Poesías



Cálculo infinitesimal (soneto XXXIII)

AUTOR  | Javier Peralta Coronado (España 1949-2016)

Cálculo infinitesimal. Formado
por el diferencial. Que lo esencial
es hallar, a una curva que me han dado,
su tangente en un punto real.

Y si una parte es la diferencial,
averiguar con alta precisión
el área que limita una función,
es la otra: el cálculo integral.

¿Sorprende que en las partes anteriores
en las que se divide la cuestión
sean complementarios los actores?

Por cierto, antes hubo algún intento,
pero son Newton y Leibniz los autores,
con polémica, sí, sobre el invento.

Banda de Moebius Benedittina

AUTOR  | Antonio Córdoba Barba (Murcia, 1949)

Ya ves que ando escaso de dinero,
y nadie en el barrio me conoce.
Transparente resulto a las miradas
de las bellas que pasan junto a mí.

Pero ven, deja que te muestre,
mira y verás:

Si cortamos una cinta bien larga,
y pegamos sus bordes con cuidado,
surgirá un mundo de una sola cara,
donde alegres vivir desorientados.

La botella de Klein

AUTOR  | Antonio Córdoba Barba (Murcia, 1949)

El círculo más vicioso,
Y la recta más coqueta,
Se enrollaron en un tubo,
Embrión de la botella.

Compactos, sin penetrarse,
En una dimensión extra,
Confunden a quien desea,
Estar dentro, o quedar fuera

Georges Seurat: la fábrica

AUTOR  | Adam Zagajewski (Lviv, actualmente Ucrania, 1945)

A Jaceck Walyós

En las montañas, en las lindes del mapa, allí donde la hierba se vuelve insolente y afilada como bayonetas de desertores, se erige una fábrica olvidada.

No sabemos si es el amanecer o el ocaso. Sólo sabemos una cosa: aquí, en este tétrico edificio, nace la luz.

Los esclavos silenciosos de transparentes y angostos rostros de monjes bizantinos hacen girar una enorme dinamo y encienden chispas doradas del amanecer en las partes más remotas del globo. Algunos lloran, otros fuman cigarrillos selectos, ligeros como el respirar de un gorrión. No responderán a ninguna pregunta: les han cortado la lengua.

Justo al lado del muro, allí donde crecen negros hierbajos, se ha escondido la oscuridad. Hay un silencio absoluto. Crece el pelo del mundo.

Incluida en Deseo. El Acantilado, 2005. (Traducción de X. Farré)

Prospecto

AUTOR  | Wislawa Szymborska (Polonia 1923 - 2012)

Soy un ansiolítico.
Actúo en casa,
hago efecto en la oficina,
me presento a los exámenes,
comparezco ante los tribunales,
reparo tacitas rotas.
No tienes más que ingerirme,
ponme debajo de la lengua,
no tienes más que tragarme,
con un sorbo de agua basta.

Sé enfrentarme a la desgracia,
soportar malas noticias,
paliar la injusticia,
llenar de luz el vacío de Dios,
elegir un sombrero de luto que favorezca.
¿A qué esperas?,
confía en la piedad química.
Todavía eres un hombre/ una mujer joven,
Debes seguir en la brecha.

¿Quién dice
que vivir requiere valor?
Dame tu abismo,
lo acolcharé de sueño,
me estarás para siempre agradecido/agradecida
por las patas sobre las que caer de patas.
Véndeme tu alma.
No te saldrá otro comprador.
No existe ningún otro diablo.

Incluida en Paisaje con grano de arena, (tr. de Ana María Moix y Jerzy Wojciech Slawomirski), Editorial Lumen, Barcelona

Panne

AUTOR  | Manuel Gómez Domingo (España, 1895 - ?)

Te vi sobre el rasante de la amplia carretera,
como una diosa antigua, bajo los vientos sola,
junto a tu coche negro, que en su reposo era
acharolado y fino, como un piano de cola.

Iba yo a cien por hora, lanzado en torbellino
sobre el galope fácil de mi carburador.
El cromo de los faros, pantalla del camino.
Mi pie, duro martillo del acelerador.

Con una mano izada me lanzaste tu 'S.O.S'.
Descendí, y, obsequioso, frente a frente los dos,
y frené con un suave posar de freno hidráulico.
Mi capote de ruta se hizo un capote áulico.

Nunca, nunca jamás olvidaré aquel modo
con que me recibiste. Plasmada en el alcor,
y en tu mano, hacia el cielo, una llave de codo
con destellos de antorcha y apariencias de flor.

Incluida en Pere Gimferrer, Antología de poesía modernista. Ediciones Península, 1980

El matemático enamorado (fragmento)

AUTOR  | William Rankine (Edimburgo, Escocia, 1820 - Glasgow, Escocia, 1872)

Un matemático se enamoró locamente
de una joven mujer, atractiva y fascinante.
Para acreditar de sus curvas la perfección,
de ratios armónicas y ángulos se valió,
garabateando jeroglíficos alarmantes.
....

Sea X belleza, e Y buenas maneras,
Z la fortuna, (esto último es esencial).
Sea L la inclinación al amor -enunció-
Entonces, L es una función de X, Y y Z
del tipo que conocemos como Potencial.

Ahora, si se integra L respecto de dt,
(siendo t tiempo y persuasión),
entre límites apropiados, fácil es ver,
que su resultado, el matrimonio debe ser.
(Una muy concisa demostración)

Y proclamó - Si el errante curso de la luna
con el Álgebra puede ser predicho,
los afectos femeninos pronto también lo serán.
Pero ella se fue con un teniente de dragones
dejándole perplejo y afligido.

De Songs and Fables, 1874

Accidente

AUTOR  | Ernestina de Champourcin (Vitoria, 1905 - Madrid, 1999)

nuestras manos acechan
una rosa distante,
que llega consumida,
persiguiendo en el aire
sus cien rumbos tronchados.

Vientos de perdición
le taladran las sienes.

¡Pobre flor esquemática,
en vano intentaremos
soldar a un nuevo fallo
tu juventud deshecha!

Nunca más los caminos,
ni el susto delicioso
de la escondida curva
ni el abrazo del polvo
incitante, reseco.

Ya todo será oscuro.
Viejos hierros decrépitos
mancharán de negrura
tu vigor abdicado.

Lora un claxon tu muerte,
sin alma, en la cuneta.

De La voz del viento, 1932

Volante

AUTOR  | Ernestina de Champourcin (Vitoria, 1905 - Madrid, 1999)

He soñado tus manos
precisas, enguantadas
esquivando a su antojo
las embestidas del viento.

Al impulso más leve
  -fuerza plena, medida-
giraba cauteloso
el aro de madera.

Nos acecharon, torvos,
los cuernos del espacio,
pero tus palmas rígidas
guardaban el secreto
de toda resistencia.

¡Dame tus dedos, acres
de olor a gasolina.
Esos dedos cerrados
que precintan la oscura
mercancía del vértigo.

¡Ellos me harán correr
hasta encontrar mi vida!

De La voz del viento, 1932

Ignaz Philipp Semmelweis 1818-1865

AUTOR  | Hans Magnus Enzensberger (Kaufebeuren, Alemania 1929)

En todas sus palabras y acciones
había una bondad suprema.
Viena. Casa de Maternidad, la mayor
del mundo. ¡Qué ocasión tan estupenda
poder diseccionar cada mañana
los cuerpos aún frescos de mujer
en el depósito de hospital!
Con una constancia más que excepcional
hacía sus extrañas indagaciones.
Era bastante calvo, ingenuo
como un niño, y rechoncho más bien.

La gran mortandad, que se situaba
entre el dieciocho y el treinta y seis por ciento,
dejó para siempre en su alma
una huella imperecedera. Pero antes
había bailado czardas en los saraos
como un torbellino de puro placer,
con una fiebre tal de aquellas noches,
que tres veces cambiaba la camisa.
Pero fue más tarde cuando le acosaron
aquellas crisis de melancolía
que hacen la vida poco apetecible.

Criterios de facultativos destacados
sobre los orígenes de la fiebre (mortal)
del parto. Entre otros muchos: crasis sanguínea,
efluvios y malos influjos de los frutos muertos,
miasmas y escasa ventilación,
cercanías de letrinas y pudrideros,
contención láctica, ciertas implicaciones
de índole cósmica o telúrica. Cábalas, en suma,
más o menos supersticiosas. De cierto
nada estaba claro, nada era seguro,
excepto el número de muertes.

Provinciano ensimismado, un auxiliar
eventual, un poco tímido. Y repito
a todas las facultades médicas del mundo:
¡Estáis difundiendo el error!

¡Es el aire apestado, es el necrótico
veneno, la úlcera infecta, purulenta,
el foco gangrenoso, los restos adheridos
de carroña putrefacta, son los paños,
las vendas y esponjas malolientes,
son las cucharas, son los fórceps,
las tijeras y las sucias jofainas;

es el dedo untado, los toques internos
de la mano necrófila! ¡Sí, señores,
es la mano del médico lo que mata!
Una onza de cal de cloro, una solamente,
vertida en un cubo de agua, ya basta
para erradicar la ola de muertes criminales,
y miraba a menudo sus propias manos,
manos gordezuelas y mañosas,
y de pronto, rompiendo en sollozos,
incapaz de contenerse, debía
interrumpir laclase.

Se convocan diversas comisiones
y nada ven. Algunos ríen incluso.
La tesis imperante impera. Se sigue muriendo en hospitales.
Sépticas son las armas mafiosas:
informe untuoso, rescripto reseco,
falsa estadística, agrio silencio,
anquilosante. ¡De la masacre que veis,
señor ministro, vos sois el cómplice!
Y escribe, furioso de indignación
por la hostilidad de que fue objeto.
…….

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