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 Fabricando Tejas y Ladrillos: la Memoria del Barro en Madrid 


 El trabajo artesanal de los tejares

Tejares de la Montaña de Príncipe Pío
Tejares de la Montaña de Príncipe Pío. Carlos de Haes (Oleo original del Museo del Prado, cedido al Museo Municipal de Madrid)

"Cerca de cien tejares al viejo uso había hace unos diez años en Madrid en su modalidad primitiva, en los famosos tejares de Sixto en el barrio de la Elipa. Funcionan ahora tres o cuatro. (...)/ La organización industrial nueva, la vorágine de la transformación industrial ha herido de muerte a los modos primitivos de la confección de ladrillos y tejas"

(El Sol, 15 de septiembre, 1935)


Tradicionalmente, la fabricación de ladrillos y tejas se llevaba a cabo en modestos talleres o tejares atendidos por un reducido número de trabajadores. Las formas de elaboración eran de carácter manual, la cocción se realizaba en hornos de doble cámara, conocidos como "hormigueros" y el repertorio de productos era muy reducido, mayoritariamente teja curva y ladrillo macizo.

En los tejares primitivos se trabajaba manualmente y a destajo. La temporada solía durar los cuatro meses (de junio a septiembre) que las temperaturas permitían la confección de la labor al aire libre.

Era un oficio de fácil aprendizaje que no requería una cualificación específica y a él se dedicaban numerosos jornaleros madrileños que aprovechaban la intermitencia laboral en el campo o en la construcción.

La explanada del tejar contaba con una poza donde, mezclada el agua y la tierra, se amasaba el barro hasta conseguir las condiciones óptimas para su moldeo. Bien amasado (con las manos o los pies) el barro quedaba listo para la confección del ladrillo o la teja que se efectuaba en torno a una rudimentaria mesa de trabajo como muestra la imagen reproducida a continuación.

 ¿Cómo se fabricaban los ladrillos?

Maestro rodeado de aprendices
Maestro rodeado de aprendices en un tejar de Alcalá de Henares. 1950. [Colección Ramón del Olmo]

Para fabricar una teja, el operario (oficial) se ayudaba de un molde o gradilla donde echaba la cantidad de barro correspondiente que luego volcaba sobre otra pieza llamada galápago que le proporcionaba la forma curva. Los ayudantes transportaban las tejas crudas hasta la era de secado donde las colocaban una a una, ordenadamente, en el suelo, alisándolas con la mano y humedeciéndolas cuidadosamente para uniformar su primera etapa de secado.


Al día siguiente, se levantaban las piezas y se colocaban unas contra otras para facilitar el secado definitivo.

En el caso del ladrillo, la tierra se echaba sobre un molde cuadrado de madera y se pasaba un rasero para igualar las masas. Finalmente, se tiraba del molde obteniéndose el ladrillo.

Una vez secas, las piezas se colocaban en el horno, los ladrillos en la parte más baja y las tejas y baldosas en una zona media ya que por su espesor no necesitan sufrir un fuego tan intenso.

La cocción tradicional del ladrillo se realizaba al aire libre, formando unos hornos abiertos de planta cuadrada o rectangulares enterrados en el suelo y generalmente cerrados por cuatro pequeños muros verticales. Una variante del método hormiguero, el más difundido en España, que funcionaba formando masas rectangulares de ladrillos, dejando en la base cierto número de canales en los que se coloca el combustible (leña o hulla), que se cubrían exteriormente de tierra imitando las paredes de un horno.

Exhibición del trabajo artesanal del Tejar Exhibición del trabajo artesanal del Tejar
Exhibición del trabajo artesanal del Tejar
Exhibición del trabajo artesanal del Tejar por Ramón y Mariano, dos antiguos trabajadores del barro,
Alcalá de Henares, 1998.

 

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