El libro de Kierkegaard. Estudios en el segundo centenario de su nacimiento (1813-2013).

AUTOR  | Edición de Carabante, José María y Lastra, Antonio. Nexofía. Libros electrónicos de La Torre del Virrey, l'Eliana, 2013. 236 páginas.

UNA HISTORIA DE LA FILOSOFÍA PROPIAMENTE FILOSÓFICA
Reseña realizada por Víctor Páramo Valero
Licenciado en Filosofía
Universidad de Valencia

La historia de la filosofía parece expresarse antes en el lenguaje de la historia que en el de la filosofía. Este fenómeno tiene, aparentemente, su explicación en el hecho de que lo que se pone en juego en la explicación histórica de la filosofía es el curso histórico de esa filosofía y no su contenido mismo. Es decir, se enfatiza la condición temporal del contenido filosófico. Esa condición, con la perspectiva de la historia de la filosofía, no es simplemente una dimensión del saber filosófico, sino su esencia. El saber filosófico, como cualquier otro, es histórico. La filosofía, según esta visión, tiene como esencia la pura facticidad del darse del presente que la historia recoge como hecho pasado. Pero la historia es una elaboración del presente y no el hecho mismo pasado. Para reconstruir el interior de los hechos del pasado filosófico se requeriría una historia de la filosofía más filosófica que histórica.

El historiador debe ser, en consecuencia, un pensador crítico. Sobre todo cuando es historiador de la filosofía. La historia no es una elaboración basada sólo en los hechos del pasado; es también, en tanto que ciencia, un discurso que elabora proyecciones del presente en el pasado, con lo cual el método pretendidamente descriptivo se viene abajo en historia en el momento mismo en que intenta elaborar leyes a partir del estudio de los hechos. La historia (Histoire) no puede predecirse precisamente porque la historia (Geschichte) es, en tanto que ciencia humana, una interpretación presente del pasado. El método de la historia no puede ser el de la física o la química. No hay leyes con validez universal en el ámbito de la historia. Por esta razón, aunque se subraye la condición histórica del conocimiento filosófico al estudiárselo desde esa misma ciencia, es erróneo pensar que dicho conocimiento se reduce a su puro darse como hecho. La producción del conocimiento científico no es simplemente un acontecimiento pasado, presente y futuro, un acontecimiento constante. La historia, y por ello también la historia de la filosofía, depende de la imaginación. En efecto, la imaginación histórica es la que da sentido al pasado en el presente. Sin esa proyección hacia el pasado desde el presente imaginativo no hay historia. Con lo cual el pasado también resulta condicionado por la imaginación, ya que se lo piensa desde un presente que abre el camino hacia los supuestos hechos del pasado.

Los hechos jamás pueden ser perpetrados en la historia como disciplina científica. Forman parte exclusivamente de la historia como dimensión temporal de la realidad humana en todas sus expresiones (cultural, social, moral, política, religiosa, económica, artística). El intento mismo de otorgar relevancia a la historia desde la historia de la filosofía y no a la filosofía misma carece de sentido, porque, como hemos dicho, reduce los hechos a su puro darse y los sustituye por un contenido que debería ser el protagonista de la historia. Es por ello que resulta completamente acertado presentar la historia de la filosofía a través de la filosofía y no de la historia misma. De este modo se salvan las fallas fundamentales de la historia con respecto a la filosofía. La filosofía, para presentarse históricamente, debe manifestarse por sí misma y no ser meramente representada por datos históricos. Y su manifestación sólo tiene lugar cuando es ella misma la que se presenta y no la historia. Es la filosofía la que debe presentar-se históricamente. No es la historia la que debe re-presentar a la filosofía. De ahí que un tratamiento histórico de la filosofía exija mucho más de la filosofía que de la historia.

Únicamente la filosofía puede presentar históricamente a un filósofo como Sören Kierkegaard (1813-1855). No es solo que la perspectiva histórica deba ser filosófica, sino que toda historia de la filosofía debe hablar en el lenguaje de la filosofía, si es que quiere hacer patente al pensamiento del autor en cuestión. ¿Quién mejor que un filósofo para presentar históricamente a otro filósofo? No se trata simplemente que de que quien lleve a cabo la descripción histórica del pensamiento de un filósofo sea también filósofo o estudioso de la filosofía, sino de que en la presentación misma de un filósofo hable otro (u otros) filósofo(s) . Solo a través del filosofar se abre paso el pensar histórico-filosófico. Solo en la interlocución e interpelación de un filósofo hacia otro en el texto mismo se hace manifiesto el pensamiento de este último. Solo haciendo hablar en el texto histórico-filosófico a un filósofo significativo en la obra de otro puede hacerse hablar a este último. Esto y no otra cosa es lo que encontramos en El libro de Kierkegaard, obra en la que los autores han realizado una pequeña historia de la filosofía en la que hablan distintos filósofos con un único filósofo. Los filósofos a los que se dedica cada capítulo de la obra hablan todos ellos con Kierkegaard. Solo así se crea una historia de la filosofía propiamente filosófica.

A nuestro juicio, éste es un modo de hacer una historia filosófica de la filosofía en dos direcciones, ambas mediadas por el diálogo que hay entre los filósofos allí reunidos. La primera, teniendo como trasfondo la imagen de un solo filósofo, presenta a otro pequeño grupo de filósofos que ocupan todos ellos un lugar significativo en la historia de la filosofía. La segunda, presenta la obra y pensamiento de un filósofo teniendo como trasfondo la imagen de aquel pequeño grupo de filósofos.

Kierkegaard, filósofo y teólogo protestante danés, es considerado el padre de una corriente filosófica desarrollada durante la primera década del siglo XX: el existencialismo. Aunque el marco de presupuestos religiosos de Kierkegaard es ineludible para comprender su filosofía, Heidegger y Sartre retomaron el planteamiento del autor danés desprendiéndose del significado que poseía en el conjunto de su obra. Otros pensadores, como Blaise Pascal -de quien se dice que fue también una fuente de inspiración de Heidegger- constituye una premonición de esa forma de pensar que se encuentra entre los hitos de la historia de la filosofía.

El libro de Kierkegaard ha sido elaborado con motivo del segundo centenario del nacimiento del pensador danés. Se ha publicado en una editorial que, a pesar de ser joven y no tener el soporte económico del que disponen otras, ha logrado dar difusión a aportaciones importantes en el ámbito de los estudios culturales.

Los editores del libro conocen en profundidad el pensamiento de Kierkegaard. Proceden, respectivamente, de las ramas de filosofía del derecho (M. A. Carabante) y de la filosofía política (A. Lastra). El trabajo resulta de interés para todos aquellos interesados en la filosofía de Kierkegaard y en la historia de la filosofía, ya que presenta, como hemos subrayado, su obra desde el punto de vista de su relación con otros filósofos.

Cada filósofo escogido para estudiarlo conjuntamente con Kierkegaard constituye -según los editores- a su vez un nombre con el que prolongar la ironía socrática que él hizo suya. "El libro de Kierkegaard -señalan- trata de ser un libro kierkegaardiano en algunos aspectos esenciales y una actualización de su pensamiento tras la desaparición del existencialismo". En este caso, no son exclusivamente filósofos los que forman esa pequeña historia de la filosofía. Puede cuestionarse la importancia histórico-filosófica de algunos de los autores escogidos, pero es innegable el notable lugar que ocuparon en la formación del pensamiento de Kierkegaard o la influencia que han recibido de él: Abraham, Sócrates, Pascal, Lessing, Mozart, Thoreau, Unamuno, Benjamin, Adorno, Peterson, Löwith, Sartre, Steiner, Dreyer y Tarkovski.

Enlace al libro: www.latorredelvirrey.org/nxs/wp-content/uploads/2013/10/el-libro-de-kierkegaard.pdf

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