2020

Hacer resúmenes, balances, valoraciones de final de año es tan habitual que no es nuestro estilo. O tal vez lo fue y hoy no nos sentimos impelidos a hacerlo. Precisamente un año en el que las consideraciones generales se pueden alargar o concretarse en un simple “el 2021 lo tiene fácil”. A pesar de ello, tenemos algunos apuntes.

A 2020 le quedan pocos días. Un año con número redondo, bonito, presuntamente olímpico. Y nos salió rana. Desde sus inicios, perdido en algún noticiario, se escucharon atisbos de lo que venía. No le hacíamos caso o le quitábamos importancia, ¡como para dar vueltas a un asunto que los expertos consideraban asuntillo! E, inopinadamente, algunos empezaron a alarmarse, que aquello no era un catarro ni una gripe pejiguera.

La tensión se acrecentaba, o eso creemos recordar de un relato que ahora nos resulta difícil de reconstruir, y seguro que completamos con creencias reconfiguradas o con aquello de “se veía venir”. Nosotros estábamos dedicando parte de nuestro trabajo como fisioterapeuta en la planta a la UCI, una UCI menor de 10  o 12 camas en un hospital mediano de una urbe media del sur de Madrid. Por eso creímos oportuno sumarnos a ella en los trabajos de posicionamiento de los pacientes, con otros compañeros, el ahora famoso “prono”. Hemos difundido es esta bitácora lo acaecido aquellos primeros meses en nuestro hospital, nuestra experiencia necesariamente sesgada por nuestros prejuicios y nuestra visión parcial y limitada. También en Twitter, donde no parábamos de escribir aquello de #hayquEstar, en alusión a la pertinencia de la presencia del fisioterapeuta en aquel momento, pero más a la necesidad de que el fisioterapeuta sea un miembro habitual del equipo de las UCI.

Han ido pasando los meses, nos trajeron el descanso veraniego, el retroceso vírico para recobrar fuerza en su retorno, los vaivenes de los datos, las diatribas políticas, los ensayos clínicos con vacunas, los antivacunas, la vuelta al “cole”, el desastre económico y  los acuerdos y desacuerdos entre Administraciones…Y los finados, y sus familias, y los dramas tras ellos. Y la soledad y el desasosiego de nuestros pacientes.

Los aplausos a los sanitarios languidecieron. Vinieron bien pero lo importante es que se revalorizó su labor. Se recordaba, a regañadientes  para algunos, la necesidad de un sistema sanitario con músculo. Vimos que sólo con un respaldo público decidido se puede afrontar una debacle como esta pandemia en la que el lucro no tiene mucho margen. Eso sí, muchos han hecho el agosto, y esto nos ha hecho pensar que las mascarillas o vacunas no deben dejarse al capricho del mercado.

En todo este proceso nos hemos dado cuenta de que para ser político no hace falta tener talento (esta frase se la escuchamos a Merlí, un ficticio profesor de Filosofía,…¡ay, la Filosofía!, siempre tan necesaria); de que hay frases molonas como “de esta salimos más fuertes” que son brindis al sol pero quedan bien; que confiar en la responsabilidad de la población, incluidos nosotros, es una ingenuidad digna de una colleja; que hace falta dedicar esfuerzos a la investigación como hábito, no como un espasmo interesado; ídem para la prevención; que hay que valorar a muchos profesionales, no sólo a los sanitarios; que la solidaridad, la empatía, la comprensión están en la mayoría de nosotros y que deberíamos dejarlas aflorar sin necesidad de una pandemia. Luego también hemos aprendido cosas como los tipos de mascarilla, qué es un EPI, diferenciar antígenos de anticuerpos o dónde está Wuhan.

Permita, lector que ha llegado hasta aquí, el tono inhabitual de esta entrada. Las vivencias y emociones encontradas, su recuerdo y breve recolección nos han guiado. Con orgullo, sin falsa modestia, hemos participado en el acompañamiento de muchos pacientes, hemos tenido circunstancias personales a veces difíciles, y continuamos inmersos, como tantos sanitarios, en un proceso demasiado largo. Esto no ha acabado. Cada día que pasamos en el tajo pensamos si el bicho nos acecha, cada día anhelamos la normalidad prepandémica, pero también deseamos que las cosas buenas que nos ha traído permanezcan. Quizá en unos meses leamos esto y nos sonriamos. Mientras, buen tránsito al nuevo año, y mejor 2021, lo tiene fácil.

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