{"id":64623,"date":"2007-04-30T03:42:00","date_gmt":"2007-04-30T03:42:00","guid":{"rendered":"http:\/\/weblogs.madrimasd.org\/\/documentacion\/archive\/2007\/04\/30\/64623.aspx"},"modified":"2007-04-30T03:42:00","modified_gmt":"2007-04-30T03:42:00","slug":"el-viaje-relato-corto","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.madrimasd.org\/blogs\/documentacion\/2007\/04\/30\/64623","title":{"rendered":"El viaje (Relato corto)"},"content":{"rendered":"<div align=\"justify\">Una de nuestras asiduas colaboradoras nos env\u00eda un relato corto para estos d\u00edas de asueto en Espa\u00f1a. Dicen que cuando llueve se lee m\u00e1s porque apetece salir menos. Bueno pues esta es nuestra oferta; bueno, la de Francisca Castillo Mart\u00edn. Pasen y lean. Lean y disfrunten&#8230; Y si les apetece comenten con la joven autora el texto<\/div>\n<p><!--more-->  <\/p>\n<p class=\"MsoNormal\" style=\"text-align: justify; line-height: 150%;\"><b style=\"\"><span lang=\"ES\">Por Francisca Castillo Mart\u00edn<o:p><\/o:p><\/span><\/b><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\" style=\"text-align: justify; line-height: 150%;\"><span lang=\"ES\">Mir\u00f3 el reloj: apenas eran las once en punto de una ma\u00f1ana fr\u00eda y gris como el asfalto urbano. El paraguas le chorreaba nieve l\u00edquida desde la pernera del pantal\u00f3n hasta los pies, mojando aquellas sucias zapatillas de tela que tanto le gustaban, pero que vistas desde el \u00e1ngulo muerto del espejo del autob\u00fas parec\u00edan dos tristes y sudados fragmentos de un mundo perdido. El suyo.<\/span><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\" style=\"text-align: justify; line-height: 150%;\"><span lang=\"ES\">Cuando se subi\u00f3 uno de los viajeros, un perfumado <i style=\"\">dandy <\/i>apoyado en un bast\u00f3n con empu\u00f1adura de n\u00e1car, se levant\u00f3 para dejarle su asiento y camin\u00f3 casi arrastrando el peso de aquellas zapatillas muertas, intentando buscar un poco de aire en el ambiente fatigado de aquella m\u00e1quina resollante que la conduc\u00eda, libro entre las manos, hacia ninguna parte. Un amable viejecillo desdentado le ofreci\u00f3 el asiento al percibir que la chica estaba perdiendo el color en las mejillas. \u201cNo es nada, estoy bien, siga sentado\u201d, le contest\u00f3 ella agradeciendo el ofrecimiento. Lo cierto es que prefer\u00eda seguir de pie para as\u00ed observar subrepticiamente a la muchedumbre agolpada en cada resquicio del autob\u00fas; en el fondo se divert\u00eda observando caras y estableciendo parecidos con aquellas gentes que hab\u00eda conocido en el pasado y que la hab\u00edan marcado para siempre.<\/span><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\" style=\"text-align: justify; line-height: 150%;\"><span lang=\"ES\">El conductor era un muchacho atractivo, vanidoso pero amigable y, seg\u00fan se pod\u00eda deducir de su brillante alianza, cargado de responsabilidades familiares. Ella fantaseaba a menudo que se quedaban solos y entonces se propon\u00edan un viaje al fin del mundo: \u00e9l pondr\u00eda sus manos y su pericia al volante y ella la gasolina para el trayecto. Cruzar\u00edan el pa\u00eds de arriba abajo, penetrando sus longitudinales misterios de roca y r\u00edo, y a trav\u00e9s de las ventanillas abiertas respirar\u00edan el aire amarillo y cargado del verano austral. Era un pa\u00eds misterioso, h\u00famedo y ex\u00f3tico, que ella no conoc\u00eda a fondo a pesar de haber nacido en \u00e9l. La selva quedaba a unas quinientas millas de la civilizaci\u00f3n, y las monta\u00f1as de nieves eternas donde anta\u00f1o hab\u00edan vivido los dioses estaban a\u00fan m\u00e1s lejos, en el infinito l\u00edmite de la llanura des\u00e9rtica que el hombre no se hab\u00eda atrevido a hollar.<\/span><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\" style=\"text-align: justify; line-height: 150%;\"><span lang=\"ES\">El conductor iba enfundado en una camisa azul que le quedaba demasiado holgada. Hab\u00eda heredado el trabajo de su padre, y tambi\u00e9n el uniforme, la paciencia de un santo y los buenos modales de un duque. Tambi\u00e9n un par de hoyuelos encantadores que enmarcaban sus mejillas y que le hac\u00edan parecer m\u00e1s joven a\u00fan de lo que era. A veces ella se quedaba mir\u00e1ndolo descaradamente, cuando al bajarse en su destino \u00e9l levantaba la vista para comprobar que los viajeros se iban tan sanos y salvos como hab\u00edan entrado. Entonces sus ojos se encontraban, y en los labios de ambos se dibujaba una sonrisa c\u00f3mplice. Pero enseguida ella se re\u00f1\u00eda a s\u00ed misma y se dec\u00eda, una y mil veces, que los hombres casados estaban expresamente prohibidos en su estricto c\u00f3digo de conducta. \u201cLleva alianza, no te hagas ilusiones\u201d, se recriminaba, al tiempo que experimentaba una sensaci\u00f3n deliciosa de culpabilidad al comprobar que el joven la observaba, siempre indirectamente, a trav\u00e9s del espejismo de las lunas de su veh\u00edculo, con una mezcla de inter\u00e9s y deseo renovados en cada hito del camino.<\/span><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\" style=\"text-align: justify; line-height: 150%;\"><span lang=\"ES\">Kil\u00f3metro ciento veinte, cinco paradas y bocadillo correoso de queso con<span style=\"\">&nbsp; <\/span>aceite de oliva. La chica, cansada del juego de los parecidos imposibles, se sent\u00f3 detr\u00e1s de una mujer joven acompa\u00f1ada de su hijita. El viejecillo se encogi\u00f3 sobre s\u00ed mismo, como si fuera un beb\u00e9 de setenta y cinco a\u00f1os, buscando la postura fetal tan querida al ser humano. Apoyaba la cabeza contra el cristal de la ventana, y mientras lo hac\u00eda desprend\u00eda inconscientemente una leve vaharada que empa\u00f1aba las ventanas de los dem\u00e1s viajeros. La noche ca\u00eda sigilosamente como una serpiente pit\u00f3n sobre su presa: oscura, siniestra y terrible, pero no por eso menos bella. La chica trataba de leer<span style=\"\">&nbsp; <\/span>en las l\u00edneas del rostro del viejo el idioma antiguo de los hombres que han recorrido los caminos de la tierra. En su cara marchita se adivinaban las fatigas para llegar a fin de mes durante muchos lustros, la soledad contrita de quien no la ha elegido libremente sino que se ha visto abocado a ella, la enfermedad que paraliza y el miedo a la muerte com\u00fan a todos los que caminan hacia ella. Se sorprendi\u00f3 de la tibieza que lat\u00eda en la piel anciana al ser tocada, y sinti\u00f3 de repente una inmensa compasi\u00f3n hacia el que durante dos horas y media hab\u00eda sido <span style=\"\">&nbsp;<\/span>su compa\u00f1ero de viaje.<\/span><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\" style=\"text-align: justify; line-height: 150%;\"><span lang=\"ES\">\u201cNacemos con nuestro destino grabado a fuego en las palmas de nuestras manos\u201d, hab\u00eda le\u00eddo la muchacha en alguna parte. Ahora sab\u00eda que esa afirmaci\u00f3n no era extra\u00f1a ni gratuita en un mundo sin fe y sin aparente sentido. Quiz\u00e1s su destino era compartir pedacitos de su vida con an\u00f3nimos transe\u00fantes que al montar en el autob\u00fas ced\u00edan parte de ese anonimato en beneficio del contacto sincopado con el pr\u00f3jimo: colas, prisas, asientos cedidos y buenos d\u00edas concedidos, un\u00edan cada d\u00eda a cientos de seres de m\u00faltiples patrias, lenguas, color de piel. Se regal\u00f3 un minuto para pensar, mientras el paisaje agreste hac\u00eda huella en su alma, y como siempre que llegaban a la estaci\u00f3n de servicio, baj\u00f3 la \u00faltima y se sent\u00f3 sobre una gran roca que alguien hab\u00eda colocado inopinadamente en el borde derecho de la carretera. <\/span><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\" style=\"text-align: justify; line-height: 150%;\"><span lang=\"ES\">El conductor la mir\u00f3, intrigado. Sent\u00eda un deseo irrefrenable de decirle a esa chica que no hac\u00eda otra cosa que pensar en ella. Avergonzado, se record\u00f3 a s\u00ed mismo que estaba muy por encima de sus posibilidades. Ella, una mujer fuerte y valiente que siempre viajaba sola y \u00e9l, el t\u00edpico so\u00f1ador timorato que se colocaba una alianza falsa en el dedo porque le daba la seguridad en s\u00ed mismo de la que normalmente carec\u00eda. \u201cHace falta valor\u201d, se dijo, frot\u00e1ndose el dedo anillado en un gesto de desesperaci\u00f3n extrema. \u201cHace falta valor para estar con una chica as\u00ed. Pero si ella no se atreve, tendr\u00e9 que dar yo el primer paso\u201d. <span style=\"\">&nbsp;<\/span>All\u00e1 arriba, las cordiales luces de las estrellas encend\u00edan la llama de una confabulaci\u00f3n milenaria dictada por los antiguos dioses del amor y el desencuentro.<\/span><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\" style=\"text-align: justify; line-height: 150%;\"><span lang=\"ES\">Kil\u00f3metro ciento cincuenta. El autob\u00fas ronroneaba quejumbrosamente mientras la aurora se filtraba por las resplandecientes ventanillas, que parec\u00edan ojos color violeta llorando l\u00e1grimas de vapor condensado. El viejecillo se agitaba espasm\u00f3dicamente en su asiento, luchando por zafarse de la terrible pesadilla que le acosaba. La chica, un hombre de mediana edad que se hab\u00eda incorporado a la expedici\u00f3n en el kil\u00f3metro ochenta y una se\u00f1ora forrada en pieles de zorro se levantaron y acudieron presurosos a calmar al pobre anciano, quien abri\u00f3 los ojos con dificultad y pregunt\u00f3 a la concurrencia: \u201c\u00bfD\u00f3nde estoy?\u201d. El hombre de mediana edad pens\u00f3 una respuesta sencilla para tan complicada pregunta y, tras dudar algunos momentos, respondi\u00f3: \u201cNadie lo sabe. Probablemente llevamos viajando toda la eternidad, pues yo no recuerdo haber tenido una vida anterior a este viaje. Quiz\u00e1s s\u00f3lo seamos fruto de un sue\u00f1o\u201d. Ante ellos apareci\u00f3 una gran llanura y, en el horizonte, los verdes irisados de una marisma habitada por caballos salvajes. Al viejo le complaci\u00f3 la respuesta filos\u00f3fica de su erudito compa\u00f1ero y, sonriendo, volvi\u00f3 a quedarse dormido. <\/span><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\" style=\"text-align: justify; line-height: 150%;\"><span lang=\"ES\">El conductor anunci\u00f3 la parada n\u00famero veinte, y algunos viajeros se apearon y otros nuevos llegaron, complet\u00e1ndose el c\u00edrculo perfecto de la ajetreada vida de los que continuamente se est\u00e1n desplazando sin moverse del sitio. A la chica le pareci\u00f3 agradable sentarse al lado del viejo y o\u00edr por un rato la historia de su vida. \u201cVoy al fin del continente, al mar, a ver morir las ballenas. Quiz\u00e1s su contemplaci\u00f3n me ayude a m\u00ed cuando est\u00e9 en un trance semejante\u201d, musit\u00f3 el anciano, con los ojos llenos de emoci\u00f3n y de memorias del ayer. Comprendi\u00f3, a pesar de sus pocos a\u00f1os, que el hombre estaba realizando el que probablemente ser\u00eda su \u00faltimo viaje, y decidi\u00f3 que se quedar\u00eda con \u00e9l hasta el final del trayecto. Ahora atravesaban una ciudad: rascacielos de cemento y cristal se adher\u00edan a las ventanillas como visiones borrosas de anodina uniformidad monocorde.<\/span><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\" style=\"text-align: justify; line-height: 150%;\"><span lang=\"ES\">Un hotelito en el kil\u00f3metro cuatrocientos veinte y parada para pernoctar. El conductor se hab\u00eda armado de coraje y se dirig\u00eda con paso acelerado al hall de la recepci\u00f3n, donde la chica y el viejo depart\u00edan amigablemente. \u201cNo estoy casado\u201d, le dijo, cuando alcanz\u00f3 con sus labios temblorosos la altura de las orejas de la muchacha. Ella ten\u00eda ahora en sus manos el dilema de pasar su primera noche de amor en los brazos de aquel muchacho vigoroso, o continuar con su prop\u00f3sito de no dejar solo al anciano ni un solo minuto. El viejecillo era un hombre sabio y pudo interpretar el lenguaje de las miradas, de los gestos, de las caricias apenas esbozadas, del deseo frustrado retenido en las retinas de los dos amantes. As\u00ed que pr\u00e1cticamente arrastr\u00f3 a la chica hasta la habitaci\u00f3n del chofer y llam\u00f3 suavemente a la puerta con sus callosos nudillos. \u201cHasta ma\u00f1ana\u201d, dijo el viejo, con dulzura. <\/span><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\" style=\"text-align: justify; line-height: 150%;\"><span lang=\"ES\">Las zapatillas de la chica estaban esparcidas por la habitaci\u00f3n esperando a que su due\u00f1a se decidiera a salir de la cama. Era muy temprano, apenas las siete, cuando los amantes se dieron los buenos d\u00edas con un beso. De repente, la chica record\u00f3 su promesa y comenz\u00f3 a vestirse apresuradamente. \u201cNo tengas prisa. Nadie sabe cu\u00e1nto durar\u00e1 este viaje, ni ad\u00f3nde nos llevar\u00e1. Lo importante es lo que vivamos mientras, no lo que nos espera al final del trayecto\u201d, aventur\u00f3 el muchacho mientras chupaba el filo mojado del primer cigarrillo de la ma\u00f1ana. Pero ella ya no escuchaba, y corr\u00eda escaleras abajo tan r\u00e1pido que peligraba el entero equilibrio del universo. En la recepci\u00f3n le dijeron que el anciano no hab\u00eda dormido en su cuarto, pero ella de todas formas sab\u00eda que hab\u00eda pasado la noche all\u00ed, agazapado, esper\u00e1ndola, sentado en el desvencijado asiento que le hab\u00eda tocado en suerte: n\u00famero veinticinco, pasillo, fumador empedernido.<\/span><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\" style=\"text-align: justify; line-height: 150%;\"><span lang=\"ES\">Desde la distancia se percib\u00eda el resoplar de las ballenas en la orilla. Algunos pasajeros se levantaron de sus asientos para tomas fotograf\u00edas de los majestuosos animales. El viejo y la chica contuvieron la respiraci\u00f3n, y se tomaron de las manos porque sobraban todas las palabras. Para uno de ellos era el final del viaje, mientras que para la otra no era m\u00e1s que el comienzo. El conductor, somnoliento, anunci\u00f3 que estaban ante el oc\u00e9ano en el que mor\u00edan las ballenas, y de repente el autob\u00fas entero pareci\u00f3 llenarse de tristeza, de susurros, de murmullos. Algunos lloraban, otros guardaron inmediatamente sus c\u00e1maras y sacaron las fotos de aquellos de sus seres queridos que hab\u00edan emprendido el viaje sin retorno, como aquellas ballenas azules varadas en la playa. <\/span><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\" style=\"text-align: justify; line-height: 150%;\"><span lang=\"ES\">El autob\u00fas chirri\u00f3 al llegar a la parada. Viejo y chica se abrazaron fuerte, solidariamente, como dos antiguos camaradas al acabar una guerra. Ella le mir\u00f3 largamente desde el cristal de su ventanilla, mientras \u00e9l se acercaba con cautela a las ballenas entonando una canci\u00f3n que parec\u00eda sumirlas en una tranquilidad tan espesa que casi pod\u00eda lamerse. \u201cAdi\u00f3s, viejo\u201d, musit\u00f3 la chica para sus adentros. Se sent\u00eda apenada, y a la vez embargada de una felicidad que nada ten\u00eda que ver con la noche de pasi\u00f3n vivida en el hotelito. Comprendi\u00f3 por fin el significado de su amor por el muchacho. \u00c9l <span style=\"\">&nbsp;<\/span>era la distancia m\u00e1s corta que un\u00eda los extremos de la l\u00ednea del destino de sus manos. As\u00ed estaba escrito desde los tiempos de la conjura planetaria de los dioses.<\/span><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\" style=\"text-align: justify; line-height: 150%;\"><span lang=\"ES\">Kil\u00f3metro quinientos cinco. \u00daltima parada. Los \u00faltimos viajeros, rezongando, se bajaron haciendo esfuerzos para simular los bostezos, la inevitable pereza que surge cuando el cuerpo se habit\u00faa a una postura inc\u00f3moda y es obligado a desperezarse. La chica med\u00eda sus pasos por el corredor del b\u00fas,<span style=\"\">&nbsp; <\/span>uniendo el tal\u00f3n con la punta de la goma de sus zapatillas de tela. El muchacho, que la ve\u00eda venir desde el espejo del retrovisor, sonre\u00eda ampliamente. As\u00ed que cuando ella<span style=\"\">&nbsp; <\/span>le tap\u00f3 los ojos con las manos y le dijo: \u201cPide un deseo\u201d, ya conoc\u00eda desde hac\u00eda mucho la respuesta, quiz\u00e1s desde el principio de los tiempos de los dioses conjurados. Ante ellos, la carretera se alzaba p\u00e9trea e invitadora, contoneando armoniosamente sus curvas. \u00c9l pondr\u00eda sus manos y su pericia al volante y ella la gasolina para el trayecto.<\/span><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\" style=\"text-align: justify; line-height: 150%;\"><span lang=\"ES\">\u00a9 2007 De \u201cTe cuento mi universo\u201d, todos los derechos reservados.<\/span><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Una de nuestras asiduas colaboradoras nos env\u00eda un relato corto para estos d\u00edas de asueto en Espa\u00f1a. Dicen que cuando llueve se lee m\u00e1s porque apetece salir menos. 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