que ocurre ya en otros países, podrían configurar un
escenario bien distinto. En él encontramos a personas con una formación y unos
recursos como nunca ha tenido nuestro país: es una bolsa de conocimiento que va
contando cada vez con mas medios para que afrontar el reto de la integración en
el mercado laboral y en el tejido económico por la vía del fomento de las
relaciones universidad-empresa y de la creación de empresas. El camino
iniciado, incluso culminado, en otros países no es más que un indicador claro
de lo que hay que hacer.
Y es que la escalada de competitividad y el proceso de
integración económica que estamos viviendo imprime una dinámica de trabajo a
la que nadie queda sustraído, en particular, las empresas y los individuos.
Aquellas se ven obligadas a redefinir continuamente sus estrategias y sus bases
de recursos, mientras que éstos, además de actualizar continuamente sus
conocimientos, y de estar dispuestos a compartir con el empresario la
incertidumbre del día a día que impone el mercado, han de contar con una serie
de valores y actitudes que eran inusuales, o de importancia secundaria, hace
unos años. Al reflexionar sobre estos valores tan escasos podemos mencionar la
capacidad de tomar iniciativas, la predisposición a asumir riesgos, la facultad
de trabajar en grupo, una mentalidad abierta, la movilidad geográfica, etc...
Entre ellas, y sin menospreciar a las demás, destaca la necesidad de trabajar
en grupo, pues la complejidad de los mercados, la multidisciplinaridad del
conocimiento, las tecnologías, la variedad de información a utilizar.....
limitan mucho el alcance de los proyectos individuales.
Pero, además de estos valores, también hacen falta una
serie de habilidades que permitan la potenciación de aquellos. Algunas de las
más importantes pueden ser, en nuestra opinión:
-
Formación previa susceptible de aplicarse a la solución
de problemas o a la satisfacción de necesidades sociales. Formación que
tanto puede ser técnica o científica, como humanista, incluyendo cualquier
habilidad o afición basada en una base de conocimiento apropiada.
-
Formación básica en Administración de Empresas, pues
hoy en día la puesta en marcha de una empresa, y su gestión cotidiana,
requieren que el equipo promotor disponga de estos conocimientos.
-
Desarrollo de habilidades directivas (negociación,
trabajo en grupo, organización del tiempo, solución de conflictos, etc.),
necesarias para obtener el máximo rendimiento de las oportunidades de
negocio.
-
Formación continuada altamente especializada, para estar
al día de los avances técnicos, científicos, comerciales, y de todo tipo
relacionados con la actividad objeto del proyecto empresarial.
Esta capacidad de integrar conocimientos, habilidades, y
actitudes para la puesta en marcha de proyectos empresariales, y de otra
índole, es una faceta ausente en nuestro sistema educativo, a todos los
niveles, y, en nuestra opinión, es uno de los retos de la transformación que
ha de acometer la Universidad.
3. Las vías hacia el emprendizaje en la Universidad.
Cada emprendedor suele pensar que su experiencia es única, y
esto es cierto desde el punto de vista de la vivencia personal. No obstante, los
caminos que se suelen recorrer hasta llegar a esa fase sí que pueden
tipificarse considerando sus orígenes, sector de actividad, forma jurídica,
etc.. Así, desde nuestro punto de vista, y sobre la base de la experiencia,
podemos identificar tres caminos hacia la creación de empresas en el medio
universitario:
-
La iniciativa de estudiantes recién licenciados
sin pretensión de vincularse a la Universidad. Es, en definitiva, una vía
alternativa al trabajo por cuenta ajena basada en la utilización de la base
formativa de sus estudios, sus aficiones, o sus compromisos sociales, para
identificar un proyecto que sacar adelante en forma de empresa, o de una
iniciativa de carácter social. Si bien este canal no redunda en beneficio
de la Universidad, ésta, al impulsar estas formas de emprendizaje,
desempeña un valioso papel social.
-
La iniciativa de profesores e investigadores, de forma
individual o en grupo, que deciden crear una empresa aplicando sus
desarrollos científicos en el mercado, con o sin participación de la
Universidad en la propiedad, pero cuya explotación no requiere la
utilización de infraestructuras universitarias de cualquier índole
(laboratorios, centros de información, infraestructuras informáticas,
etc..). Se trata de los llamados spin-off, de los cuales las empresas
de base tecnológica son un caso particular.
-
La creación de empresas por parte de una universidad o
un consorcio de universidades, centros de investigación y empresas
privadas, con la finalidad de llevar a cabo determinados procesos
industriales, comerciales, o de investigación y desarrollo, para lo cual
aporta sus recursos materiales y de profesorado. En este caso, la
Universidad ejerce el papel de empresario.
En general, creemos conveniente hacer la aclaración de que
estos procesos de creación de empresas pueden producirse en cualquier campo del
conocimiento, entendiendo la tecnología y la ciencia en su concepto mas amplio,
y sin excluir las humanidades y las ciencias sociales.
Las dos primeras formas de creación de empresas mencionadas
anteriormente son todavía poco frecuentes, pero ya hay varias iniciativas en
marcha a lo largo de la geografía española, tanto en universidades públicas
como privadas. Sin embargo, el último caso es todavía una experiencia por
realizar, aunque no faltan candidatos para ella.
4. Los agentes de cambio y los papeles que han de desempeñar.
Como es bien sabido, el fomento de la iniciativa emprendedora
en la Universidad no es una tarea fácil, por la complejidad de la propia
institución, por los valores de nuestra sociedad, por el marco legal, y por las
inercias de funcionamiento de las instituciones más idóneas para llevarlo a
cabo. Por ello, creemos oportuno identificar a los principales agentes del
proceso y enumerar los cambios que debe realizar cada uno de ellos para imprimir
a este proceso la dinámica que encontramos en otros países.
En primer lugar, tenemos a los propios emprendedores
potenciales que deben aprender a trabajar en equipo, conseguir una formación
básica en administración de empresas, completar su formación técnica
mediante una continua actualización, y abrir sus mentes a nuevas formas de
trabajo basadas en la iniciativa individual.
En segundo lugar, tenemos el sistema educativo,
entendido en su conjunto, no solamente la Universidad, que debe evolucionar, en
nuestra opinión, en una doble dirección. Por un lado, la actual legislación
universitaria y de la función pública deben abrir vías para que el
profesorado pueda desarrollar sus capacidades emprendedoras. Además, se deben
promover cambios en los planes de estudio para que incluyan disciplinas de toma
de contacto con el mundo de la economía y de la empresa, facilitar la creación
de titulaciones híbridas que combinen conocimientos de diversas ramas de la
ciencia, y aplicar metodologías docentes que fomenten el trabajo en equipo y la
práctica profesional.
Finalmente, aunque no menos importante que los otros dos
actores, tenemos a los agentes sociales, cuyo papel en la divulgación de
los valores de la creación de empresas en el tejido social el clave. En
particular, consideramos fundamental la función divulgativa de los medios de
comunicación, y el papel de las administraciones locales y las asociaciones
profesionales en la identificación de bolsas de emprendizaje y de oportunidades
de autoempleo. Y, para terminar, no podemos olvidar el papel que puede jugar el sistema
financiero, sobre todo los bancos, en este proceso, si cambiase sus
criterios de valoración de operaciones crediticias propuestas por
emprendedores, y diseñase productos específicos para atender las necesidades
de éstos.
5. La experiencia de la Universidad Autónoma de Madrid.
Sensible a esta realidad que estamos viviendo hoy en día, en
la UAM, y desde hace ya dieciséis años, se viene trabajando en el fomento de
la creación de empresas con los medios disponibles en cada momento. El proceso
comienza con la creación del Programa de Cooperación Educativa en el año
1985, como una experiencia de formación en alternancia entre la Universidad y
la empresa, y cuyos alumnos deben desarrollar un proyecto de fin de carrera, en
grupo, sobre la puesta en marcha de una empresa, que, en algún caso, se ha
convertido en una empresa real. Desde entonces, el equipo de profesores
promotores de la iniciativa ha participado en diversos programas del IMADE, el
INEM, así como de diferentes organizaciones empresariales (CEIM y OMEGA, por
ejemplo) orientados a formar, y a proporcionar asistencia técnica, a formadores
y a emprendedores de diferentes perfiles. Además, con la implantación de los
nuevos planes de estudio se viene ofreciendo un Seminario de Creación de
Empresas a los alumnos de la Facultad de Ciencias Económicas y Empresariales.
Con esta experiencia previa, y con el patrocinio del Grupo
Caja Madrid, en el año 1997 se pone en marcha el proyecto CIADE (Centro de
Iniciativas de Autoempleo y de Emprendizaje), con la finalidad de promover la
creación de empresas en el ámbito de la UAM. Los resultados hasta la fecha son
bastante esperanzadores, pues se han creado un total de veintidós empresas en
un plazo de algo mas de dos años desde su puesta en marcha.
Con esta experiencia previa, y de la mano de la creación del
Parque Científico de Madrid, es de esperar que esta actividad se intensifique
hasta llegar a posicionar a Madrid como uno de los centros de excelencia
europeos, no sólo en producción investigadora, sino en su capacidad para
hacerla llegar a los mercados y a la Sociedad en la forma de proyectos
empresariales, o de contratos de transferencia de investigación y conocimiento.
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