Poesías



Alexander von humboldt ((1769-1859))

AUTOR  | Hans Magnus Enzensberger (Alemania)

Fuera, muy azules, al óleo, las cumbres lejanas, las palmeras,
los desnudos salvajes. En la penumbra de la frondosa cabaña
paredes colgadas de pieles y helechos gigantes. Sobre la albarda
un vistoso papagayo. Al fondo contempla el amigo una flor
bajo la lupa. Cajas de libros y orquídeas encima esparcidas.
Higos cambures sobre la mesa con los mapas e instrumentos:
brújula y horizonte, microscopio, teodolito y sextante
(espéculo de cúpreos destellos y limbo de blanco argente).
En el rayo de luz, en el centro, sentado, el insigne geodesta
en su estudio de la jungla, a orillas del Orinoco, pintado al óleo.

La Tierra Incógnita se funde como la nieve bajo su mirada.
Cubre con su red de curvas y coordenadas los últimos glaciares,
las inhóspitas cordilleras. Y mide desvíos magnéticos,
apogeos solares, salinas concentraciones, azules del cielo.
Atónitos miran los indígenas. ¡Qué gente tan extraña esta
que corre el mundo buscando hierbas y comparando sus pastos
con los pastos ajenos! Os dejáis devorar por los mosquitos
para medir unas tierras que ni siquiera son vuestras.

Forasteros, herejes, maniáticos. Mas no se inmuta el viajero
y blande su botella de Leyden como el cura el incensario.

Nacido a la luz del cometa de Messier. Galvaniza ranas. El mismo
se aplica los electrodos y emite Conjeturas sobre la excitación
de tejidos nerviosos y musculares
. Y va a la caza amazónica
de tempestades magnéticas, o persigue auroras boreales en Siberia:
en piragua, trineo y vapor, hamaca bamboleante y carroza.
Dibuja países enteros como yacimientos. Está realmente obsesionado
por los cráteres en llamas que, vulcanista y vulcanólogo, mira,
valora y manosea. Tímido y solitario, repasa en su memoria
los muchachos que le agradaron: eran la mayoría afables
y sin medios. Él les ayudó y calló. En las noches torturantes
escribía sin descanso. Notas dispersas sobre el basalto.
De los bosques de China. Inventario de corrientes marinas.
Pueblos primitivos de América y monumentos que legaron.
Lecciones de… Aportaciones a… Criterios… Aforismos…
Noticia ocasional de un mensaje en una botella. Profundidades
de las nieves perpetuas. Temperaturas en puntos distintos
de la zona tórrida al nivel del mar. Peces eléctricos varios.
Este hombre es una academia circulante
. Asciende incluso
a las capas más altas de la atmósfera, y se sumerge al fondo
del Támesis con Brunel, un excéntrico inglés, en una campana metálica.

Siempre lo he admirado, pero ahora lo venero. Sólo él sabe
transmitir las emociones del alma al entrar en contacto
con el Trópico
. Sin embargo, más tarde, tras el desayuno
Darwin se manifiesta decepcionado: es muy eufórico, pero
desbarra bastante
. Efectivamente, no se ven muy claras
las causas de su gran fama. Dormía tres o cuatro horas. Era presumido,
cándido, entusiasta y laborioso al máximo. Gran bailarín del minué
y del <<animalito>>. Levita azul, botones dorados, chaleco amarillo,
pantalones rayados, chalina blanca y viejo sombrero negro:
por su moda en el vestir, quedó estancado en el Directorio.
Fue toda una celebridad: inconcebible que un simple particular
causara tanta expectación
. Paris estaba en el linde del cambio: no se fiaba
de su propio triunfo la Nueva Clase. Y tras el Terror floreció ilusoria
la inocencia clasicista antes de irrumpir el bestial griterío de la Bolsa,
con sus fiebres, sus boom, sus crash, y la explotación,
se desencadena abierta, directa, impúdica y descarnada por toda la Tierra.

Momento claro, limpio, coherente. Una burguesía modélica y cabal
como el metro patrón, que también nuestro generoso héroe
contribuyó a fijar, recorriendo con sus trastos el meridiano
de Dunkerque a Barcelona (pagando, como siempre, de su bolsillo).

Después ganó la reacción y volvió al calvario alemán. Camarlengo,
lector, lacayo pues de la Corte de Potsdam. Se retiró a Berlín,
pequeña, huera, fementida villa. En aquel desierto sembrado
de policías pensó a menudo en el Trópico. ¿Por qué le fascinaba?
¿Por qué soportó tanto: insectos, lianas prensiles, diluvios
y la mirada hostil de los indios? No era estaño, ni el yute,
ni el caucho, ni el cobre. Era un transmisor sano e inconsciente
de gérmenes malignos, un heraldo desinteresado del pillaje, un correo
que ignoraba llevar la orden de destrucción de aquello, que amorosamente
pintó en sus Cuadros naturales hasta los noventa años.


Curvas y arcos naturales

AUTOR  | Hannes Sigfússom (Islandia)

Lanzadas sobre el páramo
sendas, trochas y veredas
como amplios lazos
que cazan verdes valles
y aguas manantiales

En sus rumbos sinuosos
pienso
que se pueden
leer las vivencias de animales desaparecidos
entre montículos y piedras
entre el dolor y el placer
Su libertad
estaba en las curvas

pienso
asombrado
en mi mundo rectangular


Meditación sobre john constable

AUTOR  | Charles Tomlimson

<<La pintura es una ciencia, y a ella se debe aspirar
como a una búsqueda de las leyes de la naturaleza.
¿Por qué, entonces, no se puede considerar la pintura
de paisaje como una rama de la filosofía natural,
de la que los cuadros no son sino experimentos?>>

(John Constable, Historia de la pintura de paisaje)

Él mismo respondió a su pregunta, y con la natural
      exactitud del arte; enriqueció sus premisas
al confirmar su práctica: la labor de la observación
      frente al hecho meteorológico. Las nubes,
unas seguidas de otras, templan el sol cuando pasan
      y se alejan. Al volver a ocultarlo las tinieblas
concentradas, surgen de ellas rayos suaves
      que se esparcen apagados, hasta que el foco
se descubre e inunda con fuego intenso
      las nubes que se marchan. Se perciben (aunque escasamente)
las nubes restantes que lo cruzan rezagadas,
      hechas jirones y disueltas en bruma.
Pero las siguientes lo van a contener. Pasan amenazantes
      y merman su fulgor, quedando reducido a una franja de luz
que es cubierta del todo, a un destello que aún se alarga
      mientras la masa se adensa, aunque no pueden excluir
su amarillo plateado. El eclipse es repentino;
      se observa primero cómo la hierba se oscurece, y luego
se completa cubriendo todo el cielo.
Los hechos. ¿Y qué son?
Él admiraba los accidentes, porque eran gobernados por leyes,
      y los representaba (puesto que la ilusión no era su fin)
gobernados por el sentimiento. El fin es nuestra aquiesencia
      libremente acordada, la ilusión que nos persuade
de que existe como imagen humana. Atrapada
      por un sol vacilante o bajo un viento
que al humedecerse entre las siluetas de la fronda
      se dispone a disolverlas, tiene que hacerse constante;
aunque allí, agitándose separados, los inquietos
      árboles dejan pasar la distancia, como niebla blanca
que ocupa sus hileras rotas. Debe persuadir
      y con constancia, para que no vuelva a disiparse
y revele lo que medio esconde. El arte es él mismo
      cuando lo aceptamos. El día cambia. Él lo habría juzgado
exactamente con esa misma claridad, que franquea
      las manchas intensas de las sombras que las nubes proyectan,
ahora suprimidas, mediante su explosión de color.
      ¿Un pintor descriptivo? Si el gozo
describe, lo cual extrae del pincel
      los errores de un espíritu, ya así mitigado,
puede renunciar a todo patetismo; pues lo que él vio
      descubrió lo que él era, y la mano -firme
ante el dictado de un solo sentido-
      encarnó el exacto y total conocimiento
en una caligrafía de placer presente. El arte
      es completo cuando es humano. Es humano
si los pigmentos entrelazados, los puntitos de luz
      que aseguran el espacio bajo sus hábiles restricciones
convencen, al ser indicado de una posible pasión
      como indicador adecuado a la vez de la pasión
y de su objeto. El artista miente
      para beneficio de la verdad. Creedle.


Las estrellas ((Autobiografía))

AUTOR  | Luis García Montero (España)

(Fragmento)

Una belleza triste,
un temor seducido,
el interrogatorio de la luz,

son las estrellas.

Y las busqué en el cielo de una caja de plata
cuando entendí que nadie
sube dos veces a la misma noche.
Pensar el firmamento
desde un rincón de la memoria
es vivir entre anillos y miradas antiguas,
o desatar los sobres que guardaron
los amantes difíciles
para soñar palabras,
como quien busca setas en el bosque
no quiere perderse,
y no llega a perderse.

Primero fue la paz del mes de junio,
más clara que cualquier razonamiento
al sentir los jazmines con la luna.
La falsa erudición
es un modo legítimo
de comprender la ley de las estrellas,
y mi padre otorgaba un nombre a las figuras,
un sentido a la red del universo.

Como desaparecen los nublados,
cesaban las verdades y las fechas
para que yo escuchase
cruzar el carro de los embelecos
movido por los bueyes
de mi sinceridad.

Sobre el rumor que entonces imponía
el verano infinito de los años sesenta
al caer en las calles
de una ciudad antigua y provinciana,
pasaron las estrellas con sus nombres de espuma,
la cola de serpiente,
las pisadas del ciego, el caballo perdido,
Marte, Saturno, Venus,
una infección de luz y soledades.

Todo estaba bien hecho:
la voz, la piel, la manta y la terraza,
incluso nuestras dudas,

esa materia nuestra que llamamos la sombra.
Porque las perfecciones son tristes, y es muy triste
la belleza del mundo,
cuando las matemáticas operan con el viento
para multiplicar la lejanía.

...

Palabras confundidas con agujeros negros,
campan años de luces apagadas,
cementerio de estrellas,
una liquidación somos nosotros.


Enigma del cero

AUTOR  | José Emilio Pacheco (México)

Alabo su plenitud. Me gusta la esfera
y sólo le reprocho su circuito cerrado.

De repente se le abre un triángulo,
llegan las fluctuaciones digitales.

Y ahora su triple triunfo, el año 2000,
nos convierte en las sombras de otro milenio.
Seres del cero, ceros a la izquierda
de sus tres lunas llenas
en que desaparecen los invisibles que por última vez
nos aferramos a su aro en el año 90.

Hoy en cambio ostentamos como aro de buey
su calificación: cero en conducta,
en contemporaneidad, en saber del mundo electrónico
que destella volando sobre tres ceros.

¿Qué es este enigma circular? ¿Dónde flotan
esa implacable luna y su sol oculto?
Astro de azogue, globo cautivo que nos tiene atados

a su dominio omnipotente en forma de O;
anillo, cerco, ruedo, círculo mágico
que ni en el infinito hallará respuesta.


Cosmogonía

AUTOR  | Jorge Luis Borges (Argentina)

Ni tiniebla ni caos. La tiniebla
Requiere ojos que ven, como el sonido
Y el silencio requieren el oído,
Y el espejo, la forma que lo puebla.
Ni el espacio ni el tiempo. Ni siquiera
Una divinidad que premedita
El silencio anterior a la primera
Noche del tiempo, que será infinita.
El gran río de Heráclito el Oscuro
Su irrevocable curso no ha emprendido,
Que del pasado fluye hacia el futuro,
Que del olvido fluye hacia el olvido.
Algo que ya padece. Algo que implora.
Después la historia universal. Ahora.


El escándalo de la biología

AUTOR  | Juan Miguel López (España)

En algo menos de cuarenta siglos
el hombre ha inventado la brújula,
ha ideado la rueda, los cohetes,
puede calcular las distancias
y es capaz de medir el tiempo
con sorprendente exactitud.
Pero sigue ignorando a dónde va
y todavía no ha llegado
a ningún sitio, desconoce
dónde se encuentra y ni siquiera sabe
qué cosa es él. Enceguecido
por un absurdo afán por remover
cenizas - cualidad que no comparte
con ninguna de las demás especies-,
lo ha revuelto todo sin descanso
desde que tiene uso de razón
(levantando una polvareda abstracta
que inhala con orgullo y vanagloria),
sin cesar en su empeño un sólo instante,
sin titubeos ni contemplaciones,
sin darse cuenta de que todo sigue
exactamente igual: él en sus trece
y el resto en su perfecta inercia.


Luna y panorama de los insectos ((Poema de amor))

AUTOR  | Federico García Lorca (España)

Fragmento

No nos salvan las solitarias en los vidrios
ni los herbolarios donde el metafísico
encuentra las otras vertientes del cielo.
Son mentira las formas. Sólo existe
el círculo de bocas del oxígeno.
Y la luna,
Pero no la luna.
Los insectos. Los muertos diminutos por las
      riberas.


Nueva teoría sobre el big bang

AUTOR  | Gioconda Belli (Nicaragua)

El Big Bang fue el orgasmo primigenio:
Orgasmo de los Dioses amándose en la nada.
Cada vez que te amo repito la génesis universal
protones y neutrones, neutrinos y fotones
saltan de mí encendidos a crear nuevos mundos
centellas y meteoros se cruzan con mis gritos
te amo mientras mis pulmones crean la Vía Láctea de nuevo
y el sol vuelve a nacer redondo y amarillo de mi boca
la luna se me suelta de los dedos
Marte, Plutón, Neptuno, Venus, Saturno y sus anillos
Las novas, super novas, los agujeros negros
anillos concéntricos de galaxias innombrables
se desgajan de mis contorsiones.
Soy Gala, soy todas las Diosas explotando.
Entre luz de centellas tu planeta de fuego
prende mis luces todas
brotan mundos cometas meteoros se hacen trizas
lluvias de estrellas danzan en el arco del éter
nace por fin la tierra sus edades de magma y cataclismos
la primera partícula de vida moviéndose en la hierba
su cilicio
y luego es el silencio
velocidad de materia que se dispersa en círculos
tus soles y mis soles se asientan en su espacio
es el frío la grandeza del tiempo
la eternidad el azul y el rojo
los sonidos, la estática
el amor insondable tu amor tierno tus manos en mi frente
las campanas a lo lejos bing bang bing bang bing bang
bing bang
Big Bang.


Noticia del caos

AUTOR  | Rafael Guillén (España)

      Como una inundación, como el reflujo
de una lenta marea
en retirada, que amontona restos
de destrucción, una ciudad, un vértigo,
esparce por el caos sus chabolas,
sus comercios, sus bancos, sus rugientes
avenidas, eleva
como velas deshechas
entre la tempestad, sus rascacielos.

      El universo es equilibrio. El caos
está en el hombre. Nace de sus actos,
de su tumultuoso
vivir, del desconcierto
de su amor, de su afán desesperado.
El hombre, al agotarse,
produce el caos, que es el otro extremo
de lo inmutable; que es, al cabo, un signo
de vejez, una arruga en el espacio
donde, serena, gira la materia.

      Rebulle la ciudad entre los quietos
canales del Chao Phraya. Las cloacas
respiran por las calles. Como perro
guardián, un nauseabundo
olor defiende la lujosa entrada
de los hoteles. Un fragor continuo
de camionetas y tuk-tuk profana
dorados templos y pagodas, cruza
el bullicio de los abigarrados
mercadillos, se mezcla con el humo
de los carritos de comida, invade
los jardines, se eleva
hasta el cartel gigante que empavesa
un edificio en construcción. A un tiempo,
en torno a una casita
de los espíritus, los rituales
borneos de las danzarinas tejen
la evocación de una armonía antigua
que se perdió entre lotos y entre orquídeas.

      El caos en un peso inamovible.
Se atropella la multitud, llenando
como plomo fundido los resquicios
que le dejó el cemento y la chatarra.
Gritar es la manera
de resistirse al aluvión que, al fondo,
arrincona susurros en monólogos
desamparados, en calladas súplicas,
en lamentos. Encima
de cada historia ondea
esa señal que conmemora el triunfo
precario del instante.

      El caos es un hombre y otro hombre
amontonando soledad y miedo.

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