Juan Carlos Rolón Gadea: No se le puede exigir amor por la ciencia a alguien que no la conoce

Manuel Crespo (CAEU-OEI-AECID) Juan Carlos Rolón Gadea nació en Paraguay y es un investigador reconocido gracias a una extensa carrera desarrollada en el exterior. No le faltan logros ni premios. Poco después de cumplir los veinte años, siguiendo los pasos de muchos otros científicos latinoamericanos, tuvo que irse de su país. Estudió en la Argentina, en la Universidad Nacional de La Plata, y se recibió de físico en la fría Moscú, muy lejos de su Luque natal. Se doctoró en Francia, donde trabajó durante casi toda su vida. En 2005 recibió el “Chevalier dans l’Ordre des Palmes Académiques”, la importante condecoración que periódicamente entrega el gobierno francés. Hoy está de vuelta en Paraguay, adonde regresó para quedarse, luego de más de cuarenta años de ausencia.

Rolón Gadea es el actual presidente del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (CONACYT), puesto que ocupa desde finales de 2009. A su cargo tiene una institución joven, que recién se constituyó formalmente en 1999, y una misión difícil en un país en el que el desarrollo científico-tecnológico aún no tiene la preponderancia que podría tener. Durante esta entrevista, entre otros temas, el científico repasa sus sensaciones de investigador repatriado, las deudas de su país en materia científica, los principales desafíos del CONACYT de cara al futuro, las expectativas provocadas por su retorno y la urgencia por generar una cultura científica en buena parte de una sociedad que, por razones diversas, desconoce la importancia del conocimiento.

Pregunta: Usted se fue muy joven de Paraguay. ¿Cuáles son las sensaciones, en su experiencia, de un investigador científico que vuelve a su país después de mucho tiempo?

Respuesta: El hecho de haber vivido tantos años afuera es algo común para los investigadores latinoamericanos. No soy un ejemplo único, sino que hay decenas de decenas de decenas de científicos de nuestra región que han tenido que exiliarse para recibir una formación y desarrollar sus carreras. Por supuesto, en todo este tiempo, mientras viví afuera, estuve en contacto con mi país y su realidad. Nunca perdí la esperanza de volver, sólo que al tener familia y haber avanzado en mi carrera en el exterior se me hizo muy difícil encontrar la grieta para que se produjera el retorno. Sin embargo, el último período en Paraguay permitió que se generaran las condiciones para que muchos de nosotros pudiéramos regresar. La posibilidad de volver cayó en un momento propicio. Los contactos que yo tenía en la Universidad Nacional, con personas del ámbito científico y docente, me ayudaron a tomar la decisión. El hecho de poder contribuir, con mi experiencia, a la formación de jóvenes paraguayos fue otro de los elementos que terminó inclinando la balanza. Me interesó el desafío de empezar a construir pequeños centros de investigación aquí en Paraguay. Tomo esta nueva etapa con gran entusiasmo. Mi carrera en Europa me dio muchas satisfacciones a nivel científico y académico, pero volver a mi país era algo más que tenía que hacer, especialmente por el sentimiento de aportar para el desarrollo de Paraguay. La sensación hasta el momento es positiva, ya que mi vuelta y las de otros científicos formados en el exterior han generado un eco que debemos aprovechar. Nos han dado medios para trabajar. Eso es muy importante y nos da mucho ánimo, mucha fuerza.

P: ¿Qué le dijeron sus colegas franceses cuando decidió volver?

R: Fue una sorpresa. En Francia yo ya estaba terminando mi carrera. Me esperaba la jubilación. Allí la figura del jubilado es muy distinta a la que tenemos aquí. Se me venían las vacaciones prolongadas, el descanso, los viajes turísticos. Ahora, sin embargo, desde que volví a Paraguay, tengo más tareas y obligaciones que las que tenía cuando vivía en Francia.

P: ¿Cómo se produjo su llegada al CONACYT?

R: El cambio de gobierno provocó modificaciones en la estructura ministerial. En ese marco, primero me ofrecieron formar parte del consejo del CONACYT. Poco después me ofrecieron asumir la presidencia. Así que ahora me encuentro dirigiendo esta institución, que todavía es muy joven, aunque ya tiene encima los años de experiencia suficientes como para llevar al acto ideas de desarrollo, sobre todo en lo que hace a la formación de científicos y el mantenimiento de laboratorios y equipos de investigación. Se está trabajando en un interesante programa de becas y también hay un compromiso muy grande con el sector industrial. En esencia, la constitución del CONACYT es mixta. Depende tanto del sector estatal como de las empresas. Claro que la estructura productiva de Paraguay es preferentemente agrícola, exportadora de materias primas con poco valor agregado, de modo que hablar de ciencia y tecnología en un país donde el desarrollo científico-tecnológico es muy pequeño resulta una tarea difícil. Es algo sobre lo que tenemos que trabajar. La situación aún es frágil. Debemos definir nuevas políticas, tratar de reorientar al país hacia el camino del desarrollo científico y conseguir que la sociedad tome consciencia de esta necesidad.

P: ¿Cuánto le interesa al CONACYT que otros científicos como usted regresen a Paraguay?

R: Mucho. Antes de regresar, me puse en contacto con otros investigadores que vivían afuera, en Brasil y en diversos lugares de Europa, y llegamos a una suerte de consenso sobre la importancia de radicarnos otra vez aquí. Se está consolidando un sistema de repatriación de jóvenes científicos paraguayos que andan por el mundo. Este movimiento está creciendo, en más de un sentido. Yo mismo estoy enviando estudiantes afuera para que se formen en carreras de posgrado y se especialicen, con la única condición de que vuelvan una vez que terminen sus estudios. Existen muchos mecanismos que podemos poner en juego para asegurar la formación de jóvenes en el exterior y su inmediata recuperación, una vez que hayan obtenido sus títulos.

P: ¿Cuáles son los principales desafíos del CONACYT en este momento?

R: Actualmente estamos apoyando proyectos de investigación en laboratorios y universidades, al mismo tiempo que vamos fortaleciendo la capacitación de recursos humanos con maestrías y posgrados de alto nivel. Nos preocupa dar una orientación firme y definida a los estudios de nuestros profesionales. También, como ya fue mencionado, contamos con un ambicioso programa de becas para aquellos que no tienen recursos y muestran deseos de estudiar a tiempo completo. Esto es un problema que tenemos en toda América Latina. Salvo por las estructuras existentes en Brasil y en la Argentina, en la región hay pocos medios de sustento para los profesionales dedicados a la investigación científica. Y para hacer investigación, esto hay que dejarlo en claro, se precisa una dedicación total. En cuanto a la promoción de la innovación, estamos trabajando en un programa “de ventanillas abiertas”. Si una empresa tiene pensado desarrollar un proyecto innovador para mejorar la competitividad de su producto, el CONACYT está aquí para apoyarla.

P: ¿Cuáles son los rubros de la economía en los que Paraguay debe enfocar sus esfuerzos de innovación?

R: La industria agropecuaria es la principal actividad en nuestro país. Debemos impulsar todo lo relativo a las biotecnologías, mejorar los esquemas de producción y dedicarle especial atención a la seguridad alimentaria. Para eso necesitamos equipos de investigación y laboratorios propios. Paraguay tiene un sistema industrial todavía rudimentario, que debe seguir creciendo, y al mismo tiempo cuenta con riquezas muy importantes, sobre todo en materia de energía. Gozamos de una capacidad energética muy grande, especialmente en comparación con el uso que le damos a esa capacidad. Del 100 por ciento de la energía que produce el país, los paraguayos sólo consumimos el 11 por ciento. El resto se exporta. La represa hidroeléctrica de Itaupú, que Paraguay comparte con Brasil, es la más potente del mundo. Esto es algo para resaltar. Por otra parte, ante la preocupación que tiene todo el mundo frente a posibles crisis energéticas, ante el futuro limitado de la energía fósil, cobran importancia los avances que se puedan conseguir en el desarrollo de biocombustibles. Y Paraguay también dispone de muchos recursos para crecer en ese ámbito. Se trata de productos energéticos nativos que no tienen mucha incidencia sobre la producción alimentaria, por lo que dedicarnos a la producción de estos recursos no iría en contra de las metas relacionadas con la preservación de nuestro capital alimentario.

P: Usted ha pasado por todos los estratos del ámbito académico: ha sido estudiante y luego se ha dedicado a la investigación y la docencia. Más allá de las obvias diferencias, ¿encuentra alguna semejanza entre estas ocupaciones y su actual rol de funcionario?

R: Bueno, yo volví especialmente para seguir siendo investigador y para dirigir la investigación activa de un laboratorio, con un equipo de jóvenes a quienes orientar. Era el objetivo que me hizo retornar, que por otra parte sigue en pie. En paralelo, ahora ocupo esta función de gestor dentro del CONACYT. Por eso decía que mi actividad ha crecido. Hoy es doble, y por suerte tengo la fuerza mental y física para desarrollar ambos roles. No he perdido la curiosidad por la investigación, sobre todo en lo que hace a transmitir experiencia y formar gente. En ese sentido hubo un avance. Cuando yo llegué a la Universidad Nacional, no había ningún doctor: hoy somos cinco en la facultad de ingeniería. Lo mismo ocurrió con los proyectos de investigación de nivel internacional. Hoy hay varios en funcionamiento, con el aliciente de que cada docente-investigador ha armado un equipo de gente alrededor de cada proyecto. Esto está creando un efecto contagio dentro del estudiantado, que empieza a ver a la ciencia de un modo distinto.

P: En base a esto último que usted dijo, ¿cuán importante es la creación de redes para el desarrollo de la ciencia en un país como Paraguay?

R: Es difícil hablar de redes todavía, ya que mi país tiene una larga historia de atomización de los esfuerzos en materia de ciencia y tecnología. Aquí los laboratorios están muy aislados, pero sabemos que el trabajo en red es fundamental. Debemos ayudar a que se establezca la asociación de distintos tipos de profesionales. El enfoque multidisciplinario es muy importante, pero eso recién está naciendo en Paraguay.

P: ¿Qué es lo primero que se debe tener en cuenta para generar una cultura científica en un país que, por lo menos a nivel popular, nunca la tuvo?

R: Es una cuestión de educación básica. La falta de difusión científica es un problema muy serio. Hablo de la necesidad de incluir a la población en el debate sobre temas de ciencia y tecnología. Pero para eso se necesita una población mucho más consciente. Crear las estructuras para que la educación alcance ese nivel es responsabilidad de todos nosotros.

P: ¿Se podría decir que en Paraguay, así como en gran parte de América Latina, falta amor por la ciencia?

R: Si los científicos hacemos ciencia es porque sentimos amor por ella. De modo que en el ámbito de la investigación ese amor no falta. En cuanto a la población en general, sin embargo, sí hay un grave problema de información y de conocimiento. No se le puede exigir amor por la ciencia a alguien que no la conoce, que no sabe de qué se trata ni para qué sirve. Cambiar esto es vital en términos de educación global, pero también en términos de la construcción de las vocaciones. No se hace ni se enseña ciencia para que toda la sociedad se convierta en una sociedad de científicos, pero sí para que en algunos de sus miembros se despierte una curiosidad por la investigación. Tampoco se trata de formar una elite, sino de permitir que aquellas personas con predisposición para la ciencia puedan poner su vocación en acto.

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Comentarios

Esta entrevista al Dr. Rolón es muy oportuna, motivadora e inspiradora a la vez. Los últimos años he estado “siguiendo” las bases que fueron necesarias para que hoy existan naciones altamente eficientes en sus sistemas productivos, qué pasos realizaron y cuánto han avanzado hasta el momento. No será una novedad, pero simplemente apostaron en invertir en Investigación+Desarrollo e Innovaciones Tecnológicas – tanto en el sector público como en el privado, con los que superaron sus propias expectativas y han logrado la sostenibilidad suficiente para competir con calidad, disciplina y responsabilidad en el mercado al están orientados. Paraguay – mi país, necesita crecer ordenadamente en sus iniciativas científicas; por eso veo con mucha FE la presencia y participación activa del Dr. Juan Carlos Rolón que, sin dudas ha vuelto para “sumar, multiplicar y construir”. Si solo pudiésemos cooperar individualmente con nuestras competencias acumuladas, la sumatoria de varios paraguayos con alta formación en diversas ciencias y disciplinas, podría tornar a nuestro país una nación en desarrollo, creciendo en sus cualidades emprendedoras y avanzando hacia la prosperidad. Finalmente y parafraseando a un Monteiro Lobato – ilustrado latinoamericano de nacionalidad brasileña, quien decía “una nación se construye con Hombres y Libros…”. Entonces, bienvenidos sean los Hombres de ciencia paraguayos que estén en otros paises, su experiencia, conocimiento y habilidades que transfieran y apliquen aquí, será no solo académicamente digno, sino un gratificante gesto de patriotismo. Voy a dar el primer paso: inicaré contactos con el Dr. Rolón. Gracias por este espacio y un gran abrazo a los que integran http://www.madrimasd.org, ni se imaginan la importancia que ustedes tiene para miles de suscriptores. Exitos de siempre para Ustedes.

Nelson Romero Estigarribia

estimado Señor

Me emociona y enorgullese tenerlo de nuevo en nuestro pais. Estoy seguro que sera como la semillita que luego se convertira en un gran arbol. No se hace patria sin personas inteligentes y bien formadas como usted, pero fundamentalmente, comprometidas con el destino de sus compatriotas. Ayer nomas el principal diario de nuestro pais en su editorial hablaba de una de las mas nefastas herencias dejadas por el autoritarismo y sus continuadores del modelo: el bajo nivel educativo de la sociedad, que a causa de ello no comprende el valor del conocimiento. Reciba el aliento sincero de un ciudadano que ama su pais y desea mejores dias para sus habitantes.

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