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¿Porqué no había muchas más personas con este tipo de inquietudes decidiéndose a explorar las posibles oportunidades dentro del entorno público? Teníamos buena ciencia y pocos pero buenos centros de investigación dotados de infraestructura competitiva a nivel internacional ¿Por qué no había emergido en España un sector como en Inglaterra, Alemania o Francia? Con un pasado aceptable, con dos Premios Nóbeles que crearon una cierta tradición de excelencia científica y otros investigadores que incidieron hace veinte años en las políticas públicas para promover reformas importantes que impulsaran el sector, ¿cuáles fueron las carencias o dificultades que "descafeinaron" esta iniciativa? Podemos enumerar una serie de factores clave, algunos de ellos sin resolver hoy en día pero creo que el más importante fue la barrera cultural en ese momento entre el mundo científico y el empresarial. Una ciencia únicamente conectada con las revistas especializadas nacionales e internacionales pero totalmente aislada, no sólo del entorno empresarial sino también de la sociedad. Sin embargo, el científico tiene mucho de empresario y como dijo mi amigo Carlos Martínez, Presidente del CSIC, en una conversación con Jose María Cuevas, Presidente de la CEOE, no hay mucha diferencia entre un Premio Nóbel y un empresario exitoso, los dos resuelven un reto o problema concreto de una forma innovadora.
En aquellos años donde algunos países apostaron por economías basadas en el conocimiento, con planes concretos bien soportados estructural y financieramente y con una clara visibilidad, se fueron conformando proyectos de éxito que hoy nos sirven a todos de modelo. En España, aunque algunos fueron los visionarios, muchos y más numerosos fueron los detractores. Había que preservar la mal entendida "pureza científica". No estaba bien visto tener relación con las empresas que seguramente "pretendían ganar dinero" con los resultados de los investigadores del sistema público. El impulso emprendedor de algunos científicos tenía que conformarse con las buenas publicaciones y colaboraciones dentro del mundo académico pero nunca empresarial, un tabú muy arraigado y difícil de superar. Tardamos demasiado tiempo en darnos cuenta de que el mejor vehículo para trasladar el conocimiento científico a productos y servicios que mejoren la calidad de vida de los ciudadanos son las empresas. Esto se ha venido haciendo en los países más desarrollados de Europa y de Estados Unidos, pero en España hemos perdido valiosas oportunidades. Durante estos años, algunas invenciones españolas o en las que han participado españoles, se han desarrollado fuera de España. Las pocas patentes que se han producido se han vendido con cierta premura para no incurrir en el gasto de mantenerlas. Normalmente los compradores o licenciatarios no han mantenido conexión con los inventores. Nos estábamos perdiendo la oportunidad de la colaboración. Las patentes adquiridas han servido de pilar para arrancar fuera de España programas basados en esas unidades inventivas y donde no sólo no hemos participado en los beneficios económicos de la explotación sino que nos hemos perdido los nuevos conocimientos generados en equipos muy cualificados y con muchos medios.
Muchos sectores tanto maduros como emergentes y especialmente el de la Biomedicina están sufriendo un fenómeno de concentración con continuas fusiones y adquisiciones. Es evidente que las grandes empresas necesitan tamaño para dominar el mundo del mercado, sus cambios y sus oportunidades y con ello, la posibilidad de incidir en el equilibrio entre la oferta y la demanda. De esta forma, las grandes farmacéuticas se constituyen como grandes fortalezas y actualmente son realmente los únicos canales que garantizan la factibilidad de introducir una novedad en el mercado. Los equipos de estas empresas aglutinan gran experiencia en la venta y en la gestión. Tradicionalmente, la gran industria farmacéutica ha organizado departamentos internos dedicados a la investigación y desarrollo con un poder muy importante dentro de las organizaciones debido a la contribución de sus desarrollos en la valoración de las compañías en los mercados de capitales. En general, la valoración de estas compañías está basada en los ingresos por ventas anuales y la potencialidad de desarrollo de nuevos productos, es decir crecimiento, riesgo y rentabilidad. Sin embargo, la sostenibilidad de este modelo está siendo más que cuestionada actualmente, debido a las dificultades en mantener la productividad en términos de inversión media necesaria para llegar a registro de un nuevo producto. Las grandes empresas, especialmente las farmacéuticas, incrementan año a año su inversión en I+D y sin embargo, el número de productos que sale al mercado va disminuyendo, mostrando que la productividad no es sólo proporcional a los recursos financieros empleados. Los grandes movimientos de fusión de compañías buscando sinergias en los equipos y en los desarrollos son sólo movimientos hacia la optimización de las ventas. Un ejemplo que ilustra perfectamente este entorno actual lo constituyen dos de las empresas más grandes, Pfizer y GlaxoSmithKline. Estas empresas tienen el mismo valor en capitalización bursátil que la totalidad de empresas biotecnológicas. Sin embargo, analizando una de las claves que sostienen sus valoraciones, como es el número de programas en ensayo clínico, nos encontramos con que aunque su número de productos en fases II y III es similar, el número de programas en fase I es ocho veces superior en el sector biotecnológico.
Este hecho ya constituye un buen indicador de la potencialidad del sector, reforzado además por el hecho de que en 2005, la rentabilidad media del sector biotec (23%) ha sido muy superior a la del sector farma (8%). Esta rentabilidad baja del sector farmacéutico comparado con el biotecnológico tiene su base en el agotamiento progresivo de las vías convencionales de descubrimiento/sintesis y desarrollo de fármacos. Además, la política de contención del gasto sanitario que se impone en nuestro entorno, está poniendo en riesgo el crecimiento y los márgenes de beneficio de las compañías farmacéuticas clásicas Los sistemas de precios de referencia, las políticas de prescripción por principio activo y sustitución por genéricos, o la racionalización del consumo, también tienen un efecto inmediato en la rentabilidad de la industria farmacéutica e indirectamente, en los recursos económicos disponibles para la innovación.
Esta situación supone una amenaza clara para la investigación farmacéutica en general, y para la biotecnología en salud humana en particular. No obstante, el entorno cambiante también implica modificaciones profundas en la propia política de aprobación de medicamentos y en la estrategia de I+D del sector, que pueden convertirse en oportunidades para la empresa biotecnológica. Seguridad, eficacia y calidad eran las tres barreras que tradicionalmente debía superar una molécula para llegar al mercado, Sin embargo, en la actualidad, el progresivo endurecimiento de las condiciones de cofinanciación pública de los medicamentos, supone una "cuarta barrera", que se concreta en una mayor exigencia de las agencias regulatorias en cuanto a la superioridad demostrable de un nuevo fármaco, por lo que las estrategias de "Me too" basadas en familias de moléculas de eficacia similar no podrán ser sostenibles en el medio plazo. Por tanto, al riesgo tecnólogico y de mercado, se suma una nueva incertidumbre por las dificultades de estimar de antemano si una innovación farmacéutica va a ser considerada suficientemente relevante por las autoridades como para conseguir el beneficio del "reembolso" y un precio que garantice la rentabilidad que esperan los inversores.
Finalmente, La I+D farmacéutica se enfrenta al reto adicional de ampliar el número de dianas disponibles: todos los medicamentos que hay actualmente en el mercado están relacionados con no más de 200 dianas u objetivos terapéuticos (enzimas, receptores...). La mayoría de ellos tienen mecanismos de acción bien descritos y las mejoras sustanciales en las familias de fármacos convencionales son cada vez más difíciles, hasta el punto de que se ha revisado el término de fármaco estrella (blockbuster) siendo suficientes unas ventas anuales de 500 $M frente a las 1000 $M exigidos en la época dorada de los superventas.
¿Qué espacio están ocupando las empresas biotec y cuales son las claves de su éxito? En el contexto que acabamos de plantear, la biotecnología es percibida como una herramienta fundamental para:
- Ampliar el número de dianas disponibles a partir de los datos de la genómica y proteómica, permitiendo abrir nuevas estrategias para el tratamiento de enfermedades y líneas alternativas para el desarrollo de moléculas de síntesis convencional o biológica.
- Avalar las diferencias entre fármacos de similar eficacia terapéutica en base a su adaptación óptima a distintos perfiles genéticos, para justificar su aprobación o su estatus en cuanto a las políticas de reembolso.
- Desarrollar nuevas familias de fármacos, con probabilidad de superar las 4 barreras previas a su puesta en el mercado.
Como consecuencia, se está imponiendo una nueva forma de gestionar los recursos basada en las colaboraciones externas que está generando muy buenos y prometedores resultados. En efecto, todos estos factores están incidiendo en un cambio en el modelo de negocio donde se ha incrementado el número de acuerdos entre empresas de ambos sectores, y donde en algunas de ellas como Abbott, el peso de los programas licenciados de empresas biotec llega al 45% de sus ingresos. Incluso si llevamos la métrica a las diez compañías más grandes, este número se sitúa en el 25%. La estabilización de estas colaboraciones en el tiempo, está dando lugar a la especialización en la cadena de valor. Los departamentos internos de I+D de las grandes empresas están perdiendo peso, externalizándose en parte esta actividad a través de las colaboraciones con las empresas biotecnológicas.

Cambio de paradigma organizativo en el sector farmacéutico Fuente: ASEBIO
La secuenciación del genoma humano ha supuesto una revolución de posibilidades para el desarrollo de nuevas dianas terapéuticas donde la investigación básica se ha enfocado en generar conocimiento sobre el mecanismo de acción del producto de estos nuevos genes. La oportunidad que tienen las pequeñas empresas que nacen del entorno público de explotar este nuevo conocimiento idealmente protegido por patentes está posibilitando la actividad de cooperación y colaboración con empresas más grandes y este hecho se está convirtiendo en un elemento clave para el desarrollo de este sector.
El tipo de medicamentos que desarrollan las compañías biotecnológicas también está contribuyendo a este cambio de modelo. La penetración de los medicamentos biológicos en el mercado para el tratamiento de enfermedades, más específicos y con menos efectos secundarios, ha significado el impulso definitivo a un joven sector en crecimiento y en consolidación. Pero avanzar con un programa de desarrollo clínico basado en una molécula biológica ha significado también tener que vencer muchas barreras tecnológicas y cambiar muchos de los paradigmas clásicos de los ensayos clínicos. Para la entrada en clínica resulta básico contar con un proyecto sólido tecnológicamente, bien protegido por patentes y con una red de colaboraciones estable y consolidada. La multidisciplinariedad del esfuerzo requerido ha reforzado la necesidad antes comentada en la búsqueda de colaboraciones. Es entonces cuando comienza la especialización en la cadena de valor: la investigación se fortalece con los colaboradores del entorno público, las alianzas con centros tecnológicos aseguran la evolución de la tecnología y la innovación de forma continua, y la alianza con otras compañías puede suponer una estrategia en la acumulación de activos. El avance de los programas dentro de la clínica está llamado a demostrar una serie de parámetros necesarios para el registro de nuevos medicamentos más seguros y eficaces. Tratando a los pacientes y evaluando su perfil de respuesta se generan gran cantidad de datos que formulan nuevas incógnitas que en forma de reto científico retornan a la academia. Esta es una fórmula atractiva y de alto valor añadido para ofrecer a una gran empresa. En base a este cambio se incrementan las capacidades tecnológicas en las primeras fases y se generan nuevas herramientas.
Las pequeñas y medianas empresas biotecnológicas hemos nacido mayoritariamente con un plan de negocio basado en una invención o innovación tecnológica ocurrida en el ámbito académico donde difícilmente, por falta de experiencia, se recogen todas las dificultades del desarrollo y salida a un mercado que por otra parte es global y en el que cuando uno proyecta sus futuras ventas, consigue muy buenos números. En los países más desarrollados como Estados Unidos, Canadá, Alemania, Francia, Inglaterra o Japón, las PYMES nacen en un entorno muy organizado, con una dimensión financiera adecuada, buenos científicos y buenos gestores y con una red de colaboraciones académicas bien establecidas. Las posibles debilidades de sus planes de negocio se corrigen con las oportunidades que se producen con la entrada de capital riesgo especializado o a través de colaboraciones con grandes compañías que proveen de ese conocimiento específico para la salida al mercado de los productos. En España, al igual que en el resto de países que de forma más reciente han apostado por una economía basada en el conocimiento, estamos aprendiendo y a partir de una infraestructura mínima y cierta dimensión financiera, nuestro pilar son las personas. Personas que asumen el reto de una carrera profesional en la gestión de la ciencia en el marco de empresa y profesionales que desde proyectos internacionales empiezan a contemplar el volver a España, a una iniciativa que les motiva y donde pueden ver el impacto de su experiencia adquirida en compañías extranjeras.
En nuestro país, con el transcurso de los años, la observación y seguimiento de alguno de los modelos de éxito internacional y la ilusión y perseverancia de algunos emprendedores españoles que han intentado arrancar proyectos basados en la colaboración han incidido en el cambio en nuestra forma de pensar. La buena noticia es que, aunque en España vamos con retraso, nos hemos dado cuenta a tiempo y cada vez somos más los que nos subimos al tren, ilusionados y convencidos de que tenemos una oportunidad. Tenemos el ejemplo de empresas exitosas y veteranas como Pharmamar, Ingenasa o Biokit que creyeron y son magníficos ejemplos de cómo ciencia y negocios conviven en un marco estable durante más de veinte años. Estamos viviendo proyectos empresariales en fase de consolidación que provienen de spin-offs académicas como pueden ser el caso de Oryzon, Advancell, Bionostra o Genetrix entre otros. Una nueva iniciativa está emergiendo en el panorama nacional, la creación de spin-outs desde grupos industriales como MCC, Indas y Grupo Natraceutical pudiendo suponer un importante fortalecimiento del marco español. Esta es la base que necesitábamos, ejemplos que contar, investigadores que han visto fortalecidos sus grupos de investigación, compañías que han salido reforzadas e inversores que han conseguido rentabilizar sus inversiones. La rueda empieza a moverse y el entorno necesario para el sector se está organizando y en mi opinión con mucha fuerza.
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