{"id":55880,"date":"2006-12-24T08:29:00","date_gmt":"2006-12-24T08:29:00","guid":{"rendered":"http:\/\/weblogs.madrimasd.org\/\/documentacion\/archive\/2006\/12\/24\/55880.aspx"},"modified":"2006-12-24T08:29:00","modified_gmt":"2006-12-24T08:29:00","slug":"el-hombre-que-vino-del-mar","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.madrimasd.org\/blogs\/documentacion\/2006\/12\/24\/55880","title":{"rendered":"El hombre que vino del mar"},"content":{"rendered":"<div align=\"justify\"><span style=\"\">Como cada d\u00eda, se desliz\u00f3 suavemente hacia el lugar donde los dos amantes hab\u00edan compartido palabras, gestos y besos, pero la alcoba segu\u00eda tan fr\u00eda como desde el momento en que el amante exhal\u00f3 el \u00faltimo suspiro, el \u00faltimo canto de amor hacia la amada, el \u00faltimo adi\u00f3s a quien hab\u00eda sido todo en su vida.<\/span><\/div>\n<p><!--more--><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\" style=\"text-align: justify; line-height: 150%;\"><span style=\"\">Por <b>Francisca Castillo Mart\u00edn<\/b><br \/>Ella no quiso cerrar la puerta tras sus pasos; esperaba, celosa hasta del viento, que el alma de su amado quedara prendida en el cuarto donde hab\u00edan sido tan felices, pero la evidencia de que el tiempo pasaba y no quedaba ni un fuego fatuo, ni si quiera una tibia llamarada de lo que hab\u00eda sido su amor desvanec\u00eda todas sus esperanzas de encontrar el esp\u00edritu del amado entre las sombras de las cobijas y de las mantas que hab\u00edan contenido su aliento postrero. All\u00ed no quedaban sino cenizas y polvo de estrellas, y un recuerdo que poco a poco, a medida que transcurrieran los meses y los a\u00f1os inmisericordes, se ir\u00eda deshaciendo como el hielo del norte en los barcos transoce\u00e1nicos.<o:p><\/o:p><\/span><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\" style=\"text-align: justify; line-height: 150%;\"><span style=\"\">La amada, aunque incapaz de olvidar el dolor provocado por la ausencia de su amado, se dio cuenta<span style=\"\">&nbsp; <\/span>por primera vez en semanas de que su Fez era la ciudad m\u00e1s hermosa del mundo: sus altas torres y sus minaretes, sus pl\u00e1cidas plazas y sus calles atiborradas de gentes de todas las nacionalidades y condiciones entraban diariamente en el balc\u00f3n de la muchacha, que se retorc\u00eda los dedos para contener las ganas de unirse a la fiesta: era una viuda joven, entrada apenas en la treintena, de rostro diminuto y ojos de almendra, cabellera oscura como el silencio y labios turbadores que, cuando sonre\u00edan, mostraban una hilera de encantadores dientecillos que resplandec\u00edan al sol como astros diminutos. Desde la balconada contemplaba a los peregrinos hacer sus abluciones antes de entrar en la mezquita, y se descalzaba y ronroneaba y saltaba impuls\u00e1ndose como un gato sabio al comp\u00e1s de aquellos desconocidos que la miraban at\u00f3nitos, y se preguntaban de qu\u00e9 cielo hab\u00eda salido aquella diosa que arrastraba sus pecadores corazones directamente hasta el infierno.<o:p><\/o:p><\/span><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\" style=\"text-align: justify; line-height: 150%;\"><span style=\"\">Sali\u00f3 de la casa envuelta en su sari tornasol, la faz oculta tras el grueso velo y, por \u00faltima vez en su vida, encamin\u00f3 sus pasos hacia el puerto. Llevaba en las manos un ramo de rosas rojas, y con peque\u00f1os pasos cubri\u00f3 su ruta sin emitir un suspiro ni un reproche hacia el hombre que la hab\u00eda amado tanto. All\u00ed qued\u00f3 anclada en la d\u00e1rsena unos instantes, y sin esperar a que subieran todos los pasajeros del barco que guardaban cola desde hac\u00eda rato se abri\u00f3 paso entre la gente sin tener que recurrir al plebeyo acto de los empujones y de los codazos, privilegio de la clase alta cuyas maneras y refinamiento eran reconocidas enseguida por los seres corrientes, que se inclinaron inmediatamente al reconocer la dignidad de tan alta se\u00f1ora. Una vez c\u00f3modamente instalada en la proa del velero, desliz\u00f3 su delicada carga floral por el casco, y el chasquido de los p\u00e9talos de rosa contra la espuma de las olas provoc\u00f3 en la bella un leve mareo, un feliz estremecimiento, al sentir que la presencia del amado la proteg\u00eda en el \u00fanico lugar que el hombre que la hab\u00eda desposado hab\u00eda reconocido que hab\u00eda sido dichoso: el mar. Mientras las olas se tragaban los \u00faltimos restos de las rosas, y una l\u00e1grima provocaba en ella el \u00faltimo remordimiento de quien ya no ama con la intensidad del pasado, un \u00faltimo recuerdo lleg\u00f3 a su mente, consol\u00e1ndola y confort\u00e1ndola por cuatro meses de soledad y de espera.<o:p><\/o:p><\/span><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\" style=\"text-align: justify; line-height: 150%;\"><span style=\"\">El amado hab\u00eda llegado del mar desde la lejana tierra de los antepasados de la joven, los califas de C\u00f3rdoba. Era enjuto y cetrino, de cuerpo fibroso, de movimientos precisos, refinados y aristocr\u00e1ticos. El cabello oscuro se rizaba en una madeja imposible de peinar, pero ella decidi\u00f3 domesticar la fiera de su pelo desde el primer d\u00eda acariciando los bucles azules con sus largos dedos mientras el marinero le contaba viejas leyendas de pr\u00edncipes Omeyas y de fuentes milagrosas de los patios de la Alhambra. Una de aquellas noches de pasi\u00f3n y furtivos besos, el marinero de allende el horizonte le cont\u00f3 que era Abu Abdalah, a quien todos llamaban Boabdil, \u201cel chico\u201d, el \u00faltimo descendiente de la dinast\u00eda de los nazar\u00edes de Granada, y que ven\u00eda huyendo de sus obligaciones palaciegas y de un absurdo matrimonio con una joven cuyo \u00fanico encanto resid\u00eda en que sab\u00eda tocar la c\u00edtara y cantar jarchas en las zambras interminables de las noches del verano de la lejana Al-Andalus. Intercambi\u00f3se la identidad<span style=\"\">&nbsp; <\/span>con su hermano gemelo, Abdel-As\u00eds, y camin\u00f3 solo y encorvado como un viejo, arropado por una pesada manta de arriero, vac\u00edas las alforjas y lleno el esp\u00edritu del candor y de la esperanza que s\u00f3lo poseen los que no tienen nada m\u00e1s que su cuerpo en propiedad y por techo el firmamento, y se enrol\u00f3 en un mercante que cubr\u00eda la ruta hacia el norte de \u00c1frica, henchido de sue\u00f1os, al abrigo por fin de sus propios medios y de sus propias fantas\u00edas para caminar por el mundo como un hijo del destino y no como el heredero de un hombre perezoso y rico cuya dinast\u00eda estaba quebr\u00e1ndose en pedazos. Contaba el amado que le preguntaron su nombre y su patria al montar en el barco, y \u00e9l contest\u00f3, con una breve sonrisa, que se llamaba Yusuf y que ven\u00eda de Damasco. Desde el momento en que la mentira qued\u00f3 impresa en el papiro del embarco, Abu se sinti\u00f3 un hombre libre y nuevo, y ni siquiera derram\u00f3 una l\u00e1grima al contemplar las luces del puerto dispuestas en hilera como un pelot\u00f3n de luci\u00e9rnagas dispuestas a cegarle la vista y con ello el \u00faltimo recuerdo de esa tierra oscura que se tragaba el mar con r\u00edtmicos leng\u00fcetazos.<o:p><\/o:p><\/span><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\" style=\"text-align: justify; line-height: 150%;\"><span style=\"\">El agua todo lo devora, hasta el amor que un d\u00eda parec\u00eda eterno. La joven amada, revuelto el sari por el viento, ajado el rostro por un llanto inoportuno, contempl\u00f3 c\u00f3mo el agua verde deglut\u00eda, inmisericorde, las \u00faltimas y m\u00e1s bellas rosas del ramo que con sus propias manos hab\u00eda preparado, igual que hiciera con el cuerpo de su amado cuando \u00e9ste devolvi\u00f3 a la tierra los \u00faltimos ecos de su triste vida. Con el gesto contrito, pero con m\u00e1s firmeza que nunca, se dijo a s\u00ed misma que su marinero hab\u00eda definitivamente alcanzado la paz que no hab\u00eda logrado en vida, y rez\u00f3 la \u00faltima plegaria de amor en honor de quien hab\u00eda sido su m\u00e1s leal compa\u00f1ero. Cuando la proa del barco alcanz\u00f3 la otra orilla, ella descendi\u00f3 lentamente la pasarela, sin ayuda del capit\u00e1n, y en cuanto sus delicados pies tocaron tierra regres\u00f3 a su palacete envuelto en bruma, \u00faltimo refugio de amor de dos corazones solitarios.<o:p><\/o:p><\/span><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\" style=\"text-align: justify; line-height: 150%;\"><span style=\"\">El recuerdo del amante volvi\u00f3, como un fantasma alado, a languidecer t\u00edmida y dulcemente en los sue\u00f1os de la hermosa, para contarle lo que un d\u00eda en la balconada se atrevi\u00f3 por primera y \u00faltima vez en su vida el amado a confesar a ser humano alguno: all\u00e1 lejos, en el rojizo y p\u00e1lido palacio andalus\u00ed, hab\u00eda conocido los deleites y los pesares del amor.<span style=\"\">&nbsp; <\/span>Se llamaba Soraya, y era gitana, tan bella como el roc\u00edo y de piel tan p\u00e1lida como las llanuras de la llorada Castilla. Vend\u00eda pan reci\u00e9n hecho en la puerta del alc\u00e1zar, y el<span style=\"\">&nbsp; <\/span>pr\u00edncipe Abu Abdalah se prend\u00f3 de ella una ma\u00f1ana en que sal\u00eda a hacer sus ejercicios a caballo junto al maestro de equitaci\u00f3n. El joven, turbado y enojado consigo mismo por su timidez, se acerc\u00f3 al puestecillo de frescas viandas y la joven, tras hacerle la reverencia de rigor, le ofreci\u00f3 un pastel de carne hecho con sus primorosas manos. El pupilo s\u00f3lo tuvo tiempo para decirle: \u201cEsta noche, en el pasadizo. A la salida de la luna. Te espero\u201d. No pudo concentrarse en todo el d\u00eda en sus pesados ejercicios, y respond\u00eda a los lances de su maestro con suma pericia pero con desd\u00e9n y angustiosa intranquilidad a medida que se acercaba el precioso momento de soledad con la gitana.<o:p><\/o:p><\/span><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\" style=\"text-align: justify; line-height: 150%;\"><span style=\"\">Su primera noche de amor, amor puro,<span style=\"\">&nbsp; <\/span>hecho de bocas y de c\u00e1lidos alientos perdidos y encontrados, de cuerpos enlazados en la sombra y de dulces promesas nunca cumplidas pero jam\u00e1s olvidadas. Tras la tibieza de los abrazos y los goces deleitosamente compartidos, Soraya la gitana cogi\u00f3 una de las manos del joven pr\u00edncipe y le anunci\u00f3, triste y lac\u00f3nicamente, que encontrar\u00eda el verdadero amor allende los mares, que ser\u00eda terriblemente feliz e inmensamente desgraciado en su vida, y que no vivir\u00eda m\u00e1s<span style=\"\">&nbsp; <\/span>all\u00e1 de los treinta. Vaticinio que se cumpli\u00f3, como todas las verdades reveladas por quien ama a aquel cuyo coraz\u00f3n pertenece a otra persona.<o:p><\/o:p><\/span><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\" style=\"text-align: justify; line-height: 150%;\"><span style=\"\">De regreso al palacio, la joven amada se dej\u00f3 mecer por la brisa de la ma\u00f1ana, y not\u00f3 c\u00f3mo el bulto hinchado de su vientre se agitaba con peque\u00f1os movimientos r\u00edtmicos. Era el fruto de la pasi\u00f3n de dos desconocidos que durante tantas lunas hab\u00edan sido uno solo. Era el \u00faltimo descendiente de la dinast\u00eda nazarita, que reclamaba para s\u00ed la vida que le faltaba a su padre.<o:p><\/o:p><\/span><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\" style=\"text-align: justify; line-height: 150%;\"><span style=\"\">La guerra con los cristianos del norte no cesaba, y aquellos ejercicios a caballo fueron el preludio a una batalla crucial para el destino de las tierras altas de los musulmanes. El joven caudillo formaba escuadra junto con sus hermanos mayores y su t\u00edo Yusuf. El rey, incapacitado por la gota y los ataques de erotismo senil, qued\u00f3 en el palacio copulando ruidosamente con las mujeres del har\u00e9n, quienes, aunque en el fondo le despreciaban, no ten\u00edan m\u00e1s remedio que someterse a los abyectos deseos de su esposo, un hombre fond\u00f3n cuya autoridad se desvanec\u00eda a medida que los vapores del alcohol iban haciendo mella en su antes envidiable anatom\u00eda. Su hermano Yusuf, que aspiraba al trono, se hizo cargo del funcionamiento del palacio mientras el rey se dedicaba a sus profanos deleites. Abu Abdalah, hijo mayor del rey, adoraba a su t\u00edo y odiaba su padre a partes iguales, y cuando la guerra se hizo inminente corri\u00f3 al lado del gran Yusuf y con sus hombres apoy\u00f3 log\u00edsticamente a su t\u00edo, cortando la retirada a los cristianos, que se replegaron hacia la Meseta tras un brutal encuentro a orillas del Wadi Al-Quivir, el r\u00edo cuyas aguas ensangrentadas se convirtieron en temible frontera entre unos y otros. <o:p><\/o:p><\/span><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\" style=\"text-align: justify; line-height: 150%;\"><span style=\"\">Soraya hab\u00eda acompa\u00f1ado a Abu Abdalah y a su tropa como soldadera, pues conoc\u00eda muchas canciones y era divertida y alegraba sus corazones. Nunca permiti\u00f3 que la tocase otro que no fuera el joven pr\u00edncipe Abu Abdalah, y se ganaba la vida contando historias de amores y desencuentros y leyendo las l\u00edneas de la mano a los incr\u00e9dulos soldados que, m\u00e1s por l\u00e1stima que por otra cosa, pagaban a la gitana con alg\u00fan que otro maraved\u00ed procedente de la bolsa de alg\u00fan cristiano ca\u00eddo en el campo de batalla.<o:p><\/o:p><\/span><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\" style=\"text-align: justify; line-height: 150%;\"><span style=\"\"><span style=\"\">&nbsp;<\/span>La tierra de \u00c1frica tiene poder curativo, o eso es lo que dicen quienes a ella caminan en sue\u00f1os. El alma que se dirige hacia el alma amada tiene la mitad del trayecto recorrido, y el joven Abu sent\u00eda que en la patria de sus primeros ancestros le esperaba el amor prometido por Soraya entre l\u00e1grimas de celos, celos que se volvieron de hielo e hiel cuando Abu le cont\u00f3 que estaba prometido con su prima Moraima, venida de T\u00fanez para conocer a su familia nazarita y que se casar\u00eda con ella cuando cambiara la luna. La joven gitana suplic\u00f3, llor\u00f3, grit\u00f3, pero de nada sirvieron sus airadas protestas: Abu, como su t\u00edo Yusuf, era un hombre de ley, y por tanto, la palabra que hab\u00eda dado estaba por encima del amor que sent\u00eda por la panadera, por encima de la carne y de la sangre, y por encima<span style=\"\">&nbsp; <\/span>incluso de s\u00ed mismo.<span style=\"\">&nbsp; <\/span>Pero cuando Abu vio el rostro de Moraima, en la intimidad de una zambra vespertina, comprendi\u00f3 que no era ella la due\u00f1a de su coraz\u00f3n. A pesar de los esfuerzos de la muchacha por llamar su atenci\u00f3n a golpes de canto y c\u00edtara, Abu se retir\u00f3 a sus habitaciones, desde las que pod\u00eda contemplar los \u00faltimos resplandores de las cenizas de la guerra, y llor\u00f3 amargamente sobre el pecho de Soraya. La gitana tom\u00f3 el rostro de Abu en sus manos, y le dijo serenamente: \u201cNo es ella, ciertamente. Has de caminar t\u00fa hacia la amada, y dejarme aqu\u00ed con mi amargura y mis reproches. Vete al puerto a trav\u00e9s del pasadizo, y huye. Sus brazos te esperan al otro lado del oc\u00e9ano\u201d. <o:p><\/o:p><\/span><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\" style=\"text-align: justify; line-height: 150%;\"><span style=\"\">Abu tom\u00f3 consigo su cimitarra y el libro de versos que le regalara su t\u00edo Yusuf, y desapareci\u00f3 tras el pasadizo con los labios a\u00fan conservando el calor del \u00faltimo beso de Soraya. Vestido como un campesino pas\u00f3 inadvertido ante la guardia real, y se fundi\u00f3<span style=\"\">&nbsp; <\/span>con la vociferante multitud noct\u00e1mbula del puerto de Granada.<o:p><\/o:p><\/span><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\" style=\"text-align: justify; line-height: 150%;\"><span style=\"\">Cuando lleg\u00f3 a Fez, Abu no se sent\u00eda ni m\u00e1s triste ni m\u00e1s feliz que al principio de su viaje. S\u00f3lo quer\u00eda llegar hacia ella, encontrar a aquella que le hab\u00eda hecho huir de su lugar en la Historia, de su puesto en la dinast\u00eda nazarita, de su responsabilidad como guerrero y como hombre, y morir entre sus brazos, como as\u00ed estaba escrito en las estrellas desde el principio de los tiempos, antes de los hombres y<span style=\"\">&nbsp; <\/span>del destino que los separa y los junta. Y, de repente, junto a la d\u00e1rsena en la que chocaba el agua plomiza que le hab\u00eda tra\u00eddo hasta lejanas tierras, la vio. Envuelta en un sari blanco, la cabellera abultada bajo el tupido velo, los ojos echando chispas incandescentes, era una aparici\u00f3n espectral que le parti\u00f3 el coraz\u00f3n en pedazos\u2026Era ella, la deseada, la ansiada, la so\u00f1ada, del esposo esposa, del amante amada, la se\u00f1ora de sus pensamientos. La mujer miraba al mar como si esperara la llegada de alguien muy querido, con melancol\u00eda te\u00f1ida de nostalgia. Pero cuando sus ojos se encontraron con los del pr\u00edncipe, la sangre bati\u00f3 sus venas y salt\u00f3 hacia su coraz\u00f3n como un caballo desbocado, y un tenue desvanecimiento la hizo caer al suelo. Abu la tom\u00f3 en sus brazos y la llev\u00f3 bajo la sombra de una palmera. Apenas tuvo tiempo de darle de beber agua de coco y miel, porque en los ojos de la hermosa pudo leer las palabras m\u00e1gicas que la gitana hab\u00eda pronosticado: \u201cSoy tuya\u201d.<o:p><\/o:p><\/span><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\" style=\"text-align: justify; line-height: 150%;\"><span style=\"\">El camino hacia el palacete se hizo eterno. Abu s\u00f3lo quer\u00eda estar con ella, contemplarla, hacerla feliz el tiempo que dura un beso, conocer su historia. Ella le dijo que era una princesa abas\u00ed, y que hab\u00eda pasado toda su infancia en Egipto, al cuidado de sus t\u00edos. Sus padres, los sultanes de Fez, hab\u00edan muerto, y cuando la joven cumpli\u00f3 los quince regres\u00f3 a la ciudad a estudiar en la Madrasa para convertirse en digna sucesora de sus progenitores y poder desposarse alg\u00fan d\u00eda con alg\u00fan noble caballero. Era rica, independiente y bella, no se deb\u00eda a nadie y s\u00f3lo daba cuentas a Al\u00e1 y a su conciencia, as\u00ed que uno a uno fue despreciando a todos los potentados que pretend\u00edan hacerla se\u00f1ora de su har\u00e9n. Ella esperaba a su propio pr\u00edncipe, al que reconocer\u00eda por llevar en sus ojos la marca del amor verdadero, y no le importaba que su amado apareciese con la forma externa de un pobre diablo. \u201cSoy mendigo de tu amor\u201d, le dijo Abu Abdalah a la joven mientras la desnudaba lentamente y le besaba los hombros. As\u00ed comenz\u00f3 el rosario de sus noches, que empezaban con dos cuerpos desnudos y turgentes abrazados al un\u00edsono y terminaban con la aurora repleta de historias con las que ambos fueron conoci\u00e9ndose mutuamente y reconoci\u00e9ndose uno en otro como dos r\u00edos paralelos que finalmente confluyen en el mar de la vida, del amor\u2026y la muerte.<o:p><\/o:p><\/span><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\" style=\"text-align: justify; line-height: 150%;\"><span style=\"\">Casi a ciegas, la amada se desliz\u00f3 escaleras arriba y volvi\u00f3 a la alcoba con la mano sobre el vientre, anegado el vestido por la premura con la que su primog\u00e9nito hab\u00eda decidido venir al mundo. Con una voz en\u00e9rgica llam\u00f3 a sus sirvientas, que la desposeyeron del empapado sari y la metieron en la cama. Fuera, tras las balconadas donde los dos amantes hab\u00edan contemplado los rayos lunares vestir sus cuerpos desnudos, los \u00e1ngeles jugueteaban alegremente, y sus alas rozaban por un leve segundo los visillos en las ventanas, levantando regueros de polvo de estrellas y corrientes de aire fresco. La ni\u00f1a naci\u00f3 sin l\u00e1grimas, pues ya su madre hab\u00eda derramado un torrente de ellas y<span style=\"\">&nbsp; <\/span>no quedaba ni siquiera un resto para que pudiera llorar la peque\u00f1a. \u201c\u00daltima rama de las dinast\u00edas abas\u00ed y nazarita, hija sin padre, bienvenida al dolor y al sufrimiento de la vida, a la que sin embargo te aferrar\u00e1s y amar\u00e1s m\u00e1s que a ti misma\u201d, susurr\u00f3 la joven a su hijita, la hija de Abu Abdalah, descendiente del noble tronco de los musulmanes de Hispania, y que fue bautizada con el nombre de Azahara, en honor a las frondosas huertas de fragantes limoneros y naranjos crecidos en la tierra de su padre y de sus ancestros de allende el horizonte.<o:p><\/o:p><\/span><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\" style=\"text-align: justify; line-height: 150%;\"><span style=\"\">El amado muri\u00f3 entre sus brazos al conocer el triste sino de su estirpe. Una carta de su hermano Abdel-As\u00eds le contaba que la guerra hab\u00eda asolado lo poco que quedaba de Al-Andalus, pereciendo en el oprobio y la verg\u00fcenza los restos de lo que hab\u00eda sido el esplendoroso califato de C\u00f3rdoba. Ni Yusuf ni sus valientes guerreros hab\u00edan podido frenar el incontenible avance de los cristianos, a quienes hubo que entregar Granada y con ella el pasado y el futuro de las gentes que en Hispania adoraban a Al\u00e1 y no ten\u00edan otro hogar ni otro destino que el inminente destierro. Eso, o la conversi\u00f3n a unas creencias de las que renegaban y a las que aborrec\u00edan con toda su alma de viejos musulmanes. Contaba el hermano que la huida de \u201cAbdel-As\u00eds\u201d hab\u00eda consternado a la madre del muchacho, que hab\u00eda maldecido al hijo que se hab\u00eda quedado en Granada para gobernarla en medio del caos, de la degradaci\u00f3n moral del rey y del des\u00e1nimo de Yusuf y de sus hombres. Rendida Granada, entregada por un pu\u00f1ado de cl\u00e1usulas enga\u00f1osas, condenadas las gentes sencillas a morir en tierra extranjera o a vivir en tierra propia adorando a un Dios que no era el suyo, a la familia real no le qued\u00f3 otra alternativa que marchar junto a sus s\u00fabditos a alg\u00fan lugar perdido donde su nombre y su semilla fuera borrada para siempre. El d\u00eda antes de partir, ante los restos carbonizados del campo de batalla, la reina hab\u00eda dicho al falso Boabdil: \u201cEres la verg\u00fcenza de mi familia y contigo muere el alma de Al-Andalus. Llora como mujer lo que no has sabido defender como hombre\u201d. Y el falso pr\u00edncipe heredero llor\u00f3, durante d\u00edas, sin que ning\u00fan consuelo viniese en su ayuda. S\u00f3lo la idea de la muerte era tentadora, la \u00fanica salida digna. Pero Abdel As\u00eds record\u00f3 que, allende el mar,<span style=\"\">&nbsp; <\/span>en alg\u00fan lugar de \u00c1frica, su hermano, el verdadero Boabdil, viv\u00eda su amor junto a una muchacha, ajeno a los problemas de palacio, tal y como le hab\u00eda contado en una carta secreta, sellada en Fez sin fecha y dirigida al \u00faltimo v\u00e1stago de la dinast\u00eda nazarita.<o:p><\/o:p><\/span><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\" style=\"text-align: justify; line-height: 150%;\"><span style=\"\">La amada no pudo contener la reacci\u00f3n de su amado al leer la carta de su hermano en Hispania y conocer la noticia de que su reino tan amado ya no exist\u00eda. La noticia le congel\u00f3 el pecho y su coraz\u00f3n, d\u00e9bil como un pajarillo desde que el joven era un ni\u00f1o, comenz\u00f3 a latir cada vez m\u00e1s lentamente, al tiempo que la angustia y la culpa le carcom\u00edan las fuerzas.<span style=\"\">&nbsp; <\/span>Form\u00f3 con sus manos un haz, cubri\u00f3 con ellas su rostro, y a sus manos las cubri\u00f3 con su llanto, irrefrenable, desbocado, entreg\u00e1ndose a la pena y al desconsuelo. Las palabras terribles de su madre se hab\u00edan cumplido a pesar de la distancia.<o:p><\/o:p><\/span><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\" style=\"text-align: justify; line-height: 150%;\"><span style=\"\"><span style=\"\">&nbsp;<\/span>El amado muri\u00f3 una ma\u00f1ana de octubre, a pesar de los cuidados de la joven, quien, segura de su pericia para calmar el dolor del alma, nada pudo hacer por restaurar los a\u00f1icos de la de su amado, amante y amigo, que se fue del mundo de los vivos sin saber que hab\u00eda dejado una estela de esperanza en el vientre de su esposa. No fue sino despu\u00e9s de enterrar a su amado cuando la joven pudo comprobar que estaba encinta. El dolor del amor se calm\u00f3 con la futura llegada de un nuevo ser a su palacio ahora tan fr\u00edo y solitario, y en cuanto tuvo fuerzas, volvi\u00f3 a abrir los balcones, a dejar entrever su rostro a los transe\u00fantes, a demorarse en los peque\u00f1os detalles que le hac\u00edan la vida m\u00e1s gustosa. Por eso al sentir los dolores del parto, decidi\u00f3 asomarse a la calle para darse cuenta por primera vez en d\u00edas de que su Fez era la ciudad m\u00e1s hermosa del mundo, y de que la promesa de vida era el principio del alivio de su luto, tan recatado y tan manso como el de un corderillo enfermo. Y as\u00ed vestida, con su sari tornasol, sali\u00f3 a las calles fragantes, ocultando en el seno hermosamente hinchado de vida un gran ramo de rosas, y camin\u00f3 hacia el puerto a depositar en el vientre del mar un \u00faltimo regalo para su amado, que s\u00f3lo hab\u00eda sido feliz en el corto trayecto en barco que le hab\u00eda llevado a su amada, imaginando c\u00f3mo ser\u00eda su larga vida juntos, pensando en los nombres que dar\u00eda a sus hijos, elucubrando el futuro de ambos lleno de dicha, sue\u00f1os que su coraz\u00f3n grande y bueno, cansado y roto por el dolor, hab\u00eda truncado dejando de latir como el eco de una caracola herida. El rostro de Azahara, que era el rostro de Abu Abdalah en diminuto, confirmaba, por fin, que la muerte no era la terminaci\u00f3n de la vida, sino que la vida comenzaba tras la muerte, que el hijo desafortunado del destino hab\u00eda plantado la semilla de su propia creaci\u00f3n hermosa, que al fin hab\u00eda dejado tras sus pasos unos pasos, incipientes, balbucientes, llenos de ingenua inocencia, los de una ni\u00f1a, Azahara, hija del hombre que vino del mar a coronar con sus besos y caricias los designios del amor primero que una reina cristiana disfrazada de gitana celosa hab\u00eda pronosticado, sin importarle que con sus malas artes provocar\u00eda la ca\u00edda de un reino entero. Abu Abdalah ser\u00eda de la mujer ultramarina, pero \u00a1ah Granada!\u2026 Granada no ser\u00eda de nadie m\u00e1s que de ella, la artera, la fr\u00eda, la arp\u00eda Isabel Primera de Castilla.<o:p><\/o:p><\/span><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\" style=\"text-align: justify; line-height: 150%;\"><span style=\"\">Cuentan las cr\u00f3nicas que Azahara creci\u00f3 tan hermosa y galana como una flor her\u00e1ldica, y que al cumplir los dieciocho, bajo las intrigas de su madre, que la hizo pasar por una princesa cristiana, fue presa en Or\u00e1n por el rey de Portugal, Sebastia\u00f4, quien prendado de la joven la despos\u00f3 y la llev\u00f3 consigo a la pen\u00ednsula. Del fruto de sus amores naci\u00f3 una ni\u00f1a, a la que su madre, iron\u00edas del destino, puso por nombre Isabel. La bella Isabel, rubia como el viento de Fez, de ojos azules como su padre y piel tostada como su madre, le rob\u00f3 el coraz\u00f3n al nieto de la reina de Espa\u00f1a, un emperador alem\u00e1n nacido en Gante, en el reino de Holanda, Carlos, quien nunca lleg\u00f3 a saber que los nazar\u00edes hab\u00edan vuelto a recuperar Granada, y con ella Espa\u00f1a y la mitad del mundo conocido.<o:p><\/o:p><\/span><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\" style=\"text-align: justify; line-height: 150%;\"><span style=\"\">La amada sigui\u00f3 viviendo por y para el recuerdo del amado, hasta que un buen d\u00eda not\u00f3 que las alas de los \u00e1ngeles llenaban su estancia de polvo de estrellas y aire fresco, y se entreg\u00f3 al sue\u00f1o eterno para caminar con el amado por las sombras del mundo de los muertos. Cuando llegaron las sirvientas a la estancia de la se\u00f1ora de la casa, sobre la cama s\u00f3lo quedaba un ramo de rosas y las huellas de una l\u00e1grima reciente, mientras el mar tra\u00eda el antiguo eco de unos amores que hab\u00edan trastornado al universo entero.<o:p><\/o:p><\/span><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\" style=\"text-align: justify; line-height: 150%;\"><span style=\"\">De \u201cTe cuento mi universo, 1994-2006.\u201d<br \/>Copyright 2006. Reservados todos los derechos.<o:p><\/o:p><\/span><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Como cada d\u00eda, se desliz\u00f3 suavemente hacia el lugar donde los dos amantes hab\u00edan compartido palabras, gestos y besos, pero la alcoba segu\u00eda tan fr\u00eda como desde el momento en que el amante exhal\u00f3 el \u00faltimo suspiro, el \u00faltimo canto de amor hacia la amada, el \u00faltimo adi\u00f3s a quien hab\u00eda sido todo en su vida.<\/p>\n","protected":false},"author":63,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"ngg_post_thumbnail":0},"categories":[634],"tags":[],"blocksy_meta":{"styles_descriptor":{"styles":{"desktop":"","tablet":"","mobile":""},"google_fonts":[],"version":4}},"aioseo_notices":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.madrimasd.org\/blogs\/documentacion\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/55880"}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.madrimasd.org\/blogs\/documentacion\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.madrimasd.org\/blogs\/documentacion\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.madrimasd.org\/blogs\/documentacion\/wp-json\/wp\/v2\/users\/63"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.madrimasd.org\/blogs\/documentacion\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=55880"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.madrimasd.org\/blogs\/documentacion\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/55880\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.madrimasd.org\/blogs\/documentacion\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=55880"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.madrimasd.org\/blogs\/documentacion\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=55880"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.madrimasd.org\/blogs\/documentacion\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=55880"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}