Archivo de abril, 2020

Enseñanza online III. Glocalidad y plataformas Elearning, clave en el modelo educativo de las universidades innovadoras

Como hacía referencia en un post anterior, el confinamiento (cuarentenas) que se viven en el mundo motivado por la expansión del Coronavirus COVID-19, ha traído como consecuencia cambios en la vida social, política, económica y educativa, además, claro está, del impacto en el sistema sanitario de las naciones del mundo. Cada vez más, expertos de todas las disciplinas no dudan en afirmar que la pandemia hará que se adquieran nuevos hábitos en la vida de las personas  ya que muchas cosas no volverán a ser como antes.

El entorno educativo, y concretamente, el universitario, se ha visto afectado con creces por esta situación, tanto así, que muchas universidades ante la acción pandémica han tenido que poner de manifiesto sus capacidades de reacción (acción/reacción). Para empezar, asumir que vivimos situaciones cada vez más glocales (como lo demuestra la propias acción del virus COVID-19). La Glocalidad (acrónimo de global y local, que según Roland Robertson es un concepto que implica “pensar globalmente y actuar localmente”) se convierte en una corriente para diseñar estrategias de comportamiento y conocimiento. En lo primero, baste señalar las directrices de prevención en materia de salud que emanan de las diferentes instituciones nacionales, internacionales y supranacionales (OMS, OPS, ONU) o en materia económica (FMI, BM, UE, BID).

En los segundo, esto es, en materia de conocimiento y, en lo que atañe a las universidades, dependiendo de cada país y continente, en donde la actividad académica está por finalizar el curso académico (segundo ciclo o semestre) mientras que en otras regiones estaba -o está- por empezar el curso académico (primer ciclo o semestre), muchas instituciones han tenido que asumir la posibilidad de continuar el curso a distancia o, más eficazmente, bajo la modalidad de enseñanza online a través de diversas plataformas elearning.

Sin ánimo de remontarnos demasiado en el tiempo, en España, el modelo de docencia online empezó en 1995 con la UOC- Universitat Oberta de Catalunya (a la sazón, la primera universidad en que empiezo a impartir docencia en el curso 2000-01). Un modelo de enseñanza mediada por ordenador (computadora) utilizando la plataforma Internet y una serie de recursos y herramientas que la institución ponía –pone- a disposición de docentes y estudiantes. Posteriormente, este modelo fue imitado en parte por otras instituciones como UDIMA (Universidad a Distancia de Madrid) o la UNIR (Universidad Internacional de La Rioja). Obviamente, en la década de los noventa, universidades de otros países como Estados Unidos, Japón, China, Rusia y otras instituciones de Europa y América latina, han venido desarrollando modelos educativos basándose en el modelo de enseñanza online.

Pero, el uso de las plataformas virtuales (o Elearning) no ha sido una virtud de la UOC o de otras universidades que eligieron el modelo de internet, sino, también, las universidades tradicionales (presenciales) han adoptado desde hace mucho tiempo diversas aplicaciones de enseñanza a distancia a través de Internet (Elearning) junto a un conjunto de herramientas y recursos tecnológicos que ponen al servicio de su profesorado y alumnado.

Así, plataformas de campus virtual como Dokeos, Moodle (desde sus primeras versiones), Blackboard, Sakai, Chamilo, Web CT, Campusred (de Fundación Telefónica), por citar algunas de las más conocidas, además de su uso por las instituciones de “corte virtual” (universidades, escuelas de negocio, organizaciones, etc.) han venido siendo –y son- utilizadas como herramientas eficaces, innovadoras y complementarias de la enseñanza presencial.

Al mismo tiempo, el avance tecnológico y la evolución en la educación ha conllevado la proliferación de otras plataformas de enseñanza virtual tales como Coursera, MiriadaX, OpenClass, EdX (de la Universidad de Harvard y MIT), UniMOOC o Udacity, entre otras, que son exponentes de los Cursos Abiertos y Masivos en Línea (o por su acrónimo en inglés Massive Open Online Course, MOOC) donde a diferencia de la educación presencial y la educación a distancia, el aprendizaje no está centrado en el profesor o en el alumno, respectivamente, sino que su naturaleza de aprendizaje se basa en los materiales didácticos de estas plataformas, usualmente en las video lecturas. La característica de los cursos MOOC que difiere de una clase online (reglada) es que este tipo de cursos (MOOC) permite el acceso a miles de estudiantes, no siendo posible que un docente o experto en la materia evalúe el desempeño de los estudiantes. Aunque algunos programas de cursos hacen alarde de interacción, es sumamente complicado que exista una verdadera interacción profesor-estudiante. Solo es posible la revisión automática y el apoyo entre pares (entre los propios estudiantes participantes). Esta es una razón por la que los cursos que son impartidos bajo esta modalidad carecen de un valor curricular. Aunque esa razón no contradice su objetivo: la formación específica y complementaria.

Pero, no sólo las plataformas Elearning marcan las características de la enseñanza virtual distinto al presencial. Al uso de las  plataformas virtuales se suman una ingente cantidad de recursos y aplicaciones tecnológicas complementarias que enriquecen aun más el modelo docente online. En próximos textos analizaremos las aplicaciones más usadas en el nuevo ecosistema educacional.

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Enseñanza Online II. Aprender a aprender y formar al formador: El profesorado ante los nuevos retos que genera la crisis pandémica

La adquisición de conocimientos, y junto con ello, de las capacidades, a través de multiplataformas online especializadas elearning, no radica en una simple traslación de los métodos docentes del mundo presencial hacia el mundo virtual. Pensar así es un error y puede tener sus consecuencias ya que la enseñanza virtual, por su propia naturaleza, tiene cierta complejidad.

Inicialmente, existen diversas dificultades para docentes y estudiantes. El concepto de “docencia en línea”, sino se planifica adecuadamente puede resultar una heterogeneidad tanto en su impartición como en los sistemas de evaluación o en cómo se van a abordar las prácticas (especialmente, las de laboratorio). A todo esto se suma que el cuerpo docente pueda percibir unas carencias de conocimientos, sobre todo, de tipo tecnológico y digital.

De este modo, debemos entender que las propuestas de educación en línea como las que ahora –por la causa pandémica- se fomentan, son implementadas a través de  plataformas o aplicaciones para la gestión de cursos conocidos como Learning Management System –LMS- que ya forman parte de los recursos formativos de las universidades e  incluyen actividades pedagógicas que, para su realización, requieren que los estudiantes colaboren entre sí, trabajando de forma conjunta.

Algunos pedagogos, como García Aretio (2009) catedrático de la Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED), España, consideran que la enseñanza online es una evolución de la educación a distancia que se apoya en recursos digitales para desplegar los procesos de enseñanza y aprendizaje utilizando herramientas propias de las tecnologías de la información y la comunicación (TIC). Otros investigadores y formadores de educadores afirman que la educación en línea es una modalidad con características propias que se diferencia tanto de la educación a distancia como de la educación presencial. De una u otra forma, lo cierto es que la educación online es caracterizada como un modelo pedagógico distinto que fomenta, a través de la utilización de las tecnologías digitales, ambientes propicios para el diálogo interactivo y actividades grupales y colaborativas buscando favorecer, incluso, la creación de vínculos interpersonales entre los participantes de una comunidad virtual de aprendizaje.

En este escenario, el profesorado también necesita de adoptar nuevos métodos de enseñanza-aprendizaje. Por ejemplo, en los procesos de interacción, las respuestas a las dudas que puedan plantear los estudiantes, estas deben ser respondidas rápidamente. No debe pasar más de 24 horas. Así mismo, los mensajes han de ser directos y en mayor medida personalizados, identificando a cada uno/a por su nombre y apellidos (cosa que a veces no ocurre en el mundo presencial en donde resulta casi imposible conocer a toda la clase por nombres y apellidos, más si superan el medio centenar por grupo). Hay que tener en cuenta, además, que mientras que en la educación a distancia la docencia se apoya fundamentalmente en la distribución de materiales didácticos (los mismo que pueden ser digitalizados o en formatos no digitales) en la educación a través de Internet, se consideran fundamentales las actividades que los estudiantes deben hacer y resolver para aprender.

Esta colaboración entre estudiantes y, entre estudiantes y docente, se produce sin que medien encuentros presenciales y es posible a partir de los diálogos síncronos y asíncronos que se producen a través de las herramientas de comunicación telemática, generalmente, incluidas en la misma aplicación LMS sobre el que se desarrolla el curso y que tienden a promover la documentación automática de los intercambios entre los participantes.

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