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| Por: |
Carlos A. Benavides Velasco
Grupo de Investigación "Innovación Tecnológica y Calidad" (TEP 104 del PAI). Universidad de Málaga
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Cristina Quintana García
Grupo de Investigación "Innovación Tecnológica y Calidad" (TEP 104 del PAI). Universidad de Málaga
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- INTRODUCCIÓN.
En la actualidad los procesos de innovación tecnológica han
de interpretase como procesos de aprendizaje en los que el conocimiento es tanto
su principal input como el ouput básico que se materializa en
innovaciones concretas. Por otra parte, los procesos de aprendizaje son
esenciales para el desarrollo y consolidación de las competencias tecnológicas
de las empresas.
Desde la perspectiva anterior, y cuando está adquiriendo
carta de naturaleza en la teoría de la empresa la denominada gestión del
capital intelectual, la gestión del conocimiento (Bueno, 1999 y 2000),
nuevamente se ha potenciado el estudio de las alianzas entre empresas. El
capital intelectual representa los activos que permiten en mayor medida la
generación y mantenimiento de ventajas competitivas. Pero lo cierto es que
resulta difícil que, de forma independiente, las empresas sean capaces de
desarrollar el conjunto de conocimientos, habilidades necesarias y capacidades
tecnológicas precisas para la alimentación permanente de sus procesos
creativos e innovadores.
Dada esta realidad, en este artículo pretendemos poner de
manifiesto el importante papel que pueden desempeñar los acuerdos de
cooperación como medio de propagar, compartir y generar conocimientos entre las
empresas, como un medio que refuerza sus procesos de aprendizaje y permite
consolidar y desarrollar competencias tecnológicas especialmente en el caso de
aquellas empresas pertenecientes a la industria intensiva en tecnología.
- COMPETENCIAS TECNOLÓGICAS, CONOCIMIENTO Y COOPERACIÓN EMPRESARIAL.
La importancia de las competencias tecnológicas se viene
destacando desde el comienzo de los años noventa. Así Patricio Morcillo
(1991:170) al ocuparse de la valorización de la tecnología ya se
refiere a las competencias tecnológicas que reflejan el dominio por parte de
las empresas de unas tecnologías genéricas que le van a permitir posicionarse
con ventaja frente a sus competidores. Posteriormente (Morcillo, 1994:44),
cuando esquematiza los cambios experimentados en la estrategia empresarial lo
hace con un cuadro que significativamente subtitula: "de la cartera de
productos a la cartera de competencias tecnológicas". Para él, la
innovación es la clave de la ventaja competitiva y las competencias
tecnológicas establecen las condiciones del compromiso competitivo de las
empresas. Años después, el citado autor, insiste en su idea y afirma que las
"competencias tecnológicas son una fuente de ventajas competitivas
duraderas y sostenibles". Y continúa diciendo (Morcillo, 1997:44):
"las competencias tecnológicas son algo que se justifica por sí solo ya
que... tanto la tecnología como la innovación conforman los cimientos de la
eficiencia empresarial".
Las competencias tecnológicas se consideran como el
resultado de integrar la visión, los recursos y las capacidades de las empresas
y en esta integración desempeña un papel principal el desarrollo de los
procesos de aprendizaje, tanto individual como colectivo (Morcillo, 1997:44) y
es aquí donde nosotros (Benavides, 1997 y 1998; Benavides y Quintana, 2000)
estimamos que los acuerdos de cooperación empresarial, las alianzas
estratégicas pueden resultar fundamentales. Las ratios de formación de
alianzas han incrementado significativamente en las dos últimas décadas,
siendo el motivo principal la propagación de conocimiento en las industrias
intensivas en tecnología, como nuevas habilidades técnicas o capacidades
tecnológicas (Mody, 1993; Pérez, 1999:29). Al lograr unir empresas con
diferentes habilidades pero similares bases de conocimiento, las alianzas crean
oportunidades únicas de aprendizaje para las compañías socias (Inkpen,
1998:69). Convenios de colaboración en I+D y desarrollo de productos pueden
suponer altos niveles de intercambio de conocimiento y transferencia de
tecnología entre los participantes, permitiendo además compartir los costes y
riesgos de la innovación así como los requerimientos de capital para el
desarrollo de proyectos (Mowery, Oxley y Silverman, 1996:78-79). Algunos
investigadores sugieren que las alianzas, más que usarse para adquirir nuevos
conocimientos, sirven para acceder a otras capacidades que se basen en la
explotación intensiva de las ya existentes en cada empresa (Grant y
Baden-Fuller, 1995; Nakamura, Shaver y Yeung, 1996), lo que significa que la
cooperación no tiene una mera función transmisora sino más bien generadora de
nuevo valor, fruto del efecto sinergia.
Más concretamente, donde las alianzas adquieren especial
relevancia es en la gestión del conocimiento tácito, dado que pertenece
a la naturaleza personal, difícil de formalizar y comunicar, estando
profundamente radicado en las acciones. Puede dividirse en dos dimensiones
(Nonaka y Takeuchi, 1995): técnica, similar al concepto de know-how, y
cognitiva, relativa a los esquemas y modelos mentales, creencias y percepciones.
Particularizando aún más, se han llegado a identificar
distintos tipos de objetivos de conocimiento en las alianzas (Kale, Singh y
Perlmutter, 2000:219; Inkpen y Dinur, 1998: 455):
- Adquisición de conocimiento útil para el diseño y gestión de otras alianzas.
- Acceso a conocimientos y habilidades de otras empresas pero sin necesariamente
internalizar dichos activos en sus propias operaciones.
- Acceso y/o internalización de algunas informaciones críticas, capacidades o
habilidades de las socias.
- Por último, una alianza puede generar conocimiento que puede ser usado por las empresas
socias para mejorar sus propias estrategias y operaciones (Inkpen y Dinur,
1998: 455).
De este modo, se pueden diferenciar tres clases genéricas
de acuerdos de colaboración en función del aprendizaje que se espera obtener
(Koza y Lewin, 2000:148):
- Las alianzas de aprendizaje (learning alliances): vienen conformadas por empresas con
fuertes deseos de exploración que buscan nueva información acerca de:
mercados, competencia local, regulación, hábitos y preferencias de los
consumidores, infraestructura de marketing, nuevas competencias básicas,
nuevas tecnologías, etc.
- Las alianzas comerciales (business alliances): en este caso las empresas socias
persiguen la explotación de conocimientos y capacidades existentes más que
la exploración de otros nuevos. Es usual que este tipo de acuerdos busque
establecer una posición fuerte en un mercado de producto o geográfico o
segmento de mercado.
- Por último, se podría considerar las alianzas híbridas (hybrid alliances) como un
tercer caso, donde sus empresas componentes persigan simultáneamente
maximizar oportunidades para capturar capacidades y activos desde las socias
y oportunidades de crear nuevo valor en el contexto del acuerdo de
cooperación.
Nosotros nos vamos a centrar en este último tipo de
colaboración, donde trataremos de identificar las fases y problemáticas
inherentes a la gestión de una alianza de aprendizaje que no solo busque la
transferencia de conocimientos, sino también la generación de otros nuevos.
- PROCESO DE GESTIÓN DEL APRENDIZAJE INTERORGANIZATIVO.
La adquisición, generación y transferencia del
conocimiento en los acuerdos de cooperación no representa un proceso
sencillo, ni se puede asegurar que el potencial de aprendizaje se haga
realidad. Por ello, las empresas dispuestas a colaborar mediante una alianza
deben desarrollar una gestión consciente, lo que significa instituir
políticas, estructuras y procesos para facilitar el aprendizaje y la
adquisición de conocimientos.
Encaminadas a dar respuesta a esa necesidad, han surgido
diversas aportaciones (Hamel, 1991; Inkpen, 1998; Larsson, Bengtsson,
Henriksson y Sparks, 1998; Beeby y Booth, 2000; Van Aken y Weggeman, 2000),
pudiendo ser sistematizado el proceso de diseño y gestión de una alianza de
aprendizaje, tal y como se recoge en la figura 1, en las siguientes etapas:
FIGURA 1: Proceso de gestión del aprendizaje interorganizativo en los
acuerdos de cooperación empresarial
Fuente: elaboración propia
- Decisión de establecer el acuerdo de cooperación
y elección de los socios
No siempre resulta interesante establecer acuerdos de
cooperación, por lo que en primer lugar, habrá que determinar si
realmente es necesario formar alianzas. En este sentido, se afirma que son
especialmente útiles para las empresas intensivas en tecnología donde la
competición se basa en el tiempo (Van Aken y Weggeman, 2000:144), ya que
tales compañías deben gestionar rápidamente la información externa
tanto en términos de adquisición como de uso (Sampler, 1998). Desde este
punto de vista, las iniciativas de colaboración están motivadas por la
posibilidad de compartir riesgos y recursos, además de adquirir nuevos
conocimientos desde los socios.
Especificando más, atendiendo al grado de madurez de
la tecnología, las alianzas son relevantes en el caso de la tecnología
emergente, es decir, aquélla que tiene el potencial de convertirse en un
futuro próximo en tecnología clave y tenga una importancia estratégica
para el negocio principal de la empresa. La racionalidad de esta práctica
es que la cooperación es la opción que concede más oportunidades de
aprendizaje y permite salvaguardar la posición futura de la compañía
(Tidd y Trewhella, 1997).
La "selección" de la empresa o empresas para
establecer el acuerdo estará en función del "valor" percibido
del conocimiento poseído por la potencial socia (Inkpen, 1998:72). Con
este objetivo, la alianza será productiva si los socios tienen
conocimiento básico comparable pero diferente conocimiento especializado
(Van Aken y Weggeman, 2000:145).
- Selección de los procesos y estrategias de aprendizaje
En función de los objetivos que se persigan con el
establecimiento de los acuerdos de cooperación, es posible identificar cuatro
procesos críticos para gestionar el conocimiento en el contexto de tales
acuerdos (Inkpen y Dinur, 1998): compartir tecnología, interacción de las
empresas socias, transferencia de personal e integración estratégica. Los
cuatro procesos representan distintos y complementarios caminos para alcanzar
conocimientos e ideas de forma alternativa a la actividad interna de la
organización.
El aprendizaje que las empresas obtienen en estos
diferentes procesos depende directamente del comportamiento colaborativo
adoptado. Así, Hamel (1991) encontró en sus estudios que las compañías que
se comportan como unas "buenas socias", con alta transparencia e
intenciones de colaborar, tienden a ser explotadas por las socias más
egoístas que actúan con menor transparencia e intenciones más competitivas,
comportamiento que a la larga inhibe el aprendizaje colectivo y el deseo de
cooperar de las otras empresas. De modo que el aprendizaje interorganizativo,
a través de la transferencia del conocimiento existente y de la creación de
conocimiento completamente nuevo, requiere simultáneamente (Larsson,
Bengtsson, Henriksson y Sparks, 1998:289): "transparencia",
representativa del grado de cooperación en revelar conocimiento a otra
organización, y "receptividad", que hace referencia la capacidad de
absorción del conocimiento revelado.
- Identificación de barreras al aprendizaje interorganizativo para su gestión
La accesibilidad no es suficiente para garantizar la
efectividad del aprendizaje (Szulanski, 1996), estando ésta muy relacionada
con el concepto de capacidad de absorción, entendida como la
habilidad colectiva de reconocer el valor de la nueva información en un
dominio particular, asimilarla y aplicarla a fines comerciales (Cohen y
Levinthal, 1990). Dicha capacidad está estrechamente vinculada con las
"rutinas" organizativas, y de manera especial con la "rutina
de aprendizaje" que se define como los patrones regulares de
coordinación entre los individuos que permiten la transferencia,
recombinación o creación de conocimiento especializado (Grant, 1996;
Powell, 1998; Dyer y Nobeoka, 2000). Colectivamente, estas rutinas pueden
ser vistas como la capacidad de gestionar los flujos de conocimiento en el
marco de las alianzas. Precisamente, Inkpen y Crossan (1995) observaron en
una investigación realizada a una muestra de cuarenta joint ventures, que
una importante barrera de aprendizaje interorganizativo, es la deficiente
gestión y escasez de mecanismos institucionalizados para la transferencia
de conocimiento entre las socias.
Además de esta cuestión, son diversos los factores que
influyen en la capacidad de absorción en el contexto de los acuerdos de
colaboración, y que constituyen, por tanto, barreras al aprendizaje
organizativo. Una de las más apuntadas es la fortaleza de las
"intenciones por aprender" (Hamel, 1991). Puede ocurrir que la
organización escasee de la motivación para desarrollar su capacidad de
absorción. De otro lado, un factor condicionante es la "capacidad de
comunicación" (Larsson, Bengtsson, Henriksson y Sparks, 1998:291). En
este sentido, las diferencias culturales y el contexto social (Badaracco,
1991; Inkpen, 1998:77) pueden limitar el proceso de aprendizaje, afectando
especialmente a las alianzas estratégicas internacionales. Aspectos como el
lenguaje, clientela y tradiciones generan barreras en la comunicación entre
los socios de diferentes países de origen, y pueden afectar al grado de
transparencia.
Los factores descritos representan obstáculos
organizativos, motivacionales y de habilidad para la receptividad y
transparencia. Hamel (1991) añade otro de distinto carácter, lo que él
denomina "dinámica de poder". Este concepto hace referencia al
riesgo de que se produzca una lucha entre las empresas socias en una carrera
por el aprendizaje, siendo los mayores beneficios para aquélla que aprenda
más rápido. Dada esta realidad, las empresas que están en proceso de
establecer un acuerdo de cooperación deben identificar cuáles son las
barreras que limitan el éxito del aprendizaje interorganizativo, y así
poder gestionarlas. En esta labor, estudios demuestran (Dyer y Singh, 1998;
Dyer y Nobeoka, 2000) que la confianza y el capital relacional animan a las
empresas a establecer "rutinas" para aprender y compartir
conocimientos que faciliten el proceso de acceso y generación de
información y know-how específicos entre las socias.
- Estimación del rendimiento de la alianza
En relación con la definición de indicadores concretos
para medir la efectividad del aprendizaje inteorganizativo, hay que señalar
que existen escasas aportaciones sobre esta cuestión. Así, centrándonos
en las alianzas híbridas, donde lo que se persigue es tanto acceder como
generar conocimiento de carácter comercial y tecnológico, podemos señalar
como indicadores los siguientes:
- Resultados del aprendizaje comercial: tasa de crecimiento de las ventas facturadas e
incremento de la cuota de mercado.
- Resultados del aprendizaje tecnológico: incremento del número de productos en el mercado,
incremento del número de productos en fase de desarrollo, incremento de la
diversidad de procesos y métodos de trabajo, mejoras en el tiempo medio en la
consecución de patentes.
En el marco de las alianzas intensivas en conocimiento
puede ocurrir que unas empresas aprendan más que otras, es decir, se puede
producir un "diferencial de aprendizaje" (Kumar y Nti, 1998). Este
resultado puede alterar la ventaja competitiva y el poder de negociación de
las compañías socias, y aumenta las tensiones en torno a los frutos de la
colaboración. Para evitar el surgimiento de este tipo de problemas, el reto
principal de la dirección será estimular la cooperación, la cual se
encuentra fundamentada en actitudes de confianza y compromiso
(Inkpen, 1996:131; Kim y Mauborgne, 1998; Beeby y Booth, 2000:79). En este
sentido, un modo prudente de desarrollar la confianza entre los socios es
empezar con el intercambio de conocimiento codificado, y si este nivel es
valorado satisfactoriamente, las partes, posteriormente, comenzarán a
compartir el conocimiento tácito.
Además, un segundo aspecto que influye en la efectividad
del aprendizaje es la similitud y grado de utilización de los
conocimientos compartidos (Das y Teng, 2000:47-53). Es posible obtener unos
niveles altos de sinergia cuando se comparten diferentes tipos de
conocimiento. Pero para que exista una complementariedad fructífera de los
conocimientos, estos deben ser compatibles y además prestar un servicio
efectivo, es decir, es necesario que se haga de ellos una utilización
óptima. Un ejemplo de esta clase de alineación, es cuando los socios poseen
conocimiento básico comparable pero diferente conocimiento especializado (Van
Aken y Weggeman, 2000:145).
En cualquier caso, la consecución de un rendimiento
sostenido en las alianzas estratégicas requiere que las organizaciones socias
autodesarrollen su capacidad de acrecentar el interés por el aprendizaje.
Esto implica necesariamente aumentar el grado de compromiso y la preferencia
por maximizar el aprendizaje compartido, concediéndole a éste un carácter
recíproco.
- CONCLUSIONES.
Dado el nivel de competitividad y complejidad ambiental, es
difícil que las empresas posean todos los recursos y competencias
tecnológicas necesarias para la generación y mantenimiento de ventajas
competitivas. De todas las alternativas posibles, la creación de acuerdos de
cooperación se erige como una de las fórmulas más dinámicas para reforzar
y completar los limitados recursos.
En particular, en éste artículo hemos destacado el papel
importante que pueden desempeñar las alianzas estratégicas en la gestión
del conocimiento. La naturaleza sumamente compleja de las tecnologías
actuales demanda una amplia variedad de fuentes de conocimiento, que
requieren, para ser desarrolladas, una gran cantidad de conocimiento
científico. En este sentido, los acuerdos de cooperación pueden favorecer
los procesos de absorción y difusión de la tecnología, facilitando el
aprendizaje y la transmisión de conocimientos.
Ahora bien, para que el potencial de aprendizaje
interorganizativo en las alianzas sea una realidad, las empresas socias
tendrán que desarrollar una gestión consciente para instaurar, estrategias,
políticas y estructuras que garanticen la consecución de los resultados
esperados.
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