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Tras analizar en el número anterior de la Revista Madri+d
(véase número 8) la evolución y estructura de la balanza tecnológica de
España, abordamos, en esta ocasión, el estudio de los gastos en I+D respecto
al PIB (Producto Interior Bruto). Junto a estos dos trabajos, comentaremos en el
próximo número de la revista Madri+d, el registro de patentes lo que nos
permitirá, por una parte, trazar el perfil y capacidad tecnológica de España
y, por otra, posicionar nuestra economía con respecto a sus más directas
competidoras.
Países muy avanzados y con tradición tecnológica como
Estados Unidos, Japón, Alemania, Francia e, inclusive, Inglaterra vienen
dedicando a la I+D unas inversiones que se sitúan entre el 2,5 y 3 por ciento
de su producto interior bruto. En lo que concierne a la media vigente en el seno
de la Unión Europea, el gasto ronda el 2 por ciento. Dicho valor no deja de ser
relativamente importante si partimos de la base que algunos países, entre los
cuales se encuentra España, realizan un escaso esfuerzo a la hora de invertir
en I+D. En efecto, si comparamos, en valor relativo, los gastos en I+D respecto
al PIB de España con los realizados por los líderes tecnológicos, constatamos
que el esfuerzo nacional representa entre el 30 y el 40 por ciento de aquellos,
magnitud nada alentadora considerando que la diferencia no tiende a reducirse
con el tiempo.
Con relación a la evolución de los gastos en I+D realizados
en España, el Cuadro 1 recoge lo sucedido durante los últimos 10 años. Como
se puede observar, si en términos absolutos los gastos se han, prácticamente,
duplicado, en valor relativo, por el contrario, éstos se han quedado
estancados. Hasta la fecha, nunca se ha logrado alcanzar el 1 por ciento del PIB
que sigue siendo el objetivo soñado a corto plazo. La época de mayor
crecimiento relativo ha sido, sin ninguna duda, la década de los años ochenta
ya que a principios de estos años el esfuerzo en I+D suponía un paupérrimo
0,20 por ciento y paso, en muy pocos años, a 0,87 por ciento, magnitud similar
a las de hoy en día.
Cuadro 1
| Años |
PIB |
Gastos internos totales I+D |
Gastos totales en I+D como porcentaje del PIB |
Gastos del PIB en admón. pública |
Gastos del PIB en enseñanza superior |
Gastos del PIB en empresas |
Gastos del PIB en IPSFL |
| 1990 |
50145 |
425829 |
0,85 |
0,18 |
0,17 |
0,49 |
0,01 |
| 1991 |
54927 |
479472 |
0,87 |
0,19 |
0,19 |
0,49 |
0,00 |
| 1992 |
59105 |
539919 |
0,91 |
0,18 |
0,26 |
0,46 |
0,01 |
| 1993 |
60952 |
557403 |
0,91 |
0,18 |
0,28 |
0,44 |
0,01 |
| 1994 |
64789 |
548154 |
0,85 |
0,17 |
0,27 |
0,40 |
0,01 |
| 1995 |
72841 |
590688 |
0,81 |
0,15 |
0,26 |
0,39 |
0,01 |
| 1996 |
77245 |
641024 |
0,83 |
0,15 |
0,27 |
0,40 |
0,01 |
| 1997 |
82059 |
672017 |
0,82 |
0,14 |
0,27 |
0,40 |
0,01 |
| 1998 |
87545 |
784513 |
0,90 |
0,15 |
0,27 |
0,47 |
0,01 |
| 1999 |
93693 |
831158 |
0,89 |
0,15 |
0,27 |
0,46 |
0,01 |
Si analizamos el reparto de estos gastos en I+D, comprobamos
que la estructura sigue siendo idéntica. Las empresas no registran importante
modificaciones en sus patrones de comportamiento y no parece que valoren a la
innovación como una variable de competitividad clave. Una posible
justificación acerca de este reducido esfuerzo en inversión en I+D por parte
de las empresas puede explicarse por las siguientes razones:
- Tradicionalmente, las compañías españolas han
recurrido a inversiones ajenas lo que les permitía adquirir tecnologías e
innovaciones ya contrastadas y controlar sus gastos ya que uno de los
problemas que presenta la I+D es su carácter de "imprevisible"
dado que no se puede garantizar el resultado una vez iniciado el proceso de
investigación. Con la financiación se crean las condiciones propicias para
investigar pero nada garantiza el éxito.
- Por otra parte, considerando el tamaño de las empresas
españolas que se encuentra muy por debajo del tamaño medio existente en
países industrializados, no se disponen de recursos suficientes para
dedicar elevadas sumas a la inversión en tecnología propia.
El escaso esfuerzo en inversión en I+D realizado por las
empresas españolas tiene unos efectos contraproducentes que pasamos a comentar
muy brevemente a continuación:
- Se acumula un retraso tecnológico: Aunque los
recursos financieros dedicados a la I+D no puedan garantizar la rápida
obtención de resultados, sí que existe una cierta correlación entre
presupuestos en I+D y capacidad de innovación. De esta forma, el no
disponer de importantes recursos financieros para iniciar proyectos de
innovación va creando una importante brecha entre los que más invierten en
I+D y los que menos esfuerzos realizan.
- Se reduce la competitividad: Nuestras empresas
registran importantes pérdidas de competitividad ya que el no generar
nuevos productos les impide ser pioneras en sus mercados respectivos con
todas las ventajas que esto supone (posicionamiento, liderazgo, protección,
dependencia del cliente, precio, aprendizaje).
- Se depende del exterior: El no impulsar la
innovación propia obliga a nuestras empresas a adquirir innovaciones
extranjeras para mantener un cierto nivel de igualdad con sus competidores
aunque estos últimos nunca cederán sus adelantos más estratégicos y
conservarán su posición competitiva. Es más, con este tipo de conducta
las empresas españolas han creado relaciones de dependencia con los
líderes tecnológicos extranjeros y será muy difícil desvincularse de
esta situación.
Cualquier economía o cualquier empresa que quiera tener
alguna oportunidad de éxito en un entorno caracterizado por un elevado nivel de
incertidumbre y complejidad debe ser capaz de generar aquellas innovaciones que
refuercen, simultáneamente, sus ventajas competitivas. En este contexto, la
inversión en I+D es la que mejor contribuye a la renovación del stock de
conocimiento porque lo hace de manera específica y garantiza la obtención de
innovaciones exclusivas que serán fuentes de ventajas competitivas.
Rechazar la inversión en I+D supone, por parte de las
empresas, optar por estilos de dirección reactivos que consideran que los
procesos de innovación son caóticos y que ante estas trabas resulta más
aconsejable adquirir innovaciones ajenas ya contrastadas por otros. Pero tal
decisión privilegia el presente sobre el futuro y origina relaciones de
dependencia que condicionarán el desarrollo económico.
Para más información, consultar:
- EUROPA. Enterprise: Competitiveness, innovation and enterprise performance
(europa.eu.int/comm/enterprise/enterprise-policy/index.htm) o contactar: European Comisión, Enterprise Directorate General. Information and Communication Unit. Rue de la Loi, 200. B-1049 Bruselas (Bélgica)
- Informe del Ministerio de Ciencia y Tecnología (www.mcyt.es)
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