Replantear la librería

En un artículo recientemente publicado en The Bookseller, la revista profesional más importante del Reino Unido, se atreve a decirlo claramente a través de la columna de uno de sus colaboradores, Eoin Purcell, Publishers are being out-Googled: si los libreros no se replantean su trabajo y sus objetivos haciendo uso de las nuevas tecnologías, vendrán otros (ya han venido) que lo harán por ellos.

En artículos anteriores, como Los libreros en la tormenta o por qué se equivocan de enemigo, he intentado llamar la atención sobre el anquilosamiento tecnológico del gremio de los libreros, en comparación, sobre todo, con lo que Google Book Search y Amazon están proponiendo: una miríada de servicios al lector que van desde la identificaciónn de su IP y, por tanto, de su perfil como lector, de sus hábitos de compra y lectura, para realizar sugerencias atinadas y casi siempre acertadas; la agregación de comentarios de los lectores a cada uno de los libros, valor añadido que los exploradores reticentes siempre agradecemos, potencial club de lectores que intercambia sus gustos y opiniones; la implementación de herramientas que permiten el hojeo y la cata preliminares y que, además, bucean en el archipiélago de enlaces que llevan al título consultado (como mostré en el “Tractatus Logicus-Digitalicus“); la distribución diurna o nocturna, con diferentes tarifas que permiten ahorrar si el usuario se suma grauitamente a determinadas opciones…

LibraryThing

Pero el catálogo de servicios no concluye ahí y otras páginas compiten, también, en abundancia de recursos: LibraryThing, ya disponible en español, es uno de los mayores clubes de lectura del mundo, congregación de ávidos lectores dispersos por el mundo que comparten sus gustos mediante posts y comentarios.

CreateSpace, la empresa creada por Amazon a raíz del éxito de Lulu.com, permite a cualquier creador de contenidos, sean del género que sean, colgar sus obras en la red y comercializarlas y distribuirlas masivamente a través de su plataforma, haciendo potencialmente realidad el sueño de muchos literatos insatisfechos. Los hermanos del santísimo libro, intercambiadores más o menos furtivos u organizados de sus pertenencias, no encuentran respaldo ni apoyo en las librerías, que podrían convertirse, por qué no, en lugares reservados para propiciar su encuentro.

En fin. La retahíla de utilidades y servicios que la red ofrece es innumerable, y si los libreros no toman la firme determinación de progresar en el mismo sentido, cabalgando la ola de las nuevas tecnologías y la revolución digital, otros vendrán que lo hagan.

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