Australia busca una colaboración con Europa. ¿Dónde llamar?

David ByN

¿Qué es Europa? ¿Con quién hablar? Kissinger preguntó en alguna ocasión cuál era el número de teléfono de Europa. No ha sido el único que ha tenido ese problema. En grandes colaboraciones internacionales el problema está siempre presente.

Empecé a escribir esta entrada hace año y medio, en octubre del 2006. Fue, como ahora, a raíz de una reunión de ARENA, una red europea dedicada a fomentar la astronomía desde la Antártida. En dicha reunión participó un grupo de científicos australianos que estaban promoviendo un telescopio de algo más de dos metros de diámetro (el espejo primario), denominado PILOT. Tenían como objetivo la instalación de este instrumento en la base italo-francesa de Concordia, localizada en Dome-C, una de las mayores alturas que se pueden encontrar en la meseta Antártica.


La estación de Concordia, en Dome-C.

Entonces, como ahora, los australianos se referían a Europa como si fuera una realidad única: proyectos europeos, financiación europea, estrategias europeas. No se daban cuenta de que, hasta cierto punto, Europa es una quimera (literalmente, un ser construido con partes de múltiples animales). No hay voz propia, ni política digna de recibir ese nombre, salvo escasas excepciones. En la mayoría de los casos dominan los intereses nacionales (en aquellos países que reconocen dichos intereses y actúan de acuerdo con ellos. Otros, y no hace falta mirar muy lejos, se dejan llevar).

Dieciocho meses más tarde, la situación sigue siendo similar. Hablamos de Europa cuando no tenemos las herramientas adecuadas para tener una política común. Los australianos, desconcertados (aunque podría ser aplicado el ejemplo a cualquier otro país), pueden terminar llamando a otra puerta. No olvidemos que no somos el centro del universo. En el caso concreto de la Antártida y de la astronomía, los chinos han iniciado un ambicioso programa que conducirá a la inauguración de una base en Dome-A aproximadamente en el 2011, otra cima de la meseta antártica. Japón está muy interesado en Dome-F.

Independientemente de esta colaboración, es evidente que el mundo tan altamente competitivo en el que nos movemos requiere unas verdaderas políticas que articulen los esfuerzos europeos de la manera más eficiente posible, evitando la atomización, el chalaneo (con la consiguiente sangría de recursos) y que potenciales socios externos, cansados, terminen llamando a otra puerta.

Como buena noticia, parece ser que al final habrá un proyecto común, y que ARENA recomendará la instalación de un telescopio multifunción de clase 2 metros en Concordia, con gran potencial científico por si mismo, y que también será un paso inicial para la construcción de instrumentación de mayor tamaño: un telescopio clase 8 metros o incluso uno análogo al nuevo proyecto europeo de 42 metros, denominado EELT.

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