En el siglo XIX, tras la guerra de Crimea, la enfermera Florence Nightingale (Florencia, 1820 – Londres, 1910) usó herramientas de estadística para elaborar un estudio sobre las muertes acaecidas en los hospitales militares. Esto permitió sacar conclusiones muy reveladoras, como, por ejemplo, que la mayor parte de las bajas no eran causadas directamente por las heridas sufridas en el campo de batalla, sino por las frecuentes infecciones que se producían como consecuencia de éstas.