“En la Comunidad de Madrid se condensa una gran parte del conocimiento que tenemos en este país sobre el sector espacial”

Entrevista a Javier Rodríguez Pacheco, catedrático de Astronomía y Astrofísica en el departamento de Física y Matemáticas de la Universidad de Alcalá

¿En qué consiste su investigación?

Mi campo de investigación dentro de la astrofísica es una rama muy particular porque estudia el sol y toda la burbuja de material y campos que emite el sol y en el que está inmerso el sistema solar, que se llama la heliosfera. Es de esas pocas ramas de la astrofísica que no observamos únicamente con telescopios, sino que también mandamos sondas y misiones espaciales para tomar muestras precisamente de eso que estamos observando.

Entonces, mi campo de investigación en concreto se refiere a las emisiones más energéticas de partículas que emite el sol, yo siempre las comparo con las que uno puede encontrar en un reactor de una central nuclear, y también al desarrollo de instrumentación que sea capaz de detectar ese tipo de partículas en el espacio.

¿De qué manera contribuye tu investigación a afrontar los desafíos de la sociedad?

En la ciencia siempre se habla de aplicabilidad y la ciencia suele ser un árbol que, después de algún tiempo, da frutos sobre la sociedad. La ciencia va por delante, luego viene el desarrollo tecnológico que arrastra consigo y después la tecnología que la gente puede palpar en su vida cotidiana.

Sin embargo, el hecho de estudiar nuestra estrella, el Sol, y en particular ese tipo de emisiones que son peligrosas, es tan importante que hay una nueva rama de la astrofísica que se conoce como meteorología espacial, y que estudia precisamente el efecto sobre la tierra, los seres vivos y la actividad tecnológica humana de un fenómeno conocido como tormentas solares. Esas tormentas solares pueden dejarnos sin satélites si no tomamos precauciones o pueden producir daños bastante devastadores, particularmente en los núcleos de las centrales eléctricas, por ejemplo, como ha ocurrido en algunos casos en regiones de Canadá y de Estados Unidos.

Además, cuando uno estudia el sol es algo genial, porque estudias una estrella y puedes aprender mucho del resto de las que hay en el universo, pero también el beneficio para la sociedad es que puedes anticiparte a cualquier emanación dañina que pueda venir del Sol y así poder tomar medidas adecuadas.

¿Cómo hacer llegar a la sociedad en trabajo de los científicos y las científicas?

Me gustaría poseer la capacidad que tienen, por ejemplo, los deportistas o gente de otras áreas de la cultura, como puede ser la literatura, el cine o la música, para llegar a la sociedad. Me gustaría dar con la clave para ello.

Quizás una de las razones es que mientras que para la música, el cine, o cualquier otra área de la cultura no necesitamos más que dejarnos llevar por nuestros sentidos o nuestras emociones, cuando uno habla de ciencia sí que requiere de un cierto esfuerzo por parte de quien escucha. Entonces, el que lo quiere transmitir debe conseguir que ese esfuerzo sea el mínimo para hacerlo comprensible. Creo que es fundamental que seamos capaces de hacer ver a la sociedad lo importante que es la ciencia, lo que estamos haciendo con el dinero público, aunque últimamente se ha podido ver cómo las ciencias médicas, las biológicas o la vulcanología pueden ser tan importantes para tener varios minutos en muchos informativos.

Mi caso de éxito, como una buena receta, tiene varios ingredientes.

Cuando empecé a trabajar en Solar Orbiter fue a finales del siglo pasado y he estado trabajando en este proyecto durante más de 20 años, que es casi media vida científica. Así que me gustaría disfrutar de la otra media dedicándola a dos cosas fundamentalmente. Una, a extraer todo el conocimiento y toda la ciencia que se pueda de los instrumentos que hemos mandado a esta misión. Y dos, a transmitirlo al público en general, y principalmente a los estudiantes, ya que soy profesor universitario y para ellos puede ser algo único el poder contar con alguien que ha estado en primera fila de la investigación espacial.

Siempre tengo predilección por dar conferencias a niños pequeños, porque en ellos veo todavía ese brillo en los ojos de la curiosidad por conocer el mundo que les rodea, e intento transmitirles ese gusanillo por la ciencia, y en concreto por la exploración espacial.

¿Qué retos se plantea en el futuro con su  investigación?

Quizás me estoy adelantando a la pregunta que viene después, cómo he llegado hasta aquí y demás. Digamos que también es debido al trabajo de nuestros antecesores dentro del grupo de investigación espacial, que trabajaron ya en un consorcio internacional, en la misión SOHO, la anterior misión solar de la Agencia Espacial Europea, pero en aquel caso lo hacían como co-investigadores, no como investigadores principales. Sin embargo, aquello sirvió para ganar confianza dentro de un grupo internacional de Estados Unidos, Finlandia, y Alemania, en el que podían contar con que los españoles hacemos bien las cosas. Y cuando llegó esta oportunidad todos dijeron “perfecto, que sea un español el que nos lidere a todos” y, no sin sacrificios, pero todo ha ido muy bien.

Pero quisiera comentar que en la anterior misión SOHO, que se lanzó en 1995 siendo yo un joven doctorando, en la universidad se había diseñado el ordenador que controlaba el instrumento. El ordenador es una unidad tan crítica que se repite. Es decir que puedes perder un sensor y pierdes esa ciencia. Pero si pierdes el ordenador que controla muchos sensores, pierdes todo, por lo cual, en lo que es la filosofía de desarrollo de instrumentación espacial, los sistemas que son críticos suelen estar repetidos. Bueno, pues en el ordenador que se mandó en el SOHO, hace 27 años, nunca ha entrado en funcionamiento la unidad repetida, la que llamamos redundante, sigue funcionando con la original y nunca ha habido un problema de quedarse colgado. Imagina tener un ordenador funcionando durante 27 años, 365 días al año, 24 horas al día y que no haya tenido nunca ningún problema. Eso te da una idea de la capacidad tecnológica que podemos llegar a desarrollar y cómo eso, tarde o temprano, va a permear en la tecnología que va a usar la sociedad.

Explíquenos su caso de éxito

Mi caso de éxito, como una buena receta, tiene varios ingredientes. Uno, fundamental, ya te lo he comentado antes, el pertenecer a un grupo que ya estaba asentado dentro de consorcios internacionales y que generaba confianza. El segundo es la valentía, el “¿por qué no?”.  A veces no sabes bien dónde te metes, pero ¿por qué no? ¿Por qué no recuperar nosotros, los españoles, capacidad de liderazgo a nivel internacional en proyectos punteros de tecnología? Siempre ha habido una especie de complejo de inferioridad tras muchos años de oscurantismo y de no estar ahí, en primera línea internacional, y yo creo que a partir de mi generación, que ahora somos cincuentones, ya nos educan con otra mentalidad. Ya acabamos la carrera y viajamos, nos relacionamos con ámbitos internacionales y no nos da miedo. No nos hicimos pequeñitos cuando tuvimos que asumir responsabilidades y eso fue fundamental. Y el tercer ingrediente es que todo esto surge en una época de muy buena bonanza económica. Estamos hablando de principios de siglo, cuando teníamos un superávit estupendo y cuando nuestras autoridades hicieron realmente una apuesta nítida y sólida por la ciencia, cosa que echo en falta desde entonces.

¿Cómo avanza Madrid cuando avanza la ciencia en Madrid?

En la Comunidad de Madrid se condensa una gran parte del conocimiento que tenemos en este país sobre el sector espacial, tanto a nivel de investigación pura y dura como industrial, en el ámbito civil y también en el militar. Es decir, hay industria, hay instituciones como el INTA, hay universidades, como puede ser la nuestra, que tienen buena reputación internacional y creo que esto debería aprovecharse más por las autoridades a nivel nacional. Se debe saber que contamos con el sector espacial puntero a nivel nacional y como uno de los que tiene mayor empuje en un contexto internacional.

Vivo al lado de Guadalajara, en Cabanillas del Campo. Si indagas un poco en la historia, en Guadalajara se hacían los vuelos en zepelines que teníamos en aquella época. En Guadalajara también se hicieron los primeros trajes que se usaban para vuelos en globos de altitud y que luego evolucionaron a los trajes que ahora vemos en los astronautas.

Es decir, si te remontas a un siglo ya hay una semilla de la investigación espacial en el corredor de Henares. No solamente Madrid aglutina al sector espacial nacional. En Barcelona, Sevilla y Valencia también existe, pero en Madrid se concentra el núcleo duro de lo que sería la investigación espacial en España.

¿Alguna cuestión que quiera añadir?

Siempre que me ponen un micrófono delante suelo decir que el ejemplo que tenemos en este caso de Solar Orbiter y de EPD es la prueba de que somos capaces de liderar consorcios internacionales, en este caso llegando a instituciones tan prestigiosas como la Universidad de Kiel en Alemania o la Johns Hopkins University en Estados Unidos, y eso demuestra que, en cuanto se nos dan los medios a los científicos e ingenieros españoles, estamos a la altura de los top que pueda haber a nivel mundial.

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