¿Llega la economía del hidrógeno?

[Autor: Javier Dufour. URJC-Grupo de Ingeniería Química y Ambiental]

La gente interesada en el mundo del hidrógeno sabe que éste ha experimentado numerosos vaivenes. Cuando Jeremy Rifkin lanzó el concepto de “economía del hidrógeno” en 2002, parecía que iba a ser la solución para cualquier problema mundial, no sólo iba a ayudar a acabar con el problema del calentamiento global, también iba a provocar un reordenamiento de la geopolítica mundial y un “boom” económico. Las expectativas eran casi infinitas, el hidrógeno “se puso de moda” y alcanzó hasta los foros políticos, protagonizando incluso algunos minutos de los debates presidenciales estadounidenses. Se invirtió un montón de dinero y esfuerzos en su investigación en la producción, el almacenamiento, el transporte y su uso final.

Se hicieron grandes avances en la producción a partir de materias primas y energías renovables, así como en mejorar los procesos convencionales a partir de hidrocarburos gaseosos, líquidos o sólidos. Los costes de fabricación han ido disminuyendo continuamente e incluso alguno de los métodos “renovables” se encuentran cerca del precio de mercado como la gasificación de biomasa, aunque la electrolisis todavía debe reducir sus costes.

En el transporte, se ha demostrado que el hidrógeno se puede inyectar hasta en una concentración del 15% en los gasoductos de gas natural que tiene una infraestructura bien desarrollada en Europa. Asimismo se han hecho grandes avances en el transporte por carretera, desarrollando estándares y normativa que también están sirviendo para vencer lentamente el recelo social en cuanto a la seguridad del hidrógeno por el conocido “efecto Hindenburg”.

En lo referente al uso, las pilas de combustible son una realidad, hay equipos que ya podemos comprar para aplicaciones portátiles. La tecnología para su aplicación en automóviles (el famoso coche de hidrógeno) está disponible, un poco cara, pero disponible.

Donde se encontró el “cuello de botella” fue en el almacenamiento. Es indudable que se han realizado grandes avances, aumentando la capacidad de almacenamiento (como en los hidruros metálicos), o desarrollando o aplicando nuevos materiales (como los MOFs, Metal-Organic Frameworks), pero todavía hay que solventar algunos problemas como costes, capacidad de liberación o condiciones de operación. Esto provocó que el hidrógeno se “desinflara”, teniendo en cuenta que además se empezó a apostar más fuerte por el coche eléctrico de batería. Disminuyó el número de grupos que investigaban según también decrecían los fondos dedicados para este tema. Todos los sucesos enumerados anteriormente han ocurrido en 10 años, es decir, con una velocidad notable.

¿Cuál es la realidad actual? ¿La economía del hidrógeno era un mero invento? Hay que decir que las expectativas eran demasiado altas, pocos científicos creíamos que el hidrógeno era la solución única al problema energético, sino que era un aporte más para el “mix” energético del futuro. Dicho esto, creo que el hidrógeno sí que es ya una realidad inminente, estamos a las puertas de una sociedad donde el hidrógeno va a jugar un papel importante. Veamos algunos datos, Japón ha planteado dos experiencias piloto importantes: la construcción de una planta de 90 MW de generación eléctrica, quemado hidrógeno, y, la segunda, la construcción de dos barcos para el transporte de hidrógeno (podríamos llamarlos buques hidrogeneros por comparación con los petroleros), lo que les va a permitir importarlo desde otros países. Esto es un cambio paradigma (o al menos de mentalidad). Siempre se había hablado de que la producción del hidrógeno debía ser cautiva (a gran escala o distribuida) y que el transporte no era una opción, debido a las pérdidas durante el mismo. Parece que Japón no piensa lo mismo.

En Alemania se ha lanzado muy recientemente la iniciativa industrial “H2Mobility”, formada por Air Liquide, Daimler, Linde, OMV, Shell and Total y con una inversión cercana a los 350 M€. Uno de los objetivos es la construcción de hasta 400 estaciones de repostaje (¿hidrogeneras por comparación con las gasolineras?) en 2023, rompiendo la vieja cuestión del huevo o la gallina, ¿crear primero la necesidad o la infraestructura para satisfacerla? En este caso, se crea la infraestructura para facilitar el desarrollo del coche de hidrógeno (o como se prefiere llamarlo ahora, coche eléctrico de pila de combustible). De hecho en el nuevo Plan Nacional de Innovación para Hidrógeno y Pilas de Combustible, también en Alemania, se habla de tener 500.000 automóviles con esta tecnología circulando en 2025. En Japón, los números son aún más ambiciosos. En otros países europeos, con también importantes fabricantes automovilísticos, se habla de 2015 o 2016 como año de introducción en el mercado de los primeros modelos propulsados por pila de combustible.

Bien, con todos los datos anteriores, no sé si la “economía del hidrógeno”, con los matices anteriormente comentados,  nos ayudará a solventar todos nuestros problemas, incluso el de la crisis económica, lo que sí parece claro es que se está acercando a pasos agigantados.

 

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