Fecha
Autor
Santiago Aragón Albillos, Profesor titular de Zoología. Universidad París VI (Francia)

Mariano de la Paz Graells (1809-1898)

Pese a haber descrito infinidad de nuevas especies de insectos, fundamentalmente escarabajos y saltamontes, el nombre de Graells ha quedado asociado de manera muy especial al de una mariposa, la Graellsia isabellae, descubierta en 1848 durante una de sus excursiones campestres por los extensos pinares del Sistema Central. El naturalista realizó la descripción del hasta entonces desconocido animal y dedicó la nueva especie a la reina Isabel II quien, agradecida, lució un ejemplar del lepidóptero engarzado en un colgante durante un baile celebrado en palacio. El científico destacó igualmente por la elaboración de catálogos descriptivos de moluscos, peces, aves y mamíferos ibéricos, la mayor parte de ellos integrados en las memorias de la Comisión del Mapa Geológico, de la que Graells formaba parte como responsable de la sección de Zoología.

Pese a haber descrito infinidad de nuevas especies de insectos, fundamentalmente escarabajos y saltamontes, el nombre de Graells ha quedado asociado de manera muy especial al de una mariposa, la Graellsia isabellae, descubierta en 1848 durante una de sus excursiones campestres por los extensos pinares del Sistema Central. El naturalista realizó la descripción del hasta entonces desconocido animal y dedicó la nueva especie a la reina Isabel II quien, agradecida, lució un ejemplar del lepidóptero engarzado en un colgante durante un baile celebrado en palacio. El científico destacó igualmente por la elaboración de catálogos descriptivos de moluscos, peces, aves y mamíferos ibéricos, la mayor parte de ellos integrados en las memorias de la Comisión del Mapa Geológico, de la que Graells formaba parte como responsable de la sección de Zoología.

Mariano de la Paz Graells Agüera (1809-1898) es, sin duda, el máximo representante de la ciencia isabelina en el ámbito de las ciencias naturales. Su omnipresencia en las instituciones científicas del momento, su intensa actividad política y su privilegiada situación ante la Corona, le convierten en el último científico cortesano español. De su notable influencia dan fe los innumerables títulos y honores que acumuló a lo largo de su vida. Los de Senador del Reino, Comendador de la Real Orden de Carlos III, Oficial de la Legión de Honor o Consejero Presidente del Real Consejo de Agricultura, Industria y Comercio son sólo una reducida y evocadora muestra de su dinamismo y del reconocimiento del que fue objeto.

Graells nació en Tricio (La Rioja) el 24 de enero de 1809. Su padre, Ignacio Graells Ferrer, catalán de Balaguer (Lleida), era médico. Su madre, Antonia Agüera Navarro, era castellana, de Medina de Rioseco (Valladolid). La familia Graells Agüera se instaló en Barcelona, ciudad en la que Mariano de la Paz inició su formación. Una vez obtenido el título de bachiller en Filosofía, en 1827, empezó los estudios de medicina en el Real Colegio de Medicina y Cirugía de la capital catalana. En Barcelona Graells ejerció la medicina al lado de su cuñado, el doctor Janer. Los biógrafos del naturalista relatan su heroico comportamiento durante la epidemia de cólera que asoló la ciudad en 1835. Su creciente reputación jugó en su favor a la hora de ser nombrado director de los baños termales de Puda, en Esparraguera. Desde 1835, y durante doce años, Graells detentó un puesto que finalmente tuvo que abandonar por problemas de compatibilidad con su función docente en la Universidad. Con todo, Graells nunca dejó de lado su interés por la historia natural.

Graells con sus alumnos. Archivo MNCN-CSIC

Actividad profesional en Barcelona

Su inclinación por el estudio de la naturaleza Graells la pudo encauzar en las clases gratuitas impartidas en la Real Junta de Comercio del Principado de Cataluña, donde cursó Agricultura, Botánica, Física experimental y Química aplicada a las artes. Su vocación naturalista pronto se materializó en comunicaciones escritas, con un primer artículo de tema botánico: un calendario que detalla los periodos de floración de las principales especies vegetales presentes en Barcelona y sus alrededores. De manera temprana también se manifestó su predilección por el estudio de los insectos. En noviembre de 1833, se le nombra miembro corresponsal de la Société Entomologique de France, entonces joven asociación fundada el 29 de febrero de 1832.
Durante esos primeros años dos instituciones van a desempeñar un papel primordial en la consolidación de las aspiraciones profesionales de Graells. En primer lugar, la Sociedad Barcelonesa de Amigos del País, reestablecida de forma definitiva en 1834, en la que se le nombra secretario de la clase de Agricultura. Entre sus colaboraciones figura una memoria dirigida a los viticultores con consignas sobre cómo combatir los gorgojos que destruyen los viñedos. El segundo establecimiento clave en el despegue de la carrera científica de Graells fue la Real Academia de Ciencias y Artes de Barcelona, fundada en 1764, de la que formó parte desde 1835. Ese año, Mariano de la Paz presentó una memoria para ser admitido en la sección de Zoología. Su título fue Relación de los insectos que atacan a los olmos, moreras y álamos de los paseos interiores y extramuros de Barcelona, estudio que le permitió ser nombrado académico por unanimidad. Poco después pasó a hacerse cargo de la cátedra de Entomología, desde la que elaboró un trabajo dedicado a los insectos que atacan a los olivos. Poco antes de salir hacia Madrid, en 1837, Graells presentó públicamente sus investigaciones sobre la incidencia de la temperatura en la metamorfosis de los insectos bajo el clima de Barcelona, resultados que fueron más tarde publicados en el boletín de la institución.

Actividad profesional en Madrid

En 1837 Graells se instaló en Madrid, ciudad en la que acababa de ser nombrado profesor interino de Zoología del Museo de Ciencias Naturales. El nombramiento se lo debió al botánico Mariano La Gasca (1776-1839), personaje influyente al que su condición de liberal le había costado el exilio en tiempos de Fernando VII. En 1834, tras la muerte del monarca, el veterano científico volvió de su destierro inglés para residir durante algún tiempo en Barcelona, en casa de su amigo Ignacio Graells.

Mariposa Graellsia isabellae. Archivo MNCN-CSIC

Durante esos días conoció a Mariano de la Paz, un encuentro que resultaría clave en la vida del joven Graells. Tras la muerte de Tomás Villanova (1769-1837), primer catedrático de Zoología del Museo madrileño, La Gasca recurre de inmediato a él como sustituto. Su designación “a dedo” para el puesto liberado por Villanova no fue del agrado de los que durante años habían sido compañeros de este último. Pese a todo, la Junta del centro accedió finalmente a otorgarle la cátedra en propiedad. A partir de ese momento se ocupó de la reorganización de la sección que le había sido asignada e inició la elaboración de un catálogo sistemático de las colecciones zoológicas del Museo, centro del que será nombrado director en 1851. Durante dieciséis años será el máximo responsable de la institución, director único del Gabinete de Historia Natural, del Jardín Botánico y, por un corto periodo de tiempo, del Jardín Zoológico de Aclimatación.

El final del periodo Graells en el Museo se precipitó por problemas de índole monetaria, provocados por una supuesta mala gestión en la compra de abonos para el Botánico. Desde la Dirección General de Instrucción Pública se designó a Méndez Álvaro (1803-1883) como Comisario Regio para revisar los gastos. Méndez Álvaro disculpó la labor de Graells pese a que las cuentas se habían llevado descontroladamente y sin haber informado puntualmente a la superioridad. El Comisario Regio propuso igualmente que el Museo se desvinculara de la Universidad en lo tocante a organización y gobierno, y que se nombrasen tres directores autónomos (para el Gabinete, el Botánico y el Zoológico respectivamente) y un secretario garante de la coordinación. Graells se vio descolgado del nuevo reparto de poderes. Pese a todo, tras su cese en 1867, continuó con su actividad docente e investigadora prácticamente hasta el final de sus días. La hipótesis más extendida entre los historiadores es que el instigador de la confabulación que destronó a Graells fue Miguel Colmerio (1816-1901) quien, aparentemente, se valió para ello de las influencias de su hermano Manuel en el Ministerio de Fomento.

Cercado del Jardín Zoológico. Archivo MNCN-CSIC

La actividad de Graells al frente del Museo estuvo marcada por el enriquecimiento de las colecciones zoológicas, de manera especial en lo que respecta a la fauna ibérica, gracias al establecimiento de un programa de intercambio de especimenes con una nutrida red de corresponsales localizados en la mayoría de las provincias españolas. Al mismo tiempo organizó la salida de una parte importante de los fondos del centro, objetos que constituyeron los núcleos iniciales a partir de los cuales fueron surgiendo el Museo Arqueológico Nacional y el Museo Nacional de Antropología. El de Tricio también fue responsable de los cursos de Zoología de Vertebrados y de Anatomía Comparada.

Aplicación e institucionalización de la Zoología

Graells desarrolló un pronunciado interés por la aplicación de la ciencia desde el inicio de su carrera en Barcelona. Fue él quien trasvasó esa visión utilitarista hasta Madrid, ciudad que había acumulado un notable retraso en el proceso de industrialización. El enfoque práctico en sus planteamientos primó a lo largo de su larga y fructífera vida profesional. Uno de sus principales proyectos fue la creación en Madrid de un jardín zoológico de aclimatación instalado en el recinto del Jardín Botánico del Paseo del Prado. En él se llevaron a cabo ensayos de connaturalización de especies animales de indiscutible interés ganadero, como los avestruces, las llamas o los canguros.

El plan entroncaba con una iniciativa europea lanzada desde París por la Société Zoologique d’Acclimatation, lo que constituye un ejemplo temprano de internacionalización de la ciencia española. Otro de sus proyectos de Zoología aplicada fue el de los cultivos de especies acuáticas. A él le debemos la primera piscifactoría, creada en La Granja en 1867, y la introducción de los cultivos marinos de ostras y mejillones, para lo cual se desplazó a Francia en busca de información en repetidas ocasiones. Otra de sus líneas de investigación fue la del control de plagas de insectos fitófagos, como la langosta, lo que le acreditó para ser comisionado por el gobierno de España en los congresos de Lausana (1877) y Berna (1878), encuentros dedicados a organizar la estrategia de combate frente a la plaga de filoxera que arrasaba las viñas europeas, enfermedad causada por un pequeña cochinilla procedente de Estados Unidos.

Además de por la aplicación de la Zoología, Graells apostó por la formación de una cohorte de discípulos que le permitieran sacar a la biología española de su secular letargo. Desde su llegada al Museo Nacional de Ciencias Naturales, y a partir de 1845 en la universidad, Graells se convirtió en el principal profesor de Zoología del país y por tanto en el educador de la primera generación de naturalistas titulados. Tras su defenestración, en 1867, sus responsabilidades fueron repartidas entre varios personajes, algunos alumnos suyos: el ya mencionado Miguel Colemiro asumió la dirección del Botánico, Lucas de Tornos (1803-1882) la de las colecciones de historia natural y Laureano Pérez Arcas (1824-1894) pasó a ocuparse del zoológico de aclimatación. Otros iniciaron una diáspora que permitió extender la formación y la investigación en Zoología, caso del cántabro Augusto González Linares (1845-1905), promotor de la Estación de Biología Marina de Santander, o de Marcos Jiménez de la Espada (1831-1898), zoólogo integrante de la Comisión Científica del Pacífico, principal proyecto expedicionario hispano del periodo isabelino. Por eso, fuera o no consciente de ello, formara o no parte de sus planes, el mayor mérito de Graells, además del de conferir un enfoque aplicado a la Zoología, fue el de lograr la institucionalización de la disciplina en el sistema universitario español y conseguir así esa masa crítica de actores necesaria para que las reglas del juego cambiasen.

Más información:

ARAGÓN ALBILLOS, Santiago, 2005. El zoológico del Museo de Ciencias Naturales: Mariano de la Paz Graells (1809-1898), la sociedad de aclimatación y los animales útiles. Madrid: Museo Nacional de Ciencias Naturales. ISBN: 8400083563.

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