Sociedad
 
       
 
  (In)cultura Científica, veinte años después 

La cultura científica no ha progresado tras 20 años desde aquella incipiente revolución de la política científica española que fue la Ley de la Ciencia. Hoy podemos observar, que en ese tiempo las esperanzas de una neta mejoría en el sistema investigador español quedaron en parte frenadas, y en algún caso incluso frustradas, mientras que sólo cabe otorgarle el suspenso más notorio al interés de los ciudadanos por el hecho científico

Manuel Toharia
Director del Museo de las Ciencias Príncipe Felipe (Valencia)
Presidente de la Asociación Española de Comunicación Científica


La Ley de la Ciencia veinte años después: ¿dónde estaban las mujeres? 

En la exposición de motivos de la Ley de la Ciencia de 1986 se hacía hincapié en la “necesidad de corregir los tradicionales males de nuestra producción científica y técnica”, así como la voluntad de terminar con el “clima de atonía y falta de estímulos sociales” de la investigación en España. Se intentaba garantizar “una política científica integral, coherente y rigurosa en sus distintos niveles de planificación, programación, ejecución y seguimiento”

Eulalia Pérez Sedeño
Directora de la Fundación Española para la Ciencia y la Tecnología


Paloma Alcalá
CEPA

La Ley de la Ciencia y la investigación militar 

La Ley de la Ciencia cumple 20 años. Su objetivo era establecer los necesarios instrumentos para definir las líneas prioritarias de actuación en materia de investigación científica y desarrollo tecnológico, programar los recursos y coordinar las actuaciones entre los sectores productivos, centros de investigación y Universidades. La finalidad es obtener del necesario incremento de recursos para la investigación la rentabilidad científico-cultural, social y económica más adecuada a nuestras exigencias y necesidades

Concepción Salinas
Dpto. Química Inorgánica. Universidad de Alicante


Miguel Ángel Molina
Fundació per la Pau

Ciencia 2.0 

Desde la Ley de la Ciencia han pasado veinte años y pocas son las cosas que aguantan sin que su grado de obsolescencia no se haga demasiado obvio. Muchos dirán, que seguimos con la escasez de recursos, la indiferencia social hacia la innovación y la ciencia, la indolencia ante la endogamia o la falta de buenos gestores. Sin embargo los contextos de entonces y ahora son tan distintos que deben modificarse las respuestas, así como la formulación misma de los problemas

Antonio Lafuente
Instituto de Historia
CSIC