‘Universidad’

La Universidad del Futuro

1. La Universidad produce y vende conocimiento. No vende libros especializados, ni de divulgación científica, ni investigación, ni profesores modernos, ni catedráticos de élite, ni patentes, ni títulos, ni instalaciones, ni informática, ni idiomas, ni estancias en el extranjero, ni convenios, ni startups.
La universidad es un institución que conserva el conocimiento y lo trasmite. En lenguaje de mercado se puede decir que vende conocimiento, no productos relacionados con la información (hay que saber que el conocimiento no es su soporte) .
El conocimiento, a diferencia de la información, está alojado en personas y se transmite de persona a persona por medio del diálogo.
Por eso, la Universidad del futuro cuida a sus profesores: les ofrece prestaciones, les garantiza un futuro, les cuida, les distingue, les eleva, les proporciona lo que necesiten para investigar, trabajar, vivir, etc. 
2. La Universidad tiene por cliente a la sociedad, no a los alumnos ni a sus padres. A veces se cree que la Universidad es una empresa y se analiza mal el producto y el público objetivo. Se cree que el producto es el título y el cliente el alumno y esto es una simplificación lamentable que termina con cualquier universidad. Si el cliente es el que paga y el título lo que se compra… estamos ante la mayor reducción de la realidad universitaria con la que hemos podido topar, la madre de todos los males de la Universidad.
Realmente el cliente, el beneficiario, el “consumidor” de la transmisión del conocimiento no es el alumno, es la sociedad en la que vive. Si el cliente fuese el alumno estaríamos perdidos, tendríamos que darles lo que piden: un aprobado, un profesor más fácil, una Universidad con ideas más liberales, etc.
Si entendemos que el alumno es el cliente, ante un conflicto prevalecería la voz del alumno antes que la del profesor, que no sería más que un caro aparato reproductor de contenido técnico, un facilitador del proceso de enseñanza. Si el alumno no quisiese aprender algo, el profesor no debería intentarlo; si el alumno no entendiese, por ejemplo, la razón de las asignaturas humanísticas, habría que ir poco a poco retirándolas. Entonces las clases deberían ser amenas y divertidas, como el club de la comedia, con Power Point y películas, con juegos y sobre todo, habría que hacer una encuesta de satisfacción acompañada de un libro de reclamaciones (anónimo, por supuesto), donde el alumno pudiese decidir si hay que cambiar al profesor porque no es lo suficientemente entretenido, alegre o divertido.
Por eso la Universidad del futuro exige a los alumnos mucho más de lo que están dispuestos a dar, saca lo mejor de ellos, se queda con los mejores y a los otros les hace sudar tinta.  
3. La Universidad es una comunidad de alumnos y profesores en una tarea común. No es una empresa que vende un producto, no es una sociedad anónima. Es una comunidad de estudiosos. Esta comunidad se ve por dos cosas: porque los “directivos”, decanos, rectores, directores, secretarios, gerentes y demás son siempre universitarios del más alto rango. Nada hay en la Universidad superior al doctor, un licenciado, aunque sea el dueño de la Universidad, está por debajo de un doctor, y un doctor de un catedrático.Esta jerarquía no es la jerarquía militar. Es una ordenación que parte de la unidad de las ciencias y de la manera de lograrla, a través del diálogo y la interdisciplinareidad. Por eso en la Universidad hay distintos saberes comunicados.

Por eso en la Universidad del futuro el trato entre profesores, alumnos y pseudodirectivos académicos es siempre excelente. No es la Universidad una empresa donde hay asuntos de poder y estratégicos priman, a veces, sobre la producción. Aquí nada hay por encima de la producción, es decir, sobre el profesorado, y el orden jerárquico es entre iguales. 

4. La Universidad tiene sus plazos: el mundo empresarial tiene sus plazos basados en un beneficio anual. Las previsiones se hacen a cinco años, después de la crisis casi nada se proyecta a más de cinco años. Sin embargo la Universidad tiene otros tiempos: el corto a veinte años vista, el medio puede ser el medio siglo y el largo plazo a quinientos. Por eso casi todo lo que se hace en la Universidad es continuado por las generaciones siguientes, excepto las tonterías, los congresos caprichosos, los homenajes y los actos de aniversarios. Tampoco se programan a veinte años las modas pasajeras del mundo de las empresas. La Universidad -decíamos arriba- tiene por cliente a la sociedad, le da el servicio que le presta, la hace mejor y esta tarea tarda en dar sus frutos unos diez años.Los plazos de la universidad hacen que sea antiuniversitario el cambiar constantemente, querer ponerlo todo patas arriba, querer que en cuatro años todo se dé la vuelta.


Por eso la Universidad del futuro no cambia cada dos años de planes de estudio, carreras y profesores. Es por el contrario una estructura estable donde desarrollar carreras.
5. La Universidad se dedica a cosas serias. Investiga y enseña cosas que aporten algo a la sociedad a la que se debe. Es contradictorio con la Universidad ofrecer grados que no tienen recorrido, que se organizan sobre una moda pasajera y tienen momentáneamente “demanda”.Es poco universitario también ofrecer grados “manuales”, es decir, que en la universidad se enseñe a hacer  cosas que se hacen con las manos.

Por eso la Universidad del futuro está enfocada a lo especulativo y lo práctico solo se enseña después de lo especulativo.
6. La Universidad es cosa de élites. La Universidad no puede admitir a pobres de espíritu, por mucho dinero que tengan. Ni puede ni debe, es complicado dónde poner el límite, pero en todo caso no debe haber ningún alumno en las aulas universitarias que tenga una voluntad clara por lo especulativo.Claro, que si el cliente es el alumno y la universidad es una empresa, pública o privada, lo óptimo es llegar a un gran público (vender muchas matrículas) y mantenerlo a toda costa (fidelización), haciendo campañas de marketing enfocadas a un publico general en espera de que siga habiendo matrículas que den los esperados beneficios.

La Universidad del futuro tiene un potente filtro de entrada que le permita dar un buen producto al cliente verdadero: la sociedad. Este filtro solo puede estar basado en tener unas capacidades cognitivas adecuadas y dos actitudes: la actitud positiva ante el conocimiento y la actitud positiva ante lo trascendente.

7. La Universidad es espacio de transparencia. Ahora de moda, pero siempre ha sido una virtud de la Universidad. Como comunidad en búsqueda de la verdad siempre y en todo momento se permite en este ambiente hablar sin tapujos, sin miedo a la reacción popular que tiende al escándalo y a la persecución de ideas.En la Universidad, en teoría, no hay nada prohibido. A un profesor no se le puede exigir que comulgue con las ideas del ambiente a pesar de que éstas sean irracionales o vulgares. Por otro lado, en la Universidad no debe haber rumores, ni anónimos, ni secretos. Se trata de una comunidad, y como tal la sinceridad y la verdad deben estar al día. In veritate libertas. Y en la ocultación de información, el anónimo, el rumor, la esclavitud. Porque en un ambiente donde las cartas no están sobre la mesa cualquiera puede guardarse una en la manga.

En la Universidad del futuro se dicen las cosas directamente. Es falta de profesionalidad, por ejemplo, no hablarles a los alumnos de la verdad, de la salvación, de la virtud por miedo a herir sensibilidades.  

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8 Ideas sobre las dirección de centros escolares

1. Un director no puede estar en su despacho. Dirigir significa cuidar, cuidar de todos, y -por lo tanto- hablar con todos y saber qué pasa en su Centro.

2. A un director no le pueden dar igual los problemas de las familias, de los profesores o de los trabajadores del Centro. Debe conocerlos y saber adaptar las normas generales a las circunstancias particulares. Un director no puede ser un mero ejecutor de normas superiores.

3. Pero así como las circunstancias materiales deben ser tenidas en cuenta y trabajar adaptándolas y negociando; las ideas, los idearios del PEC, no son negociables y debe dirigir de acuerdo al ideario del centro. La libertad está en que haya muchos centros educativos con distintos idearios, no en que cada Centro tenga que perder su identidad para dar gusto a todos. No es obligatorio que todos los padres estén de acuerdo, pero se deben buscar a familias que comulguen con el ideario.

4. El director no puede estar pendiente de las renovaciones pedagógicas de moda. La educación es una cosa muy seria que no se improvisa en un curso académico ni se realiza en los despachos. La educación es una tarea de comunicación personal, por ello…

5. La verdadera renovación pedagógica consiste en mejorar el clima de trabajo, la ilusión por la enseñanza y la formación del profesorado en la materias que imparten.

6. En todo caso la verdadera educación occidental tiene alma cristiana. Las propuestas de renovación pedagógica del estructuralismo, nuevas versiones de la Escuela Moderna y la Institución Libre de Enseñanza, de corte masónico, solo han traído (pese a su inmerecida fama) una pérdida de la calidad y un detrimento de las virtudes intelectuales y morales.

7. El principal trabajo del director de un centro educativo es generar un clima positivo, propositivo y de libertad donde cada profesor se implique hasta el límite de sus posibilidades en la educación de los alumnos.

8. El director de un centro educativo debe saber que la identidad debe plasmarse en obras y no en palabras. Estas obras deben enfocarse hacia los niños, no permitiendo ninguna discriminación y conociendo sus problemas; hacia las familias, generando un clima de ayuda mutua y hacia los profesores, dándoles las herramientas y el apoyo necesario para la realización de su trabajo.

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Autonomía Universitaria

Después de haber escrito sobre la Autonomía como deficiencia he de defender la autonomía universitaria, que no es ni mucho menos una deficiencia, más bien su salud.


La autonomía es una deficiencia en seres de encuentro, en seres nacidos para la reunión comunitaria, como somos los humanos. Sin embargo, en instituciones que sirven a la comunidad es deseable porque es la única manera de desarrollar correctamente su tarea. 


La única autonomía aceptable es la que sirve a la cohesión. Es buena la autonomía cuando se trata de trabajar por el bien común para evitar injerencias interesadas en la toma de decisiones. 


Por ejemplo, es necesario que los jueces estén tan blindados del poder que como a un juez se le oiga pronunciar una sola palabra en favor de un partido político, sindicato, grupo empresarial, termine fulminantemente su carrera. Y por supuesto la forma de elección, la composición de sus órganos, los reglamentos internos. deberían estar plenamente preservada de injerencias políticas, empresariales, etc. A los jueces, por ejemplo, les prohibiría votar o hablar de política en público o en privado y recibir un solo euro de alguna instancia distinta al Estado, cazar o tener amigos metidos en política. No pasa nada, esa supresión selectiva de las libertades es voluntaria, porque a nadie se le obliga a ser juez. El que tenga amigos en la política que se dedique a otra cosa.


La autonomía de los jueces es deseable porque gracias a ella podemos estar tranquilos todos, porque es una pieza más de un puzle completo que permite una mayor unidad de los ciudadanos con sus instituciones.


La autonomía también es deseable para la Iglesia frente al Estado. La Iglesia debe autofinanciarse para que su discurso nunca esté condicionado por el Estado. El Estado no debe entrar para nada en la jurisdicción interna de la Iglesia, en sus asociaciones, en sus colegios, monasterios etc., porque si hay compadreo entre Iglesia y Estado uno de los dos cae en manos del otro. 


Para mi gusto retiraría los crucifijos de los juramentos de cargos públicos. No pintan nada porque presuponen algo que es falso: la unidad entre la Iglesia y el Estado, que en otro tiempo se dio, pero ya no, y son un símbolo mancillado en ese espacio, testigo del perjurio constante. Pero la religión debe ocupar todos los espacios de la vida pública, no los del Estado, sino los de la comunidad. En esta línea los crucifijos en las aulas de la Universidad sobran, basta el rey y el cartel de prohibido fumar, pero no suprimiría las capillas de las universidades porque gestionadas por la Iglesia dan un servicio de capellanía imprescindible para que toda la universidad funcione.


Y -por último- una línea a la autonomía universitaria, que da título y es motivo de esta entrada: la universidad tiene su fin propio y ayuda a las familias, a las empresas, a las sociedades con su modo peculiar de transmitir el conocimiento y generar nuevas formas de conocimiento. La universidad sabe regirse, sabe dónde tiene que ir y por qué y para qué está, por lo tanto todo lo que puede hacer una autoridad no universitaria en la universidad es frenar el desarrollo normal de la misma, impedir su crecimiento y buscar su ruina recibiendo mandatos distintos a los que dan su naturaleza, creando atajos en las carreras profesionales, generando nuevas titulaciones adaptadas al mercado, creando grados de oficios técnicos, mercantilizando el sistema, degenerando la autoridad del profesor, vendiendo como importante lo meramente instrumental (convenios con empresas o universidades, bilingüísmo, etc.), dejándose fiscalizar por las Agencias Estatales de control, etc., etc.


La autonomía universitaria exige que cualquier universidad, pública o privada, tenga pleno poder decisorio sobre qué, cómo, cuándo y por qué se estudia Y sobre todo tiene claro que ella y solo ella selecciona a sus profesores y alumnos. Lo otro está muy extendido, pero es corrupción.


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La Universidad del futuro

1. La Universidad produce y vende conocimiento.

No vende libros especializados, ni de divulgación científica, ni investigación, ni profesores modernos, ni catedráticos de élite, ni patentes, ni títulos, ni instalaciones, ni informática, ni idiomas, ni estancias en el extranjero, ni convenios, ni startups.

La universidad es un institución que conserva el conocimiento y lo trasmite. En lenguaje de mercado se puede decir que vende conocimiento, no productos relacionados con la información (hay que saber que el conocimiento no es su soporte) .

El conocimiento, a diferencia de la información, está alojado en personas y se transmite de persona a persona por medio del diálogo.

Por eso, la Universidad que yo quiero cuida a sus profesores: les ofrece prestaciones, les garantiza un futuro, les cuida, les distingue, les eleva, les proporciona lo que necesiten para investigar, trabajar, vivir, etc.

2. La Universidad tiene por cliente a la sociedad, no a los alumnos ni a sus padres.

A veces se cree que la Universidad es una empresa y se analiza mal el producto y el público objetivo. Se cree que el producto es el título y el cliente el alumno y esto es una simplificación lamentable que termina con cualquier universidad. Si el cliente es el que paga y el título lo que se compra… estamos ante la mayor reducción de la realidad universitaria con la que hemos podido topar, la madre de todos los males de la Universidad.

Realmente el cliente, el beneficiario, el “consumidor” de la transmisión del conocimiento no es el alumno, es la sociedad en la que vive. Si el cliente fuese el alumno estaríamos perdidos, tendríamos que darles lo que piden: un aprobado, un profesor más fácil, una Universidad con ideas más liberales, etc.

Si entendemos que el alumno es el cliente, ante un conflicto prevalecería la voz del alumno antes que la del profesor, que no sería más que un caro aparato reproductor de contenido técnico, un facilitador del proceso de enseñanza. Si el alumno no quisiese aprender algo, el profesor no debería intentarlo; si el alumno no entendiese, por ejemplo, la razón de las asignaturas humanísticas, habría que ir poco a poco retirándolas. Entonces las clases deberían ser amenas y divertidas, como el club de la comedia, con Power Point y películas, con juegos y sobre todo, habría que hacer una encuesta de satisfacción acompañada de un libro de reclamaciones (anónimo, por supuesto), donde el alumno pudiese decidir si hay que cambiar al profesor porque no es lo suficientemente entretenido, alegre o divertido.

Por eso la Universidad que yo quiero exige a los alumnos mucho más de lo que están dispuestos a dar, saca lo mejor de ellos, se queda con los mejores y a los otros les hace sudar tinta.

3. La Universidad es una comunidad de alumnos y profesores en una tarea común.

No es una empresa que vende un producto, no es una sociedad anónima. Es una comunidad de estudiosos. Esta comunidad se ve por dos cosas: porque los “directivos”, decanos, rectores, directores, secretarios, gerentes y demás son siempre universitarios del más alto rango. Nada hay en la Universidad superior al doctor, un licenciado, aunque sea el dueño de la Universidad, está por debajo de un doctor, y un doctor de un catedrático.

Esta jerarquía no es la jerarquía militar. Es una ordenación que parte de la unidad de las ciencias y de la manera de lograrla, a través del diálogo y la interdisciplinareidad. Por eso en la Universidad hay distintos saberes comunicados.

Por eso en la Universidad que yo quiero el trato entre profesores, alumnos y pseudodirectivos académicos es siempre excelente. No es la Universidad una empresa donde hay asuntos de poder y estratégicos priman, a veces, sobre la producción. Aquí nada hay por encima de la producción, es decir, sobre el profesorado, y el orden jerárquico es entre iguales.
4. La Universidad trabaja a largo plazo

El mundo empresarial tiene sus plazos basados en un beneficio anual. Las previsiones se hacen a cinco años, después de la crisis casi nada se proyecta a más de cinco años. Sin embargo la Universidad tiene otros tiempos: el corto a veinte años vista, el medio puede ser el medio siglo y el largo plazo a quinientos. Por eso casi todo lo que se hace en la Universidad es continuado por las generaciones siguientes, excepto las tonterías, los congresos caprichosos, los homenajes y los actos de aniversarios. Tampoco se programan a veinte años las modas pasajeras del mundo de las empresas. La Universidad -decíamos arriba- tiene por cliente a la sociedad, le da el servicio que le presta, la hace mejor y esta tarea tarda en dar sus frutos unos diez años.

Los plazos de la universidad hacen que sea antiuniversitario el cambiar constantemente, querer ponerlo todo patas arriba, querer que en cuatro años todo se dé la vuelta.

Por eso la Universidad que yo quiero no cambia cada dos años de planes de estudio, carreras y profesores. Es por el contrario una estructura estable donde desarrollar carreras.

5. La Universidad se dedica a cosas serias.

Investiga y enseña cosas que aporten algo a la sociedad a la que se debe. Es contradictorio con la Universidad ofrecer grados que no tienen recorrido, que se organizan sobre una moda pasajera y tienen momentáneamente “demanda”.

Es poco universitario también ofrecer grados “manuales”, es decir, que en la universidad se enseñe a hacer cosas que se hacen con las manos.

Por eso la Universidad que yo quiero está enfocada a lo especulativo y lo práctico solo se enseña después de lo especulativo.

6. La Universidad es cosa de élites.

La Universidad no puede admitir a pobres de espíritu, por mucho dinero que tengan. Ni puede ni debe, es complicado dónde poner el límite, pero en todo caso no debe haber ningún alumno en las aulas universitarias que tenga una voluntad clara por lo especulativo.

Claro, que si el cliente es el alumno y la universidad es una empresa, pública o privada, lo óptimo es llegar a un gran público (vender muchas matrículas) y mantenerlo a toda costa (fidelización), haciendo campañas de marketing enfocadas a un publico general en espera de que siga habiendo matrículas que den los esperados beneficios.

La Universidad que yo quiero tiene un potente filtro de entrada que le permita dar un buen producto al cliente verdadero: la sociedad. Este filtro solo puede estar basado en tener unas capacidades cognitivas adecuadas y dos actitudes: la actitud positiva ante el conocimiento y la actitud positiva ante lo trascendente.

7. La Universidad es espacio de transparencia.

Ahora de moda, pero siempre ha sido una virtud de la Universidad. Como comunidad en búsqueda de la verdad siempre y en todo momento se permite en este ambiente hablar sin tapujos, sin miedo a la reacción popular que tiende al escándalo y a la persecución de ideas.

En la Universidad, en teoría, no hay nada prohibido. A un profesor no se le puede exigir que comulgue con las ideas del ambiente a pesar de que éstas sean irracionales o vulgares. Por otro lado, en la Universidad no debe haber rumores, ni anónimos, ni secretos. Se trata de una comunidad, y como tal la sinceridad y la verdad deben estar al día. In veritate libertas. Y en la ocultación de información, el anónimo, el rumor, la esclavitud. Porque en un ambiente donde las cartas no están sobre la mesa cualquiera puede guardarse una en la manga.

En la Universidad que yo quiero se dicen las cosas directamente. Es falta de profesionalidad, por ejemplo, no hablarles a los alumnos de la verdad, de la salvación, de la virtud por miedo a herir sensibilidades.

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