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| Por: |
Clara Eugenia García
Profesora de Economía de la empresa Universidad Carlos III de Madrid
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Una cultura efectiva se caracteriza, sobre todo, por un
fuerte contenido moral capaz de superar las restricciones impuestas por
distintos acuerdos y sistemas de control formales y capaz, también, de
gestionar de forma eficaz las altas dosis de incertidumbre que caracterizan al
proceso de innovación. La cultura puede no sólo predecir la capacidad para
adoptar innovaciones, sino funcionar también como factor crítico en la
articulación de la creatividad que todo proceso de innovación requiere. La
estrecha relación entre innovación y cultura no es únicamente una
observación empírica, sino que es, además, relevante desde el punto de vista
teórico. La reflexión que sigue se centra, preferentemente, en un aspecto, a
nuestro juicio, crítico en el desarrollo y consolidación de una cultura
orientada a la innovación: LA CONFIANZA.
En la década de los noventa, hemos asistido aun creciente
interés por el estudio de la confianza como dimensión implícita en la cultura
de la innovación, tanto en el terreno de las relaciones entre empresas como en
el estudio de la organización interna del trabajo. Este interés está
directamente ligado al hecho de que la innovación es un proceso de creación
colectiva en el que la confianza promueve la cooperación y facilita las
necesarias interacciones entre los agentes implicados.
En las distintas teorías sobre la confianza que han
proliferado en los últimos años, se destacan varias dimensiones asociadas a la
confianza (Blomqvist, 1997) que van desde el análisis económico de la
confianza tratada como un bien susceptible de intercambio (Dasgupta, 1998) a
consideraciones en las que prima la confianza como rasgo de la cultura y, por
tanto, asociada al sentimiento de pertenencia e identificación con un
determinado sistema de valores (Ring y van de Ven, 1992).

No es el objeto de este artículo proceder a realizar un
repaso sistemático por las principales contribuciones realizadas en la materia.
Por el contrario, nos proponemos destacar que para alcanzar un determinado nivel
de desarrollo tecnológico resultan imprescindible ciertos niveles de confianza
y que ésta es un ingrediente básico de ciertas culturas o sistemas colectivos
de creencias, valores y comportamientos dominados por la idea de cambio. La
cultura y los valores en los que se basa el cambio técnico y la innovación se
refieren a la cultura del cambio frente a patrones de comportamiento basados en
la estratificación, inercia y preservación del orden formal establecido. En
este sentido, es posible establecer una clara diferenciación entre culturas en
las que existen fuertes niveles de confianza, y que son capaces de soportar el
cambio y la incertidumbre asociada, de aquellas otras organizaciones y
sociedades en las que los bajos niveles de confianza explican la fuerte
resistencia al cambio y la baja tolerancia a la incertidumbre (Shane, 1995).
La idea de que la confianza constituye un ingrediente
esencial de la cultura empresarial y local, con importantes efectos en la
articulación del sistema y estrategias de innovación que caracterizan a las
empresas, no es nueva. En los últimos años, el número de trabajos de
investigación y artículos publicados al respecto ha experimentado un notable
crecimiento. Esta relación entre cultura e innovación ha sido utilizada con
notable éxito para explicar la emergencia y consolidación de sistemas locales
y regionales de innovación como el Silicon Valley (Saxenian, 1994
Particularmente interesantes resultan los trabajos en los que
se analiza el desarrollo de ventajas competitivas y capacidades de innovación
en las empresas basadas en los procesos de aprendizaje individual y colectivo
que tienen lugar en el interior de la organización y que resultan de la
interacción entre empresas. Estos estudios coinciden en señalar que existe una
estrecha relación entre aprendizaje y confianza. En otras palabras, las
organizaciones basadas en el aprendizaje son organizaciones que se caracterizan
por altos niveles de confianza entre sus miembros y grupos. Esta consideración
permite afirmar, tal y como lo confirma una gran cantidad de estudios
empíricos, que en la medida en que el aprendizaje organizativo está marcado
por un buen número de acontecimientos no previstos, los individuos no están
dispuestos a comprometer su esfuerzo, tiempo y dedicación en un proyecto
colectivo en ausencia de confianza. Por otra parte, en el estudio de las
relaciones de cooperación entre las empresas, la confianza es un requisito
previo para el desarrollo y el éxito de estas relaciones (Baudry,1998).
Común a todos los estudios y análisis sobre el papel y
valor de la confianza es el reconocimiento de la misma como un rasgo cultural.
La confianza no puede crearse como resultado de un esfuerzo intencional basado
en los cálculos sobre los potenciales beneficios que pudieran obtenerse de la
cooperación. Esta dimensión cultural de la confianza se relaciona, tal y como
se ha indicado en párrafos precedentes, la formación de un conjunto de
creencias y valores comunes que permiten dotar de identidad a las acciones
colectivas y garantizar, de este modo, que las acciones individuales sean
coherentes sin tener que recurrir a mecanismos formales de control. La confianza
así entendida se caracteriza por los siguientes rasgos:
- la confianza se identifica con el conjunto de creencias
de los individuos y no necesariamente con sus acciones o comportamientos;
- la confianza se refiere a las expectativas acerca de la
conducta de la otra parte por lo que tiene una gran influencia en la toma de
decisiones por parte del agente que confía;
- la confianza emerge como ingrediente fundamental en
todas aquellas relaciones en las que la complejidad de las relaciones y la
incertidumbre de los resultados impide el establecimiento de acuerdos
contractuales y sistemas de control formal.
La confianza aplicada a las relaciones que tienen lugar en el
interior de la empresa, así como a las relaciones entre empresas, se refiere a:
- confianza respecto a las competencias, habilidades y
conocimientos de un individuo, grupo o empresa;
- confianza respecto a las intenciones y
- confianza en el grado de compromiso.
A partir de estas consideraciones, y profundizando en las
razones por las que la confianza es un ingrediente fundamental de la cultura de
la innovación, es posible llegar a las siguientes conclusiones:
- La innovación es un proceso que requiere un fuerte
nivel de compromiso emocional entre todos los miembros de la organización
y entre todas las organizaciones que participan en el desarrollo de nuevos
productos y procesos.
- La difusión de prácticas, conocimientos y
experiencias alcanza niveles óptimos cuando los individuos que poseen
estos conocimientos están dispuestos a compartirlos. La innovación está
asociada a los procesos de aprendizaje colectivo y, por tanto, a fuertes
dosis de socialización entre los miembros de una organización y entre
distintas organizaciones.
- La ausencia de confianza disminuye sensiblemente la
disponibilidad o actitud de los agentes para asumir grandes riesgos y, por
tanto, tiene importantes efectos en el proceso de innovación.
- La confianza emerge como elemento clave de las
organizaciones orientadas al aprendizaje y basadas en la gestión de
conocimientos. Es importante distinguir la confianza que se da entre los
miembros que la componen de la que la propia organización ofrece para
articular sus relaciones con otras organizaciones e instituciones y que se
ejemplifica en la construcción y percepción de su reputación.
- La confianza demanda el establecimiento de múltiples
canales de comunicación entre los distintos niveles y funciones de la
organización. Al mismo tiempo, es necesario que tales canales se
institucionalicen con el objeto de garantizar la acumulación y
supervivencia de la confianza a largo plazo.
- La confianza promueve la acción colectiva a la vez que
la dota de unos niveles de credibilidad respecto al grado de compromiso
que permite a los agentes (individuos y empresas) tomar decisiones mucho
más complejas y arriesgadas que en ausencia de confianza (Granovetter,
1978).

Existe, igualmente, una segunda dimensión asociada a la
confianza y que tiene, a nuestro juicio, una estrecha relación con los niveles
de desarrollo técnico alcanzados y la forma en que la innovación se organiza.
A esta segunda dimensión la identificamos con los distintos niveles de
confianza que los agentes tienen en las instituciones y en los mecanismos
institucionales que gobiernan nuestras economías. En este sentido, la
legislación vigente, la intervención de los gobiernos, la regulación de las
actividades económicas, etc... influyen directamente en los niveles de
confianza que se aprecian en diferentes países. En los países anglosajones
suele identificarse esta confianza de origen institucional con el término de confidence
para distinguirlo de la confianza entre agentes, empresas, etc... Sin embargo,
en castellano no es posible establecer una neta distinción semántica entre los
dos tipos de confianza a los que se refiere este artículo. La noción de confidence
define las creencias de un determinado agente o individuo con relación a los
futuros escenarios de la economía y se distingue de la confianza personal y
cultural por la naturaleza institucional y colectiva del objeto acerca del cual
se forman las creencias (Zucker, 1986).
Finalmente, merece especial atención en el análisis de la
confianza el papel de la cultura y de las instituciones locales, es decir, el
conjunto de creencias y valores compartidos, así como las prácticas
empresariales que permiten dotar a una región o comunidad de una identidad
propia y que sirve para definir todos los aspectos relevantes, desde el
funcionamiento del mercado de trabajo hasta las actitudes hacia el riesgo de
todos los miembros, tanto de los trabajadores como de los empresarios. En este
contexto, la confianza hace referencia a situaciones en las que no se recurre al
control formal, sino a mecanismos de control informal y social ejercidos por la
comunidad local capaces de sancionar de forma efectiva cualquier violación y
desviación en la conducta de sus miembros.
Bibliografía.
- Baudry, B. (1998) Trust in Inter-Firm Relations: Multiple
Forms of Coordination, en Lazaric, N. y E. Lorenz (eds.) Trust and Economic
Learning, Cheltenham, UK: Edward Elgar.
- Blomqvist, K. (1997) The Many Faces of Trust, Scandinavian
Journal of Management, vol. 13, págs: 271-286.
- Dasgupta, P. (1988) Trust as a commodity en D.
Gambetta (ed.) Trust. Making and Breaking cooperative relationships, London:
Blackwel Publishers.
- Granovetter, M. (1978) Threshold Models of Collective
Behavior, American Journal of sociology, vol. 83, págs.: 1420-1443.
- Ring, P. S. y Van de Ven, A. H. (1992) Structuring
Cooperative Relatioship between Organizations, Strategic Management Journal
vol. 13, págs.:483-498.
- Saxenian, A. L. (1994) Regional Advantage. Culture and
Competition in Silicon Valley and Route" 128, Cambridge Mass.: Harvard
University Press.
- Shane, S., S. Venkatarman, y I. MacMillan (1995) Cultural
Differences in Innovation Championing strategies, Journal of Management,
vol 21, p 931-952.
- Zucker, L. G. (1986) Production of Trust: Institutional
sources of Economic structure, Research in Organizational Behavior, vol.
8, págs.
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