{"id":91400,"date":"2008-05-09T14:39:00","date_gmt":"2008-05-09T14:39:00","guid":{"rendered":"http:\/\/weblogs.madrimasd.org\/\/documentacion\/archive\/2008\/05\/09\/91400.aspx"},"modified":"2008-05-09T14:39:00","modified_gmt":"2008-05-09T14:39:00","slug":"la-bilioteca-publica-vista-por-el-escritor-antonio-munoz-molina","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.madrimasd.org\/blogs\/documentacion\/2008\/05\/09\/91400","title":{"rendered":"La bilioteca p\u00fablica vista por el escritor Antonio Mu\u00f1oz Molina"},"content":{"rendered":"<div align=\"justify\">Hace unos d\u00edas, otro de los blogs de MadriMasd que tratan el mundo de los libros, lecturas y bibliotecas: <A href=\"http:\/\/weblogs.madrimasd.org\/futurosdellibro\/\">Los futuros del libro<\/a>, de Joaqu\u00edn Rodriguez nos invitaba a leer un excelente art\u00edculo de Vicente Verd\u00fa: <a href=\"http:\/\/www.elpais.com\/articulo\/sociedad\/leer\/elpepisoc\/20080426elpepisoc_11\/Tes\">\u00bfPara que tanto leer?<\/a>, publicado en El Pa\u00eds. En realidad, frente a los videojuegos, la televisi\u00f3n e Internet, la lectura no ocupa un lugar importante en la vida de los ciudadanos. Pues, bien, hoy proponemos otro art\u00edculo del mismo peri\u00f3dico y de otro escritor que recurre de vez en cuando a las bibliotecas. Se trata de Antonio Mu\u00f1oz Molina: \u00ab<a temp_href=\"http:\/\/www.elpais.com\/articulo\/narrativa\/biblioteca\/elpepuculbab\/20080503elpbabnar_1\/Tes\/ \" href=\"http:\/\/www.elpais.com\/articulo\/narrativa\/biblioteca\/elpepuculbab\/20080503elpbabnar_1\/Tes\/%20\">De una biblioteca a otra<\/a>\u00ab. <b>Se<\/b> <b>recomienda a los alumnos<\/b> la lectura de ambos art\u00edculos y una reflexi\u00f3n sobre el libro y las bibliotecas. Desde luego, los de <b>Biblioteconom\u00eda y Documentaci\u00f3n<\/b> deber\u00edan recitar estos textos como si del Padre Nuestro se tratara. Pasen y lean. Pasen y comenten.<\/div>\n<p><!--more--><\/p>\n<div align=\"center\"><b>Por Antonio Mu\u00f1oz Molina<\/b><\/div>\n<p class=\"MsoNormal\" style=\"margin-top: 6pt; text-align: justify;\">Una <b>biblioteca p\u00fablica<\/b> no es s\u00f3lo un lugar para el conocimiento y el disfrute de los libros: tambi\u00e9n es uno de los espacios cardinales de la ciudadan\u00eda. Es en la biblioteca p\u00fablica donde el libro manifiesta con plenitud su capacidad de multiplicarse en tantas voces como lectores tengan sus p\u00e1ginas; donde se ve m\u00e1s claro que escribir y leer, dos actos solitarios, lo incluyen a uno sin embargo en una fraternidad que se basa en lo m\u00e1s verdadero y lo m\u00e1s \u00edntimo que hay en cada uno de nosotros y que no tiene l\u00edmites en el espacio ni en el tiempo.<br \/>La lectura, los libros, empezaron siendo privilegio de unos pocos, herramientas de poder y de control de las conciencias. La imprenta, al permitir de pronto la multiplicaci\u00f3n casi ilimitada de lo que antes era \u00fanico y dif\u00edcil de copiar, hizo estallar desde dentro la ciudadela herm\u00e9tica de las palabras escritas, alentando una revoluci\u00f3n que empez\u00f3 por reconocer en cada uno el derecho soberano a leer la Biblia en su propia lengua y en la intimidad de su casa, sin la mediaci\u00f3n autoritaria de una jerarqu\u00eda. Gentes que le\u00edan libros albergaron ideas inusitadas: que el m\u00e9rito y el talento personal y no el origen distingu\u00edan a los seres humanos que todos por igual ten\u00edan derecho a la instrucci\u00f3n, a la libertad y a la justicia.<br \/>La escuela p\u00fablica, la biblioteca p\u00fablica, son el resultado de esas ideas emancipadoras: tambi\u00e9n son su fundamento. Con ego\u00edsmo leg\u00edtimo uno compra un libro, lo lee, lo lleva consigo, lo guarda en casa, vuelve a leerlo al cabo de un tiempo o ya no lo abre nunca. En la biblioteca p\u00fablica el mismo libro revive una y otra vez con cada uno de los lectores que lo han elegido, multiplicado tan milagrosamente como los panes y los peces del evangelio: un alimento que nutre y sin embargo no se consume; que forma parte de una vida y luego de otra y siendo el mismo palabra por palabra cambia en la imaginaci\u00f3n de cada lector.<br \/>En la librer\u00eda no todos somos iguales; en la biblioteca universitaria el grado de educaci\u00f3n y la tarjeta de identidad acad\u00e9mica establecen graves limitaciones de acceso; s\u00f3lo en la biblioteca p\u00fablica la igualdad en el derecho a los libros se corresponde con la profunda democracia de la literatura, que s\u00f3lo exige a quien se acerca a ella que sepa leer y sea capaz de prestar una atenci\u00f3n intensa a las palabras escritas. <br \/>En el reino de la literatura no hay privilegios de nacimiento ni acreditaciones oficiales, ni jerarqu\u00edas de ninguna clase ante las que haya que bajar la cabeza: nadie tiene la obligaci\u00f3n de leer una determinada obra maestra; y no hay libro tan dif\u00edcil que pueda ser inaccesible para un lector con vocaci\u00f3n y constancia. Pomposos catedr\u00e1ticos resultan ser lectores ineptos: cualquier persona con sentido com\u00fan es capaz de degustar las m\u00e1s delgadas sutilezas de un libro. En el cuarto de trabajo o de estudio con frecuencia uno est\u00e1 demasiado solo: en la biblioteca p\u00fablica se disfruta un equilibrio perfecto entre el ensimismamiento y la compa\u00f1\u00eda, entre la quietud necesaria para la lectura y la grata conciencia de la vida real que sigue sucediendo a nuestro alrededor.<br \/>Los barrios de Nueva York est\u00e1n punteados de sucursales de la gran Biblioteca P\u00fablica de la Quinta Avenida. El edificio central tiene una escala imponente: los m\u00e1rmoles, la escalinata, las columnas, los dos grandes leones ben\u00e9volos. Las bibliotecas de barrio son mucho m\u00e1s modestas en apariencia, pero no esconden menos tesoros, y son igual de acogedoras. La que yo visito casi cada ma\u00f1ana est\u00e1 en una zona de peque\u00f1os negocios puertorrique\u00f1os, de peluquer\u00edas rancias de caballeros, de puestos de frutas del Caribe, de casas de comidas baratas que tienen nombres como La Caridad o La Flor de Mayo. El tr\u00e1mite para hacerse socio dura unos cinco minutos y es gratis. Con su tarjeta uno puede solicitar cualquier libro, disco o pel\u00edcula y en unos pocos d\u00edas le avisar\u00e1n de que puede ir a recogerlo.<br \/>Pero para entrar en la biblioteca y pasarse en ella las horas no hace falta ni siquiera una acreditaci\u00f3n, en una ciudad donde hay tantas barreras de seguridad que puede ser tan inh\u00f3spita para el que no tiene dinero. A mi alrededor, en las otras mesas de la biblioteca, hay universitarios obsesivos que han venido a estudiar y jubilados que leen tranquilamente el peri\u00f3dico, un chico que mueve la cabeza y los hombros al ritmo de la m\u00fasica que escucha en el iPod mientras sonr\u00ede para s\u00ed leyendo una novela gr\u00e1fica, una muchacha asi\u00e1tica sumergida en una biograf\u00eda de Virginia Wolf, una abuela a la que una empleada le ense\u00f1a con ilimitada paciencia c\u00f3mo acceder a su cuenta de correo electr\u00f3nico en la fila de ordenadores de la sala, una mujer demente que se ha sentado cerca de m\u00ed dejando caer sobre la mesa, como si fuera una l\u00e1pida, un diccionario enorme de psiquiatr\u00eda.<br \/>Yo leo, trabajo, miro el correo, escribo alguna postal, gustosamente solo y a la vez acompa\u00f1ado, mecido por el rumor cauteloso de la gente. Vengo a trabajar en una biblioteca p\u00fablica y me acuerdo siempre de la primera que conoc\u00ed, en la que empec\u00e9 a educarme, tan lejos ahora y tan presente en la memoria, la biblioteca municipal de \u00dabeda, que descubr\u00ed cuando ten\u00eda unos doce a\u00f1os. La mirada infantil, como la poes\u00eda \u00e9pica, agranda los lugares, magnifica las cosas: yo nunca hab\u00eda visto salas tan grandes, estanter\u00edas llenas de libros que llegaban a los techos, sumergidas parcialmente en una penumbra en la que brillaban con intensidad misteriosa las l\u00e1mparas bajas sobre las mesas de lectura. En cualquier otro lugar mis deseos y mis aficiones estaban limitados por la falta de dinero: en la biblioteca yo era un potentado. Fuera de all\u00ed las cosas pertenec\u00edan a alguien, casi siempre a otro: en la biblioteca eran m\u00edas y a la vez de todos. No existe mejor escuela de ciudadan\u00eda.<br \/>Sin aquella biblioteca hoy yo no estar\u00eda en \u00e9sta. Y como ahora las palabras pueden viajar tan instant\u00e1neamente como vuelven a la conciencia las im\u00e1genes del pasado remoto, cuando abro el port\u00e1til para mirar el correo encuentro un manifiesto en defensa de la biblioteca municipal de \u00dabeda, da\u00f1ada por el abandono, por esa idea festera y despilfarradora que tiene cualquier pol\u00edtica cultural en Espa\u00f1a, donde no hay l\u00edmite para el gasto p\u00fablico a condici\u00f3n de que \u00e9ste sea superfluo. Cualquier municipio espa\u00f1ol gasta millones en contratar artistas de moda o alentar paletadas vern\u00e1culas: pero en una peque\u00f1a biblioteca no hay dinero para comprar libros, y si lo hubiera no quedar\u00eda espacio donde mostrarlos; cada vez existir\u00e1 menos la posibilidad de que alguien encuentre en ella el refugio y la iluminaci\u00f3n de los libros; de que un ni\u00f1o fantasioso entre en la biblioteca p\u00fablica como Simbad en la gruta del tesoro. Pongo mi firma al pie de ese manifiesto de ciudadanos ilustrados y por un momento la lejan\u00eda no existe y la mesa de lectura en la que estoy sentado pertenece a aquella biblioteca que no he pisado en tantos a\u00f1os.<\/p>\n<p class=\"MsoNormal\" style=\"margin-top: 6pt; text-align: justify;\">Fuente: El Pa\u00eds. \u201cBabelia\u201d 3 de mayo de 2008.<\/p>\n<p class=\"MsoNormal\" style=\"margin-top: 6pt; text-align: justify;\"><a name=\"_ftn1\"><span style=\"\"><o:p><\/o:p><\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Hace unos d\u00edas, otro de los blogs de MadriMasd que tratan el mundo de los libros, lecturas y bibliotecas: Los futuros del libro, de Joaqu\u00edn Rodriguez nos invitaba a leer un excelente art\u00edculo de Vicente Verd\u00fa: \u00bfPara que tanto leer?, publicado en El Pa\u00eds. En realidad, frente a los videojuegos, la televisi\u00f3n e Internet, la lectura no ocupa un lugar importante en la vida de los ciudadanos. 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