{"id":1316,"date":"2013-04-03T00:22:20","date_gmt":"2013-04-02T23:22:20","guid":{"rendered":"http:\/\/www.madrimasd.org\/blogs\/virusemergentes\/?p=1316"},"modified":"2013-04-10T18:34:19","modified_gmt":"2013-04-10T17:34:19","slug":"alejandro-magno-y-el-virus-west-nile","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.madrimasd.org\/blogs\/virusemergentes\/2013\/04\/03\/1316\/","title":{"rendered":"Alejandro Magno y el virus West Nile"},"content":{"rendered":"<p>En 2003, en pleno apogeo de una grave epidemia de<strong>\u00a0<\/strong><strong>fiebre\/encefalitis por virus West Nile<\/strong><strong>\u00a0<\/strong>(*)<strong>\u00a0<\/strong>en<strong>\u00a0<\/strong>los<strong>\u00a0<\/strong><strong>Estados Unidos<\/strong>, con notable \u00a0repercusi\u00f3n en los medios,\u00a0<strong>John S. Marr<\/strong>\u00a0y\u00a0<strong>Charles H. Calisher<\/strong> publicaron un art\u00edculo titulado \u00ab<a title=\"Alexandred The Great and West Nile virus\" href=\"http:\/\/wwwnc.cdc.gov\/eid\/article\/9\/12\/pdfs\/03-0288.pdf\" target=\"_blank\"><strong>Alexander the Great and West Nile virus encephalitis<\/strong><\/a>\u00bb (1) en la influyente revista \u00ab<em><strong>Emerging Infectious Diseases<\/strong><\/em>\u00bb del no menos prestigioso\u00a0<strong>CDC<\/strong>\u00a0(Centro de Prevenci\u00f3n y Control de Enfermedades) de los EE.UU.<\/p>\n<p>En este art\u00edculo, los autores se preguntan:\u00a0<em><strong>\u00bfEs posible que Alejandro Magno muriera de una infecci\u00f3n aguda por virus West Nile?\u00a0<\/strong><\/em>La pregunta ha quedado de alguna forma fijada como una verdad demostrada, cuando no es as\u00ed en absoluto. Vamos a analizar qu\u00e9 hay de verdad y qu\u00e9 no en la ya famosa atribuci\u00f3n de la muerte de Alejandro Magno al virus West Nile, aunque les adelanto que dudo que al final de este\u00a0<em>post<\/em>\u00a0vayamos a saber m\u00e1s de la causa de la muerte de tan insigne personaje.<\/p>\n<p>\u00bfHe dicho insigne? Me he quedado corto. La figura de Alejandro a\u00fan refulge en la Historia como el m\u00e1s grande conquistador de la Antig\u00fcedad. Sus haza\u00f1as seguir\u00e1n impresionando a las generaciones venideras como lo han hecho a lo largo de los siglos. La peripecia de Alejandro sigue siendo un tema enormemente atractivo. Y si a esto le unimos un virus de nombre ex\u00f3tico, que lleg\u00f3 del otro lado del Oc\u00e9ano y se extiende r\u00e1pidamente causando graves quebrantos, y cuyo nombre evoca al legendario rio <strong>Nilo<\/strong>, donde, por cierto, se ubic\u00f3 la ciudad de <strong>Alejandr\u00eda<\/strong>, fundada por el famoso h\u00e9roe de la Antig\u00fcedad, y en la que fue enterrado&#8230;\u00bfque tenemos? Pues un art\u00edculo fant\u00e1stico, que tiene asegurada la atenci\u00f3n del p\u00fablico tanto erudito como lego.<\/p>\n<p><strong>Alejandro Magno<\/strong> muri\u00f3 en <strong>Babilonia<\/strong> en el a\u00f1o <strong>323 a. C.<\/strong>, a la edad de <strong>32 a\u00f1os<\/strong>. En casos como este, la suerte es que hay cr\u00f3nicas que recogen el evento. <strong>Plutarco<\/strong> (50-120 d. C.) dej\u00f3 escrito en su obra \u201c<strong>Vidas paralelas<\/strong>\u201d un relato de la vida y muerte de Alejandro, basado en los \u00ab<strong>Diarios Reales de Alejandro<\/strong>\u00ab.\u00a0 La muerte le sobrevino el 10 de mayo del 323 a. C tras padecer una <strong>enfermedad febril durante 2 semanas<\/strong>. Acababa de regresar a Babilonia despu\u00e9s de un largo viaje\u00a0 de conquista por el subcontinente indio.\u00a0 Veamos lo que Plutarco dice en su relato:<\/p>\n<blockquote><p><em><sub>LXXV\u2026habi\u00e9ndose ba\u00f1ado ya, como lo ten\u00eda de costumbre, para irse a acostar, a petici\u00f3n de Medio march\u00f3 a su casa a continuar la cena, y habiendo pasado all\u00ed en beber el d\u00eda siguiente, empez\u00f3 a sentirse con calentura, no al apurar el vaso de Heracles, ni d\u00e1ndole repentinamente un gran dolor en los lomos, como si lo hubieran pasado con una lanza: porque \u00e9stas son circunstancias que creyeron algunos deber a\u00f1adir, inventando este desenlace tr\u00e1gico y pat\u00e9tico, como si fuera el de un verdadero drama. Aristobulo dice sencillamente que le dio una fiebre ardiente con delirio, y que teniendo una gran sed bebi\u00f3 vino, de lo que le result\u00f3 ponerse fren\u00e9tico y morir en el d\u00eda 30 del mes Desio.<\/sub><\/em><\/p>\n<p><em><sub>LXXVI En el diario se hallan as\u00ed descritos los tr\u00e1mites de la enfermedad: En el d\u00eda 18 del mes Desio se acost\u00f3 en el cuarto del ba\u00f1o por estar con calentura. Al d\u00eda siguiente, despu\u00e9s de haberse ba\u00f1ado, se traslad\u00f3 a su c\u00e1mara, y lo pas\u00f3 jugando a las tablas con Medio. Ba\u00f1\u00f3se a la tarde otra vez, sacrific\u00f3 a los dioses, y habiendo cenado tuvo de nuevo calentura aquella noche. El 20 se ba\u00f1\u00f3 e hizo tambi\u00e9n el acostumbrado sacrificio, y habi\u00e9ndose acostado en la habitaci\u00f3n del ba\u00f1o, se dedic\u00f3 a o\u00edr a Nearco la relaci\u00f3n que le hizo de su navegaci\u00f3n y del grande Oc\u00e9ano. El 21 ejecut\u00f3 lo mismo que el anterior, y, habi\u00e9ndose enardecido m\u00e1s, pas\u00f3 mala noche, y al d\u00eda siguiente fue violenta la calentura. Traslad\u00f3sele a la gran pieza del nadadero, donde se puso en cama, y trat\u00f3 con los generales acerca del mando de los regimientos vacantes, para que los proveyeran, haciendo cuidadosa elecci\u00f3n. El 24, habi\u00e9ndose arreciado m\u00e1s la fiebre, hizo sacrificio, llevado al efecto al altar, y de los generales y caudillos mand\u00f3 que los principales se quedaran en su c\u00e1mara, y que los comandantes y capitanes durmieran a la parte de afuera. Llev\u00f3sele al traspalacio, donde el 25 durmi\u00f3 alg\u00fan rato, pero la fiebre no se remiti\u00f3. Entraron los generales, y estuvo aquel d\u00eda sin habla, y tambi\u00e9n el 26; de cuyas resultas les pareci\u00f3 a los Macedonios que hab\u00eda muerto, y dirigi\u00e9ndose al palacio gritaban y hac\u00edan amenazas a los m\u00e1s favorecidos de Alejandro, hasta que al fin les obligaron a abrirles las puertas, y, abiertas que les fueron, llegaron de uno en uno en ropilla hasta la cama. En aquel mismo d\u00eda, Pit\u00f3n y Seleuco, enviados a consultar a Serapis, le preguntaron si llevar\u00edan all\u00ed a Alejandro; el dios les respondi\u00f3 que lo dejaran donde estaba, y el 28 por la tarde muri\u00f3\u201d.<\/sub><\/em><\/p><\/blockquote>\n<p>Eso es todo lo que sabemos sobre su enfermedad y las circunstancias que la rodearon. \u00bfC\u00f3mo puede ser que a partir de ah\u00ed se haya llegado a concluir que el causante de esa fiebre fue el virus West Nile? De hecho, ejercicios de <strong>retrodiagn\u00f3stico<\/strong> previos al de Marr y Calisher no concluyen tal cosa. Se ha sugerido desde el\u00a0<strong>envenenamiento<\/strong> (poco compatible con fiebre alta sostenida 2 semanas) hasta diversas infecciones como <strong>malaria<\/strong> (posiblemente com\u00fan en Babilonia del s IV a. C., como actualmente es end\u00e9mica en Iraq). Marr y Calisher descartan malaria, pues al parecer no hay en este caso evidencia de la \u201ct\u00edpica curva de fiebre por <em>P. falciparum\u201d<\/em>. Otras patolog\u00edas infecciosas estimadas como posibles causas de la muerte de Alejandro incluyen la <strong>fiebre tifoidea, parasitosis (cercarias), leptospirosis o amebiasis<\/strong>. Los autores del art\u00edculo las descartan una a una al echar en falta signos cl\u00ednicos t\u00edpicos que no son reflejados por los cronistas. A decir verdad, ni las cr\u00f3nicas ni el historiador Plutarco se detienen demasiado en la enfermedad ni en los s\u00edntomas.<\/p>\n<p>Entremos en el ejercicio de Marr y Calisher: \u00a0descubren un detalle en el texto de Plutarco en el cual, al parecer, nadie hab\u00eda reparado antes (seguramente ni el televisivo <strong>Dr. House<\/strong>\u00a0lo hubiera hecho mejor). Dice as\u00ed:<\/p>\n<blockquote><p><em><sub>LXXIII. Cuando se acercaba a Babilonia, Nearco, que hab\u00eda vuelto al \u00c9ufrates por el gran mar, dijo que le hab\u00edan hablado algunos Caldeos inst\u00e1ndole para que Alejandro no entrara en Babilonia; pero \u00e9ste no hizo caso, sino que continu\u00f3 su marcha, y cuando ya tocaba a las murallas <span style=\"text-decoration: underline;\">vio muchos cuervos que peleaban y se her\u00edan unos a otros, de los cuales algunos cayeron donde estaba<\/span>. H\u00edzosele enseguida denuncia contra Apolodoro, gobernador de Babilonia, de que hab\u00eda hecho sacrificio acerca del mismo Alejandro, de resultas de lo cual envi\u00f3 a llamar al agorero Pit\u00e1goras; como \u00e9ste no negase el hecho, le pregunt\u00f3 sobre la disposici\u00f3n de las v\u00edctimas. D\u00edjole que al h\u00edgado <span style=\"text-decoration: underline;\">le faltaba el l\u00f3bulo<\/span>, sobre lo que exclam\u00f3 Alejandro: \u201c\u00a1Ay, ay! Esta es terrible se\u00f1al\u201d.<\/sub><\/em><\/p><\/blockquote>\n<p>Es de sobra conocida la importancia que daban los antiguos a las <strong>aves como portadoras de designios<\/strong>. Los <strong><em>augures<\/em> <\/strong>eran los encargados de interpretar esos designios, ya fuera observando el comportamiento o escrutando las v\u00edsceras. Este oficio nos ha dejado palabras tan curiosas como <strong><em>augurio<\/em><\/strong> (proyecci\u00f3n sobre el futuro), <strong><em>agorero<\/em><\/strong> (persona que no cesa de anunciar males futuros) y <strong><em>ag\u00fcero<\/em><\/strong> (en general, \u201cmal ag\u00fcero\u201d, mal designio, a\u00fan asociado a las aves negras, en particular los cuervos y grajos).\u00a0 Por esta raz\u00f3n no es extra\u00f1o que los contempor\u00e1neos de Alejandro se fijaran en las aves e interpretaran su presencia, comportamiento, anomal\u00edas, etc\u00a0 como un aviso de sucesos por venir. Hay que explicar que <strong>las aves son los hospedadores vertebrados naturales para el virus West Nile<\/strong> (ver post anterior: <a href=\"https:\/\/www.madrimasd.org\/blogs\/virusemergentes\/2012\/10\/el-avance-de-los-flavivirus-emergentes-y-reemergentes\/\" target=\"_blank\">enlace<\/a>). Tambi\u00e9n hay que decir que entre las aves, los <strong>cuervos<\/strong> tienen mayor relevancia en este caso, pues algunas especies de \u00e9stos, en particular los <strong>cuervos americanos<\/strong>, son muy susceptibles a la enfermedad causada por infecci\u00f3n con virus West Nile, que es a menudo mortal en ellos. Durante la epidemia por virus West Nile en EE.UU., que alcanz\u00f3 m\u00e1ximos en los a\u00f1os <strong>2002-03<\/strong> (el art\u00edculo de Marr y Calisher es de 2003) era muy com\u00fan encontrar cuervos y otras aves muertas en zonas con circulaci\u00f3n activa del virus (de hecho, las mortalidades de aves se utilizaron como un \u00fatil sistema de vigilancia, pues preced\u00edan en varias semanas a la aparici\u00f3n de casos humanos). As\u00ed pues, cuando Calisher y Marr leyeron el p\u00e1rrafo de Plutarco mencionando a los cuervos, su extra\u00f1o comportamiento (\u201cse peleaban entre ellos\u201d) y sobre todo, su muerte, no pudieron dejar de relacionar todo aquello con lo que se estaba produciendo a su alrededor: mortalidades masivas de cuervos causadas por un virus del Viejo Mundo, end\u00e9mico en <strong>Oriente Medio<\/strong> desde al menos los a\u00f1os \u2019<strong>50 del s. XX<\/strong>, y que (\u00bfpor que no?)\u00a0podr\u00eda\u00a0llevar siglos circulando entre el <strong>Tigris y el Eufrates<\/strong>. De todo ello, los autores del art\u00edculo concluyen que <strong>es muy probable que Alejandro Magno falleciera a causa de una infecci\u00f3n aguda por virus West<\/strong> <strong>Nile.<\/strong><\/p>\n<p>A este art\u00edculo, que \u00a0como se ve, le falta cierto sustento, que los autores no niegan, le siguieron una serie de <strong>cartas de respuesta<\/strong>\u00a0que fueron publicadas unos meses despu\u00e9s en la misma revista\u00a0(2-4). Fundamentalmente tratan de explorar la <strong>hip\u00f3tesis de la\u00a0infecci\u00f3n por virus West Nile como causa de muerte de Alejandro Magno<\/strong>\u00a0desde puntos de vista muy diversos, poniendo de manifiesto desde la <strong>imperfecci\u00f3n de las traducciones \u00a0de las obras griegas y latinas cl\u00e1sicas<\/strong> que describen la muerte de Alejandro, hasta la <strong>falta de consistencia de lo descrito con los verdaderos signos cl\u00ednicos de la fiebre por virus West Nile<\/strong> o con la <strong>\u00e9poca del a\u00f1o en que ocurre el deceso<\/strong>, finales de mayo (los casos de esta enfermedad suelen ocurrir durante el verano), pasando por la <strong>excesiva presencia de p\u00e1jaros en los textos de Plutarco<\/strong>, o la \u00a0<strong>escasez de informaci\u00f3n cl\u00ednica disponible<\/strong>, que deja <strong>un campo muy abierto a la especulaci\u00f3n<\/strong>.<\/p>\n<p>Pero una de estas cartas (firmada por <strong>Galli, Bermini y Zehender<\/strong>) expone un argumento que para mi es inapelable: <em><strong>\u00a1El virus West Nile a\u00fan no exist\u00eda en el a\u00f1o 323 a. C.!<\/strong><\/em>\u00a0 Seg\u00fan los autores italianos, verdaderos especialistas en evoluci\u00f3n de virus, y empleando un an\u00e1lisis (muy b\u00e1sico, por cierto (**)) de estimaci\u00f3n del <strong>tiempo de divergencia entre los distintos flavivirus<\/strong> (basado en comparaci\u00f3n \u00a0de secuencias nucleot\u00eddicas y estudios filogeogr\u00e1ficos), el <strong>virus West Nile<\/strong> no habr\u00eda aparecido en la evoluci\u00f3n de los <strong>flavivirus<\/strong> (el g\u00e9nero al que pertenece) hasta hace unos <strong>1043-1274 a\u00f1os<\/strong>, es decir, entre los a\u00f1os <strong>729 y 961 d. C.<\/strong> Cuando muri\u00f3 Alejandro quedaban a\u00fan, seg\u00fan este estudio, entre 11 y 13 siglos para que apareciera el <strong>primer ancestro de todos los virus West Nile<\/strong> que actualmente conocemos, y que son gen\u00e9ticamente heterog\u00e9neos, abarcando hasta <strong>8 linajes gen\u00e9ticos<\/strong> distintos. Estos linajes siguen evolucionando hoy d\u00eda, y cuando haya transcurrido suficiente tiempo su evoluci\u00f3n dar\u00e1 lugar a otros tantos virus que alg\u00fan d\u00eda ya no podr\u00e1n llamarse West Nile por ser suficientemente distintos, divergentes y singulares, y habr\u00e1 que ponerles otro nombre, como corresponde a cada nueva especie de virus que se identifica.<\/p>\n<p>En conclusi\u00f3n, <strong>los virus evolucionan muy r\u00e1pido,<\/strong> tanto que las inferencias que hacemos sobre las enfermedades v\u00edricas\u00a0que aquejaron a nuestros antepasados,\u00a0bas\u00e1ndonos en lo que conocemos de las actuales, pueden ser err\u00f3neas. Seguramente en la Babilonia del siglo IV a. C. pudo circular un flavivirus ancestral con caracter\u00edsticas y efectos similares al actual virus West Nile, y pudo ser ese virus ancestral, quiz\u00e1, el que acab\u00f3 con Alejandro Magno. Pero \u00bfpodemos afirmar que ese virus es el mismo que el actual virus West Nile?<\/p>\n<h4><\/h4>\n<p><strong style=\"color: #993300; font-size: 1em; line-height: 19px;\">Referencias<\/strong><\/p>\n<p>1. Marr, J.S. y Calisher, C.H. Alexander the Great andWest NileVirus Encephalitis Emerg Infect Dis. 2003 December; 9(12): 1599\u20131603. doi: 10.3201\/eid0912.030288<\/p>\n<p>2. Cunha, B.A. Alexander the Great andWest NileVirus Encephalitis. \u00a0Emerg Infect Dis. 2004 July; 10(7): 1328\u20131333. doi: 10.3201\/eid1007.040039<\/p>\n<p>3. Galli M, Bernini F, Zehender G. Alexander the Great and West Nile virus encephalitis. Emerg Infect Dis. 2004 Jul;10(7):1330-2; author reply 1332-3.<\/p>\n<p>4. Oldach D, Benitez RM, Mackowiak PA. Alexander the Great andWest Nilevirus encephalitis. Emerg Infect Dis. 2004 Jul;10(7):1329-30; author reply 1332-3.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<h4><span style=\"color: #993300;\">NOTAS:<\/span><\/h4>\n<p>(*) A veces se traduce err\u00f3neamente este nombre por virus \u00abNilo Occidental\u00bb u \u00abOeste del Nilo\u00bb.<\/p>\n<p>(**) Esencialmente, los datos de filogeograf\u00eda y los c\u00e1lculos sobre la divergencia gen\u00e9tica de los distintos aislados del virus West Nile obtenidos por Galli et al en este estudio, que puede considerarse preliminar, han sido confirmados por estudios posteriores m\u00e1s completos (ver May et al (2011). J Virol 85:2964-74: y Zehender et al (2011)\u00a0Inf Genet Evol 11 (2011) 646\u2013653).<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>En 2003, en pleno apogeo de una grave epidemia de\u00a0fiebre\/encefalitis por virus West Nile\u00a0(*)\u00a0en\u00a0los\u00a0Estados Unidos, con notable \u00a0repercusi\u00f3n en los medios,\u00a0John S. Marr\u00a0y\u00a0Charles H. Calisher publicaron un art\u00edculo titulado \u00abAlexander the Great and West Nile virus encephalitis\u00bb (1) en la influyente revista \u00abEmerging Infectious Diseases\u00bb del no menos prestigioso\u00a0CDC\u00a0(Centro de Prevenci\u00f3n y Control de Enfermedades) de los EE.UU. En este art\u00edculo, los autores se preguntan:\u00a0\u00bfEs posible que Alejandro Magno muriera de una infecci\u00f3n aguda por virus West Nile?\u00a0La pregunta ha quedado de alguna forma fijada como una verdad demostrada, cuando no es as\u00ed en absoluto. 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