El capital intelectual está constituido por un conjunto de recursos y capacidades intangibles de diversa naturaleza con diferentes implicaciones estratégicas
 
El término capital intelectual no hace referencia a todos esos activos intangibles o invisibles, sino sólo a aquellos que crean o crearán valor para la empresa
 
Resulta relevante la clasificación del capital intelectual en cuatro bloques, según la naturaleza de los recursos y capacidades que lo componen: (1) aquél que guarde relación con los recursos intangibles o capital humano; (2) aquél que guarde relación con las capacidades funcionales o capital tecnológico; (3) aquél que guarde relación con las capacidades integradoras o capital organizativo; y (4) aquél que guarde relación con las capacidades dinámicas o capital relacional.
 
El capital humano se refiere básicamente a los conocimientos adquiridos por una persona que incrementan su productividad y el valor de su contribución a la empresa, además de otras cualidades individuales como la lealtad, polivalencia o flexibilidad
 
Nuestro planteamiento hace necesaria la identificación y tratamiento independiente, dentro del capital estructural, de sus dos componentes principales: el capital organizativo y el capital tecnológico apuntada, de alguna forma, por algunos trabajos previos
 
El capital tecnológico recogería el conjunto de capacidades necesarias para el desarrollo de las actividades funcionales básicas o esenciales desarrolladas por grupos de personas de la organización (agrupadas según la función a desempeñar) en el momento actual o las necesarias para llevar a cabo el proceso de innovación necesario que permita la renovación de las competencias funcionales en virtud de las necesidades del mercado.
 
El capital organizativo facilita la mejora en el flujo de conocimiento y trae como consecuencia una mejora en la eficacia de la organización al integrar de manera adecuada las diferentes funciones de la empresa
 
El capital relacional, entendido como el valor que tiene para una empresa el conjunto de relaciones que mantiene con el exterior, es asimilable al concepto de capacidades dinámicas, en la medida que éstas permiten una continua adaptación a las condiciones cambiantes del entorno.