Fecha
Autor
Carmen Rodríguez Guerrero; Santiago Aragón

Manuel María José de Galdo López de Neira (1825-1895)

En la lectura que hoy en día se puede hacer de la trayectoria vital de Galdo hay un hecho especialmente relevante: el de haber sido un firme defensor de la instrucción pública y, además, haber sabido apuntalar sus ideas con un decidido apoyo a la inclusión de la enseñanza de las ciencias naturales en la educación secundaria, tarea que materializó en la redacción del primer manual docente en la materia escrito en castellano.

En la lectura que hoy en día se puede hacer de la trayectoria vital de Galdo hay un hecho especialmente relevante: el de haber sido un firme defensor de la instrucción pública y, además, haber sabido apuntalar sus ideas con un decidido apoyo a la inclusión de la enseñanza de las ciencias naturales en la educación secundaria, tarea que materializó en la redacción del primer manual docente en la materia escrito en castellano.

Manuel María José de Galdo López de Neira nace y muere en Madrid, ciudad a la que estuvo íntimamente ligado. Protagonista indiscutible del Madrid decimonónico, Galdo era doctor en Ciencias y licenciado en Leyes y en Medicina y Cirugía.

De su omnipresencia en la vida de la ciudad dan buena fe unos versos publicados en El Madrid Cómico:



A Galdo veo en la plaza,
él en todo mete baza,
y hasta cuando tomo caldo,
me voy a encontrar con Galdo.

Personaje polifacético, además de catedrático de Historia Natural fue alcalde de la capital (en 1869-70), senador del Reino por el Partido Progresista (durante los años 1872-73, 1879, 1880-81 y 1885-86), vocal del Consejo Superior de Sanidad y consejero de Instrucción Pública y del Monte de Piedad y Caja de Ahorros de Madrid, ocupaciones principales a las que sumaba responsabilidades puntuales como representante del gobierno español, ya fuera en la inauguración del canal de Suez o en la exposición universal de París, celebrada en 1877.

Fue socio fundador del Ateneo madrileño y de la Sociedad Antropológica de España, miembro de la Sociedad Geográfica de Francia y corresponsal de las Academias de Ciencias Médicas, Físicas y Naturales de La Habana y Lisboa. Un perfil tan fecundo no pasó desapercibido en una época proclive al reconocimiento público. Sus méritos le hicieron merecedor de numerosas condecoraciones, entre las que destacan las de Caballero de la Real Orden de Carlos III y la Gran Medalla de Isabel la Católica.

Tras la incorporación de la Historia Natural en el programa de Segunda Enseñanza, en 1845, Galdo López de Neira desempeñó el puesto de catedrático de los dos únicos institutos madrileños de la época: el de San Isidro y el del Cardinal Cisneros, en un principio conocido como del Noviciado. En este último, Galdo detentó además la dirección del centro desde 1881 hasta su fallecimiento, el 19 de julio de 1895.

Debido a lo novedoso de la disciplina, a las dificultades asociadas a su docencia y, sobre todo, a la carencia de medios, Galdo buscó, y obtuvo, el permiso del gobierno para que las clases prácticas se impartieran temporalmente en las aulas del Museo de Ciencias Naturales, situación que se prolongó durante los cursos 1845-46 y 1846-47. Ese último año se decidió crear un gabinete de Historia Natural en cada instituto. Galdo se ocupó personalmente de instalar el del Cardenal Cisneros, obra que, tras múltiples avatares, se dio por concluida en 1855. El gabinete original se conserva prácticamente completo e inalterado y, en la actualidad, se encuentra en avanzado estado de restauración y catalogación.

Peces y aves (Gabinete de Hª Natural, IES Cardenal Cisneros)

Además de al gabinete, Galdo dedicó sus primeros años de docencia a la redacción de un manual de estudio dedicado a la Historia Natural. En 1845, la carencia de un libro de texto adecuado para la disciplina se había suplido con las traducciones hechas de diversas obras publicadas en francés. Galdo presentó su Manual de Historia Natural ante la Instrucción Pública en 1848 y el texto se utilizó hasta la muerte del autor. De él se hicieron diez ediciones que significaron 46 años de pervivencia para una obra que también se empleó en otros institutos de segunda enseñanza, como los de Ciudad Real, Segovia, Cuenca, Guadalajara, Toledo y San Isidro de Madrid, además de en las escuelas superiores de maestros de Ciudad Real y Toledo.

En un principio claramente inspirado por las obras galas aconsejadas por el gobierno, en las sucesivas ediciones del manual el autor incorpora progresivamente referencias al entorno natural español y, poco a poco, se apropia de sus fuentes. El proceso resulta especialmente evidente en las lecciones de Geología y Mineralogía, temas en los que la información general se completa con datos locales como, por ejemplo, la situación geográfica de los principales afloramientos de minerales en nuestro país. A partir de 1865 la obra se edita profusamente ilustrada con 342 grabados intercalados en el texto, esfuerzo pedagógico que se completa con la inclusión de resúmenes escritos con letra bastardilla que extractan lo esencial de cada capítulo. Algunos de los grabados parecen corresponderse con ejemplares del gabinete del Instituto Cardenal Cisneros, objetos que, en caso de ser cierta la atribución, habrían sido dibujados del natural y con el único fin de ilustrar la obra.

Galdo López de Neira dedicó sus manuales escolares a Isabel II hasta la edición de 1865. A partir de esta fecha antepuso su lucha por la libertad de cátedra y se vio implicado en la Iª Cuestión Universitaria. El detonante fue su negativa a la firma de la Exposición a la Reina, decisión que argumentó en su combate por la superioridad e independencia de la ciencia frente a los poderes políticos. Sus relaciones con la Institución Libre de Enseñanza son de sobra conocidas.

Moluscos (Gabinete de Hª Natural, IES Cardenal Cisneros)

Galdo siempre manifestó un decidido apoyo a que las mujeres cursasen estudios de secundaria, incluso universitarios. Pese a no reconocer los derechos políticos del sexo femenino, consideraba que la educación era un derecho civil. Defendió su pensamiento en el Senado y se situó entre el sector más progresista de los demócratas, en su mayor parte defensores de una formación de la mujer como madre, es decir, como reproductora física y moral y no como ser autónomo independiente del hombre. En el Diario de Sesiones del 24 de diciembre de 1881 se recoge su súplica para que se autorice la matriculación de señoritas en la Universidad y en otros centros educativos estatales. Buenas pruebas a favor de su compromiso por la causa femenina fueron los cursos de Historia Natural dispensados en el Ateneo Artístico y Literario de Señoras, o la llamada lanzada durante el I Congreso Nacional de Pedagogía en la que solicitaba la igualdad de sueldos entre maestros y maestras.

En su semblanza parlamentaria, Galdo aparece descrito como senador del partido radical y opositor al Gobierno, aunque de forma templada y sin producir tempestades. Además de su combate por la enseñanza de las ciencias y la educación de la mujer, Galdo libró otras batallas en favor de las bibliotecas públicas y de una enseñanza primaria pública y gratuita.

La ciudad de Madrid le debe parte de su identidad actual. Galdo fue responsable del nomenclátor de las calles del nuevo barrio burgués del marqués de Salamanca (Goya, Velázquez, Lista…), creador del Pósito de Santa Engracia, de la Escuela Moderna de Barceló, junto al antiguo hospicio, y de las Escuelas Aguirre, cercanas al Retiro. La villa le rinde homenaje otorgando su nombre a una de sus calles, pequeña pero céntrica, situada entre las populares vías de Preciados y del Carmen.

Más información:

Instituto de Enseñanza Media Cardenal Cisneros, 1946. I Centenario (1845-1945). Madrid: Diana.

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