{"id":121559,"date":"2009-07-10T05:16:00","date_gmt":"2009-07-10T05:16:00","guid":{"rendered":"http:\/\/weblogs.madrimasd.org\/\/CTSiberoamerica\/archive\/2009\/07\/10\/121559.aspx"},"modified":"2009-07-10T05:16:00","modified_gmt":"2009-07-10T05:16:00","slug":"el-olfato-periodistico-de-la-ciencia","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.madrimasd.org\/blogs\/CTSiberoamerica\/2009\/07\/10\/121559","title":{"rendered":"El olfato period\u00edstico de la ciencia"},"content":{"rendered":"<p>Carmelo Polino es miembro del Equipo del Observatorio Iberoamericano de la Ciencia, la Tecnolog\u00eda y la Sociedad <br \/>Proyecto Iberoamericano de Divulgaci\u00f3n y Cultura Cientifica<\/p>\n<p><b><img decoding=\"async\" src=\"http:\/\/www.oei.es\/divulgacioncientifica\/DSC_0975.jpg\" align=\"right\" height=\"167\" width=\"250\"><\/b>                  En uno de los casos policiales de la genial saga del comisario                   Salvo Montalbano, ambientada en <i>V\u00edgata<\/i>, un peque\u00f1o                   pueblito imaginario de Sicilia, Andrea Camilleri describe a                   los buenos periodistas como caballos de raza que olfatean la                   noticia. El olfato period\u00edstico ha sido, no obstante,                   uno de los sentidos menos apreciados en el \u00e1mbito de                   la ciencia. En el a\u00f1o de 1837, por ejemplo, las autoridades                   de la Academia de Ciencias de Par\u00eds propusieron a sus                   miembros una decisi\u00f3n osada. Pretend\u00edan que los                   periodistas que por aquella \u00e9poca merodeaban los salones                   burgueses y los caf\u00e9s de la ciudad en busca de chismes                   y relatos, pudieran tener acceso a las sesiones y a las actas                   internas de las discusiones de los cient\u00edficos. Inmediatamente                   estall\u00f3 una pol\u00e9mica acalorada. Para muchos acad\u00e9micos,                   que los periodistas accedieran al recinto que hasta ese momento                   era exclusivo de los \u00abfil\u00f3sofos naturales\u00bb                   era algo inaceptable, la credibilidad de la ciencia estaba en                   juego. Algunos sosten\u00edan con vehemencia que si se admit\u00eda                   a los periodistas en la sala, su \u00abindiscreta pluma\u00bb                   podr\u00eda revelar impunemente errores que los sabios pueden                   proferir en un momento de irreflexi\u00f3n. (1) <\/p>\n<p><!--more-->                 <\/p>\n<p>En las circunstancias actuales todav\u00eda hay recelos que                   delatan actitudes de confrontaci\u00f3n entre pr\u00e1cticas                   profesionales distintas. Podr\u00eda enumerar una buena cantidad                   de ejemplos sintom\u00e1ticos que reciclan bajos nuevas formas                   viejas contrariedades. Pero en m\u00e1s de un sentido, este                   risue\u00f1o episodio parece indudablemente antediluviano                   para la matriz institucional de la ciencia contempor\u00e1nea.                   La instituci\u00f3n cient\u00edfica ha experimentado en                   las \u00faltimas d\u00e9cadas cambios estructurales de tama\u00f1o,                   escala y cualitativos que repercutieron en la orientaci\u00f3n                   de objetivos y en el desarrollo de las l\u00edneas de investigaci\u00f3n.                   Asimismo en la formaci\u00f3n de las comunidades de cient\u00edficos,                   y en la relaci\u00f3n y alianzas de la ciencia con otras instituciones                   sociales, como la industria, las finanzas y los mercados globales.                   Esto tambi\u00e9n ha implicado a su vez nuevos modos de organizar                   la investigaci\u00f3n, nuevos actores involucrados en los                   procesos de validaci\u00f3n, valoraci\u00f3n y tomas de                   decisi\u00f3n y, por lo tanto, tambi\u00e9n la conformaci\u00f3n                   (al menos en algunos sectores de punta) de fronteras difusas                   entre ciencia, tecnolog\u00eda, innovaci\u00f3n y negocios.                   Estas circunstancias se han visto acompa\u00f1adas de una                   exposici\u00f3n p\u00fablica de la ciencia que ha ido constantemente                   en aumento. En buena medida, hoy la tecnociencia se hace en                   p\u00fablico. J. Ziman dec\u00eda que la ciencia tradicional                   fue adquiriendo nuevos valores epist\u00e9micos y extra epist\u00e9micos                   y que producto de ello \u00abfue cambiando ante nuestros propios                   ojos\u00bb. (2) <\/p>\n<p>La combinaci\u00f3n de estos factores han hecho que no solo                   los periodistas no sean rechazados, sino que sea la propia ciencia                   la que juega con reglas de la comunicaci\u00f3n social: contrata                   periodistas para producir contenidos en m\u00faltiples formatos                   o para acompa\u00f1ar y documentar expediciones cient\u00edficas;                   insta a los cient\u00edficos y a las instituciones a participar                   de las redes sociales de Internet y a generar sus propios blogs                   para expandir las fronteras de la comunicaci\u00f3n social;                   abre las puertas de los laboratorios y de las grandes instalaciones                   e invita a los periodistas a recorrerlos; provee servicios informativos                   y agencias propias con accesos privilegiados para periodistas,                   y escribe textos period\u00edsticamente editados, en algunos                   casos con titulares tan sugestivos que podr\u00edan ser la                   envidia de los editores de la prensa; lanza al ruedo noticias                   que tienen etiquetas rimbombantes y que sin duda est\u00e1n                   dise\u00f1adas para que sean delicias olfativas para las narices                   de los periodistas (la \u00abm\u00e1quina de Dios\u00bb, o                   el reciclaje del pol\u00e9mico \u00abeslab\u00f3n perdido\u00bb                   entre primates y el hombre son probablemente las \u00faltimas                   joyas de una amplia galer\u00eda de excelente estrategia publicitaria);                   o convoca conferencias de prensa en salones especialmente acondicionados                   y, c\u00e1maras de televisi\u00f3n mediante, despliega un                   verdadero show medi\u00e1tico, incluso muchas veces con primicias                   que a\u00fan no han pasado por los circuitos formales de publicaci\u00f3n                   acad\u00e9mica con la consecuente revisi\u00f3n por pares.                   Y aqu\u00ed podr\u00edan listarse incidentes c\u00e9lebres                   como el anuncio en 1989 de la \u00abfusi\u00f3n fr\u00eda\u00bb,                   desacreditado luego como fraude por la amplia mayor\u00eda                   de los especialistas, o la sospechoso novedad en 1996 sobre                   evidencias de vida fosilizada en un meteorito descubierto en                   la Ant\u00e1rtida (y el intento posterior de la Nasa de controlar                   el flujo informativo). Pero tambi\u00e9n hay entre las primicias                   espectaculares y de impacto mundial que se ofrecen al mismo                   tiempo a la audiencia masiva y a los especialistas, y que no                   obstante son juzgadas como buena ciencia y reciben un respaldo                   contundente por parte de la comunidad cient\u00edfica: por                   ejemplo, cuando en 1992 los cosm\u00f3logos de un equipo internacional                   anunciaron resultados obtenidos a trav\u00e9s del sat\u00e9lite                   COBE en su estudio de la radiaci\u00f3n c\u00f3smica de                   fondo, obteniendo un espaldarazo capital para la historia de                   la teor\u00eda evolutiva del universo. Poco m\u00e1s de                   una d\u00e9cada despu\u00e9s, en 2006, la Academia de Ciencias                   de Suecia otorg\u00f3 el Premio Nobel a los cient\u00edficos                   que hab\u00edan hecho el anuncio p\u00fablico. Como as\u00ed                   tambi\u00e9n hay otras noticias que tampoco son cuestionadas                   y que pasan p\u00fablicamente m\u00e1s desapercibidas, como                   el caso de una conferencia de prensa que organiz\u00f3 la                   NASA en mayo de 1998 para anunciar -antes de que se hubiera                   enviado el art\u00edculo para su revisi\u00f3n por pares                   en una revista cient\u00edfica- la supuesta detecci\u00f3n                   de un planeta extra-solar por parte del telescopio espacial                   Hubble. <\/p>\n<p>Muchas de estas pr\u00e1cticas podr\u00edan ser objetadas                   desde el punto de vista de los valores tradicionales de la ciencia.                   Y por cierto una discusi\u00f3n en torno a las condiciones                   de gestaci\u00f3n e irrupci\u00f3n de nuevos valores y pr\u00e1cticas                   que asume la comunicaci\u00f3n actual es una tarea sugestiva,                   puesto que la relaci\u00f3n entre ciencia, periodismo y discurso                   p\u00fablico est\u00e1 mediada por una comunicaci\u00f3n                   con sentido estrat\u00e9gico. Estas pr\u00e1cticas no dejan                   de ser aspectos que evidencian c\u00f3mo a trav\u00e9s de                   la comunicaci\u00f3n social la ciencia no s\u00f3lo \u00abconstantemente                   extiende el alcance y la precisi\u00f3n de las representaciones                   del mundo\u00bb (3), seg\u00fan palabras de J. Moster\u00edn,                   sino que en su intenci\u00f3n de incidir en el discurso p\u00fablico,                   la comunicaci\u00f3n se ha transformado en un rasgo estructural                   de la tecnociencia moderna y alrededor de ella hay consecuentemente                   una formidable maquinaria de industria cultural. La tendencia                   actual es clara: la ciencia se comunica al mismo tiempo que                   va ocurriendo. <\/p>\n<p>                  <b>Referencias<\/b><\/p>\n<p>Moster\u00edn, J. (1993), <i>Filosof\u00eda de la cultura<\/i>,                   Madrid, Alianza Editorial, p.111.<\/p>\n<p>Raichvarg, D., Jacques, J. (1991), <i>Savants et ignorants<\/i>,                   Editions du Seuil, Par\u00eds, 1991. Citado por V. De Semir                   (2002).<\/p>\n<p>                Ziman, J. (2003), <i>\u00bfQu\u00e9 es la ciencia?<\/i>                   Madrid, Cambridge University Press.<br \/><a href=\"http:\/\/www.oei.es\/divulgacioncientifica\"><br \/>P\u00e1gina del Proyecto<\/a><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Carmelo Polino es miembro del Equipo del Observatorio Iberoamericano de la Ciencia, la Tecnolog\u00eda y la Sociedad Proyecto Iberoamericano de Divulgaci\u00f3n y Cultura Cientifica En uno de los casos policiales de la genial saga del comisario Salvo Montalbano, ambientada en V\u00edgata, un peque\u00f1o pueblito imaginario de Sicilia, Andrea Camilleri describe a los buenos periodistas como caballos de raza que olfatean la noticia. El olfato period\u00edstico ha sido, no obstante, uno de los sentidos menos apreciados en el \u00e1mbito de la ciencia. 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