{"id":138098,"date":"2014-01-29T18:00:25","date_gmt":"2014-01-29T16:00:25","guid":{"rendered":"http:\/\/www.madrimasd.org\/blogs\/biologia_pensamiento\/?p=138098"},"modified":"2014-01-29T18:00:25","modified_gmt":"2014-01-29T16:00:25","slug":"ladis-montiel-una-imagen-para-el-recuerdo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.madrimasd.org\/blogs\/biologia_pensamiento\/2014\/01\/29\/138098","title":{"rendered":"Ladis Montiel: Una imagen para el recuerdo"},"content":{"rendered":"<p><a href=\"https:\/\/www.madrimasd.org\/blogs\/biologia_pensamiento\/files\/2014\/01\/2301f47.jpg\"><img decoding=\"async\" class=\"alignleft size-medium wp-image-138099\" title=\"2301f47\" src=\"https:\/\/www.madrimasd.org\/blogs\/biologia_pensamiento\/files\/2014\/01\/2301f47-300x300.jpg\" alt=\"\" width=\"300\" height=\"300\" srcset=\"https:\/\/www.madrimasd.org\/blogs\/biologia_pensamiento\/files\/2014\/01\/2301f47-300x300.jpg 300w, https:\/\/www.madrimasd.org\/blogs\/biologia_pensamiento\/files\/2014\/01\/2301f47-150x150.jpg 150w, https:\/\/www.madrimasd.org\/blogs\/biologia_pensamiento\/files\/2014\/01\/2301f47.jpg 450w\" sizes=\"(max-width: 300px) 100vw, 300px\" \/><\/a><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>La fotograf\u00eda est\u00e1 tomada en la ma\u00f1ana de un d\u00eda de verano en un vi\u00f1edo de la Ribera de Navarra o de la Rioja Baja, seguramente alguno perteneciente a la Bodega de Camilo Castilla, en Corella, en la que Ladis trabaj\u00f3 como en\u00f3logo durante tantos a\u00f1os. En ella, con sombrero blanco y camisa blanca arremangada, Ladis se inclina ante una vi\u00f1a para comprobar el punto de saz\u00f3n de sus granos. Su gesto es el del caballero que saluda a una dama haciendo cort\u00e9smente el besamanos (Encantado de saludarla, veo que hoy tiene sus dedillos algo redondos y morados, \u00bfSe encuentra bien hoy la se\u00f1ora?), o el de quien con veneraci\u00f3n se inclina ante imagen o autoridad religiosa. La foto muestra, dig\u00e1moslo de una vez, su reverencia, y ese respeto manifiesto por los objetos y por las personas que es la contrase\u00f1a, la clave,\u00a0 para \u00a0ganarse inmediatamente el respeto de quienes lo rodean sentando as\u00ed la convivencia sobre esa base firme, c\u00e1lida y transparente que otros llamar\u00edan entra\u00f1able. En su mano izquierda, a juego con el sombrero y la camisa, hay un objeto tambi\u00e9n blanco, tal vez un cuadernillo de anotaciones, y mientras la derecha sostiene las uvas de un racimo, va adelantando un poco la cara, con la vista fija, clavada en el mismo como pregunt\u00e1ndole: \u00bfQu\u00e9 me cuentas hoy? \u00bfQu\u00e9 tal vas? Busca as\u00ed, mediante esa aproximaci\u00f3n, el momento de poner en juego su cualidad m\u00e1s asombrosa que es la permeabilidad, esa capacidad para absorber informaci\u00f3n del entorno, que en su modo m\u00e1s general equivale a la de escuchar, \u00a0acci\u00f3n bien simple y necesaria, pero que muy pocos afortunados, Ladis entre ellos, han podido cultivar con \u00e9xito a lo largo de sus d\u00edas.\u00a0 Aquel del retrato no sabemos lo que la vi\u00f1a tendr\u00eda que contarle, pero su actitud es elocuente y nos presenta dos de sus cualidades principales: respeto y permeabilidad. Saber escuchar.<\/p>\n<p>El sol extiende sus rayos por el vi\u00f1edo en la foto de aquella ma\u00f1ana de verano. La luz llena a golpes las hojas superiores de las cepas, los campos del fondo por encima de sus ramas m\u00e1s altas y por debajo, atravesando sus tallos, dibuja en el suelo un conjunto de sombras continuas con las de la camisa, en su brazo, en su cara y en el sombrero. A pesar de la hora temprana en la ma\u00f1ana me hago cargo del calor y puedo suponer cu\u00e1nto se agradecer\u00e1 al andar por la vi\u00f1a el menor soplo de brisa, el m\u00ednimo correr del aire fresco que, moviendo la camisa, pueda llegar a transmitir esa sensaci\u00f3n que es como decir: estoy aqu\u00ed, te escucho y te entiendo. En alguna ocasi\u00f3n he disfrutado de esa experiencia del aire y tambi\u00e9n de la de acercarme a una vi\u00f1a siguiendo a Ladis. Por eso puedo imaginar c\u00f3mo lleg\u00f3 aquel d\u00eda al lugar en donde le tomaron la foto. Aproxim\u00e1ndose con impaciencia y acelerando el paso a medida que se acercaba a la vi\u00f1a. Dejando a sus compa\u00f1eros atr\u00e1s para llegar el primero y as\u00ed poder comunicar las novedades: Est\u00e1n secas. Hay poco grano. Tienen mosca.<\/p>\n<p>Escribir, que es dif\u00edcil cuando el recuerdo es algo todav\u00eda vivo, se convierte en tarea imposible, pesadilla, cuando el recuerdo arde mostrando el hueco irreparable que ha quedado y la memoria viene exigiendo lo necesario pero ya imposible, que no es recuerdo alguno, sino otra cosa distinta, su fuente, vivencia compartida. Salir al campo un d\u00eda, andar por el vi\u00f1edo, por las calles y luego regresar a la bodega, al laboratorio, para llenar todo tipo de recipientes con caldos de todos los or\u00edgenes, colores, olores y temperaturas. Recomenzar la cata dolorosamente interrumpida. Aqu\u00ed un Pinot Noir, all\u00e1 un Sirah. Primero el moscatel, despu\u00e9s el Sauternes. Aquello de all\u00e1, no, que est\u00e1 malo. Este se ha calentado, hay que abrir la nevera y sacar otro. Copas, frascos, vasos y matraces van llenando mesas y estantes mientras los sentidos que van alimentando a la memoria, la ponen tambi\u00e9n a prueba.<\/p>\n<p>Haciendo de tripas coraz\u00f3n uno puede creer que puede llegar a superarlo, cuando en realidad es justo lo contrario: cuanto hay nos supera. El remedio empieza al reconocer la debilidad propia y buscar en nuestro auxilio lo de siempre, lugares comunes, an\u00e9cdotas, todo ese material congelado que, si no sale, acaba por doler en la memoria y que, cuando sale, lo hace a veces en la forma estrepitosa de una carcajada o como solemos decir, con humor. Recuerdos fr\u00edos, an\u00e9cdotas congeladas a fuerza de repetirlas, como en aquellas tardes durante las fiestas de Arnedo, cuando Ladis a la salida de los toros se pasaba a dar una vuelta por casa. En una ocasi\u00f3n hab\u00eda entrado en el gallinero, en donde ten\u00edan preparado su cuarto mi hermano Manolo y sus amigos, escondi\u00e9ndose detr\u00e1s de la puerta, para darles un susto. Pero el susto se lo llev\u00f3 mi t\u00eda Carmen, solterona octogenaria que entonces viv\u00eda con nosotros y hab\u00eda ido a dar una vuelta por all\u00ed. No se preocupe se\u00f1ora, que soy el Ladis Montiel, vino a reconfortarla con su explicaci\u00f3n cort\u00e9s. En otra ocasi\u00f3n semejante, entrando a recomendarse para oficial de la milicia universitaria con mi t\u00edo Vicente Grande, a la saz\u00f3n Comandante de Estado Mayor en Zaragoza. Afortunadamente las plazas se ganaban mediante un examen riguroso y no mediante recomendaci\u00f3n. Sin embargo el rato de conversaci\u00f3n no fue en balde y vino a dar una amistad permanente. Otra. Las an\u00e9cdotas se acumulan pero est\u00e1n, como digo, fr\u00edas, como los pasteles, destinados a proyectiles en una batalla campal, con los que Ladis nos obsequi\u00f3 un d\u00eda en aquel cuarto del Arco de las Nieves. Memorias todas congeladas. Y sin embargo, algo vivo queda que est\u00e1 ardiendo en medio de todas ellas, con insistencia, con la firmeza de toda duda, como por ejemplo aquel papel colgado en la pared del laboratorio del en\u00f3logo mediante una chincheta. Su texto, escrito a mano, algo as\u00ed como esto:<\/p>\n<p><em>Nada te turbe, Nada te espante, Todo se pasa, Dios no se muda. La paciencia Todo lo alcanza; Quien a Dios tiene Nada le falta: S\u00f3lo Dios basta.<\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>&nbsp; La fotograf\u00eda est\u00e1 tomada en la ma\u00f1ana de un d\u00eda de verano en un vi\u00f1edo de la Ribera de Navarra o de la Rioja Baja, seguramente alguno perteneciente a la Bodega de Camilo Castilla, en Corella, en la que Ladis trabaj\u00f3 como en\u00f3logo durante tantos a\u00f1os. En ella, con sombrero blanco y camisa blanca arremangada, Ladis se inclina ante una vi\u00f1a para comprobar el punto de saz\u00f3n de sus granos. Su gesto es el del caballero que saluda a una dama haciendo cort\u00e9smente el besamanos (Encantado de saludarla, veo que hoy tiene sus dedillos algo redondos y morados, \u00bfSe\u2026<\/p>\n","protected":false},"author":86,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"ngg_post_thumbnail":0},"categories":[467,517,491,514,446,482],"tags":[],"blocksy_meta":{"styles_descriptor":{"styles":{"desktop":"","tablet":"","mobile":""},"google_fonts":[],"version":4}},"aioseo_notices":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.madrimasd.org\/blogs\/biologia_pensamiento\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/138098"}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.madrimasd.org\/blogs\/biologia_pensamiento\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.madrimasd.org\/blogs\/biologia_pensamiento\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.madrimasd.org\/blogs\/biologia_pensamiento\/wp-json\/wp\/v2\/users\/86"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.madrimasd.org\/blogs\/biologia_pensamiento\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=138098"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/www.madrimasd.org\/blogs\/biologia_pensamiento\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/138098\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":138100,"href":"https:\/\/www.madrimasd.org\/blogs\/biologia_pensamiento\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/138098\/revisions\/138100"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.madrimasd.org\/blogs\/biologia_pensamiento\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=138098"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.madrimasd.org\/blogs\/biologia_pensamiento\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=138098"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.madrimasd.org\/blogs\/biologia_pensamiento\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=138098"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}