Archivo de septiembre, 2007

SOBRE LAS DOBLES TITULACIONES

¿CON QUÉ SENTIRSE IDENTIFICADO?

Hace años conocimos la existencia de las dobles titulaciones en el ámbito de la educación universitaria. Se daba en la universidades privadas. Visto desde fuera resultaba atractivo. En seis años obtenías dos títulos con una inversión monetaria y de tiempo que no equivaldría con mucho a la obtención de los dos títulos de forma independiente. Seguro que era un reclamo eficaz. La cuestión que nos planteábamos entonces era si se adquiría un nivel de competencia similar al que había concentrado sus esfuerzos en la obtención de una sola de las titulaciones. La equivalencia, el solapamiento de conocimientos en carreras cercanas en su contenido favorecería que este proceso se pudiera dar.

Con el paso del tiempo estas dobles titulaciones se han ido prodigando por el panorama universitario, en las nuevas universidades, incluso se ha extendido a las públicas. Los argumentos para su implantación serían los mismos: similitud de contenidos, atractivo para el estudiante y, siendo benévolo, un profesional “doblemente” preparado.

Pero, ¿es esto realmente así? Las universidades atraen a un sector de la población estudiantil y a sus familias con el incentivo de obtener más con un esfuerzo añadido no equiparable a los beneficios. No deja de ser cautivador ser poseedor de dos títulos universitarios en cuatro, cinco o seis años.

Esta corriente ha llegado también a las carreras sanitarias pudiendo encontrar en el mercado títulos de enfermero y fisioterapeuta, podólogo y enfermero, fisioterapeuta y podólogo, fisioterapeuta y terapeuta ocupacional, fisioterapeuta y licenciado en educación física. De modo que profesiones que buscaron su autonomía en razón a sus contenidos propios se ven unidas por mor del afán de conocimiento o por la avidez de títulos.

Los profesionales que llevamos años en ejercicio somos conscientes del esfuerzo necesario para mantenerse actualizado en un nivel mínimo de conocimientos que garantice, en el caso de las disciplinas sanitarias, una atención adecuada. En muchas ocasiones nos podemos sentir frustrados al reconocer nuestra falta de puesta al día, nuestros vacíos de formación, y la escasez de tiempo para remediar la situación. Los fisioterapeutas no solemos enfrentarnos a situaciones de riesgo vital pero el futuro de muchos de nuestros pacientes sí puede verse comprometido si nuestra práctica se orienta de una u otra manera. Y es aquí, en este escenario de necesidad de formación y actualización continuas, donde no parece encajar el hecho de pretender ser un buen doble profesional. Más en un marco en el que se hace cada vez más necesaria la especialización, que en el caso de la fisioterapia puede existir de hecho pero no tiene un respaldo normativo, como en Medicina o Enfermería. No obstante, esto no sería óbice para que cada cual en el ejercicio de sus capacidades estudiara una, dos o cinco carreras.

La cuestion que añadimos para mostrar nuestras reservas es el de la identificación con un grupo profesional. Cuando obtenemos nuestro título, que en el caso de las profesiones sanitarias es muchas veces vocacional, pasamos a formar parte de un colectivo. Nos sentimos en nuestra esencia como personas que somos algo más, en nuestro caso fisioterapeuta. Mucho de lo que haremos a partir de entonces estará condicionado por lo que somos. Ese sentimiento se pertenencia suele ser marcado, se incrusta en nuestra orientación vital. Pues bien, nos parece poco probable duplicar ese tipo de sentimientos. Llegado el momento tendré que decidir qué me gusta más, dónde me ubico, en qué seguiré profundizando. Y surgirán cuestiones prácticas como qué tiene más futuro profesional, a qué colegio profesional me adscribiré.

En el caso de la fisioterapia la presencia de titulaciones dobles puede originar, además, roces profesionales. En el sector sanitario se comparten pacientes con otras profesiones. Siempre cabe la posibilidad que alguien con doble titulación pueda pretender extender su atención fuera de sus competencias dentro del ámbito del equipo, dado que sabe de lo que otros hacen, e incluso está titulado.Estas situaciones también son posibles en otros entornos como el deporte o la educación, donde puede haber licenciados en educación física que son también fisioterapeutas.

Por ello, sin desdeñar, sino admirando a los dobles titulados, consideramos que se deben tener en cuenta estas inquietudes entre los profesionales y sus organizaciones. Porque la política educativa se puede equivocar guiada muchas veces por otros intereses anejos a los formativos.

 

 

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¿CUÁL ES LA CAUSA DE LA MEJORA?

¿Qué es lo que mejor a nuestros pacientes? Sin ánimo de ser simplistas ni reduccionistas presentamos a continuación los factores que alivian parcial o totalmente a los pacientes o a cualquier persona que padece un mal, desde el más grave al más banal.

Cualquiera  que trabaje el mundo de la salud y aún cualquiera que ojee la realidad circundante con un mínimo de curiosidad puede asentir al proponerle estos elementos como participantes, en mayor o menor grado, en el alivio de nuestros males físicos y psíquicos.

TERAPIA

PLACEBO

EFECTO CUIDADOS

EFECTO INTERÉS

PROGRESIÓN NATURAL

OTROS

Como fisioterapeuta nos cuestionamos si no sobreponderamos nosotros y los demás profesionales sanitarios el efecto de todo aquello que engloba la TERAPIA, entendiendo como tal el conjunto de cuidados y tratamientos de aplicación directa por parte de todos los terapeutas (médico, enfermero, podólogo, farmacéutico, etc.). Con un ejemplo se entenderá mejor. Si en nuestra consulta hospitalaria o privada aplicamos una corriente de baja frecuencia con finalidad analgésica tenderemos a creer que cualquier disminución subjetiva y objetiva del dolor, medida con alguna escala, se ha producido fruto de la aplicación. Esta visión miope tiende a obviar que los demás factores que intervienen en el abordaje del paciente pueden jugar un papel principal o sumatorio, igual o mayor que la misma técnica. Lo mismo puede ocurrir en el caso de la aplicación de un fármaco. Y esto es más importante en aquellos parámetros subjetivos o difícilmente objetivables, como es el caso del dolor. El efecto atribuible a la técnica es mucho más medible en el caso de parámetros objetivos. Así, si pretendo conocer el efecto de otra corriente en la cicatrización de una herida la influencia del placebo o de los efectos cuidados o interés se puede descartar o considerar menores con mucha más certeza de acertar.

Un error frecuente es no considerar la PROGRESIÓN O HISTORIA NATURAL o los efectos propios de los procesos de autocuración en el resultado de una terapia. Así, la respuesta de un hematoma traumático a la aplicación de vendaje neuromuscular o  ”kinesiotaping” no puede ser estimada en su verdadera dimensión si no sabemos cual es el proceso de resolución natural de un hematoma de estas características. Podremos, llevados por un entusiasmo pueril, creer que tal técnica es maravillosa cuando, tal vez, el hematoma se habría resuelto en el mismo tiempo. O quizás, aunque la mejora con respecto a la no intervención exista (con el correspondiente sistema de medida) no compense el consumo de recursos materiales y humanos implicados en la aplicación de la técnica (eficiencia). La progresión natural es, en términos metafóricos, el doctor naturaleza cuando hablamos de resolución positiva de un proceso. O en términos más clásicos la vis naturae medicatrix, es decir, el poder de autocuración propio del organismo ante un agresión. En general, el desconocimiento de la progresión natural nos lleva a errores. En primer lugar, desechar un tratamiento por ineficaz cuando no es verosímil que pueda interferir en un proceso, aunque sí en otros de naturaleza distinta. En segundo lugar, atribuir beneficios a una terapia cuando su curso hubiera sido el mismo en ausencia de la misma. Por ello es de gran importancia el conocimiento de la fisiopatología y el establecimiento de pronósticos previos a la intervención. Ejemplo meridiano es el recurrente de la gripe común. Hágase lo que se haga su duración va a ser la misma, independientemente del tratamiento sintomático, solamente eficaz en cuanto tal.

El EFECTO CUIDADOS es el que se puede atribuir al hecho de que el paciente se sienta atendido. No es lo mismo que el efecto placebo,  pues implica el conjunto de atenciones (aplicación de pruebas, comodidad, simpatía, medios materiales y humanos disponibles, etc.) y no a la terapia en sí misma. Este efecto es más importante en el caso de las profesiones terapeuta dependientes como es el caso de la fisioterapia, y más aún en su vertiente de terapia manual. Un ejemplo accesible a cualquiera es el del niño que se golpea y llora. La sola atención calma, en muchas ocasiones inmediatamente, el llanto. Está demostrado que aquellos pacientes que se sienten mejor atendidos sanan más y ven disminuidos sus síntomas. De todas formas, es algo que vemos en la práctica habitualmente y muchas empresas del sector sanitario se encargan de potenciar este efecto.

El EFECTO PLACEBO es el producido por un tratamiento, sustancia o no, supuestamente inerte, pero también el producido sin que se conozca el mecanismo de tal efecto (de mejoría o alivio). Es decir, es el efecto “directo” de una intervención sin que conozcamos la forma en que se produce (sugestión o mecanismo no descubierto). En el mundo de la fisioterapia es prácticamente imposible la aplicación de un placebo cuando hablamos de terapia manual. Cualquier contacto con el paciente produce un efecto que, aún desconociendo su mecanismo, puede ser considerado como activo. Por tanto, el hecho de tocar al paciente intentando simular un tratamiento pero pretendiendo que no lo sea anula los beneficios del placebo como herramienta para conocer la eficacia de una técnica, siempre que la enfrentemos a la no intervención. No ocurre lo mismo con la magnetoterapia o la ultrasonoterapia cuando se enfrenta su aplicación real con la aplicación placebo, pues todo es igual excepto la emisión del aparato. Sin embargo, cuando estamos tratando a un paciente el efecto placebo puede ser muy útil, sumatorio o en unicidad. Todos lo usamos en combinación con el efecto cuidados.

Por último, el EFECTO INTERÉS se refiere a la intencionalidad, la voluntariedad del paciente en ser parte activa en su proceso de recuperación. Si el paciente quiere curarse, si está dispuesto a poner de su parte, tiene muchos puntos ganados. Esto es más importante en el caso de terapias con participación del sujeto, que son muchas en fisioterapia. La implicación, la responsabilidad en la recuperación de sustitución de rodilla, por ejemplo,  puede cambiar radicalmente el pronóstico, siempre que la cirugía y las condiciones propias del paciente acompañen.

En definitiva, tratamos de dejar claro que los terapeutas, particularmente los fisioterapeutas a quienes nos dirigimos, traten de identificar todos los factores que curan o alivian en cada paciente o cliente. De conseguirlo no nos atribuiremos lo que no nos corresponde, conoceremos mejor las herramientas que nos llevan al éxito y no seremos embaucados por supuestas terapéuticas espectaculares.

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