La reinvención de las prácticas editoriales

En una reciente discusión, Tim O’Reilly, el fundador de la editorial que lleva su nombre, se preguntaba si debíamos entender la Wikipedia como la obra fruto del esfuerzo de un pequeño grupo de editores o bibliotecarios, comprometidos con el desarrollo del proyecto, o de la infinidad de pequeñas adiciones que una cantidad innumerable de autores realizan esporádicamente. Para O’Reilly esta pregunta, y la respuesta que podamos darle, resulta crucial para el futuro de la edición, para la reinvención de las prácticas editoriales.


Wikipedia es, qué duda cabe, el esfuerzo de una pequeña comunidad de excelentes editores que, coordinados, se responsabilizan del acertado devenir de la enciclopedia. Wikipedia es también, incontrovertiblemente, la suma de las contribuciones de miles o decenas de miles de personas que añaden contenidos de toda índole a ese inabarcable recipiente online. De hecho, las nuevas herramientas de visualización, como la Wikipediavision, que permite asistir casi en directo a la agregación de contenidos y saber desde qué lugar del mundo se está realizando, resalta ese carácter a la vez individual y colectivo de tal empresa.



“Esta es la razón por la que los editores deben estudiar lo que Wikipedia hace (y YouTube, y Google): todas ellas muestras nuevas maneras de publicar. En su esencia, implican nuevas maneras de crear, sí, pero más profundamente, implican nuevas maneras de mediación [así traduzco curation]. Wikipedia crea un contexto dentro del cual los autores pueden ejercitar sus capacidades, mostrando su conocimiento y su pasión. Sí, alienta la creación colaborativa, y eso es bueno. Pero la estructura fundamental de Wikipedia fue desarrollado por un pequeño equipo, un pequeño grupo que realiza el trabajo de edición que hace que la enciclopedia sobreviva”.



Ni siquiera en el esfuerzo más aparentemente anónimo y cooperativo, como el de la Wikipedia, cabe pensarlo sin la intervención mediadora de los editores, jugando ahora un papel al mismo tiempo antiguo y nuevo, manteniendo sus funciones de mediador cualificado en la selección de contenidos y en la puesta esmerada en página y reinventando sus funciones y sus prácticas mediante el buen uso de las nuevas tecnologías. Y eso es una buena noticia. “Una gran parte de lo que sucede en la red -dice O’Reilly, que algo debe saber de todo esto-, es la reinvención de las prácticas editoriales, no mediante la creación de una alternativa, sino mediante su recreación y reforzamiento, mostrando a los editores qué es lo más importante de lo que hacen, y cómo redescubrir sus competencias fundamentales en este nuevo medio”.

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