Fecha
Autor
Vitores González, Álvaro G. Cultivalibros. 2ª edición, Madrid, 2011 (1ª edición, Madrid, 2010).

Ciencia y Técnica en el Antiguo Mundo Romano.

UN TRABAJO QUE ACTUALIZA Y REIVINDICA EL CONOCIMIENTO DEL MUNDO ANTIGUO EN EL TERRENO DE LA CIENCIA Y LA TÉCNICA<br> Reseña realizada por Isabel Velázquez<br> Catedrática de Filología Latina<br>Universidad Complutense

Un libro ameno, atractivo y, sobre todo, sugerente e incitador de nuevas búsquedas y lecturas. Ésas son las características más destacadas que se desprenden de una primera aproximación a esta obra de Álvaro G. Vitores. Porque es evidente que este libro tiene el doble valor, de un lado, el de ser un libro de lectura divulgativa y didáctica, como el propio autor propone en la introducción, sobre el estado de la Ciencia y la Técnica en la Roma antigua, especialmente en la época del Bajo Imperio, aunque también en la época de la República y Alto Imperio, y de otro, el de ser un libro de consulta inicial, pero útil, para adentrarse en estos temas y comenzar a conocer autores, obras y diferentes áreas de conocimiento en las que los romanos avanzaron y trabajaron.

Tras un Prefacio explicativo de los presupuestos de los que ha partido el autor para realizar su trabajo y sobre los que luego volveré, hay una breve Introducción de contextualización histórica, quizá excesivamente breve, dado que recorre el largo camino desde el origen de las culturas itálicas de la Edad del Hierro hasta la caída del mundo Romano, pero suficientemente claro.

El libro se divide en dos partes. La primera titulada “Los inicios de la influencia cultural romana” (pp. 27-72). Se inicia con la expansión militar de Roma a partir del 300 a.C. como factor detonante del avance técnico romano en la construcción de calzadas y campamentos militares, partiendo del aprovechamiento de los adelantos ya conocidos por otros pueblos, tanto teóricos, en especial del mundo griego, como prácticos, en función de las necesidades y soluciones que iban aplicando a los problemas que iban surgiendo. Explica el autor la organización básica del ejército romano y su estructura, el equipamiento de los soldados y ya avanza una de las claves más importantes de la civilización romana en el ámbito que estudia el autor, la evidente conexión entre el ejército y la ingeniería romana y menciona, a título de ejemplo, el puente de madera que ordenó levantar César para atravesar el Rin. Uno de los puentes no sólo más famosos de la antigüedad, por ser una muestra de los puentes de madera, cuando ya se construían también puentes de piedra, sino por la precisa descripción que César hace de dicha construcción (Gall. 4.17) y que luego tuvo una gran repercusión en los tratados del Humanismo, siendo estudiado y dibujado, entre otros, por Alberti o Palladio.

A partir de aquí se van introduciendo diferentes temas y autores, enlazando unos con otros. Se comienza por la agricultura, mencionándose en primer lugar a Catón el Censor, luego a Virgilio y a Ovidio. El método que sigue el autor consiste en abordar un campo y cada vez que menciona un autor por primera vez, lo destaca en negrita y con su cronología entre paréntesis y menciona las principales obras del mismo que se relacionan con el tema del que se trata o bien por qué destaca o qué recoge o aporta en relación con dicho tema. De esta forma, sobre Catón alude a su tratado De Agri cultura o De re rustica, donde se describen las técnicas del cultivo de la vid olivo, así como la construcción del mortero al aire, mientras que los poetas Virgilio y Ovidio son simplemente recordados como recopiladores de costumbres en el terreno de las costumbres vinculadas a las tareas del campo y la vida rural. Enlaza con ellos a Varrón y a los enciclopedistas y comentaristas, recordando el autor la clasificación de las artes liberales y los conocimientos y saberes del mundo antiguo.

Con esta metodología de enlazamiento de áreas de conocimiento, de saberes y disciplinas, de autores y obras, Álvaro G. Vitores hace un interesante recorrido por la geografía, geometría, astronomía, ingeniería, construcción de puertos, puentes, acueductos, vías. Con una descripción somera y clara de las técnicas constructivas, introduciendo en la misma ciertas menciones de términos claves del vocabulario latino que resulta útil.

El urbanismo, la reforma del calendario y los conocimientos en medicina también están considerados en esta primera parte de la obra, como conocimientos ya desarrollados en época republicana, en parte heredados del mundo griego y en parte evolucionados en la propia historia romana hasta llegar a la época imperial.

La segunda parte del libro, la más fundamental y extensa titulada “Ciencia y técnica bajo el Imperio Romano” (pp. 73-214). A través de autores como Séneca, sobre todo en sus Quaestiones Naturales, Plinio el Viejo, con su Naturalis Naturalis, Columela y su De re rustica, Vitruvio y el De Architectura, las Epistulae de Plinio el Joven, el De aquaeductibus urbis Romae de Frontino, sin olvidar las obras del botánico y médico griego Dioscórides, los relatos de Plutarco en sus Vidas paralelas, las aportaciones de los matemáticos, el neopitagórico (c. 100 d.C.) Nicómaco de Gerasa o del alejandrino Diofanto o el ya tardoantiguo Proclo, del siglo V, astrónomos, incluida la últimamente recordada en el cine, Hipatia, el autor del libro recuerda las principales y más significativas obras de la ingeniería romana, desde el acueducto de Segovia al pont du Gard, los logros en el campo de la Astronomía, sin olvidar las problemáticas suscitadas en cuanto a hipótesis como las teorías atribuidas a Ptolomeo.

Un ameno y apasionante recorrido, apretado y quizá excesivamente rápido para tanto contenido en tan escaso número de páginas, pero útil y, como decía al comienzo, sugerente e incitador de nuevas búsquedas. El autor del libro, debe ser consciente de ello y desea ayudar al lector y en una auténtica vocación didáctica escribe para ello una selección bibliográfica y una “webgrafía” de direcciones de páginas web, sin duda más interesante que la propia bibliografía.

En este punto debo decir que la bibliografía es un tanto irregular en su selección y calidad y sorprende bastante que no se citen en concreto los trabajos de Ignacio González Tascón y no me refiero, aunque ello ataña a quien esto escribe, sólo al de la Ingeniería romana Hispania romana, que tanto éxito ha tenido (I. González Tascón – I. Velázquez, Ingeniería romana en Hispania. Historia y técnicas constructivas, Madrid, 2005, Fundación Juanelo Turriano), sino a los muy diversos libros y artículos que este autor publicó sobre la historia de la ingeniería civil, incluido ser el coordinador del catálogo Artifex, la exposición de ingeniería romana de la que él mismo fue Comisario y que se expuso en el Museo Arqueológico Nacional, con más de cincuenta mil visitantes. El Catálogo tuvo una tirada de cinco mil ejemplares: I. González Tascón (coord.), Artifex. Ingeniería civil romana en España. Catálogo de la exposición del Museo Arqueológico Nacional, Madrid, 2002. Después esta exposición se ha llevado de forma itinerante por muchas ciudades españolas, el catálogo se ha reeditado varias veces, incluso traducido al catalán, si bien es verdad que ya muy al margen del propio González Tascón y de sus herederas.

Permítaseme aquí rendir con estas palabras un recuerdo a su memoria y a quien tanto ha trabajado en esta línea de la Historia de la Ciencia y la Técnica del Mundo antiguo en el campo de la Ingeniería y las Técnicas constructivas y que me habría gustado en esta obra de Álvaro G. Vitores haber visto al menos recogido en la bibliografía, con mucho más mérito que otros títulos de menor importancia y rango que aparecen.

A este “pero” a la obra que comento, debo añadir algunos otros que no merman el interés intrínseco que tiene y que he querido destacar en primerísimo lugar y que desde estas líneas desearía que el autor tomase como meras indicaciones de lo que, en mi opinión, supondrían una mejora fácil de aplicar en siguientes ediciones que, a buen seguro, este libro tendrá, y que ojos de filólogos y humanistas echamos quizá en falta, aun a sabiendas de que el punto de partida del autor es el de las ciencias, pero que quizá también viene a corroborar esa necesidad de diálogo entre disciplinas distintas que comparten el mismo amor por el conocimiento y, haciéndome eco de la máxima ciceroniana que el autor recoge al comienzo de su obra, porque “la naturaleza ha puesto en nuestro espíritu un afán insaciable de conocer la verdad” (Natura inest in mentibus nostris insatiabilis quaedam cupiditas veri vivendi, Cic., Tusc. 1.19.44).

Al comienzo de esta reseña indicaba que volvería luego sobre el Prefacio de la obra y los supuestos sobre los que el autor de la misma, el Prof. Álvaro G. Vitores, ha trabajado. Un aspecto importante sobre el que el autor realiza unas consideraciones atinadas, sobre las que vuelve después también, y que merecerían dedicarle una mayor atención pero que deseo apuntar es el de las precisiones en cuanto a las diferencias entre Ciencia y Técnica a lo largo de la historia. Unas diferencias que no sólo entran en el debate actual, sino que también estaban ya en el mundo antiguo. Una cosa eran las ciencias que se incluían en las artes liberales (aritmética, astronomía, geometría, gramática, dialéctica…) y otras las técnicas y conocimientos o disciplinas propias de los artifices y que son importantes a la hora de hablar del lenguaje científico y técnico en las lenguas antiguas (griego y latín). Cuestiones sobre las que pueden consultarse trabajos como los de E. Montero Cartelle (2001), "Del vulgarismo al tecnicismo. Características de la lengua técnica", en Xie Congrès de la Fédération Internationale des associations d'Etudes Classiques, Atenas, 577-607, o E. Montero Cartelle (2003), "La literatura técnica latina de época tardía: aspectos lingüísticos y literarios", en Estefanía, D. – Domínguez, M. – Amado, Mª T. (eds.), Cuadernos de literatura griega y latina IV. El final del mundo antiguo como preludio de la Europa moderna, Alcalá de Henares-Santiago de Compostela, 259-280, o, en mi caso, I. Velázquez (2008), “Léxico y lenguaje de la ciencia y la técnica en el mundo romano. En torno al lenguaje de la construcción”, en T. Nogales Basarrate – P. Fernández Uriel (Eds.), Ciencia y tecnología en el mundo antiguo (Monografías Emeritenses, nº 10), Mérida, 201-227.

Por otro lado, el autor señala en el prefacio que parte del intento de satisfacer dos necesidades, una de carácter didáctico-divulgativo, “puesto que tendemos a una adquisición de conocimientos efectiva pero apresurada en la que apenas nos planteamos retrotraernos en los procesos históricos” y porque en el desarrollo de las asignaturas de los estudios convencionales (evidentemente de su campo científico -la Física o afines-) “la premura de tiempo en la programación reduce al mínimo las incursiones en el análisis del origen y la evolución de los conceptos científicos y sus aplicaciones técnicas”. La segunda necesidad o carencia el autor la circunscribe al ámbito personal, en el sentido de una suerte de “memoria histórica” de reconocer los logros del pasado de los antecesores para entender mejor el presente, sin caer en el inmovilismo, pero como medio para enfrentarse al futuro mejor.

Pero por muy didáctico y divulgativo que sea, se echa en falta una mayor precisión en los datos. No habría costado mucho, en mi opinión, que el autor, cuando alude a algún pasaje, aunque sea indirectamente, concrete la cita o mencione algún pasaje concreto donde el lector pueda buscar qué dicen las fuentes concretamente, ya sea en la lengua original, ya sea en traducción. Como las que le sirven de hermosa presentación del libro. La máxima de Cicerón antes mencionada está puesta en castellano y dada la fecha aproximada (c. 45 a.C.), siendo un conocido pasaje de las Tusculanas, el que he puesto líneas más arriba. Otro tanto ocurre con otra que cita, de Plinio el Viejo: “La contemplación de la naturaleza me ha llevado a no considerar nada increíble”, simplemente da la fecha c. 50 d.C. El pasaje corresponde a Nat. Hist. 11,2: Nam mihi contuenti semper suasit rerum natura nihil incredibile existimare de ea. Otra cuestión que sería deseable es una más nítida separación de temas. El libro se lee realmente de forma ágil, aunque pudiera pensarse que el tema no fuese apropiado para ello, pero no es así. Sin embargo, una cierta distribución temática, quizá simplemente marcada mediante sangrados o subrayando las palabras clave que dan paso a disciplinas distintas, pasar de agricultura a geografía, de astronomía a medicina, de ingeniería hidráulica a urbanismo, etc., contribuiría a una mayor o mejor orientación de la estructura interna y de la coherencia e ilación de ideas que, sin duda, la exposición del libro tiene.

Incluso, al igual que existe un índice de los autores y pensadores citados se podría incluir un índice temático que abordase las disciplinas tratadas.

En conclusión, pues, a pesar de estos últimos y subsanables reparos, la obra es amena, utilísima y debemos dar la bienvenida a un trabajo que actualiza y reivindica el conocimiento del mundo antiguo en el terreno de la ciencia y la técnica, que sabe demostrar los grandes avances de la cultura romana, muchas veces práctica y empírica, más que teórica, pero que supo aprovechar los conocimientos teóricos heredados de los griegos y progresar con ellos y erigirse como una gran civilización que ha dado imperecederos monumentos y logros en campos como la ingeniería, algunos de ellos apenas superados.

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