La mirada de Medusa.

AUTOR  | Pelayo, Francisco. Editorial Catarata-CSIC. Madrid, 2015. 127 páginas.

UNA ILUSTRADA Y MUY BIEN ESCRITA HISTORIA DE LA IDENTIFICACIÓN DE LOS FÓSILES HUMANOS Y DE LOS INTENTOS DE EXPLICAR SU FORMACIÓN
Reseña realizada por Jesús I. Catalá Gorgues
Profesor agregado de Historia de la Ciencia
Universidad CEU Cardenal Herrera

Pocos aspectos del desarrollo de la ciencia en los últimos cuatro siglos han resultado tan polémicos y apasionados como aquellos que conciernen al origen y antigüedad de la especie humana. Si el intenso antropocentrismo que caracteriza la tradición cultural occidental es, en algunas de sus vertientes, sensatamente repudiado en nuestros días, en la cuestión concreta a que hemos aludido es perfectamente lógico y hasta deseable. La obra que aquí comentamos se ocupa de la historia de la identificación de los fósiles humanos y de los intentos de explicar su formación. El autor, investigador científico del CSIC en su Instituto de Historia, es sin duda el mayor especialista en nuestro país sobre la cuestión, a la que ha dedicado numerosas publicaciones y proyectos. En este librito, breve, concentrado y muy esclarecedor, ha plasmado su esfuerzo por ofrecer un enfoque divulgativo sobre un tema que, efectivamente, sigue mereciendo la atención del gran público en cuanto a sus resultados contemporáneos, pero que es con frecuencia mal entendido en su dimensión histórica.

Pelayo ha organizado el volumen en cinco capítulos, más una introducción y un epílogo. A partir del antiguo mito sobre el poder petrificante que tenía la mirada de la más terrible de las gorgonas, el autor salta a la época, el siglo XVII, en que los fósiles empiezan a ser objeto amplio de colección y estudio, incorporados a esa cultura de la curiosidad que define la aproximación a la diversidad natural en los albores de la Modernidad. Otros tipos de preservación de restos biológicos, como los cadáveres hallados en minas y cavernas, las supuestas estatuas de sal de seres humanos y animales -eco de otro viejo mito, el de la mujer de Lot- o las pretendidas petrificaciones de pueblos y ciudades en diversos lugares del mundo, son repasados en los dos primeros capítulos para poner al lector en conexión con un marco cultural extraordinariamente sugestivo, que desde una visión sesgada por nuestro conocimiento podrá parecer fútil e ingenuo, pero que en realidad pone de relieve un esfuerzo interpretativo de gran alcance a propósito de la condición humana. Siempre en esa frontera entre ciencia y creencia, que tan altaneramente creemos ser capaces de deslindar en todo momento pero que en realidad constituye un ecotono intelectual de gran complejidad, hallaremos en el capítulo tercero la historia de los huesos de supuestos gigantes; al respecto, destacarán las aportaciones de autores españoles entre los siglos XVI y XVIII, estimuladas en no escasa medida por la experiencia naturalista americana, con perspectivas variadas y a veces muy críticas con las creencias tradicionales; un debate que rendirá su fruto más acabado en la formidable obra de José Torrubia (1698-1761), de gran influencia en el ulterior desarrollo de la ciencia de los fósiles.

El siglo XVIII será, de hecho, el punto de partida de las grandes polémicas sobre la existencia de fósiles humanos, a las cuales se dedica el capítulo cuarto. La descripción por el suizo Johann Jakob Scheuchzer (1672-1733) de un supuesto 'hombre testigo del Diluvio' a partir de unos restos procedentes de una localidad a orillas del lago de Constanza, representa el inicio de las mismas, que envolverán al tiempo un vivo debate sobre los modos y mecanismos de fosilización. Ya en el siglo XIX, demostrada por Cuvier la filiación batracia del fósil de Scheuchzer, se acumularán poco a poco las evidencias en torno al hombre fósil. En ese 'teatro de los cráneos' del que se ocupa el capítulo quinto se discutirá, además del carácter humano, la propia consideración de fósil; en paralelo, la propia filiación de nuestra especie y la inquietante posibilidad de nuestro parentesco con el resto de vivientes. El descubrimiento de restos incontrovertiblemente humanos en una caverna del valle de Neander, allá por 1856, y la publicación unos años después de las primeras obras específicamente dedicadas a interpretar la condición humana en perspectiva evolucionista, marcarán el desarrollo de la moderna paleontología humana. Pero esta es una historia que ya no desarrolla Pelayo en este libro, enfocado, como hemos glosado, en los debates anteriores a la obra de Darwin.

Contenidamente ilustrada y muy bien escrita, La mirada de Medusa es en sí misma un ejercicio de retrospección que no solo colma la curiosidad histórica, sino que logra estimular reflexiones provechosas sobre cuestiones que muchas veces damos por sentadas con excesiva complacencia. Ya hemos aludido a la difícil demarcación entre ciencia y creencia, y rápidamente podríamos transitar hacia el papel de las creencias en el estímulo de la ciencia. Y estaría presente también la crítica sobre los modos según los cuales la ciencia avanza, y las claves discursivas de la condición moderna, y las demarcaciones respecto a lo humano. Esta es la gran virtud, a nuestro juicio, del libro de Pelayo; aparentemente simple, indudablemente inteligible, y muy divertido en su selección de casos y anécdotas, ofrece sin embargo amplios horizontes para la profundización; si se quiere, miradas más profundas que la de la mortal Medusa.

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