| Por: |
Jesús Rodríguez Pomeda
jesús.pomeda@uam.es
Profesor de Organización de Empresas. Universidad Autónoma de Madrid
|
|
El avance hacia la sociedad del conocimiento exige una nueva
visión, más profunda y amplia, sobre el capital humano. En ella confluyen
tanto aspectos netamente educativos como otros relacionados con las políticas
de innovación acometidas por países y organizaciones.
Con el cambio tecnológico acelerado que caracteriza nuestras
sociedades, se hace aún más patente la necesidad de unos recursos humanos
adecuadamente formados y con capacidad para adaptarse y generar cambios en el
entorno.
Aparece además la dimensión global de dicho capital humano
con la movilidad internacional creciente de personas altamente cualificadas. Las
carencias que muchos países muestran en titulados superiores en ciencias y
tecnologías se suplen en ocasiones con el recurso a personas procedentes de
otras naciones.
Colmar tales carencias requiere no sólo incrementar las
inversiones en educación en la enseñanza reglada, sino, además, en la
formación que se lleva a cabo en el puesto de trabajo y en la que pretende el
reciclaje continuo de conocimientos.
Estas y otras cuestiones vinculadas son objeto de análisis
por entidades tales como la Unión Europea o la Organización para la
Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE). De la primera, ofrecemos en
este número de "Madri+d" (en la sección "La I+D en
cifras") un estudio sobre el "Cuadro de Mando de la Innovación
Europea 2001" recientemente publicado. En él se evalúan diferentes
vínculos de los recursos humanos y la innovación.
La OCDE, por su parte, ha elaborado trabajos de mucho
interés al respecto. En concreto, su Comité para la Política Científica y
Tecnológica es responsable de una serie de estudios en los cuales se destaca la
creciente importancia del capital humano para un crecimiento económico
impulsado por la innovación y el progreso tecnológico. En la nueva sociedad
del conocimiento, su concurso es indispensable como fuente incesante de
creación de riqueza, alcanzado por tanto una importancia pareja a la que tiene
el capital financiero.
También este reputado organismo internacional ha elaborado
un "Cuadro de Mando de Ciencia, Tecnología e Industria 2001" que
contribuye a superar las dificultades para medir (y, por tanto, para comprender)
el capital humano en las actividades científico-tecnológicas. De acuerdo con
el denominado Manual de Canberra, los "recursos humanos en ciencia y
tecnología" comprenden a todas aquellas personas que poseen una educación
superior completa en algún campo científico-tecnológico y/o están empleadas
(sin poseer la titulación antes indicada) en puestos científico-tecnológico
para los cuales normalmente se requiere dicha titulación.
El citado "Cuadro de Mando" supone un esfuerzo para
medir la "economía basada en el conocimiento" en cuatro áreas
conexas: el crecimiento en la base de conocimiento, la creciente importancia de
la economía de la información, el continuo aumento de la integración
económica y el crecimiento y el rendimiento de las economías nacionales. En
todas estas áreas los recursos humanos representan un factor crucial.
Esta preocupación patente en la política de ciencia y
tecnología también se ha hecho visible en España. Con iniciativas tales como
el "Programa Ramón y Cajal", el Ministerio de Ciencia y Tecnología
ha intentado ofrecer un esquema de contratación estable a investigadores dentro
del Sistema Nacional de I+D.
Aún cuando todavía es pronto para evaluar los resultados
del Programa (el proceso de selección de los investigadores concluyó el pasado
día 18 de septiembre) supone sin duda un planteamiento interesante, que prevé
la contratación de hasta ochocientos investigadores en 2001, para llegar a dos
mil en 2003. Tales contratos tienen un horizonte temporal de cinco años y un
nivel salarial de 4,75 millones de pesetas anuales, similar al de un profesor
titular de universidad.
Los recursos humanos en la innovación empresarial
Al analizar la relación entre los recursos humanos y el
desarrollo de la función innovadora en las organizaciones empresariales
contemporáneas, es preciso considerar dos aspectos fundamentales. En primer
lugar, cuáles son las características personales más adecuadas para alcanzar
la eficiencia deseable en el proceso de desarrollo tecnológico; en segundo
término, cómo deben gestionarse para alcanzar la máxima productividad del
equipo humano.
Características personales y de gestión que tienen que
pasar por potenciar determinados roles: "generador de ideas",
"empresario o promotor de producto", "director de programa",
"enlace" y "patrocinador".
El "generador de ideas" posee capacidad de
síntesis y de análisis sobre la información disponible de mercados,
tecnologías, sistemas y procedimientos. Además, es un experto en una o dos
áreas de desarrollo tecnológico que disfruta con la creación y aplicación de
ideas. Es alguien que se siente cómodo en el terreno de la abstracción.
Creatividad (ver nuevas y diferentes formas de hacer las cosas), tenacidad en la
resolución de problemas y valor para proponer respuestas que ponen en cuestión
en status quo, también deben estar presentes en este rol.
El "empresario o promotor de producto"
defiende y estimula tanto el cambio como la innovación. Busca la aprobación
formal del proyecto por parte de los órganos competentes de la organización,
lo que se encuadra dentro de una personalidad emprendedora. Posee un amplio
abanico de intereses, enérgico y determinado, es capaz de convencer a
diferentes personas sobre la bondad de la nueva idea. Persuasivo, consigue
recursos para desarrollar el proyecto. Asume riesgos y puede ser agresivo en la
defensa de la innovación.
El "director de programa" toma sobre sí la
responsabilidad de la planificación, periodificación, el seguimiento y control
de las tareas ejecutadas, así como la supervisión técnica. Es una persona
capaz de tomar decisiones de importancia, a veces en un breve lapso temporal.
Receptivo a las necesidades de los otros, sabe aprovechar la estructura
organizativa para conseguir que las cosas se hagan.
El "enlace" es el encargado de aportar
información de forma continua al grupo de desarrollo, lo que tiene un carácter
crítico cuando tal información se refiere a cambios en las demandas
procedentes del mercado, en las necesidades de fabricación o en la
implantación del proyecto tecnológico. Competente técnicamente, es alguien
accesible y tratable que disfruta con el contacto personal que se requiere para
ayudar a otros.
El "patrocinador" es una persona de mayor
experiencia y nivel en la empresa que, sin embargo, no realiza trabajo de I+D en
sí mismo ni defiende directa y personalmente el cambio. Su papel consiste en
proporcionar estímulo y apoyo. Orienta, guía y busca el desarrollo del
personal menos experimentado, facilitándole apoyo indirecto, protección y
defensa.
¿Disponemos de personas que desarrollen eficazmente tales
roles en nuestras empresas? ¿Somos capaces como sociedad de estimular y generar
tales roles, mediante las enseñanzas reglada y no reglada?
Estas y otras cuestiones no tienen respuesta simple, por lo
que, con este número de "Madri+d" hemos pretendido iniciar un debate
al respecto, a la vez que proporcionamos algunas claves que creemos de interés.
Volver arriba
|