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Capacidad Tecnológica de España I




Por:
Patricio Morcillo
morcillo@revistamadrimasd.org
Catedrático de Organización de Empresas. Universidad Autónoma de Madrid

La balanza tecnológica de un país recoge, por una parte, los ingresos obtenidos por venta de tecnología nacional al exterior y, por otra, los pagos por adquisición de tecnología ajena. Esta balanza sólo incluye las operaciones efectuadas por vía contractual sin considerar las realizadas en el marco de una inversión directa ni las que se llevan a cabo por la vía del comercio exterior de bienes y servicios con tecnología incorporada. En caso de producirse un déficit en la balanza tecnológica de un país, se podrá realizar los siguientes comentarios:

    1. Un déficit traduce un grado de dependencia tecnológica del país con relación al exterior.

    2. Los pagos que se realizan se asemejan a un impuesto tecnológico que las empresas deben satisfacer con el consiguiente incremento de sus costes y pérdida de competitividad.

    3. Siguiendo con el nivel de competitividad de las empresas adquirientes de tecnología ajena, se puede asegurar que este no será óptimo ya que las compañías que cedan su tecnología evitarán vender sus últimos logros con el fin de no crear su propia competencia. Sólo se podrá esperar la cesión de una tecnología punta cuando las empresas oferentes, por razones estratégicas y de imagen, tengan especial interés en que las identifiquen con dicha destacada tecnología.

Si observamos el cuadro y gráfico que se recogen a continuación y que reflejan la evolución de la balanza tecnológica de España, constatamos que la economía española registra, permanentemente, unos saldos negativos con tasas de cobertura relativamente bajas lo que traduce un importante grado de dependencia tecnológica. De esta forma, podemos deducir que el déficit de nuestra balanza tecnológica es crónico. Las tasas de cobertura (ingresos respecto a pagos) han venido fluctuando de manera importante dado que han variado entre el 7,22 por ciento en 1995 y el 45,47 por ciento en 1993. Pero, al margen de esta fluctuación, lo que resulta aún más grave es el dato correspondiente a esta última tasa de cobertura, inferior al 50 por ciento, puesto que refleja el mejor resultado posible y pone de manifiesto lo lejos que se encuentra nuestra economía del equilibrio. Por consiguiente, el paso de una situación de dependencia a una situación de interdependencia no será tarea fácil.

Evolución de la balanza tecnológica española (en millones de pesetas)

Años

Pagos

Ingresos

Saldos

Tasa de Cobertura

1972

12.880

1.333

-11.475

10,41

1973

15.201

1.678

-13.523

11,04

1974

18.151

2.081

-16.070

11,46

1975

17.299

2.887

-14.412

16,69

1976

31,236

4.063

-27.173

13,01

1977

28.728

4.481

-24.247

15,60

1978

30.466

5.559

-24.907

18,25

1979

34.400

6.900

-27.500

20,06

1980

44.393

10.783

-33.250

24,49

1981

52.382

16.698

-35.684

31,86

1982

78.984

15.707

-63.277

19,89

1983

88.338

18.691

-69.647

21,16

1984

84.742

20.780

-63.962

24,52

1985

104.100

24.500

-79.600

23,53

1986

107.800

26.300

-81.500

24,40

1987

114.262

21.279

-92.983

18,62

1988

162.307

22.020

-128.129

13,57

1989

190.089

34.178

-155.911

17,98

1990

216.892

40.776

-176.116

18,80

1991

236.537

66.597

-169.940

28,15

1992

324.673

81.004

-243.669

24,95

1993

245.600

114.100

-131.500

46,47

1994

128.103

12.474

-115.629

9,74

1995

138.439

10.002

-128.437

7,22

1996

133.878

11.221

-122.657

8,39

1997

157.221

23.683

-133.538

15,06

1998

       

Fuente: Dirección General de Transacciones Exteriores. Ministerio de Economía y Hacienda

El desafío que se le plantea a la economía española reside en intentar soltarse de la espiral tecnológica a la que está sujeta para cortar todo nexo de dependencia que coarta sus iniciativas estratégicas. No obstante, conviene aclarar que este objetivo no es fácil de conseguir porque la dependencia tecnológica no constituye un hecho aislado sino que suele ser un eslabón de un proceso integrador global y organizado desarrollado por compañías extranjeras que sustentan su expansión en vínculos de dependencia, además de tecnológica, comercial, financiera y productiva. Es decir, que la variable tecnológica viene a reforzar el control que empresas extranjeras quieren ejercer sobre entidades nacionales.

Sin embargo, en lo que concierne a la estructura de la balanza tecnológica, un déficit no siempre refleja una relación de dependencia. Ahí está, por ejemplo, el caso de la economía japonesa cuya balanza tecnológica registró saldos negativos a principios de los noventa. Dichos déficits procedían, en gran medida, de los procesos de innovación tecnológica seguidos por las empresas niponas ya que éstas suelen transferir su tecnología a través de los productos que desarrollan y venden al extranjero (tecnología incorporada) y no mediante cesión de patentes.






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