El (decepcionante) debate sobre el futuro del libro (I)

¿Por qué la reflexión sobre el futuro del libro no remonta el vuelo y parece siempre demasiado apegada a los intereses terrenales de quienes participan en el supuesto debate?

En la feria profesional del libro,Liber, que se celebró entre el 27 y el 29 de septiembre, se celebró en encuentro en torno al “Futuro del libro”: la discusión que se entabló enfrentó a dos bandos, los tecnófobos, representados por los editores más tradicionales y conservadores, y los tecnófilos, movimiento abanderado por Google Book Search y Springer Verlag.

Los primeros, enfrantados al poder demoníaco de Google Book Search, esgrimieron los mismos argumentos de siempre: es intolerable la amenaza que la digitalización representa para el libro; los derechos de autor no se respetan; los canales tradicionales de comercialización y venta se verían en peligro; los términos jurídicos del contrato que Google hace firmar pérfidamente a los editores esconden ilegalidades. Nada de eso, en realidad, es cierto: la digitalización promueve la difusión masiva y la preservación del patrimonio escrito; los derechos de autor pueden ser perfectamente preservados en el medio digital gracias a las tecnologías de seguimiento (DOI) o de limitaciones al uso y difusión que ya existen; las nuevas licencias creadas para el entorno web, Creative Commons, nos permiten como autores, eso sí, determinar cuál es el uso que permitimos de nuestra obra; los canales tradicionales tendrán que cambiar, eso es cierto, pero no sólo porque el empuje de Google, sino porque su modelo de negocio es obsoleto -una masa inasumible de novedades, clientes escasos, etc.-. El último de los argumentos, el de la ilegalidad de alguno de los términos del contrato, puede que sea cierta, pero nadie, a día de hoy, ni tan siquiera en ese foro, sacó a relucir cuáles podrían ser y cuál era su contenido específico. En cualquier caso, supongo que la Public Library of New York, la Bodleian Library y la Universidad de Harvard tendrán un equipo de asesores jurídicos que les habrían prevenido si hubieran encontrado el más mínimo impedimento legal para proceder a la digitalización de sus fondos.

Para centrar este debate y para intentar hablar en serio sobre el futuro del libro (el motivo principal de este Blog), deberíamos, en primer lugar, prescindir del nombre de Google -la tecnología ya existe y otro cualquiera la utilizará, sea cual sea su denominación- y, en segundo lugar, desvelar, poner al descubierto, cuáles son los intereses corporativos inconfesables de los editores -piensan, sobre todo, que Google se convertirá en el gran editor planetario que acabará con cada uno de sus sellos-.

El debate en estas páginas no ha hecho más que comenzar, y está abierto a vuestra participación.

Materiales para reflexionar

1. El futuro del libro, Joaquín Mª Aguirre

2. Blog sobre El futuro del libro. José Antonio Millán

3. Ebooks:  neither E, nor Books. Cory Doctorow.

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Comentarios

No hay duda que los editores de generaciones anteriores son románticos y pretecnológicos y apesar de haber asimilado el uso del ordenador como herramienta muy útil para la realización de su labor no han podido comprender el espíritu de la sociedad de la hiperinformación. Por lo tanto, al igual que sucedió con los copistas frente a la imprenta, es comprensible las posturas recelosas ante la digitalización de sus preciados tesoros. Es probable que el debate sobre el futuro del libro le corresponda hacerlo a los nuevos editores, más cercanos al funcionamiento de internet y de su nuevo adalid: Google.

Hay algo que los editores parecen no debatir o no llegar a comprender, obcecados con el miedo a la digitalización: internet es un globo de aire caliente que se nutre de la venta de acciones, pues aún no sabe generar dinero de manera autónoma. Todo se basa en el público potencial que es capaz de observar un producto. Ahora mismo experimentamos, de nuevo, el auge de las .com pero como sucedió hace 6 años el Nasdaq puede hacer crash (siguiendo los ciclos naturales de la bolsa) y todo el contenido digitalizado puede terminar guardado en un servidor desconectado.

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