{"id":125875,"date":"2011-11-04T10:42:17","date_gmt":"2011-11-04T09:42:17","guid":{"rendered":"http:\/\/www.madrimasd.org\/blogs\/imagen_cine_comunicacion_audiovisual\/?p=125875"},"modified":"2011-11-04T10:43:47","modified_gmt":"2011-11-04T09:43:47","slug":"el-silencio-antes-de-bach-2007-pere-portabella","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.madrimasd.org\/blogs\/imagen_cine_comunicacion_audiovisual\/2011\/11\/04\/125875","title":{"rendered":"El silencio antes de Bach (2007) Pere Portabella"},"content":{"rendered":"<p>Rese\u00f1a escrita por Paula Fern\u00e1ndez:<\/p>\n<p>(Est\u00e1 cr\u00edtica DESVELA PARTE DE LA TRAMA, las opiniones pertenecen a la autora del trabajo)<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Silencio. Un piano teclea unas notas con dedos invisibles, transparentes como la fuerza que lo empuja hacia nosotros.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>En la pel\u00edcula de Portabella, nos deslizamos por un pasillo un poco menos barroco que el de Resnais. Se nos antoja infinito. El piano camina con nosotros en un largo travelling, en el que gira sobre s\u00ed mismo, en una aparente irracionalidad limitada por la melod\u00eda casi matem\u00e1tica de sus teclas, retratadas con marcas en un papel en blanco. Este sentimiento de controlada demencia \u00a0corre paralelo a los metros de celuloide que tenemos en nuestras manos, ya que parece un todo aparentemente desordenado, y sin sentido alguno, siendo realmente un entramado de historias paralelas a la vida y m\u00fasica de Bach. El contraste entre la frialdad de la construcci\u00f3n de un piano, su infraestructura, y el sentimiento de una melod\u00eda, una composici\u00f3n que se eleva desde las teclas, hasta nosotros, es una constante en la pel\u00edcula. Las notas que se escriben de forma casi autom\u00e1tica en una partitura, adquieren cierto grado de humanidad cuando se tocan, y as\u00ed, lo aparatoso de llevar un piano en un cami\u00f3n de mercanc\u00edas, armar una gr\u00faa para colocarlo en una casa, alcanza todo su sentido vital al ser finalmente transformado en m\u00fasica. Parece algo as\u00ed como un tr\u00e1mite en el que los medios y el fin son igualmente valorados.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Un se\u00f1or albino y ciego, acompa\u00f1ado por un perro lazarillo, avanza por el pasillo que acabamos de ver. Se dispone a afinar un piano, con toda la destreza que sus manos pueden sentir. Y una vez m\u00e1s, en lo poco que llevamos de cinta nos damos cuenta del prop\u00f3sito, si acaso podemos decirlo as\u00ed. C\u00f3mo la m\u00fasica, pese al entramado de cuerdas, y herramientas, y listones de madera, realmente se siente, es totalmente org\u00e1nica. Y es \u00e9l, el se\u00f1or ciego, quien nos lo transmite, con el simple hecho de afinar el piano de o\u00eddo.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Los personajes. Las historias paralelas cuyo nexo de uni\u00f3n es Mozart y su m\u00fasica de piano, se tejen cuidadosamente.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Por un lado nos presenta al camionero que traslada pianos, con la compa\u00f1\u00eda de su, podemos llamar, aprendiz, quien por cierto, toca una pieza cl\u00e1sica en la arm\u00f3nica. De la misma forma que los coches adelantan continuamente en velocidad al cami\u00f3n, nosotros pasamos de un carril a otro, de una historia a otra, con la misma rapidez.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Y pasamos a la historia de Bach, o lo que Portabella nos quiere contar, el verdadero (\u00bfrealmente verdadero?), interpretando el preludio en La Menor BWV 543, en el \u00f3rgano, tras planos extensos de la iglesia en la que se encuentra: la Iglesia de Santo Tom\u00e1s, en Leipzig. A su vez, podemos ver una alusi\u00f3n a la entrega de las <em>Variaciones Goldberg<\/em>, obra para teclado compuesta por \u00e9l mismo. Que, por cierto, esta partitura y su historia, ser\u00e1 explicada en voz en off por una gu\u00eda que emite un barco tur\u00edstico en direcci\u00f3n a Pillnitz.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Seguimos la rutina de una ma\u00f1ana cualquiera de un anciano. Aparentemente todo normal, hasta que se pone ropas un poco estrafalarias, y una peluca de Luis XV. Es un gu\u00eda tur\u00edstico de Leipzig, que explica vida y obra de Bach en primera persona, construyendo su alter ego en el compositor alem\u00e1n, y mostrando a los turistas todo aquel lugar que de una u otra forma estuvo relacionado con \u00e9l. Creo que podemos intuir un gui\u00f1o a Godard si es que la imaginaci\u00f3n no me traiciona, y sus eternos caf\u00e9s, cuando el hombre se dispone a colocarse la peluca blanca, y durante unos momentos nos da la espalda en el plano, mientras conversa con el camarero.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Las palabras en alem\u00e1n se van entretejiendo a medida que pasamos de una historia a otra, de la misma forma que cambiamos nuestra manera de desplazarnos por ellas. Hemos estado en un barco tur\u00edstico hace unos instantes, pues acto seguido, nos metemos por entre la oscuridad tubular de un metro cualquiera, con sus luces a los laterales persigui\u00e9ndose en una carrera sin fin, a lo 2046. Y entonces les vemos a ellos. En un travelling complicad\u00edsimo, a lo largo del cual no dej\u00e9 de preguntarme c\u00f3mo lo hab\u00eda logrado, un mont\u00f3n de chicos y chicas tocan el violonchelo en el metro. El preludio de la Primera Suite para violonchelo solo. Y se vuelven a mezclar la frialdad del bajo tierra de una ciudad cualquiera, con la m\u00fasica que se pega al tren, vac\u00edo. No hay parada, salvo para la catarsis. El metro, como la composici\u00f3n, llega a su fin, y todos ellos se van, escaleras arriba, otra vez al mundo que les guarda todav\u00eda 53 d\u00edas de invierno.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>La silueta de una chica, desnuda, est\u00e1 de pie al lado de la ducha. Ella simboliza las curvas naturales de un violonchelo. Ella es la m\u00fasica bajo el agua. Y ella es la m\u00fasica para \u00e9l, que la espera con el caf\u00e9 reci\u00e9n hecho en la cocina, pese a que no cruzan palabras.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>El camionero toca el fagot en un motel de carretera, mientras fuera llueve como pocas veces. Como la lluvia, cae un piano al mar, simbolizando la muerte de los m\u00fasicos jud\u00edos durante la Segunda Guerra Mundial. Y poco a poco se siguen hilando los personajes, cada vez con m\u00e1s relaciones entre s\u00ed. Unidos por la m\u00fasica, la misma que integra de repente al camionero que toca una pieza en un piano de la tienda con un mont\u00f3n de ni\u00f1os que le siguen al comp\u00e1s.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>As\u00ed, parece rematarse las conexiones entre ellos al final de la pel\u00edcula. Ella, la joven que sal\u00eda de la ducha, pasa a formar parte de los privilegiados estudiantes que residen en la Escuela de Santo Tom\u00e1s. Una generaci\u00f3n fresca que pasa a formar parte de alg\u00fan modo de la vida y obra de Bach. Y as\u00ed, el resto de personajes. Bach parece albergar muchas vidas, muchas historias. Todas ellas hiladas con las notas de sus composiciones. Parece estar presente en cada min\u00fascula an\u00e9cdota.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Un extenso plano que nos aleja muy lentamente de un piano autosuficiente que plasma notas en un papel en blanco, y una vista al detalle y con muchos cortes de los tubos de un \u00f3rgano, da paso a los cr\u00e9ditos que est\u00e1n en silencio. El silencio antes de Bach.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Paula Fern\u00e1ndez, noviembre 2011.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Rese\u00f1a escrita por Paula Fern\u00e1ndez: (Est\u00e1 cr\u00edtica DESVELA PARTE DE LA TRAMA, las opiniones pertenecen a la autora del trabajo) &nbsp; Silencio. Un piano teclea unas notas con dedos invisibles, transparentes como la fuerza que lo empuja hacia nosotros. &nbsp; En la pel\u00edcula de Portabella, nos deslizamos por un pasillo un poco menos barroco que el de Resnais. Se nos antoja infinito. 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