Fecha
Autor
Carlos Lázaro Ávila; Profesor de Historia y Doctor en Antropología de América

Juan de la Cierva y Codorníu (1895-1936)

Juan de la Cierva, ser humano excepcional. Desde su infancia, Juan de la Cierva dio muestras de ser un niño diferente a los demás y vivía completamente absorbido por los acontecimientos aéreos y su juventud se caracterizó por su permanente obsesión con la aeronáutica. En su etapa universitaria De la Cierva no obtuvo un expediente académico brillante-se graduó en el puesto 26º de su promoción- y su profesor de Mecánica le auguró que jamás dominaría esta materia.... El joven murciano tenía buena visión espacial, adoraba las Matemáticas y consideraba que cualquier ingeniero con una base matemática podría ser adiestrado como inventor.

Juan de la Cierva, ser humano excepcional. Desde su infancia, Juan de la Cierva dio muestras de ser un niño diferente a los demás y vivía completamente absorbido por los acontecimientos aéreos y su juventud se caracterizó por su permanente obsesión con la aeronáutica. En su etapa universitaria De la Cierva no obtuvo un expediente académico brillante–se graduó en el puesto 26º de su promoción- y su profesor de Mecánica le auguró que jamás dominaría esta materia.... El joven murciano tenía buena visión espacial, adoraba las Matemáticas y consideraba que cualquier ingeniero con una base matemática podría ser adiestrado como inventor.Además de su notoria inteligencia, De la Cierva atesoraba una enorme voluntad de trabajo, perseverancia y durante la construcción del autogiro supo aprender de sus errores, aunque era proverbial su pereza a la hora de escribir a familiares y amigos. Le encantaba el teatro, la música clásica, el jazz y conducir coches deportivos a gran velocidad. En la España de los convulsos años 20 y 30, exhibió la rara habilidad de no crearse enemigos y empleó su encanto personal para difundir su invento tanto entre el gran público como en los círculos aeronáuticos nacionales e internacionales.

Juan de la Cierva nació en el seno de una conocida familia murciana dedicada a la abogacía y, en contra de los deseos de su padre, el conocido diputado conservador Juan de la Cierva Peñafiel, orientó su futuro profesional hacia la mecánica y la aeronáutica, materias que le habían atraído desde su niñez. Durante su juventud compartió este interés con José María Barcala y Pablo Díaz, construyendo modelos a escala propulsados con motor a gomas y luego planeadores de mayor envergadura. Los tres amigos crearon una pequeña sociedad aeronáutica (bautizada con las siglas de sus apellidos, BCD) y construyeron un planeador y dos aviones que llegaron a volar.

Después de haber culminado el primer jalón de la carrera aeronáutica, la construcción de un avión a los 16 años, De la Cierva prosiguió su formación ingresando en 1913 en la Escuela de Ingenieros de Caminos. En el año 1919 coincidieron varios hechos notorios en la vida del joven murciano: se graduó como Ingeniero de Caminos -título que nunca usó profesionalmente, a instancias de su padre ingresó en el Congreso de Diputados, contrajo matrimonio con María Luisa Gómez-Acebo, y presentó a un Concurso de Aviación Militar convocado por el gobierno su proyecto de fin de carrera: un biplano trimotor de hélices tractoras. Durante los vuelos de pruebas realizados por, Julio Ríos, piloto con nula experiencia en polimotores, el avión entró en pérdida y se estrelló. El accidente, lejos de defraudar a De la Cierva, le sirvió para reflexionar sobre el mayor problema de los aviones: los efectos de la pérdida de velocidad. El ingeniero murciano rescató de su memoria las experiencias obtenidas jugando con los trompos chinos -en la que las hélices proporcionaban cierta sustentación al juguete durante su descenso- y, tras numerosos cálculos, diseñó el autogiro, patentándolo en 1920.

Autogiro en vuelo

A partir de ese año, De la Cierva construyó una serie de autogiros caracterizados por sus problemas a la hora de despegar. Finalmente, después de haber recibido la ayuda técnica del ingeniero militar Emilio Herrera y el matemático Rey Pastor, perfeccionó su invento y el 17 de enero de 1923 el piloto militar Alejandro Gómez Spencer se elevó en el autogiro C.4. Un año más tarde, Joaquín Lóriga Taboada ascendió a 200 metros de altura y recorrió la distancia entre los aeródromos de Getafe y Cuatro Vientos. El éxito del vuelo del autogiro coincidió con el agotamiento de los recursos económicos del inventor por lo que Herrera propuso que la Dirección General de Aeronáutica financiara el desarrollo posterior del autogiro.

Pese al apoyo de la Aviación Militar, De la Cierva era consciente de que en España no había una industria aeronáutica ni tampoco una demanda comercial para su invento y, a partir de 1925, inició una campaña de exhibición internacional del autogiro que dio lugar a la compra de patentes por parte de varios países, aunque el ingeniero español siempre la dejó libre para España.

Después de las exhibiciones aéreas, en 1926 se creaba en Londres The Cierva Autogiro Company, empresa en la que el inventor figuraba como Director Técnico, y que sirvió para la construcción del modelo biplaza C.6d. De la Cierva, obsesionado por la simplicidad y mejora del autogiro, tuvo algunas desavenencias con los directivos de la compañía quienes aducían que el inventor español no finalizaba un modelo para su definitiva producción comercial y se afanaba en los vuelos de promoción, como el que protagonizó en 1928 atravesando el Canal de la Mancha. Aún hubo que esperar dos años más para que De la Cierva diseñara el primer autogiro que se fabricaría en serie (modelo C.19) y después de una exitosa gira internacional, la The Cierva Autogiro Company empezó a vender patentes del autogiro en Francia, Alemania y Japón.

En 1932, De la Cierva termina de perfeccionar el mando de acción directa con el que el piloto dominaba por completo la evolución del autogiro y un año más tarde, en virtud de los méritos obtenidos en el campo aeronáutico, se le concede la Medalla de Oro de la Federación Aeronáutica Internacional.

El ingeniero español desarrolla un modelo más perfeccionado de autogiro (C.30) que no necesita del habitual carreteo para despegar y, siendo considerado una autoridad mundial en el campo de las alas rotatorias, se plantea la posibilidad de diseñar un helicóptero. El nuevo proyecto es interrumpido por el estallido de la Guerra Civil. De la Cierva se puso a disposición de los residentes españoles en Londres partidarios de la sublevación militar y facilitó a Luis Bolín los contactos para la contratación del De Havilland Dragon Rapide que trasladó al general Francisco Franco desde Canarias a Marruecos para sublevar al Ejército de África contra la II República. Después de haber puesto a salvo a su familia en Inglaterra, De la Cierva empleó sus relaciones internacionales para la adquisición de armas para los sublevados. Falleció a finales de 1936 en un accidente aéreo en Londres cuando se dirigía a Checoslovaquia para comprar armamento.

Más información:

LÁZARO ÁVILA, Carlos, 2001. La aventura aeronáutica. Pioneros del aire, autogiros y aerostatos. Madrid: Nívola libros y Ediciones. ISBN 8495599198.

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