{"id":131137,"date":"2010-12-16T13:20:48","date_gmt":"2010-12-16T12:20:48","guid":{"rendered":"http:\/\/www.madrimasd.org\/blogs\/Madridescorte\/?p=131137"},"modified":"2010-12-16T13:24:01","modified_gmt":"2010-12-16T12:24:01","slug":"estudio-y-edicion-de-la-%c2%b4valeriana-%c2%b4cronica-abreviada-de-espana-de-mosen-diego-de-valera","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.madrimasd.org\/blogs\/Madridescorte\/2010\/12\/16\/131137","title":{"rendered":"Estudio y edici\u00f3n de la \u00b4Valeriana`: (\u00b4Cr\u00f3nica abreviada de Espa\u00f1a` de mos\u00e9n Diego de Valera)"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: justify;\"><strong>por Eduardo Torres Corominas<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><strong> <\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<figure id=\"attachment_131138\" aria-describedby=\"caption-attachment-131138\" style=\"width: 128px\" class=\"wp-caption alignleft\"><img decoding=\"async\" class=\"size-full wp-image-131138\" title=\"Valeriana\" src=\"https:\/\/www.madrimasd.org\/blogs\/Madridescorte\/files\/2010\/12\/Valeriana.jpg\" alt=\"Cristina Moya Garc\u00eda. Estudio y edici\u00f3n de la \u00b4Valeriana`: (\u00b4Cr\u00f3nica abreviada de Espa\u00f1a` de mos\u00e9n Diego de Valera), Madrid: Fundaci\u00f3n Universitaria Espa\u00f1ola, 2009.\" width=\"128\" height=\"195\" \/><figcaption id=\"caption-attachment-131138\" class=\"wp-caption-text\">Cristina Moya Garc\u00eda. Estudio y edici\u00f3n de la \u00b4Valeriana`: (\u00b4Cr\u00f3nica abreviada de Espa\u00f1a` de mos\u00e9n Diego de Valera), Madrid: Fundaci\u00f3n Universitaria Espa\u00f1ola, 2009.<\/figcaption><\/figure>\n<p style=\"text-align: justify;\">Con el presente estudio y edici\u00f3n de la <em>Valeriana o Cr\u00f3nica abreviada de Espa\u00f1a<\/em> de mos\u00e9n Diego de Valera (Cuenca, 1412- Puerto de Santa Mar\u00eda, 1488) queda saldada una vieja deuda contra\u00edda desde hace d\u00e9cadas por el hispanismo con la historiograf\u00eda castellana, pues hasta la fecha no se contaba con una edici\u00f3n cr\u00edtica \u2013y aun moderna- de la que sin duda constituye una de las m\u00e1s importantes cr\u00f3nicas peninsulares del Cuatrocientos. Gracias a la labor de Cristina Moya Garc\u00eda, en efecto, tanto los historiadores como los estudiosos de la cultura hisp\u00e1nica de la Baja Edad Media disponen ya de un texto fiable de la <em>Valeriana<\/em> elaborado a partir del exhaustivo cotejo de once de los doce ejemplares conservados de la <em>editio princeps<\/em> (Sevilla, Alonso del Puerto, 1482), cuyo curso, adicionalmente, ha sido enmendado o completado en sus pasajes defectuosos empleando como apoyo dos ejemplares m\u00e1s de la segunda edici\u00f3n (1487), as\u00ed como el valios\u00edsimo referente de las fuentes manuscritas, cuya precisa localizaci\u00f3n representa, por otra parte, una de las m\u00e1s meritorias aportaciones del trabajo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Tal y como la autora explica en las p\u00e1ginas de su estudio, la trascendencia de la <em>Valeriana<\/em> se debe tanto al hecho de que fuese Isabel la Cat\u00f3lica quien, una vez concluida la guerra de Sucesi\u00f3n y pacificado el reino, encargase al humanista conquense la redacci\u00f3n de la cr\u00f3nica, como a la profunda repercusi\u00f3n alcanzada en su tiempo por la obra gracias a una prolongada difusi\u00f3n impresa \u2013cont\u00f3 con veinte ediciones entre 1482 y 1567- que, desde un principio, result\u00f3 pionera en la historiograf\u00eda castellana. No es de extra\u00f1ar, por consiguiente, que, como producto ideol\u00f3gico al servicio de la Corona \u2013y en particular, de la reina Cat\u00f3lica-, Diego de Valera reescribiese en la <em>Cr\u00f3nica Abreviada<\/em> la historia de Espa\u00f1a tratando de ponderar y apuntalar \u2013al calor del momento presente, esto es, de la particular encrucijada pol\u00edtica vivida en la Pen\u00ednsula entre 1479 y 1481, per\u00edodo de redacci\u00f3n de la cr\u00f3nica-, la supremac\u00eda de Castilla frente a Francia, el entronque de los monarcas espa\u00f1oles con los antiguos reyes godos o la legitimidad din\u00e1stica de los Trast\u00e1mara. De ah\u00ed que, sustentada en principios como el goticismo y sometida en gran medida al discurso mantenido por sus fuentes, la <em>Cr\u00f3nica abreviada de Espa\u00f1a<\/em> se adhiera a la tradici\u00f3n historiogr\u00e1fica fundada por Alfonso X el Sabio y se erija, a su vez, un jal\u00f3n indispensable para comprender la labor emprendida por cronistas tan se\u00f1alados como Ambrosio de Morales, quien, ya bajo el dominio de los Austrias, se sirvi\u00f3 de id\u00e9nticos argumentos para legitimar la particular concepci\u00f3n de Espa\u00f1a defendida \u2013frente a ciertos sectores moriscos y judeoconversos- por la Monarqu\u00eda de Felipe II<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">No obstante, y conforme se detalla en el cap\u00edtulo dedicado a la biograf\u00eda del cronista, la preparaci\u00f3n de la <em>Valeriana<\/em> no represent\u00f3 sino uno m\u00e1s de los numerosos servicios que Diego de Valera ofreci\u00f3 a la Monarqu\u00eda a lo largo de su vida, pues a la temprana edad de quince a\u00f1os hab\u00eda ingresado ya en la Corte de Castilla como doncel, y vinculado a la misma permanecer\u00eda \u2013con desigual fortuna y grado de relaci\u00f3n- hasta el fin de sus d\u00edas. Este hecho resultar\u00eda a la postre decisivo, pues en el \u00e1mbito cortesano encontr\u00f3 el conquense un excelente entorno para completar su formaci\u00f3n human\u00edstica, lo que le permitir\u00eda, andados los a\u00f1os, medrar a la sombra del rey y desarrollar importantes labores bajo su mandato. De este modo, puede afirmarse que Valera encarn\u00f3 desde su juventud el arquetipo de caballero letrado que, auspiciado por sus conocimientos y no por el manejo de las armas, fue abri\u00e9ndose paso a lo largo del siglo XV \u2013frente a la cl\u00e1sica nobleza guerrera- en las distintas cortes europeas, donde se demandaban oficiales altamente cualificados para desempe\u00f1ar las nuevas funciones gubernativas, legislativas, judiciales, diplom\u00e1ticas o administrativas aparejadas a la expansi\u00f3n de la jurisdicci\u00f3n real y al desarrollo institucional de la Monarqu\u00eda. Diego de Valera, en efecto, tras haber sido armado caballero en 1435, realiz\u00f3 muy pronto importantes viajes diplom\u00e1ticos a Francia y Austria, primero (1437); y a Dacia, Inglaterra y Borgo\u00f1a, despu\u00e9s (1443); para culminar poco tiempo m\u00e1s tarde su trayectoria intercediendo en la Corte de Carlos VII de Francia, entre 1444 y 1445, por la liberaci\u00f3n del conde de Armagnac, quien a la saz\u00f3n se hallaba preso en Carcasona. Fue precisamente en el fragor de esta empresa cuando la figura de \u00c1lvaro de Luna se cruz\u00f3 en su camino al intrigar para que Valera fuese apartado de la misi\u00f3n. Desde entonces, el humanista se posicionar\u00eda sistem\u00e1ticamente al lado de los potentados y ricoshombres que pugnaban por terminar con el ominoso condestable, en cuya ca\u00edda y ejecuci\u00f3n Diego de Valera particip\u00f3 activamente. No hay duda, por tanto, de cu\u00e1l fue su punto de vista a la hora de narrar los hechos acaecidos durante el reinado de Juan II, materia que constituye, por otra parte, el cap\u00edtulo m\u00e1s original de la <em>Abreviada<\/em>.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Para los estudios sobre la Corte, la experiencia vital del conquense resulta del m\u00e1ximo inter\u00e9s, toda vez que su larga trayectoria cortesana \u2013fue, adem\u00e1s de cronista, diplom\u00e1tico, procurador en cortes por Cuenca, miembro del Consejo real y maestresala- inspir\u00f3 la redacci\u00f3n de distintas obras que, a pesar de su naturaleza diversa, pueden encuadrarse dentro de un incipiente \u201cdiscurso cortesano\u00bb espa\u00f1ol. Son, junto a las c\u00e9lebres <em>Ep\u00edstolas<\/em> dirigidas a los reyes de Castilla, el <em>Ceremonial de Pr\u00edncipes<\/em>, el <em>Doctrinal de Pr\u00edncipes<\/em>, el <em>Espejo de verdadera nobleza<\/em> y el <em>Tratado de las armas<\/em>, textos en los que Diego de Valera despliega su particular concepci\u00f3n de la monarqu\u00eda, el ceremonial regio \u2013la puesta en escena de su poder-, la nobleza, la caballer\u00eda o el ejercicio de las armas, cuestiones todas ellas de m\u00e1xima importancia para conocer el <em>humus<\/em> intelectual en el que surgi\u00f3, siempre en el \u00e1mbito peninsular, tanto el sistema pol\u00edtico de Corte como la nueva nobleza cortesana. A este variado corpus, en todo caso, podr\u00eda a\u00f1adirse sin demasiado esfuerzo su producci\u00f3n historiogr\u00e1fica, de la que forman parte el <em>Memorial de diversas haza\u00f1as<\/em> (sobre el reinado de Enrique IV) y su continuaci\u00f3n, la <em>Cr\u00f3nica de los Reyes Cat\u00f3licos<\/em> (circunscrita al per\u00edodo 1474-1488), as\u00ed como la misma Valeriana, que fue concebida desde su g\u00e9nesis como <em>speculum principis<\/em> \u2013la experienia hist\u00f3rica al servicio del buen gobierno- abundante en ejemplos y sentencias de intenci\u00f3n did\u00e1ctica.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Al modo de composici\u00f3n y la estructura de la <em>Cr\u00f3nica abreviada de Espa\u00f1a<\/em> dedica Cristina Moya algunas de las p\u00e1ginas m\u00e1s interesantes de su estudio, donde se muestra \u2013al indagar en la g\u00e9nesis de la obra- cu\u00e1les fueron los v\u00ednculos que unieron, ya desde \u00e9poca temprana, a la princesa Isabel y a Diego de Valera, quien, tras pasar la mayor parte del reinado de Enrique IV alejado de la Corte, a la altura de 1468 se mostraba ya abiertamente partidario de la causa isabelina. Fruto de aquella relaci\u00f3n surgir\u00eda, una d\u00e9cada m\u00e1s tarde, el encargo de redactar la cr\u00f3nica, que por esta raz\u00f3n pas\u00f3 a formar parte del discurso ideol\u00f3gico \u201coficial\u201d promovido por los Reyes Cat\u00f3licos al comienzo de su reinado, cuando m\u00e1s necesario se hac\u00eda defender su legitimidad din\u00e1stica y el ambicioso proyecto pol\u00edtico que los j\u00f3venes monarcas encabezaban. De ah\u00ed que Diego de Valera, imbuido del mesianismo propio del momento, reinterprete los hechos del pasado en funci\u00f3n del contexto contempor\u00e1neo y que, por tanto, conciba la historia de Espa\u00f1a como un largo proceso \u2013de pacificaci\u00f3n y unificaci\u00f3n din\u00e1stica y territorial- cuya consumaci\u00f3n s\u00f3lo se alcanzar\u00eda con la subida al trono de Isabel y Fernando. Fueron \u00e9stos los presupuestos que inclinaron al cronista a dividir la materia narrativa en cuatro partes dedicadas, respectivamente, a la descripci\u00f3n del mundo conocido a finales de la Edad Media \u2013Valera dibuja una completa cosmograf\u00eda de Asia, \u00c1frica y Europa-, a la historia antigua de Espa\u00f1a, a la historia de los godos y, finalmente, a la historia de los reinos peninsulares desde Pelayo a Juan II. Es precisamente en esta cuarta parte, la m\u00e1s extensa y decisiva de la cr\u00f3nica, donde Valera aborda el asunto de la continuidad y legitimidad din\u00e1stica en episodios tan controvertidos como los dedicados a Pedro I el Cruel y Enrique II de Trast\u00e1mara, o donde consagra \u2013ante la inminente guerra de Granada- la figura del Cid como ejemplo paradigm\u00e1tico de caballero cristiano en armas contra el infiel.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Como la autora pone de manifiesto, la preparaci\u00f3n de una cr\u00f3nica donde se aprecia una cesura tan marcada entre la primera parte \u2013una cosmograf\u00eda universal- y las tres siguientes \u2013un recorrido diacr\u00f3nico por la historia de Espa\u00f1a- tuvo su particular correlato en las fuentes empleadas por el conquense, m\u00faltiples en el primer caso \u2013entre las que se hallaba la misteriosa <em>Historia teut\u00f3nica<\/em>&#8211; y m\u00e1s localizadas en el resto de la obra, que se nutre fundamentalmente de la <em>Estoria del fecho de los godos<\/em> (en sus versiones breve y amplia) y la <em>Cr\u00f3nica de 1344<\/em> (en su segunda redacci\u00f3n castellana). A partir de aquel manantial de descripciones y noticias diversas \u2013adem\u00e1s de su propia experiencia como testigo- Valera llev\u00f3 a cabo, pues, la tarea de reescritura empleando diversos procedimientos \u2013tales como la selecci\u00f3n y copia, el resumen o la combinaci\u00f3n de fuentes- que pueden ser perfectamente reconstruidos en la actualidad gracias a la localizaci\u00f3n de fuentes de la que la presente edici\u00f3n da cuenta, cap\u00edtulo a cap\u00edtulo, en la que sin duda constituye una de las mayores aportaciones debidas al trabajo de Cristina Moya. Dicho rastreo, en todo caso, aparte de desvelar el modo de composici\u00f3n llevado a cabo por Diego de Valera, ha servido eficazmente para enmendar diversas deficiencias textuales que no habr\u00edan podido ser corregidas s\u00f3lo con el apoyo de las ediciones impresas. Detalles como \u00e9ste, en fin, sirvan como muestra de la cuidadosa labor de edici\u00f3n que subyace tras el texto de la <em>Valeriana <\/em>ofrecido en el presente volumen.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En conclusi\u00f3n, la edici\u00f3n y estudio de la <em>Cr\u00f3nica abreviada de Espa\u00f1a<\/em> de Diego de Valera, preparada por Cristina Moya Garc\u00eda, salda con generosidad una vieja deuda contra\u00edda por el hispanismo, que disfruta desde este momento de un texto trabajado y bien pulido de la <em>Valeriana<\/em>; un texto que, a la luz de la historia, ejemplifica como pocos la labor cultural y propogand\u00edstica \u2013se trata de una cr\u00f3nica convertida en discurso ideol\u00f3gico al servicio de la Corona\u2013 promovida por Isabel la Cat\u00f3lica al comienzo de su reinado. Tras un largo per\u00edodo en el ostracismo bibliogr\u00e1fico, pues, ha llegado la hora de recuperarla por medio de este excelente instrumento, que sin duda contribuir\u00e1 en a\u00f1os venideros al progreso del conocimiento sobre la historiograf\u00eda castellana del siglo XV y, m\u00e1s en concreto, sobre la obra de Diego de Valera, arquetipo de caballero letrado al servicio del rey, que tantos alicientes y secretos conserva todav\u00eda para quienes, desde los estudios sobre la Corte, traten de aclarar los or\u00edgenes del \u201cdiscurso cortesano\u201d en la tradici\u00f3n espa\u00f1ola.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">______________________<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><strong>C\u00f3mo citar esta rese\u00f1a:<\/strong><\/p>\n<p>TORRES COROMINAS, Eduardo: \u201cEstudio y edici\u00f3n de la \u00b4Valeriana`: (\u00b4Cr\u00f3nica abreviada de Espa\u00f1a` de mos\u00e9n Diego de Valera)\u201d, en <em>Librosdelacorte.es<\/em>, N\u00fam. 2, A\u00f1o 2, oto\u00f1o-invierno, 2010, ISSN: 1989-6425 (<a title=\"eduardores\" href=\"http:\/\/www.iulce.es\/pub\/librosdelacorte02_2010.pdf\" target=\"_blank\">edici\u00f3n impresa<\/a>, p. 87).<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>por Eduardo Torres Corominas Con el presente estudio y edici\u00f3n de la Valeriana o Cr\u00f3nica abreviada de Espa\u00f1a de mos\u00e9n Diego de Valera (Cuenca, 1412- Puerto de Santa Mar\u00eda, 1488) queda saldada una vieja deuda contra\u00edda desde hace d\u00e9cadas por el hispanismo con la historiograf\u00eda castellana, pues hasta la fecha no se contaba con una edici\u00f3n cr\u00edtica \u2013y aun moderna- de la que sin duda constituye una de las m\u00e1s importantes cr\u00f3nicas peninsulares del Cuatrocientos. 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