Los riesgos naturales.

AUTOR  | Llorente Isidro, Miguel. Ediciones Los libros de la Catarata. Madrid, 2015. 128 páginas.

UN TEXTO AMENO Y DISTRAÍDO, A LA VEZ QUE RIGUROSO, QUE CONSIGUE TRANSMITIR EMOCIÓN POR EL CONOCIMIENTO
Reseña realizada por María Jesús Perles Roselló
Departamento de Geografía
Universidad de Málaga

Pocos temas generan en el público no científico tanta atracción como el de los riesgos naturales. Las catástrofes tienen una dimensión colosal que las han hecho centro de los relatos humanos míticos desde tiempos ancestrales, protagonistas del imaginario colectivo de culturas y sociedades distantes.

La capacidad de asombrar, a la par que la de asustar, convierten a los eventos extremos de la naturaleza en argumento literario en estado puro, quizás el único argumento que ha conservado la capacidad de estremecer al ser humano desde las tradiciones orales de las primeras culturas hasta la actualidad, cuando estos sucesos siguen siendo motivo destacado de atención periodística, e inspiración de novelas y guiones cinematográficos.

Y es esta dimensión espectacular de los riesgos naturales un recurso de comunicación muy efectista y efectivo que el que M. Llorente no duda en utilizar, junto al rigor científico, para mantener la tensión argumental a lo largo del texto. En el libro Riesgos naturales se recrea conscientemente la vertiente apocalíptica de los sucesos extremos, la grandiosidad de su poder devastador, como vía para concienciar al lector, para activar y mantener su actitud de alerta. "Voy a intentar meterte el miedo en las entrañas contándote como la naturaleza puede chafar tus planes, sean cuales fueran, estés donde estés, lo sepas o lo desconozcas" (p. 18). Un resumen drástico, directo y contundente de los postulados de la Sociedad del Riesgo de Beck, Giddens o Luhman. Efectivamente, en la sociedad post-moderna ni la clase social, ni el dinero, ni la nacionalidad, ni ninguno de los garantes con los que la humanidad ha ido construyendo su propia protección a lo largo de la historia, aseguran al individuo el permanecer ajeno al riesgo.

Sin embargo, frente al despliegue desbordante de movilización de materia y energía de la naturaleza, frente a lo inconmensurable, a lo divino, también en los relatos míticos aparece un héroe, un Noé que mediante una actitud preventiva, discreta pero perseverante, se enfrenta a lo inescrutable, a lo inevitable para convertirse en el salvador, el mitigador de la situación dramática. Y es éste, precisamente, el motor que inspira a M. Llorente a redactar su texto: recordar al ser humano que tiene la capacidad de adelantarse al futuro para orientar sus hechos, y que tiene, además, la responsabilidad de hacerlo, el deber de ser un héroe. El instrumento con el que el héroe cuenta, sin embargo, es muy poderoso: la ciencia, el conocimiento, la aplicación del actualismo. "La naturaleza es un libro abierto para todo el que quiera acercarse a leerlo... De ti depende que quieras aprender del pasado para vivir en un futuro mejor, o prefieras vivir en la ignorancia" (p.19).

Desde este punto de partida, el texto elaborado por Llorente posee, en esencia, una estructura de contenidos clásica de los manuales de estudio de los riesgos naturales, en los que habitualmente se desarrollan unos capítulos introductorios dedicados a la conceptuación de las principales nociones vinculadas al riesgo, para pasar posteriormente a centrarse en las características de los principales peligros naturales. Esta estructura de manual clásico, sin embargo, no marca el espíritu del libro como un tratado de propósito académico; desde las primeras páginas la redacción se ha dotado de un tono próximo y ameno que denota la voluntad expresa del autor por colaborar a la divulgación de la materia en foros no necesariamente especializados. Es este el sello de identidad, igualmente, de otros textos de la colección Libros de la Catarata.

Tras un breve prólogo en el que se anima al lector a revisar otros títulos de la colección, se desarrolla una introducción en la que, a través de ejemplos y símiles cotidianos, se define la noción de riesgo, y se explica la diferencia entre este concepto y su sentido potencial, orientado a la indagación en el suceso futuro, y la noción de catástrofe, como evento sucedido. A lo largo de diversos epígrafes, el autor va desgranando los diversos componentes del riesgo, y las relaciones que estos componentes presentan en la ecuación general del riesgo. Caracteriza, por ejemplo, la variedad de posibles elementos expuestos frente al peligro. Aborda, igualmente, el concepto de daño, para reflexionar sobre su sentido relativo y su significado dispar dependiendo del contexto político, económico y social de cada momento histórico. A la par, en el texto se reflexiona sobre las dificultades existentes para expresar el daño en términos cuantitativos: ¿cómo abordar la estimación de casos tan diferenciados como las pérdidas económicas, junto a las personales o patrimoniales? ¿Cómo evaluar los daños indirectos? La vulnerabilidad es planteada como el conjunto de factores que condicionan la relación entre el suceso extremo y el daño que el elemento expuesto recibe; también es tratado el concepto de resiliencia y su papel en el resultado final del impacto. La introducción finaliza con ejemplos y aclaraciones sobre el significado de la aceptabilidad, la magnitud, la intensidad y la frecuencia, y con un apartado que aborda las distintas posibilidades de clasificaciones de los peligros naturales. El autor propone una clasificación propia fundamentada en los contextos de ocurrencia del peligro como alternativa a los tradicionales criterios genéticos de clasificación. Esta clasificación es la que será utilizada para estructurar los restantes capítulos del libro, en el que se describen y caracterizan las particularidades de los peligros geológicos e hidrológicos (capítulo 1), los meteorológicos o climatológicos (capítulo 2), y, con menor desarrollo, los peligros biológicos y los cósmicos o planetarios (capítulos 3 y 4, respectivamente).

El texto está escrito en un lenguaje didáctico y accesible que facilita la comprensión de los conceptos. Son comunes las preguntas retóricas, los símiles, los ejemplos cotidianos que aclaran posibles dudas. La narración, fresca y expresiva, está jalonada de anécdotas personales y curiosidades, por lo que el lector cree asistir a una explicación en directo sobre la materia, en la que el autor se dirige a nosotros, nos tutea y hace bromas. Es fácil dejarse trasladar a los escenarios que describe con precisión envolvente, y percibir las sensaciones descritas (ruidos, cromatismo, temperatura...), e incluso las emociones asociadas (asombro, tensión, expectación, miedo). Es fácil, en definitiva, dejarse contagiar por el entusiasmo, el apasionamiento con el que Llorente nos introduce en el mundo de los riesgos naturales. En suma, un texto ameno y distraído, a la vez que riguroso, que consigue la no siempre fácil tarea de transmitir emoción por el conocimiento.

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