Unos investigadores reconocen un patrón inmunológico de gravedad en la infección por coronavirus

El cuadro clínico de los pacientes más graves de coronavirus encaja con un fenotipo denominado neumonía linfopénica caracterizada por un número más bajo que lo normal de linfocitos en la sangre

Un grupo de expertos ha publicado un artículo en la revista científica Journal of Infection que puede ayudar a identificar los casos más graves de la neumonía provocada por el nuevo coronavirus SARS-CoV-2 y que ofrece pistas sobre posibles tratamientos. Los primeros autores son Jesús Francisco Bermejo Martín y Raquel Almansa, científicos del Instituto de Investigación Biomédica de Salamanca (IBSAL) y del Hospital Universitario Río Hortega de Valladolid (España), quienes se ha basado en investigaciones anteriores y en los datos de los primeros pacientes de China para identificar una “pista fisiopatológica” que puede ayudar a los profesionales que están luchando contra el COVID-19 en primera línea a identificar los casos graves de esta enfermedad.

En concreto, el cuadro clínico de los pacientes más graves de coronavirus encaja con un fenotipo descrito anteriormente por el Grupo de Investigación Biomédica en Infección Respiratoria y Sepsis (Biosepsis) del IBSAL, liderado por Bermejo, a la que denominaron “neumonía linfopénica”, porque estaba caracterizada por la linfopenia, es decir, un número más bajo que lo normal de linfocitos (un tipo de glóbulos blancos) en la sangre.

Hace poco más de dos años realizaron un estudio multicéntrico en colaboración con el grupo de Toni Torres, en el Hospital Clínic de Barcelona, y de Rosario Menéndez, del Hospital La Fe de Valencia, que incluyó a casi 4.000 pacientes con neumonía comunitaria que necesitaron ser hospitalizados. “Medimos sus cifras de linfocitos y vimos que, en situación de linfopenia, los pacientes tenían un peor pronóstico”, comenta el investigador.

De hecho, estos pacientes tenían hasta dos veces más riesgo de fallecimiento a los 30 días, además de otros síntomas, como una mayor inflamación. Además, destacaban por su “desregulación inmunológica” debido a su bajo número de linfocitos B y T, lo que les hacía más vulnerables. Este hallazgo fue publicado por una destacada revista biomédica, EBioMedicine, del grupo The Lancet.

Cuando hace unas semanas comenzaron a aparecer los primeros datos sobre el coronavirus en China, Bermejo y sus colaboradores revisaron las cifras de linfocitos que correspondían a cada caso. “Empezamos a ver que los pacientes que estaban en estado crítico tenían linfopenia y otros marcadores que encajaban con la neumonía linfopénica que nosotros habíamos descrito”, afirma. Por eso, a través del artículo publicado en Journal of Infection tratan de alertar a los especialistas de que los pacientes más graves de COVID-19 tienen esta patología y, por lo tanto, un peor pronóstico, más inflamación y desregulación inmunológica.

En la actual situación de pandemia, esta información es muy relevante y tiene un doble interés, tanto científico como médico. “Volvemos a ver que se trata de un tipo particular de neumonía que nosotros ya hemos estudiado y, por lo tanto, tenemos claro que implica una mala evolución”, advierte Bermejo, que también es profesor asociado de la Facultad de Medicina de la Universidad de Valladolid (UVa) y forma parte del Centro de Investigación Biomédica en Red Enfermedades Respiratorias (CIBERES).

Además, esta patología denota la existencia de una alteración en el sistema inmune de los pacientes y, aunque no está claro el motivo, los autores del artículo ofrecen una hipótesis. Según explican, quienes sufren la forma más grave de la enfermedad suelen presentar hipertensión, diabetes y enfermedades cardiovasculares, y probablemente también tienen dañado el endotelio vascular, un tejido que recubre la zona interna de todos los vasos sanguíneos y el corazón. “Cuando alguien sufre daño endotelial puede perder linfocitos en caso de infección”, comenta el experto, ya que de alguna manera “se escapan” por esa vía.

Así, “una persona puede tener dañado el endotelio por sufrir hipertensión desde hace años. Si se infecta, los linfocitos tienen que pasar a través del endotelio para llegar al foco de infección, pero si está muy dañado, los va a perder por el camino”. Este mecanismo podría explicar por qué en los casos graves de COVID-19 se registra ese bajo número de este tipo de glóbulos blancos cuya misión es, precisamente, combatir las infecciones.

Al margen de estas explicaciones más científicas, el trabajo de los investigadores del IBSAL y del Hospital Río Hortega tiene una aplicación muy práctica: ayudar a decidir qué pacientes de coronavirus deberían ir a la UCI. “Desde el principio nos quedó claro que los niveles bajos de linfocitos pueden servir para poder estratificar la gravedad, sobre todo en una situación de saturación sanitaria como la que estamos viviendo en ciudades como Madrid”, asegura Bermejo.

Gracias a esta aportación, si llega un caso de una neumonía con linfopenia, los médicos ya saben que va a tener un mal pronóstico y que hay que vigilarlo más de cerca. La prueba de contabilizar linfocitos es sencilla y está disponible en todos los hospitales, por eso puede convertirse en uno de los marcadores que, además de asociarse al COVID-19, puede indicar que es necesario aplicar cuidados intensivos.

De hecho, también puede ayudar en la curación de los pacientes porque abre la puerta a posibles enfoques terapéuticos. “Hay que tener en cuenta que a veces el primer tratamiento importante es el propio hecho de enviarte a la UCI, porque recibir el soporte vital puede salvar la vida a un paciente”, apunta Bermejo.

Pero además, en ciertos casos, diagnosticar neumonía linfopénica puede ser clave para el enfoque terapéutico. "Hay que determinar la causa que explica los bajos niveles de linfocitos en los pacientes graves. Podría ser por muerte celular o por migración masiva a los pulmones, no se sabe", comenta. Esto es importante porque puede abrir opciones terapéuticas contrapuestas: estimular la producción de linfocitos (lo que podría servir para prevenir las infecciones secundarias) o utilizar fármacos para impedir su migración al pulmón

Por otra parte, si se confirma la hipótesis de que los linfocitos se pierden a través del endotelio, también existen fármacos que ayudan a reparar este tejido. En concreto, un medicamento ya probado en casos de sepsis (adrecizumab) podría encajar para tratar esta patología.

En definitiva, “el virus SARS-CoV-2 puede llegar a producir una neumonía linfopénica, que es el fenotipo que nosotros describimos hace dos años y creo que nuestro trabajo tiene el valor de dar pistas fisiopatológicas y pistas clínicas para ayudar a los médicos que están luchando contra la enfermedad a poder manejar mejor a los pacientes”, destaca el experto.

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