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Un nuevo estudio evidencia que el número real de animales muertos por atropello es mucho mayor que el registrado en los censos

El trabajo liderado por la Estación Biológica de Doñana – CSIC presenta un modelo estadístico que demuestra que la mortalidad animal en carreteras puede llegar a multiplicarse por 14 en el caso de algunos los reptiles o por seis en el caso de pequeñas aves. El modelo corrige factores como la ubicación o la rápida desaparición de los cadáveres para ofrecer cifras reales que optimicen las políticas de conservación

Las infraestructuras humanas como las carreteras suponen una amenaza considerable para la fauna silvestre y, aunque existen estimaciones de la mortalidad animal que provocan, no todos los animales atropellados llegan a ser contabilizados. Un nuevo estudio de la Estación Biológica de Doñana – CSIC, publicado en Methods in Ecology and Evolution, presenta un modelo que se aproxima a la cantidad real de muertes y corrige los factores que impiden un conteo más exacto. 

En las carreteras estudiadas se registraron 650 cadáveres pertenecientes a 45 especies y el modelo evidenció que los recuentos tradicionales subestiman la mortalidad real. En el caso de pequeñas aves, por ejemplo, se observó una tasa de ocho atropellos por kilómetro, mientras que la estimación del modelo ascendió a casi 49 (seis veces más). Un patrón más marcado se observó en reptiles como las serpientes. Su mortalidad estimada multiplicó por 14 la cifra registrada, pasando de menos de un individuo por kilómetro a casi nueve. 

"La mortalidad que observamos en muestreos de infraestructuras como las carreteras es mucho menor que la que realmente ocurre, porque solo registramos los ejemplares que conseguimos detectar. Este trabajo presenta un método estadístico que permite corregir estas pérdidas de información y aproximarse a la mortalidad real de animales que mueren por causa de las infraestructuras", aclara Guillermo Gómez-Peña, primer autor del estudio e investigador de la Estación Biológica de Doñana – CSIC.

Corrigiendo errores

Por lo general, la mayoría de evaluaciones sobre el impacto mortal de las carreteras no tienen en cuenta ciertos sesgos, por lo que el conteo directo de los fallecimientos animales subestima la repercusión real de estas instalaciones. 

El modelo propuesto tiene en cuenta tres variables que pueden influir en la precisión con la que se detecta el número de animales afectados. La primera se refiere a la ubicación del cadáver, ya que muchos de los individuos atropellados no acaban sobre la carretera tras la colisión. La persistencia del cadáver sería la segunda. Algunos cuerpos pueden desaparecer del área de estudio a lo largo del tiempo antes de un censo debido a la descomposición, la actividad de los carroñeros, el aplastamiento repetido de los vehículos o las labores de mantenimiento de las vías. Por último, se reflejan los fallos a la hora de detectar los cadáveres, que ocurre cuando los observadores no localizan los cuerpos que se encuentran dentro de la zona de estudio. 

"Corrigiendo cada uno de estos procesos a partir de lo que sí contabilizamos, el modelo estima la mortalidad real. Además, siguiendo el protocolo del Proyecto SAFE muestreamos las mismas carreteras andando, en bicicleta y conduciendo, lo que nos permitió estimar la probabilidad de observación propia de cada método y comparar su eficacia detectando atropellos", resalta Gómez-Peña

Pautas futuras

Para que estas estimaciones estadísticas sean fiables y útiles en planes de conservación, el estudio establece varias directrices a seguir en futuras investigaciones. Destaca la necesidad de contar con datos previos y rigurosos sobre el tiempo de permanencia de los cadáveres y la probabilidad de detección. Igualmente, el equipo investigador recomienda emplear métodos de muestreo complementarios a los censos realizados en vehículo (que suelen omitir animales pequeños) y adaptar el diseño de los censos a especies concretas. 

"Si se infravalora la mortalidad, se resta importancia a la amenaza que suponen las carreteras para la fauna y se puede fallar al identificar qué especies están más en riesgo. Estimar la cifra real permite tomar decisiones de gestión y conservación mejor fundamentadas", concluye Gómez-Peña.


Referencia bibliográfica:

Gómez-Peña, G., D'Amico, M., Rodríguez, C., Román, J., García-Rodríguez, A., Revilla, E. & Paniw, M. (2026). A method to estimate actual infrastructure-induced mortality by integrating hierarchical sources of imperfect detection. Methods in Ecology and Evolution. https://doi.org/10.1111/2041-210x.70382

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