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UNA HISTORIA DE LA SIMETRÍA MATEMÁTICA

 

Belleza y verdad. Una historia de la simetría. Stewart, Ian.  Editorial Crítica. Barcelona, 2007. 368 páginas.



 
 

La elección del título de un libro de divulgación científica puede llegar a influir en su éxito tanto como el propio contenido, lo que no deja de ser injusto y, en cierto modo, 'feo'. En el reciente libro "Belleza y verdad. Una historia de la simetría" del prestigioso matemático y divulgador Ian Stewart suponemos que se ha tenido eso en cuenta al relacionar palabras, si no antagónicas, sí con una relación cuanto menos discutible: belleza, verdad y simetría. La primera, subjetiva y difícil de cuantificar; la segunda, ésa sí, intrínsecamente ligada a las matemáticas; y la tercera, por fin, con diferente significado según se utilice su acepción del lenguaje cotidiano o la de las propias matemáticas. Quizás haya sido sólo una forma de captar la atención de un mayor número de potenciales lectores. Sí se ha conseguido, y suponemos que sí, estamos de acuerdo con la elección, pero pensamos que, en consonancia con el rigor matemático, habría sido más afortunado un titulo como "Una historia de la simetría matemática", por poner un ejemplo.

Precisamente al leer el título, antes de abrir el libro, hemos recordado las palabras de Asimov en "Yo, robot" cuando para proporcionar belleza humana al frío y mecánico robot tiene que introducir pequeñas imperfecciones y asimetrías en su rostro. Podrían ponerse numerosos ejemplos en esa línea, lo que estaría fuera de los objetivos de esta breve reseña, pero no podemos evitar la tentación de mencionar uno de los que nos parece más significativo: la propia vida es asimétrica, y no por ello tiene que considerarse menos bella, o incluso quizá lo es por eso mismo, por su asimetría.

Entrando ya en el contenido del libro, el Prof. Stewart hace un repaso de los antecedentes básicos que han llevado al desarrollo de la idea de simetría en matemáticas, desde la primera tablilla de arcilla encontrada en Babilonia hace algo más de 2000 años aC hasta nuestros días, con implicaciones fundamentales, no previstas inicialmente, en conceptos físicos difíciles de abordar de otra forma junto con algunas de sus correspondientes aplicaciones tecnológicas. El estilo del autor, de sobra conocido por sus numerosos seguidores, hace que el libro sea de lectura amena y asequible, aún admitiendo que a medida que se acercan los capítulos finales sea necesaria una formación muy específica en Teoría de Grupos o en Física Fundamental. Quizá sea debido a nuestra formación en Ingeniería, pero no estamos de acuerdo con la máxima editorial tantas veces citada de que una ecuación en un libro de divulgación reduce sus ventas a la mitad y no se hace, en cambio, ninguna mención similar a la reducción correspondiente cuando se incluyen conceptos sólo utilizados por especialistas. Estamos convencidos de que cualquier estudiante de bachillerato aficionado a la divulgación científica está más familiarizado con ecuaciones, aunque sean algebraicas, que con Grupos o Supercuerdas.

Esto nos lleva a comentar otro aspecto que nos parece de especial interés en este tipo de libros. Con frecuencia echamos de menos, y en este caso también ocurre, una recomendación sobre el público al que va destinado o, mejor aún, los conocimientos o el nivel de estudios necesarios para que su contenido sea asequible.

En el otro extremo del concepto de utilidad del libro estaría el valor añadido que pueda suponer su lectura. Muchos de los datos históricos que aporta son irrelevantes con relación a su objetivo principal. No lo hemos cuantificado pero podrían suprimirse bastantes páginas si no se mencionaran las vicisitudes familiares de muchos de los científicos citados, muy interesantes, eso sí, pero fuera de lugar. Como lector, aunque no pretendemos que esta opinión sea unánime, sería de agradecer, si acaso, que las referencias biográficas se incluyeran en cuadros aparte, como ya se hace, de hecho y con buen criterio desde nuestro punto de vista, en otros libros de divulgación. Y conste que dice esto alguien que tiene entre sus aficiones la lectura de las biografías de los científicos: precisamente algo que me hizo sentir una emoción especial releyendo algunas de las contribuciones de Abel con ocasión de un reciente viaje de trabajo a Noruega.

Lo que sí está fuera de toda duda, y pensamos que además es una de las contribuciones principales del Prof. Stewart a la divulgación de la historia de las ideas, es su forma tan enriquecedora y estimulante de plantear las preguntas que se hicieron en su momento los científicos como algo esencial en el proceso de avance del conocimiento y base de todo trabajo de investigación.

Es también especialmente útil, por último, la relación final de lecturas adicionales recomendadas, aunque se echa de menos un agrupamiento temático comentado que pueda facilitar el trabajo al lector interesado. Hemos observado también que el nombre de algún matemático aparece de distintas formas, lo que puede dar lugar a alguna confusión (p.ej., Girolamo Cardano y Jerome Cardan se mencionan indistintamente cuando, evidentemente, es el mismo autor).

Nuestra recomendación final sobre el libro, como conclusión, es que se lea una primera vez de forma rápida marcando por separado los aspectos biográficos de los matemáticos, los biográficos de las ideas y las propias ideas. La lectura posterior más reposada de los apartados más apropiados para cada lector en función de sus conocimientos e intereses puede hacer que su aprovechamiento y estímulo para otras lecturas adicionales se acerque al óptimo.

Fernando Monge
INTA