Homero y la Astronomía

Mesopotamia, el país de los dos ríos, es rica en registros astronómicos, conservados en forma de tabletas de arcilla. Sin embargo, es de la antigua  Grecia, a partir su expansión por el Mediterráneo en el periodo arcaico, de donde nos llegan los contenidos  más sugerentes. Los asterismos o alineaciones casuales que las estrellas parecen dibujar sobre la esfera celeste han sido fuente de historias mitológicas pero también han resultado de gran utilidad para orientarse, especialmente en la navegación. Ya Homero canta, en La Iliada, a la esfera celeste, cuando describe el nuevo escudo de Aquiles:

 

“Allí puso la tierra, el cielo, el mar, el sol infatigable y la luna llena; allí las estrellas que el cielo coronan, las Plé­yades, las Híades, el robusto Orión y la Osa, llamada por sobrenombre el Carro, la cual gira siempre en el mismo si­tio, mira a Orión y es la única que deja de bañarse en el Océano.”

La derrota de Ulises, descrita en “La Odisea”, según E.H. Bunbury, “A history of ancient geography among the Greeks and Romans, from the earliest ages till the fall of the Roman empire”, Londres 1879.

 

No es su única referencia a la perenne visibilidad de la Osa Mayor. En La Odisea prácticamente se repite la misma expresión:

 

“Así que el divino Odiseo desplegó gozoso las velas al viento y sentado gobernaba el timón con habilidad. No caía el sueño sobre sus párpados contemplando las Pléyades y el Boyero, que se pone tarde, y la Osa, que llaman carro por sobrenombre, que gira allí y acecha a Orión y es la única privada de los baños de Océano. Pues le había ordenado Calipso, divina entre las diosas, que navegase teniéndola a la mano izquierda. Navegó durante diecisiete días atravesando el mar, y al decimoctavo aparecieron los sombríos montes del país de los feacios, por donde éste le quedaba más cerca y parecía un escudo sobre el brumoso ponto.”

 

Y es que en la antigüedad la navegación era de cabotaje, teniendo siempre la costa visible, al no poder determinar la posición en alta mar. Sin embargo, Ulises se arriesga a una larga travesía sin ver tierra, guiado por la Osa, constelación circumpolar y por tanto visible siempre y que indica la posición aproximada del Norte, ya que en la época homérica la estrella Polaris se encontraba alejada del eje de rotación debido a la precesión de los equinoccios. Tal vez de ahí su demora en regresar a Ítaca.

 

 

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